El Cuerpo de Cristo

En Honor a Su verdad

Introducción

A través de este estudio, estudiaremos las Sagradas Escrituras para intentar comprender la realidad espiritual que nos enseñan cuando se dice que los cristianos son “el Cuerpo de Cristo”.

En Romanos 12 leemos:

Romanos 12:4-5 (RVA)[1]
(4) Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función;
(5) así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros.

El apóstol Pablo dice aquí que los creyentes cristianos son “un solo cuerpo en Cristo” y que todos son “miembros los unos de los otros”. La pregunta que surge es: ¿Qué significa ser “un Cuerpo en Cristo?
Dios es el autor de las Escrituras (2 Ti. 3:16), y las ha inspirado de tal forma que nosotros, los seres humanos, podamos comprenderlas. El mundo espiritual es invisible y comprenderlo está muy por encima de nuestras capacidades humanas, sólo podemos conocerlo a través de lo que Dios ha revelado. Muchas veces Dios ha utilizado formas figuradas de expresión con el fin de que podamos comprender mejor las realidades espirituales que intenta comunicar. Como veremos, la expresión “Cuerpo de Cristo” es una forma en la que Dios intenta comunicarnos de qué manera estamos unidos los cristianos unos a otros y a Cristo.

La mayoría sabe que el cuerpo humano es un organismo vivo que está formado por diversos miembros, órganos, tejido, huesos, etc. Todas estas partes deben encajar perfectamente en su lugar para poder funcionar adecuadamente. Cada parte del cuerpo tiene una función específica, y si una de éstas falla, todo el cuerpo se ve afectado, todo el cuerpo va a quedar disminuido en sus funciones. Teniendo esto en mente, podemos comenzar a comprender lo que Dios quiere enseñarnos al decir que somos “un Cuerpo en Cristo”, pero antes de comenzar a dar detalles, vayamos leyendo lo que las Escrituras tienen para comunicarnos.

La justicia de Dios por fe


Hemos visto que en Romanos 12:4 Pablo dice que los cristianos somos “un Cuerpo en Cristo”, analizaremos lo que Pablo ha enseñado a la luz del contexto en que están metidos esos versículos.

Lo primero a tener en cuenta, es que Romanos es la carta de Pablo que contiene el fundamento doctrinal para el cristiano. A lo largo de toda esta epístola de Pablo, él anuncia el “Evangelio” (o buena noticia), el cual, dice él, es “poder de Dios para salvación a todo aquél que cree” (Ro. 1:15-16).

Romanos 1:15-17 (RVA)
(15) Así que, en cuanto a mí, pronto estoy para anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
(16) Porque no me avergüenzo del evangelio; pues es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree, al judío primero y también al griego.
(17) Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Pero el justo vivirá por la fe.

Pablo nos dice que en el “Evangelio” se revela (se da a conocer) la justicia de Dios que es por la fe. Aquí, donde la RVA dice: “por fe y para fe”, según el texto griego debería traducirse “desde fe y hacia fe”. Lo que nos indican estos versículos es que el entendimiento de la buena noticia de Dios produce fe, y esa fe nos lleva a conocer mejor esa buena noticia, lo cual produce más fe, y así se produce un ciclo continuo de crecimiento en fe. Este ciclo de crecimiento en fe se basa en el evangelio de Dios. Si no se comprende la buena noticia de Dios, transmitida en la Biblia, no se puede crecer en fe, es por eso que toda doctrina debe partir del evangelio y de allí partiremos para comprender la doctrina sobre el Cuerpo de Cristo.

Romanos 1:18 (RVA)
Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad.

El evangelio de Dios no sólo da a conocer la justicia de Dios por fe, sino que también nos revela que la ira de Dios vendrá sobre todos aquellos que practican la impiedad y la injusticia. Para ser breve, diré que la “impiedad” se refiere a la conducta de las personas que se les ha presentado la oportunidad de conocer y creer en Dios pero la rechazan, y rechazan servir a Dios (ver Ro. 1:19-32); por otro lado, los “injustos” son aquellos que reconocen a Dios como tal, y dicen servirle, pero cuyas acciones son contrarias a la voluntad de Dios (Ro. 2:1-6). Tanto los impíos como los injustos merecen la ira de Dios, la cual lleva a la muerte definitiva de esa persona.

Lo que Pablo va a enseñar luego, es que, en realidad, toda la humanidad es merecedora de muerte, ya que, excepto Jesús, nadie cumplió jamás los requisitos para poder merecer la vida perpetua en el reino de Dios.

Romanos 3:19-24 (RVA)
(19) Pero sabemos que todo lo que dice la ley, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre, y todo el mundo esté bajo juicio ante Dios.
(20) Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado.
(21) Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas.
(22) Esta es la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo para todos los que creen. Pues no hay distinción;
(23) porque todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios,
(24) siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

Ser “justificados” significa “ser tratados como justos”. Un “justo” sería aquella persona que cumple perfectamente la ley de Dios y, por lo tanto, sería “justo” que viva para siempre en el reino de Dios. Alguien que no cumple perfectamente toda la ley de Dios, ya no tiene el derecho de vivir perpetuamente. Exceptuando a Jesús, nadie jamás ha cumplido perfectamente la ley de Dios, por eso la Biblia dice que “no hay ni un justo en la tierra” (Ec. 7:20; Pr. 20:9; 1 Jn. 1:8). Si nadie puede cumplir perfectamente la ley de Dios, entonces nadie puede merecer la vida perpetua en la era futura, en otras palabras, toda persona merece la muerte.

Ante este panorama totalmente desolador para la humanidad, surge la solución provista por Dios: una salvación por fe, mediante Jesucristo. Jesús vivió como un justo, y merecía vivir para siempre, sin embargo, injustamente murió como el peor de los pecadores. Debido a la injusticia de su muerte, Dios ha hecho disponible una forma diferente de llegar a vivir perpetuamente en la era futura: la fe en Jesús. Cuando aceptamos a Jesús como el Señor de nuestras vidas y creemos en el corazón que Dios le levantó de entre los muertos, pasamos a recibir la salvación por fe (Ro. 10:9-10). Esta salvación consiste en que Dios nos trata como justos por fe, o sea, por nuestra fe en Jesús nos dará aquello que sólo hubiésemos merecido si cumplíamos TODA Su ley. ¡Sí! ¡Esta es la gracia que ha tenido con nosotros en Cristo!

Entonces, lo que Pablo nos enseña en Romanos es que la ley de Dios no podía hacer salva a una persona, porque nadie la podía cumplir, sencillamente fue puesta por Dios para que supiésemos que la vida perpetua en la era futura era inalcanzable para el ser humano, sólo Dios podía hacer algo para que viviéramos para siempre en Su presencia, y eso lo hizo por medio de Cristo.

Ante esta realidad, un creyente podría decir: “bien, entonces puedo pecar libremente, porque ya soy salvo”. Si bien el creyente recibe la salvación como don, y este don es irrevocable (Ro. 11:29), de todos modos, el creyente debe intentar andar conforme a la voluntad de Dios:
 
Romanos 6:1-5 (RVA)
(1) ¿Qué, pues, diremos? ¿Permaneceremos en el pecado para que abunde la gracia?
(2) ¡De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos todavía en él?
(3) ¿Ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte?
(4) Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con él en la muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
(5) Porque así como hemos sido identificados con él en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la semejanza de su resurrección.

Aquí Pablo nos muestra que cada creyente que ha aceptado a Cristo como Señor, siendo bautizado en espíritu santo, es espiritualmente identificado con Cristo. Dios nos considera muertos en nuestra condición humana pecaminosa, y vivos en una nueva clase de vida, espiritual. Por eso, nuestra tarea ahora es reconocer que Dios nos ha dado una nueva vida y andar en esa nueva vida.

Romanos 6:6-11 (RVA)
(6) Y sabemos que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que ya no seamos esclavos del pecado;
(7) porque el que ha muerto ha sido justificado del pecado.
(8) Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
(9) Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.
(10) Porque en cuanto murió, para el pecado murió una vez por todas; pero en cuanto vive, vive para Dios.
(11) Así también vosotros, considerad que estáis muertos para el pecado, pero que estáis vivos para Dios en Cristo Jesús.

Dios ha hecho mucho para salvarnos y darnos vida perpetua en la era futura, y lo que desea ahora de nosotros es que correspondamos a Su amor y gracia y vivamos para Él, considerándonos muertos al pecado y vivos para Él.

En los capítulos 1 al 11 de Romanos, Pablo expone la DOCTRINA acerca de la justificación y salvación por fe, a  partir del capítulo 12 él expone el aspecto práctico de esta doctrina, o sea, lo que un creyente debería hacer luego de haber hecho a Jesús su Señor y Salvador.

La transformación del cristiano


Romanos 12:1-5 (RVA)
(1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
(2) No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
(3) Digo, pues, a cada uno de vosotros, por la gracia que me ha sido dada, que nadie tenga más alto concepto de sí que el que deba tener; más bien, que piense con sensatez, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.
(4) Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función;
(5) así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros.

Aquí volvemos a los versículos que cité al principio. En estos versículos Pablo comienza diciendo: “Así que”, o sea que lo que va a decir a partir de aquí es una conclusión de todo lo que enseñó previamente. Debido a que somos tratados como justos por Dios por medio de la fe, y que somos considerados muertos y resucitados con Cristo, la respuesta que Dios espera a Su demostración de amor y gracia es que hagamos esto que Pablo instruye aquí.
La primera instrucción que vemos aquí es: “os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Este versículo podríamos traducirlo, más exactamente, así:

Romanos 12:1 (Mi traducción)[2]
Por-lo-tanto los exhorto, hermanos, a que mediante las compasiones de ·DIOS, se dispongan a presentar sus ·cuerpos en sacrificio que-vive, santo, complaciente a ·DIOS, este es el servicio-de-adoración lógico que se requiere de ustedes;

Lo que Pablo dice, entonces, es que teniendo en cuenta lo compasivo que ha sido Dios en darnos la salvación por medio de Cristo, cuando estábamos muertos en delitos y pecados (Ef. 2:1), deberíamos presentarnos como un sacrificio viviente a Dios, santo y agradable. Presentarse como sacrificio significa lo mismo que lo que vimos en el capítulo 6: considerarse muertos al pecado y vivos para Dios. La forma de hacer esto es poner nuestras vidas en un servicio de adoración a Dios lógico, conforme a lo que Dios requiere de nosotros.

La palabra “lógico”, aquí, es en griego logikos, que se relaciona con la palabra griega logos, que es la palabra que comúnmente se traduce como “palabra”. Esta palabra nos estaría indicando que nuestro servicio a Dios debe ser hecho conforme a lo que Dios establece en Su Palabra, y no conforme a nuestra propia opinión.

Romanos 12:2 (RVA)
No os conforméis a este mundo; más bien, transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, de modo que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

En este punto nos detendremos a ver algunos “tecnicismos” que son interesantes de notar para corregir algunos problemas de traducción en este versículo. Primero, aquí la palabra “mundo” es en griego aiön, que debería traducirse como “era”. Por otro lado, en el griego, la palabra “conforméis” significa “amoldarse”, y está en una forma gramatical que indica la continuidad en una acción que ya está en curso. Dicho de otra forma, podría traducirse como “no se sigan amoldando”. Además, la palabra “transformaos” en el griego está en voz pasiva, debería traducirse como “sean transformados”.

Tomando en cuenta estos puntos y algunos más que no es necesario detallar aquí, este versículo puede traducirse así:

Romanos 12:2
y no sigan-amoldándose a esta ·era, sino sean-transformados con la renovación de la mente, para que, así, ustedes lleguen a comprobar cómo es el deseo de ·DIOS, el cual es benéfico y complaciente y completo.

Hasta el momento en que una persona acepta a Cristo como Señor, esa persona ha estado amoldándose a la era actual, o sea, a las acciones, hábitos y pensamientos que tienen todas las personas en esta era, la cual está gobernada por el Diablo (según leemos en 2 Co. 4:4). Amoldarse a esta era es contrario a la voluntad de Dios, por eso Pablo dice que esta conducta debe cesar. A partir del día en que hacemos a Jesús nuestro Señor, tenemos la diaria decisión de seguir amoldándonos a esta era, como lo hacíamos antes de ser creyentes, o de dejar de hacerlo, tal como Dios lo desea. En la medida en que dejamos de amoldarnos a esta era, Dios nos va transformando en una nueva clase de personas.

Pero ¿cómo hacemos para dejar de amoldarnos a esta era? La clave está en la “renovación de la mente”. ¿Qué significa la “renovación de la mente”? Bien, como vimos en Romanos 6, la Biblia nos dice que cuando creímos en Cristo como Señor Dios nos dio una nueva vida, parte de esta nueva vida consiste en una nueva mente, en la que Dios nos da a conocer Su voluntad, Sus mandamientos y Sus leyes para nuestras vidas (He. 8:10; 10:16) ¡esta mente es la mente de Cristo! (1 Co. 2:16). Al creer en Cristo como Señor, Dios hizo algo en nuestro interior por medio de lo cual nos hace comprender Su voluntad y nos da la capacidad de pensar con los pensamientos de Cristo mismo. Sin embargo, dentro nuestro seguimos teniendo una mente carnal que nos guía al pecado y existe una lucha constante dentro de cada cristiano en cuanto a qué pensamientos obedecer (Ro. 7:21-23; 8:7; Gá. 5:17).

Filipenses 2:12-13 (RVA)
(12) De modo que, amados míos, así como habéis obedecido siempre—no sólo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia—, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor;
(13) porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el hacer, para cumplir su buena voluntad.

Aquí vemos que Pablo claramente enseña que Dios produce en nosotros tanto el “querer” como el “hacer”. Esto significa que Él produce en nosotros el deseo de hacer Su voluntad y nos da los recursos para hacerla, de nosotros depende el decidir hacer lo que Él desea o no, tal como lo veremos en los siguientes versículos de Romanos.

Romanos 12:3
Digo, pues, a cada uno de vosotros, por la gracia que me ha sido dada, que nadie tenga más alto concepto de sí que el que deba tener; más bien, que piense con sensatez, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno.

Este versículo es un versículo que tiene un texto un poco complicado de traducir desde el griego, y creo que aquí los traductores han fallado. Por empezar, las palabras “de sí” no están en el texto griego. Por otro lado, las palabras que se traducen “tenga más alto concepto” y  “piense” provienen de una misma palabra griega: phroneö, que significa “dirigir los pensamientos”, no es sólo un pensamiento que pasa por la cabeza, sino que se refiere a cuando nosotros decidimos qué pensar, lo cual es el inicio de nuestras acciones posteriores. En el texto griego, derivados de la palabra phroneö se usan aquí cuatro veces. El apóstol Pablo hace un juego de palabras que enfatizan la gran importancia de cómo una persona dirige los pensamientos, este juego de palabra no se ve en la mayoría de las traducciones de la Biblia al español. Este versículo, traducido en forma ajustada al texto se leería así:

Romanos 12:3 (Mi traducción)
Porque digo ahora, mediante la gracia, la que me ha-sido-dada, que todo el que está entre ustedes no debe dirigir-los-pensamientos-en-exceso, más-allá-de lo que es-necesario dirigir-los-pensamientos, sino que debe dirigir-los-pensamientos de-modo-de llegar al punto de dirigir-los-pensamientos-de-forma-sana, cada-uno conforme a la medida de fe que ·DIOS repartió.

Como vemos, el énfasis está puesto en cómo una persona dirige sus pensamientos. Pablo dice que los creyentes debemos aprender a dirigir nuestros pensamientos de una manera sana, que no vaya más allá de lo debido. “Pensar más allá de lo que es necesario” significa pensar fuera de los límites de la voluntad de Dios. Si yo me creo mejor que los demás, estoy pensando “más allá” de lo debido, pero si me creo peor que otros creyentes, y creo que no soy importante dentro del Cuerpo de Cristo, también estoy pensando fuera de los límites de la doctrina bíblica, porque las Escrituras nos enseñan que todas las personas son importantes para Dios.

Lo que vemos es que antes de siquiera decir qué es lo que Dios requiere de los cristianos, lo primero de lo que se ocupa Pablo es de señalar la importancia de cómo nos disponemos ante Dios. Antes de la acción viene la predisposición a hacer la voluntad de Dios. Como dijo el escritor John Maxwell en uno de sus libros: “la ACTITUD, más que la APTITUD, es lo que determina la ALTITUD”. En otras palabras, lo más importante no es cuán talentosos seamos, o cuán capacitados estemos, lo importante es cuál es nuestra actitud ante Dios. Si somos soberbios, estaremos en una postura enfrentada a Dios que no traerá provecho (Stg. 4:6).

Al final de este versículo, leemos que la forma correcta de dirigir los pensamientos es “cada uno conforme a la medida de fe que Dios repartió”. Lo que las Escrituras nos están indicando es que Dios da algo para creer a cada creyente, lo cual es diferente para cada uno. La “medida de fe” se refiere a la función que Dios da a cada cristiano para cumplir dentro de la congregación, tal como se explica en los siguientes versículos.

El Cuerpo de Cristo


Romanos 12:4-5 (RVA)
(4) Porque de la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero todos los miembros no tienen la misma función;
(5) así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero todos somos miembros los unos de los otros.

En el cuerpo humano hay muchos miembros diferentes que difieren en forma, posición y función. Cada uno por separado no sirve para nada, pero unidos entre sí forman una unidad vital y funcional. Del mismo modo, cada creyente cristiano es puesto por Dios en un Cuerpo espiritual cuya cabeza es Cristo. Los cristianos diferimos en nuestras habilidades, talentos, capacidades, carácter, cultura y manera de pensar, pero todos formamos parte del Cuerpo de Cristo y unidos formamos una unidad vital, creada para hacer la voluntad de Dios en la Tierra.

Para que el cuerpo humano funcione, no basta que los miembros estén unidos entre sí, sino que estén conectados con la fuente de vida. Un cuerpo muerto quizá tenga todos sus miembros unidos, sin embargo, si el corazón no bombea sangre al cerebro y los órganos, el cuerpo no sirve para nada. Del mismo modo, no basta con que los cristianos estén “unidos” entre sí, si queremos realmente vivir con la vida espiritual que Dios desea, no sólo debemos estar unidos entre nosotros, sino que debemos estar conectados con la fuente de vida, que es Dios, en Cristo. Si no estamos unidos a Cristo y alineados con la voluntad de Dios, no podremos producir fruto espiritual y reflejar la gloria de Dios en el mundo.

Romanos 12:6-8 (RVA)
(6) De manera que tenemos dones que varían según la gracia que nos ha sido concedida: Si es de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
(7) si es de servicio, en servir; el que enseña, úselo en la enseñanza;
(8) el que exhorta, en la exhortación; el que comparte, con liberalidad; el que preside, con diligencia; y el que hace misericordia, con alegría.

Para que se entienda mejor, este versículo podría traducirse así:

Romanos 12:6-8 (Mi traducción)
(6) Pero teniendo regalos que, según la gracia, la que nos fue-dada, son diferentes; si el regalo es una profecía: profeticen según la proporción de la fe que les fue dada;
(7) si es una tarea-asignada: concéntrese en esa tarea-asignada; si es el que está-enseñando: concéntrese en la enseñanza;
(8) si es el que está-exhortando: concéntrese en la exhortación; el que está-compartiendo: concéntrese en hacerlo con sinceridad; el que está-dirigiendo: concéntrese en hacerlo con eficiencia; el que hace-misericordia: concéntrese en hacerlo con alegría.

Aquí dice que la medida o proporción de fe está en relación a los dones y funciones concedidos por Dios a cada creyente. Algunos creyentes son especialmente dotados por Dios para profetizar, otros para realizar alguna tarea específica, otros para enseñar, otros para dar aliento (exhortar), otros para compartir de lo que tienen, otros para dirigir o liderar y otros para hacer misericordia sobre otras personas. Lo que Dios quiere es que cada uno encuentre su propia función y se concentre en realizarla, dejando las otras responsabilidades a otros miembros del cuerpo.

Hay personas que al faltarle algún miembro del cuerpo aprender a suplir la necesidad con los otros miembros. Por ejemplo, hay personas sin manos que pueden dibujar y escribir con los pies, por la falta que tienen deben aprender a usar los pies de modo que cumplan la función de las manos, sin embargo, ellos serían más eficientes en sus labores si tuvieran los brazos. Del mismo modo, Dios puede hacer Su obra en la tierra a través de cristianos que no son tan aptos para ciertas tareas, pero Su obra se haría más eficientemente si cada cristiano se mantiene haciendo aquello para lo que Dios lo dotó. Todo el Cuerpo de Cristo funcionaría mejor si el “pie” cumple la función de “pie” en lugar de tener que hacer la tarea de la “mano”.

Pero para que el Cuerpo funcione adecuadamente, es necesario que sus miembros se respeten mutuamente, y se amen mutuamente, tal como manda Pablo en los siguientes versículos:

Romanos 12:9-21
(9) El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndoos a lo bueno:
(10) amándoos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros;

En este versículo, la palabra que se traduce “amor fraternal” es sólo una palabra griega: philadelphia, que significa “afecto de hermanos”, es la clase de afecto o amor que existe entre dos hermanos de sangre. Además, la palabra que se traduce “amándoos” es en griego philostorgos, que es la unión de philos: “afecto, apego, amistad” y storge, que describe al amor o afecto que hay entre miembros de una familia, especialmente entre padre e hijo. La unión de estas dos palabras nos señala una clase de amor que tiene los componentes del afecto que hay entre amigos y hermanos y el amor que hay entre un padre y un hijo. Por lo tanto, la primera parte del versículo puede traducirse así:

que el afecto-de-hermanos sea practicado de-modo-que lleguen a ser unos-por-otros queridos-con-afecto-de-amigos-y-amor-de-familia.

Lo que vemos es que el deseo de Dios es que lleguemos a tener un profundo afecto entre cristianos. No se trata tan sólo de hablar palabras bonitas y tener una sonrisa para con el otro creyente, sino de desarrollar amistad y un afecto y preocupación por el otro comparable con el de un padre por sus hijos.

En la segunda parte del versículo, la palabra traducida “prefiriéndonos” es en griego proëgeomai, una palabra bastante interesante. Es la unión de dos palabras griegas: pro: “delante de, enfrente de” y hëgeomai, que significa: “dirigir, comandar, conducir, guiar” (de donde proviene la palabra “hegemonía”). La unión de estas dos palabras nos dan la idea de “adelantarse para guiar” lo que el versículo nos está queriendo decir es que en todo aquello que es honorífico u honroso, el cristiano debe adelantarse para guiar a otros. Sucede que muchas veces uno no hace algo que cree que sería bueno hacer porque nadie más lo hace, y está esperando a que alguien dé el primer paso para luego seguirlo y hacer lo mismo, pero este versículo nos dice que nosotros debemos ser los que demos el primer paso, debemos “adelantarnos” a los demás en toda acción honorífica, y no esperar a que otros tomen la iniciativa para luego seguirlos ¡Esto nos está diciendo este versículo!

Romanos 12:11-18 (RVA)
(11) no siendo perezosos en lo que requiere diligencia; siendo ardientes en espíritu, sirviendo al Señor;
(12) gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración;
(13) compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
(14) Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis.
(15) Gozaos con los que se gozan. Llorad con los que lloran.
(16) Tened un mismo sentir los unos por los otros, no siendo altivos, sino acomodándoos a los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.
(17) No paguéis a nadie mal por mal. Procurad lo bueno delante de todos los hombres.
(18) Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres.

Aquí vemos toda una serie de instrucciones que tienen que ver con el andar del cristiano. Todas estas cosas, parten de la primera instrucción dada aquí, que es presentar nuestros cuerpos como muertos al pecado y vivos para Dios y dejar que Él nos transforme en la medida que dirigimos nuestros pensamientos para hacer Su voluntad, conforme a la función que nos ha dado dentro del Cuerpo de Cristo.
 

Busquemos el bien del otro


El deseo de Dios es que Sus hijos sean puros y sin mancha (Ef. 1:4; 5:27). Esto significa que para agradar a Dios deberíamos quitarnos de encima toda contaminación de pecado, y en especial la idolatría:

1 Corintios 10:13-15 (RVA)
(13) No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, quien no os dejará ser tentados más de lo que podéis soportar, sino que juntamente con la tentación dará la salida, para que la podáis resistir.
(14) Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
(15) Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo.

Lo que Pablo les dice aquí a los creyentes de Corinto es que no se les había presentado ninguna dificultad “insoportable” y que Dios iba a trabajar para proveerles la salida, por lo tanto, no debían acudir a otras “fuentes de poder” contrarias a Dios. Pablo exhorta a los creyentes a no desviarse de la voluntad de Dios, porque Dios iba a enviar la salida si se mantenían firmes. Dios no envía las aflicciones, pero sí envía la salida a éstas cuando aparecen en nuestras vidas, pero para alcanzar Su liberación debemos mantenernos firmes en nuestra fe y no acudir a otras fuentes de poder espiritual.

Pablo sigue diciendo:

1 Corintios 10:16-17 (RVA)
(16) La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
(17) Puesto que el pan es uno solo, nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo; pues todos participamos de un solo pan.

Traducido más literalmente, este versículo se leería así: “Porque un solo pan, un cuerpo los muchos somos; porque todos de este solo pan participamos”.

Noten que en estos versículos Pablo muestra una estrecha relación entre el “pan”, como representativo del Cuerpo de Cristo, y los cristianos como miembros del Cuerpo de Cristo. En otras palabras, al partir el pan juntos, los cristianos no sólo deberían pensar en el cuerpo físico de Cristo, que fue sacrificado por nuestros pecados, sino en el Cuerpo espiritual actual, del cual participan todos quienes han recibido a Jesús como Señor.

1 Corintios 10:23-33 (RVA)
(23) Todo me es lícito, pero no todo conviene. Todo me es lícito, pero no todo edifica.
(24) Nadie busque su propio bien, sino el bien del otro.

En el versículo 23, la palabra traducida “lícito” es en griego exeimi, que significa “permitido”, indica que se tiene la libertad, autoridad o permiso para hacer algo”. Entonces, estas palabras aquí se traducirían mejor como “todo me está permitido” o “tengo la libertad para hacer cualquier cosa”. Por supuesto, con estas palabras Pablo no está queriendo decir que nada de lo que hagamos será en contra de las leyes de Dios, las Escrituras en general contienen diversas prohibiciones, aún en las epístolas a la Iglesia de Dios. Aquí Pablo se refiere a que cada persona tiene la libertad de hacer lo que le plazca con su vida, pero sus acciones tendrán resultados y consecuencias. No todo lo que hagan les hará bien, ni todo lo que hagan edificará a los demás. Por eso Pablo les dice a los creyentes que si bien ellos pueden vivir sus vidas como deseen (él no iba a controlar sus conciencias), sus acciones podrían resultar en perjuicio para ellos mismos y para otros. Luego Pablo dice específicamente que “nadie busque su propio bien, sino el del otro”. Esto no quiere decir que uno deba olvidarse por completo de las necesidades propias. Lo que Pablo quiere dar a entender es que si por suplir mi necesidad estoy dañando a otro creyente, es mejor que cambie mi curso de acción. Esto se entiende mejor en el ejemplo que luego da Pablo:
1 Corintios 10:25-33 (RVA)
(25) Comed de todo lo que se vende en la carnicería, sin preguntar nada por motivo de conciencia;
(26) porque del Señor es la tierra y su plenitud.
(27) Si algún no creyente os invita, y queréis ir, comed de todo lo que se os ponga delante, sin preguntar nada por motivo de conciencia.
(28) Pero si alguien os dice: “Esto ha sido sacrificado en un templo,” no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró y por motivo de conciencia.
(29) Pero no me refiero a la conciencia tuya, sino a la del otro. Pues, ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por la conciencia de otro?
(30) Si yo participo con acción de gracias, ¿por qué he de ser calumniado por causa de aquello por lo cual doy gracias?
(31) Por tanto, ya sea que comáis o bebáis, o que hagáis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
(32) No seáis ofensivos ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios;
(33) así como yo en todo complazco a todos, no buscando mi propio beneficio sino el de muchos, para que sean salvos.

Pablo intenta explicar que los cristianos deben preocuparse en buscar lo que edifica a otros y contribuye al bien común, y ejemplifica este concepto con la comida sacrificada a ídolos. En otras palabras Pablo estaba diciendo: “nadie les prohíbe comer la carne que otros sacrificaron a ídolos, y si la comen con limpia conciencia y agradeciendo a Dios no van a sufrir mayores consecuencias, pero si hay otros presentes que saben que están comiendo comida que fue sacrificado a ídolos y pueden debilitar su fe por eso, no la coman, para que no sea afectada la conciencia del otro”. Esto es un simple ejemplo, que debe trasladarse adecuadamente a toda actividad en la vida de una persona ¿cuántas cosas hacemos que no están específicamente prohibidas en la Palabra, pero que no son convenientes y no edifican a otros? Esto es lo que la Palabra quiere enfatizar aquí.

La “cena del Señor”


1 Corintios 11:17-22 (RVA)
(17) Pero al encargaros lo siguiente no os alabo; pues no os reunís para lo mejor, sino para lo peor.
(18) Primeramente, porque cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones, y en parte lo creo;
(19) porque es preciso que haya entre vosotros hasta partidismos, para que se manifiesten entre vosotros los que son aprobados.
(20) Porque cuando os reunís en uno, eso no es para comer la cena del Señor,
(21) pues cada cual se adelanta a comer su propia cena; y mientras uno tiene hambre, otro se halla embriagado.
(22) ¿Acaso no tenéis casas en donde comer y beber? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? ¡En esto no os alabo!

Lo que vemos aquí es que Pablo está señalando una conducta errónea entre los creyentes de la iglesia de Corinto. Ellos se reunían para comer la “cena del Señor”, pero Pablo aquí les dice que lo que hacían ellos no era “la cena del Señor”, porque distaba mucho de lo que Jesús quiso que hicieran al conmemorarlo.

Previamente vimos que el “pan” nos recuerda que todos somos parte de un mismo Cuerpo en Cristo y que los creyentes deben preocuparse unos por otros y buscar la edificación del otro. Pero estos cristianos estaban actuando muy egoístamente en estas reuniones. Cada uno llevaba su propia cena, algunos llevaban mucho y se apuraban para comer, mientras que otros quedaban con hambre, incluso habían algunos que se embriagaban en la reunión ¡todo esto distaba mucho de la intención del Señor!

1 Corintios 11:23-26 (RVA)
(23) Porque yo recibí del Señor la enseñanza que también os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan;
(24) y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: “Tomad, comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí.”
(25) Asimismo, tomó también la copa después de haber cenado, y dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre. Haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí.”
(26) Todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que él venga.

Es necesario tener en cuenta que en donde dice: “esto ES mi cuerpo” y “esta copa ES el nuevo pacto”, la palabra “es” nos está presentando una figura literaria, que debería entenderse con el sentido de “representa”. O sea, el pan REPRESENTA al cuerpo de Cristo y la copa REPRESENTA al nuevo pacto en la sangre de Cristo.

El nuevo pacto, era la promesa de Dios para Israel, en tiempos antiguos, Dios hizo un “pacto” con el pueblo de Israel: aquellos que guardaban los mandamientos de Dios vivirían bajo Su protección y tendrían vida perpetua en el reino futuro de Dios (Dt. 4:13, 23; Lv. 18:5; 26:9-15; Ez. 20:11; Ro. 10:5-6). Sin embargo, Dios sabía la propia naturaleza pecaminosa no permitiría al ser humano guardar perfectamente Sus estatutos, por tanto, Dios prometió que haría un nuevo pacto por medio del cual Sus leyes iban a ser escritas en el corazón mismo de las personas:

Jeremías 31:31-34 (RVA)
(31) “He aquí vienen días, dice Jehovah, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.
(32) No será como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos invalidaron, a pesar de ser yo su señor, dice Jehovah.
(33) Porque éste será el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehovah: Pondré mi ley en su interior y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.
(34) Ya nadie enseñará a su prójimo, ni nadie a su hermano, diciendo: ‘Conoce a Jehovah.’ Pues todos ellos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehovah. Porque yo perdonaré su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.”

Jesús, por medio de Su sacrificio, hizo posible el comienzo de este nuevo pacto, el cual se extiende para todo el que cree y no sólo para el pueblo de Israel (ver He. Caps. 8, 9 y 10)[3]. La “cena del Señor” era una forma de recordar estos logros de Jesús, por lo tanto, la manera correcta de hacerlo era en comunión con Cristo y en comunión unos con otros, con respeto, amor y la mente enfocada en los logros de Cristo.

El día que Jesús instruyó a sus discípulos a repetir esta cena en memoria de Él era el momento en que los judíos estaban en los preparativos para la pascua. La pascua judía celebraba el día en que Dios libró a Israel de la esclavitud de Egipto, para trasladarlos hacia una tierra de prosperidad (Éxodo 12). La “pascua” consistía específicamente en que Dios salvaría a Israel de la muerte de sus primogénitos a causa de la sangre rociada (Ex. 12:22-27). Dios dio instrucciones de seguir practicando esto para memoria para las futuras generaciones (Éx. 12:14). Pero este acto era no sólo un recuerdo de lo que Dios había hecho, sino que también simbolizaba el sacrificio que Dios haría, cuando Jesús, el “cordero de Dios” (Jn. 1:29), rociara su sangre para libertar del pecado y salvar de la muerte a todo el que cree en él (Ro. 6:20-22; He. 9:11-15). Así como Israel tenía por mandato el recordar aquella liberación y salvación en Egipto, ahora los cristianos tenemos la posibilidad de festejar una nueva pascua, con la cual recordamos los logros de Jesús y la verdadera liberación y salvación que él trajo a la humanidad. Festejar esta pascua no es un mandamiento estricto de Dios, pero es una gran bendición poder hacerlo, si tenemos el entendimiento correcto y el corazón correcto.

Pero cuando se hacen reuniones sin entendimiento y sin amor de Dios, esto es lo que resulta:

1 Corintios 11:27-30 (RVA)
(27) De modo que cualquiera que coma este pan y beba esta copa del Señor de manera indigna, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor.
(28) Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa.
(29) Porque el que come y bebe, no discerniendo el cuerpo, juicio come y bebe para sí.
(30) Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y debilitados, y muchos duermen.

La palabra “indigna”, en el 27 puede confundir, porque alguien podría pensar que necesita una condición espiritual especial para comer la cena del Señor. Esta palabra es en griego anaxios, que significa “de manera indebida, de modo impropio”, se refiere, por contexto, a comer y beber sin tener en consideración los logros de Cristo y sin tener en cuenta que todos los cristianos formamos un cuerpo en Cristo.

El versículo 29 puede traducirse mejor así: “Porque el que come y bebe, juicio come y bebe para sí, si no discierne el cuerpo”. Como vimos previamente, cuando Pablo habló acerca del “pan”, dijo que todos los cristianos, siendo un cuerpo en Cristo, participamos del mismo pan. Por eso creo que cuando aquí dice que “el que come y bebe, juicio come y bebe para sí, si no discierne el cuerpo”, no está hablando tan sólo del cuerpo físico de Cristo, que fue sacrificado por nosotros, sino del Cuerpo espiritual de Cristo, el cual está formado por todos los cristianos que le han aceptado como Señor. En el contexto, Pablo no está reprochando específicamente una falta de entendimiento en cuanto al sacrificio de Cristo, sino que más bien señala una falencia en cuanto al entendimiento y práctica de lo que los cristianos somos como un Cuerpo en Cristo, como una unidad en la que los miembros deben preocuparse unos por otros y buscar el bien común.

Muchos estaban enfermos y débiles, y muchos morían, precisamente porque ellos no “discernían el cuerpo”, no se estaban ayudando mutuamente, no se estaban preocupando unos por otros, no oraban por los otros; no compartían para las necesidades de los otros; no se involucraban con las necesidades físicas, psíquicas, emocionales o espirituales de los otros miembros de la iglesia y es así que su pecado abrió las puertas al adversario para traer enfermedad y muerte a estas personas.

1 Corintios 11:31-34 (RVA)
(31) Pero si nos examináramos bien a nosotros mismos, no se nos juzgaría.
(32) Pero siendo juzgados, somos disciplinados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
(33) Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros.
(34) Si alguien tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando llegue.

Si los Corintios se “examinaban” a sí mismos, iban a poder entender cuáles eran sus fortalezas y sus debilidades y ver cómo encajaban en el Cuerpo de Cristo y cómo podían ayudar y edificar al resto del Cuerpo. Es así que Dios los estaba corrigiendo y disciplinando por medio de esta carta del apóstol Pablo, para que no recibiesen peores consecuencias, si seguían conduciéndose como lo hacían.

Las reuniones de creyentes deben realizarse con la intención y diseño de Dios, donde cada uno edifica al otro conforme a los dones y funciones de servicio dados por Dios, tal como Pablo comenzará a explicar en el capítulo que sigue.
  

Dones, manifestaciones y funciones de servicio dentro del Cuerpo


1 Corintios 12:1 (RVA)
Pero no quiero que ignoréis, hermanos, acerca de los dones espirituales.

En este versículo, la palabra “dones espirituales” es una sola palabra en griego, que es pneumatikos, y significa “espiritual, relativo a lo espiritual”. Aquí debería traducirse como “asuntos espirituales” o “cosas espirituales”, porque el contexto no habla sólo de dones, sino de dones, funciones de servicio, la manifestación, etc.

1 Corintios 12:4-6
(4) Ahora bien, hay diversidad de dones; pero el Espíritu es el mismo.
(5) Hay también diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
(6) También hay diversidad de actividades, pero el mismo Dios es el que realiza todas las cosas en todos.

Aquí la palabra “dones” es en griego charismata, que se significa: “don de gracia” o “regalo inmerecido”; la palabra “ministerios” se refiere a “funciones de servicio”; y la palabra “actividades” es en griego energëma, que es “energía en acción”, se refiere a lo que se obtiene cuando uno utiliza sus energías para hacer algo, por eso, puede referirse a una actividad u obra en proceso, o a un trabajo terminado. Noten en estos versículos se habla primero de “el Espíritu”, luego del “Señor” y luego de “Dios”. Todos los dones dados por Dios nos llegan a nosotros por medio del don de espíritu santo que hay en nosotros. Todas las funciones de servicio son asignadas por Cristo mismo y la energía para todo lo que se hace en el ámbito de lo espiritual proviene de Dios. Dios es la fuente de todo y sin Él no tendríamos capacidad de servirle adecuadamente.

Por esta causa, los creyentes no deberían jactarse si son mejores que otros en algún área, ni tampoco decepcionarse si no son lo suficientemente capaces en algún otra área de la vida. Dios ha repartido dones, funciones de servicio y energía para todas las personas de manera distinta, de modo que haya diversidad y que todos nos complementemos.

En lugar de creer que soy mejor que otro porque conozco un poco más de las Escrituras, mi actitud debe ser la de agradecer y dar gloria a Dios por los dones que me dio y servirle con lo mejor de mí en esa área. Por otro lado, en lugar de sentirme mal porque no soy tan apto para profetizar o echar fuera demonios, debería orar a Dios para poder conectarme con aquellos que sí son aptos en estas áreas y agradecerle de que haya otros hermanos calificados para hacer lo que yo no puedo. La vida con Dios no se trata de competir con los otros hermanos para ver quién es más creyente, sino de encontrar nuestra propia función en el Cuerpo de Cristo y trabajar en unidad y cooperación con los otros miembros.

1 Corintios 12:7-11 (RVA)
(7) Pero a cada cual le es dada la manifestación del Espíritu para provecho mutuo.
(8) Porque a uno se le da palabra de sabiduría por medio del Espíritu; pero a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu;
(9) a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por un solo Espíritu;
(10) a otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
(11) Pero todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él designa.

En este estudio no vamos a tratar en detalle cada una de estas formas de manifestación del espíritu, porque no es el objetivo aquí, pero vamos a detenernos en el versículo 11. Allí leemos que “todas estas cosas las realiza el único y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él designa”.

La palabra que se traduce “realiza” es en griego energeö, que significa “dar energía”. En este caso, al hablar de “el único y el mismo Espíritu”. La energía para realizar estas cosas parte de Dios, y la distribución se hace conforme a Su voluntad. Por lo tanto, si un creyente no tiene la capacidad para hacer determinadas cosas, es porque Dios no desea que las haga. Uno podría orar a Dios para recibir más capacidad, habilidades o dones, pero no se puede forzar el poder de Dios. Dios tiene un propósito claro cuando nos da capacidad para hacer algunas cosas y otras no.

1 Corintios 12:12-16 (RVA)
(12) Porque de la manera que el cuerpo es uno solo y tiene muchos miembros, y que todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, son un solo cuerpo, así también es Cristo.
(13) Porque por un solo Espíritu fuimos bautizados todos en un solo cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un solo Espíritu.
(14) Pues el cuerpo no consiste de un solo miembro, sino de muchos.

Hay un solo espíritu en el cual fuimos bautizados. Todos fuimos “sumergidos” y “lavados” en una misma realidad espiritual. Todos aquellos que hemos creído en Cristo como Señor tenemos dentro de nosotros un mismo espíritu. El espíritu en el Cuerpo de Cristo podría compararse con la sangre del cuerpo natural. La sangre es la que lleva nutrientes a todos los miembros del cuerpo, y se puede decir que hay “una sola sangre” corriendo a través de todo nuestro cuerpo físico. Del mismo modo, el don de espíritu santo es uno solo, el cual “fluye” por todo el Cuerpo de Cristo, nutriéndolo y proveyéndolo de poder para hacer lo que la Cabeza desea.

El versículo 12 nos dice que Cristo es un solo cuerpo. Noten lo siguiente: como entidad espiritual ¡nosotros somos Cristo! Lo que Jesús estaba haciendo en la Tierra, como el Mesías Ungido por Dios, ahora lo sigue haciendo desde el cielo, ¡a través de nosotros! Cristo predicó la llegada del reino de Dios a la tierra, para salvación de todo el que cree ¡y lo mismo sigue haciendo a través de los cristianos fieles!

Juan 14:12-13 (RVA)
De cierto, de cierto os digo que el que cree en mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que éstas hará, porque yo voy al Padre.

Muchas veces los cristianos dicen: “si Jesús estuviera en la Tierra ¡cuántas cosas haría!” Sin embargo, él resucitó, y porque resucitó, todo el que cree es parte de él, porque es miembro de Su Cuerpo. Es por eso que ahora Cristo puede hacer mucho más, a través de nosotros, que lo que hizo mientras estaba en la Tierra. Ahora podemos hacer “mayores obras” que Jesús, porque Él fue al Padre y ahora actúa en el mundo a través de todos aquellos cristianos que le obedecen.

1 Corintios 12:15-18 (RV-1960)
(15) Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
(16) Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
(17) Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
(18) Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.

Como vemos, aquí nuevamente se enfatiza el hecho de que no todos tienen los mismos dones y capacidades, ni las mismas funciones de servicio dadas por Dios. Cada uno de nosotros tiene una tarea asignada por Dios que es distinta de la de los demás. Para realizar esa tarea, Dios nos ha dotado con las capacidades, habilidades y recursos que son necesarios, conforme a Su propósito y Su voluntad.

Esto no significa que Dios va a mágicamente transformar la mente de una persona para que se convierta erudita en griego de un día para el otro, no es así como trabaja Dios. La Biblia nos dice que cada uno cosecha lo que siembra (Gá. 6:7-8). Las habilidades y talentos dados por Dios deben ser “sembrados”, “regados” y “cuidados” de modo que se desarrollen. Dios primero pondrá en nosotros el deseo para hacer aquello que desea que hagamos, nosotros luego debemos seguir a ese deseo en obediencia a Dios, en nuestro camino de obediencia, Dios nos irá dando todo lo necesario para cumplir con lo que nos encomendó.

1 Corintios 12:19-21 (RVA)
(19) Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
(20) Pero ahora son muchos los miembros y a la vez un solo cuerpo.
(21) El ojo no puede decir a la mano: “No tengo necesidad de ti”; ni tampoco la cabeza a los pies: “No tengo necesidad de vosotros.”

Ahora pregunto: ¿Quién es la “cabeza” del Cuerpo? La cabeza es Cristo (Ef. 1:22; 4:15). Esto quiere decir que Cristo mismo NO PUEDE decir a los pies (lo cual simboliza la parte más baja del Cuerpo): “no tengo necesidad de vosotros”. ¡Cristo NECESITA de todos los miembros! Por lo tanto, si Él mismo no se atrevería a decir a ninguno de sus miembros que son innecesarios ¿podría algún otro miembro declarar que no necesita de los demás? ¡No! Todos nos necesitamos y por eso debemos preocuparnos por la mutua edificación ¡Sin miembros no hay Cuerpo!

1 Corintios 12:22-27 (RVA)
(22) Muy al contrario, los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles son indispensables.
(23) Además, a los miembros del cuerpo que estimamos ser de menos honor, a éstos los vestimos aun con más honor; y nuestros miembros menos decorosos son tratados con aun más decoro.
(24) Porque nuestros miembros más honrosos no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba;
(25) para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos por los otros.
(26) De manera que si un miembro padece, todos los miembros se conduelen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros se gozan con él.
(27) Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros suyos individualmente.

Estos versículos van un paso más allá, nos dicen que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios. Piensen en el hígado, o el riñón, o el corazón, o el pulmón, pueden ser dañados con mucha facilidad y son indispensables para el organismo. Si bien estos miembros en sí mismos son muy débiles, están siendo protegidos por otros miembros, se encuentran detrás de los huesos, músculos y piel, en nuestro mismo cuerpo humano vemos cómo los miembros más fuertes protegen a los más débiles. Este mismo concepto se aplica al Cuerpo de Cristo: los miembros más débiles deben ser protegidos especialmente por los más fuertes. Además, los miembros menos dignos son vestidos más dignamente y los menos decorosos se tratan con más decoro, Dios dice que Él dio más honor al que le faltaba para que no haya desavenencia, sino que todos se preocupen unos por otros. Dios diseñó este Cuerpo para que sea una unidad interdependiente, para que nadie se crea superior, menospreciando la función y el servicio de otros cristianos, sino que todos nos edifiquemos y cuidemos unos a otros.

1 Corintios 12:28-30 (RVA)
(28) A unos puso Dios en la iglesia, primero apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros; después los que hacen milagros, después los dones de sanidades, los que ayudan, los que administran, los que tienen diversidad de lenguas.
(29) ¿Acaso son todos apóstoles? ¿todos profetas? ¿todos maestros? ¿Acaso hacen todos milagros?
(30) ¿Acaso tienen todos dones de sanidades? ¿Acaso hablan todos en lenguas? ¿Acaso interpretan todos?

El capítulo 12 cierra tal como comenzó, mostrando que Dios ha repartido diversas formas de servicio entre los creyentes de la Iglesia. Algunos fueron dotados para la función de apóstol, otros para profetas, otros para maestros, otros para hacer milagros, otros están especialmente dotados para sanar, otros son muy eficaces al brindar ayuda, otros son buenos para administrar, otros hablan diversos géneros de lenguas. Si bien Dios tiene poder para capacitar a cualquier persona con cualquier función ministerial, es Su voluntad dar sólo una medida a cada persona. Dios se complace en ver que los cristianos aprenden a vivir como un Cuerpo, ayudándose mutuamente conforme a su función. Por esta causa, uno de los focos principales de ataque del Adversario, el Diablo, es la unidad de la iglesia de Dios.

El plan de Dios marcha más lento cuando los miembros del Cuerpo están distraídos de sus funciones, o están queriendo cumplir tareas para las cuales no fueron dotados por Dios. No todos pueden ser maestros, no todos pueden ser apóstoles, no todos pueden ser profetas, ni todos pueden ser administradores. Cada creyente tiene alguna función que cumplir. Un jardinero, un albañil, un empresario o un ama de casa que hace su labor conforme a la voluntad de Dios, son tan importantes como el maestro de la Palabra, o el profeta, o el que sana. Lo importante es que cada uno aprenda a ocupar su lugar y a confiar en las funciones y habilidades de los otros creyentes que lo complementan.

Un nuevo Hombre


La Biblia no sólo nos dice que los cristianos formamos un Cuerpo en Cristo, sino que también llama a este Cuerpo “el nuevo Hombre”, como podemos ver en Efesios:

Efesios 2:11-16 (RV-1960)[4]
(11) Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.
(12) En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa,  sin esperanza y sin Dios en el mundo.
(13) Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.
(14) Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,
(15) aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,
(16) y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

Si bien Israel fue Su pueblo escogido, Dios quería que toda la humanidad tuviera paz con Él y esto lo logró por medio de Cristo. Por la obra de Cristo, ahora todo el que cree en Jesús como Señor, sea o no del linaje Israelita, pasa a ser parte de “un solo y nuevo Hombre”, el cual está incluido “en un solo cuerpo”. De aquí vemos que “el nuevo Hombre” es sinónimo de “el Cuerpo de Cristo”.

Las palabras “nuevo hombre” son en griego kainös anthropos. Anthropos es la palabra que se usa generalmente para “hombre” y kainos significa “nuevo en calidad.”

Hay dos palabras griegas que se traducen “nuevo” en castellano, una es kainos y la otra es neos. Neos significa “nuevo en tiempo” y kainos “nuevo en calidad”. Por ejemplo, supongamos que la fábrica de automóviles Renault decide producir una cantidad de autos del modelo Renault 12, el auto, al salir de fábrica, sería nuevo en tiempo (neos), porque sale de fábrica siendo 0km, pero no sería nuevo en calidad (kainos), porque es un modelo antiguo. Si, por otro lado, yo tengo un viejo Renault 12 y lo modifico, lo pinto, lo decoro, y le hago ciertos cambios, el auto sería nuevo en calidad (kainos), ya que sería diferente al modelo original, pero no sería nuevo en tiempo (neos), porque es un auto que tiene ya varios años de antigüedad. Por otro lado, si la fábrica Renault diseña un nuevo modelo de auto y lo produce, el auto, al salir de la fábrica, sería nuevo en tiempo (neos) porque es 0km y sería nuevo en calidad (kainos) porque es un nuevo modelo.

En este caso, la palabra kainos nos indica que Dios hizo de los dos pueblos, un solo hombre que es nuevo en calidad, o sea, de una clase diferente al anterior.[5]

La frase “nuevo hombre” (kainos anthropos) se usa en sólo dos pasajes en la Biblia, aquí y en el capítulo 4:

Efesios 4:22-25 (RV-1960)
(22) En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,
(23) y renovaos en el espíritu de vuestra mente,
(24) y vestíos del nuevo hombre [kainos anthropos], creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
(25) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

En este pasaje vemos un contraste entre este NUEVO HOMBRE (kainos anthropos) y un VIEJO HOMBRE, que en griego es la frase palaios anthropos, que es el contraste exacto de kainos anthropos. Así como hay dos palabras griegas para “nuevo”, también hay dos palabras griegas para “viejo”: una de ellas es arcaios, que significa “viejo en tiempo” y es el opuesto de neos, la otra es palaios, que significa “viejo en calidad” y es el opuesto de kainos. O sea que aquí, cuando se habla de “viejo hombre”, usando las palabras palaios antrhopos, se lo está contrastando directamente con el nuevo Hombre, que es el Cuerpo de Cristo.

Este contraste nos da a entender que así como en Cristo los creyentes forman UN NUEVO HOMBRE espiritual, en el mundo, la naturaleza carnal que hay en los seres humanos forman UN VIEJO HOMBRE. Dios nos “desmembró” de este “viejo hombre” y nos colocó dentro del “nuevo hombre” en Cristo. Sin embargo, aunque el creyente renacido pasa a ser parte de este nuevo hombre, ya se ha acostumbrado a vivir conforme a los deseos del viejo hombre y debe aprender a seguir los deseos de este nuevo hombre, cuya cabeza es Cristo.

Las palabras “viejo hombre,” en griego palaios anthropos, se usan aquí y en otros dos pasajes:

Romanos 6:5-8 (RV-1960)
(5) Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;
(6) sabiendo esto, que nuestro viejo [palaios] hombre [anthropos] fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
 (7) Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
(8) Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;

Quizá una mejor traducción de estos versículos sería así:

Romanos 6:5-8 (TLR-PP)
(5) Porque si plantados-junto-con Él hemos-llegado-a-ser la similitud de Su ·muerte, ciertamente también en cuanto a la resurrección seremos similares.
(6) Esto conocemos: que nuestro ·viejo hombre fue-crucificado-junto-con él, para-que sea-anulado el cuerpo del Pecado; el objetivo es que nosotros ya-no tengamos que ser-esclavos del Pecado.
(7) Porque el que pereció ha-sido-tratado-como-justo de modo que queda fuera-del gobierno del Pecado;
(8) y, ya-que perecimos junto-con Cristo, creemos que también viviremos-junto-con Él.

Aquí vemos que al “viejo hombre” se lo llama también “cuerpo del Pecado”, lo cual nos da un contraste completo: “nuevo hombre” / “viejo hombre” y “Cuerpo de Cristo” / “cuerpo del Pecado”.

El versículo 5 nos dice que fuimos “plantados junto con Cristo” y así hemos llegado a ser la similitud de Su muerte y ciertamente seremos similares en su resurrección. En otras palabras, en nuestra parte humana somos considerados “muertos” por Dios, pero en nuestra nueva naturaleza espiritual, estamos “resucitados” con Cristo. El “viejo hombre” fue crucificado junto con Cristo, para que sea anulado el cuerpo del Pecado. Esto quiere decir que Cristo logró que los efectos mortales del Pecado en nuestras vidas fueran anulados, ¿cómo lo hizo? Insertándonos dentro del Cuerpo de Cristo.

Antes estábamos, espiritualmente, situados dentro de un Cuerpo de Pecado, cuya “cabeza” es el Pecado, ahora estamos dentro del Cuerpo de Cristo, cuya cabeza es Cristo. Esto quiere decir que antes seguíamos las “órdenes” del Pecado, mientras que ahora seguimos las órdenes de Cristo. El fin del cuerpo del Pecado es la muerte, toda persona que no acepta a Cristo como Señor es parte de este cuerpo de pecado, y su fin será la destrucción total, si nunca acepta a Cristo. Pero aquellos que aceptan como Señor a Cristo, dejan de formar parte del cuerpo del pecado para ser parte del Cuerpo de Cristo, y su fin será la vida perpetua.

Por supuesto, en la práctica, todos nosotros seguimos pecando, pero la realidad es que el Pecado no es el que tiene dominio sobre nuestras vidas, al final, seremos resucitados con Cristo, aún si seguimos pecando luego de creer. Sin embargo, aprovecharemos mucho más nuestras vidas hoy si andamos en obediencia a Cristo, como he explicado previamente, todo lo que hagamos conforme a los deseos de este “viejo hombre” es considerada por Dios como “obra muerta” y trae muerte a nuestras vidas, o sea, nuestras vidas no producirán todos los frutos que pueden llegar a producir.

Colosenses 3:8-11
(8) Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
(9) No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre [palaios anthropos] con sus hechos,
(10) y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno,
(11) donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.

El Nuevo Hombre, el Cuerpo de Cristo, se va renovando hasta el conocimiento pleno, este pasaje no habla del creyente renacido como unidad, sino de todo el Cuerpo: el Cuerpo, como un todo, es el que se va renovando hasta el conocimiento pleno. De ahí la importancia de estar unidos y de aprovechar el trabajo de otros cristianos que aman a Dios, y de edificarnos mutuamente, porque nuestro crecimiento no es individual, es grupal, como Cuerpo, como UN SOLO HOMBRE, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, no hay instruidos e indoctos, no hay siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Como miembros del Cuerpo de Cristo, somos lo que Cristo es: Cristo es sabio, nosotros somos sabios; Cristo es libre, nosotros somos libres; Cristo sirve a Dios, nosotros servimos a Dios; Cristo fue glorificado, nosotros seremos glorificados, etc.

Teniendo esto en cuenta Pablo instruye:

Colosenses 3:12-14
(12) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia;
(13) soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
(14) Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Aquí están algunas de las características que deben desarrollar los cristianos al ser parte del Cuerpo de Cristo. Un príncipe que se viste con ropas harapientas y malolientes no sería bien visto por la gente, sería muy criticado, del mismo modo, como Hijos del Rey de los cielos, deberíamos vestirnos adecuadamente, para que nuestro Padre se sienta orgulloso. La forma en que debemos vestirnos, dice Pablo en el versículo 12, es “de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro”. Además, dice que debemos perdonar como lo hizo Cristo. ¡Esta es la vestimenta que debe portar el cristiano!, pero además, dice Pablo, que sobre todas estas cosas debemos vestirnos del amor, que es el vínculo perfecto. El amor es lo que une a cada miembro del Cuerpo de Cristo con el otro y con Cristo. Este amor, producto de conocer a Dios y desear de corazón hacer Su voluntad, es lo que debemos vestir “sobre todas estas cosas”. La palabra “sobre” podemos entenderla como con el sentido de que el amor es lo más importante, pero también, teniendo en cuenta la figura de la vestimenta, se puede entender como que el amor es la vestimenta externa, la que queda por encima y todos ven. ¡El amor debe ser visible en nuestras vidas!

Y cuando nuestra vestimenta es la correcta, esto es lo que sucede:

Colosenses 3:15-17
(15) Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.
(16) La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
(17) Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,  dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Un cristiano que está correctamente ataviado, como Hijo del Santo Rey, y no como hijo del Pecado, entonces tendrá paz en su corazón, y la palabra de Cristo va a morar en abundancia, enseñando y exhortando a otros miembros del Cuerpo, y siendo enseñado y exhortado por ellos. Cuando el Cuerpo está conduciéndose así, lo que hará es “cantar con gracia en el corazón”. Los cristianos no sólo cantarán en la congregación, como manifestación externa, sino que cantarán en su corazón, bendecidos por la gracia y amor de Dios que está siendo manifestada en el grupo.

El Cuerpo de Cristo como “Templo de Dios”


Efesios 2:14-22 (RVA)
(14) Porque él es nuestra paz, quien de ambos nos hizo uno. El derribó en su carne la barrera de división, es decir, la hostilidad;
(15) y abolió la ley de los mandamientos formulados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos hombres un solo hombre nuevo, haciendo así la paz.
(16) También reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando muerte en ella a la enemistad.
(17) Y vino y anunció las buenas nuevas: paz para vosotros que estabais lejos y paz para los que estaban cerca,
(18) ya que por medio de él, ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
(19) Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.
(20) Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular.
(21) En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor.
(22) En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.
  
En estos versículos Pablo pasa a comparar al Cuerpo de Cristo con un Templo, cuya piedra angular, la que sostiene la construcción del Templo, es Jesucristo, siendo nosotros, como creyentes renacidos, parte de ese Templo, que es edificado sobre el fundamento de los apóstoles, o sea, sobre la doctrina que Dios les reveló. Y también dice que vamos siendo juntamente edificados como “morada de Dios”. Nuevamente se resalta el concepto de crecimiento conjunto.

1 Corintios 3:9-17 (RVA)
(9) Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois huerto de Dios, edificio de Dios.
(10) Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, como perito arquitecto he puesto el fundamento, y otro está edificando encima. Pero cada uno mire cómo edifica encima,
(11) porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
(12) Si alguien edifica sobre este fundamento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno u hojarasca,
(13) la obra de cada uno será evidente, pues el día la dejará manifiesta. Porque por el fuego será revelada; y a la obra de cada uno, sea la que sea, el fuego la probará.
(14) Si permanece la obra que alguien ha edificado sobre el fundamento, él recibirá recompensa.
(15) Si la obra de alguien es quemada, él sufrirá pérdida; aunque él mismo será salvo, pero apenas, como por fuego.
(16) ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
(17) Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque santo es el templo de Dios, el cual sois vosotros.

En este último versículo, la palabra “destruye” y “destruirá” parten del verbo griego phtheirö, que significa “desgastar, corromper”, en este contexto tendría el sentido de “denigrar” o “hacer lucir mal”. La traducción podría ser: “si alguno denigra el templo de Dios, Dios le denigrará” o “si alguno hace lucir mal el templo de Dios, Dios le hará lucir mal”. Nadie puede “destruir” el templo de Dios, pero puede corromperlo, hacerlo lucir mal, o denigrarlo. Esto sucede cuando bajo el nombre de Dios se hacen cosas contrarias a Su voluntad. Cuando los cristianos adoptan conductas inmorales o ilegales en nombre de Dios, las demás personas repudian a Dios a causa de estas personas, esto es “denigrar” o “hacer lucir mal” el templo de Dios. Otro ejemplo de denigración del templo de Dios es cuando grupos de cristianos enseñan doctrinas totalmente opuestas a lo escrito en la Biblia, por lo que hacen quedar mal al cristianismo entero delante de los incrédulos. Este tipo de acciones no son sin consecuencias. Dios va a dar recompensas a los cristianos conforme a sus obras, y aquél que hizo lucir mal al templo de Dios, no recibirá lo debido, esto es una “denigración”, y uno va a “quedar mal” delante de otros creyentes que reciban mayor recompensa, pero lo cierto es que Dios NO va a DESTRUIR a ningún cristiano renacido, el mismo versículo dice que si la obra de uno es quemada, de todos modos será salvo.
Por eso debemos siempre tener en cuenta que este Cuerpo de cristianos es santo, y como tal debemos tratarlo, jamás debiéramos hacer nada que perjudique a otros miembros del Cuerpo de Cristo, por el contrario, nuestro deber es edificarnos unos a otros, como venimos viendo a lo largo de todos los versículos de Escritura que hemos visto hasta ahora.

En Corintios vemos esta misma realidad:

2 Corintios 6:14-16 (RVA)
(14) No os unáis en yugo desigual con los no creyentes. Porque ¿qué compañerismo tiene la rectitud con el desorden? ¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?
(15) ¿Qué armonía hay entre Cristo y Belial? ¿Qué parte tiene el creyente con el no creyente?
(16) ¿Qué acuerdo puede haber entre un templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

No “unirse en yugo desigual con los no creyentes” no significa que nos separemos totalmente de los incrédulos y que no le dirijamos palabra, de ser así ¡sería imposible acercarlos a Cristo! “Unirse en yugo” es una figura literaria que nos indica no juntarse de tal forma que ambos vayan en la misma dirección. No hay que tomar la dirección que toma el incrédulo, adoptando sus conductas en nuestras vidas. Una cosa es pasar tiempo con gente incrédula y otra muy diferente es participar en sus pecados. Traer las acciones y costumbres de los incrédulos a mi vida, es como traer imágenes de ídolos al Templo de Dios. Nosotros somos Templo de Dios, y tenemos que tratar al Templo con santidad ¡porque en nosotros habita Dios!

1 Pedro 2:1-5 (RVA)
(1) Habiendo pues dejado toda maldad, todo engaño, hipocresía, envidia y toda maledicencia,
(2) desead como niños recién nacidos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación;
(3) puesto que habéis probado que el Señor es bondadoso.
(4) Acercándoos a él, la Piedra Viva—que fue ciertamente rechazada por los hombres, pero delante de Dios es elegida y preciosa—,
(5) también vosotros sed edificados como piedras vivas en casa espiritual para ser un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Antiguamente, en el templo de Dios se ofrecían los sacrificios por el perdón de pecado, sacrificios de purificación y sacrificios de paz a Dios. Estos sacrificios eran ofrecidos por los sacerdotes y consistían en sacrificios de animales, representativos de lo que Cristo haría por nosotros. Hoy en día el templo físico no está en servicio, sino que las Escrituras nos dicen que los cristianos, como conjunto, forman el templo de Dios y también son los “sacerdotes” de ese templo, y se espera de nosotros que ofrezcamos sacrificios en este templo ¿qué clase de sacrificios?

Marcos 12:32-34 (RVA)
(32) Entonces el escriba le dijo: —Bien, Maestro. Has dicho la verdad: Dios es uno, y no hay otro aparte de él;
(33) y amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
(34) Y viendo Jesús que había respondido sabiamente, le dijo: —No estás lejos del reino de Dios. Ya nadie se atrevía a hacerle más preguntas.

Aquí vemos que lo que para Dios vale más que todos los holocaustos y sacrificios es el amar a Dios por sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo ¡Esto es lo que Dios espera de nosotros!

Hebreos 10:5-10 (RVA)
(5) Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.
(6) Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron;
(7) entonces dije: “¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!” como en el rollo del libro está escrito de mí.
(8) Habiendo dicho arriba: Sacrificios, ofrendas y holocaustos por el pecado no quisiste ni te agradaron (cosas que se ofrecen según la ley),
(9) luego dijo: ¡Heme aquí para hacer tu voluntad! El quita lo primero para establecer lo segundo.
(10) Es en esa voluntad que somos santificados, mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

No era el sacrificio de animales lo que Dios quería desde un principio, éstos sólo eran una forma de anunciar y esperar al “cuerpo de Cristo”, el cual fue preparado por Dios para perdón de nuestros pecados. Dios jamás se agradó de los animales muertos en sí, sino de la OBEDIENCIA al cumplir sus mandatos.

Efesios 5:1-2 (RVA)
(1) Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados,
(2) y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios.

La ofrenda y sacrificio de Cristo fueron “olor fragante” porque él lo hizo por amor a Dios y por amor a la humanidad. Vean la conexión de este versículo con un pasaje en Filipenses 4:

Filipenses 4:15-19 (RVA)
(15) También sabéis, oh filipenses, que al comienzo del evangelio cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en cuanto a dar y recibir, sino vosotros solos.
(16) Porque aun a Tesalónica enviasteis para mis necesidades una y otra vez.
(17) No es que busque donativo, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.
(18) Sin embargo, todo lo he recibido y tengo abundancia. Estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, como olor fragante, un sacrificio aceptable y agradable a Dios.
(19) Mi Dios, pues, suplirá toda necesidad vuestra, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Las ofrendas de dinero, enviadas para suplir las necesidades de otros creyentes, aquí entran en la categoría de “olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios”, no porque el dinero en sí sea un sacrificio acepto, sino porque lo dieron por amor a Dios y al apóstol Pablo, que tanto trabajaba para edificarlos como Cuerpo. No es el dinero en sí lo que agradó a Dios como para considerar la ofrenda “olor fragante” y “sacrificio aceptable”, sino la actitud de amor con que dieron ese dinero para la obra de Dios y las necesidades de Pablo.

Hebreos 13:15-16
(15) Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
(16) Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.

Los “sacrificios espirituales”, entonces, consisten en aquellas acciones que parten de una obediencia amorosa a Dios, que se manifiesta a través de alabar a Dios, confesar Su nombre, ayudarnos mutuamente, compartir de aquello que abundamos con otros creyentes, perdonar y tener misericordia de otros, etc.

Hebreos 13:15-16 (RVA)
(15) Así que, por medio de él, ofrezcamos siempre a Dios sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
(16) No os olvidéis de hacer el bien y de compartir lo que tenéis, porque tales sacrificios agradan a Dios.

Nuevamente tenemos el mismo concepto: los sacrificios que Dios desea de nosotros son hacer el bien y compartir lo que tenemos, ya se material o inmaterial. Hay quienes pueden compartir de sus recursos materiales, pero también se puede compartir tiempo, afecto, conocimiento, palabras de aliento, etc. Estas cosas constituyen los sacrificios que debemos ofrecer a Dios como sacerdotes de Su santo Templo.
Con esto quizá se comprenda mejor el versículo 1 de Romanos 12, que hemos estudiado previamente:

Romanos 12:1-2 (Mi traducción)
Por-lo-tanto los exhorto, hermanos, a que mediante las compasiones de ·DIOS, se dispongan a presentar sus ·cuerpos en sacrificio que-vive, santo, complaciente a ·DIOS, este es el servicio-de-adoración lógico que se requiere de ustedes;
y no sigan-amoldándose a esta ·era, sino sean-transformados con la renovación de la mente, para que, así, ustedes lleguen a comprobar cómo es el deseo de ·DIOS, el cual es benéfico y complaciente y completo.

Como vimos, los sacrificios que Dios quiere de nosotros son el obedecerle, andar en amor, edificar a otros miembros del Cuerpo, compartir para sus necesidades, etc. Unirse en yugo desigual con un incrédulo sería como colocar ídolos en el Templo de Dios, por eso aquí, en Romanos, la instrucción es a no seguir amoldándose a esta era. Si nos amoldamos a esta era, estaremos haciendo lo que los incrédulos hacen, y así contaminamos el Templo de Dios. Por supuesto, nadie es perfecto en su andar y Dios es muy misericordioso y nos perdonará, pero nuestra actitud debe ser la de buscar la santidad, buscar honrar a Dios y hacer que Su Templo luzca bien, “reluciente”, y esté lleno de sacrificios agradables a Él y así comprobaremos que Su deseo para nosotros es benéfico, complaciente y completo.

El cuerpo: la plenitud de Dios


Efesios 1:15-23 (RVA)
(15) Por esta razón, yo también, habiendo oído de la fe que tenéis en el Señor Jesús y de vuestro amor para con todos los santos,
(16) no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mis oraciones.
(17) Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el pleno conocimiento de él;
(18) habiendo sido iluminados los ojos de vuestro entendimiento, para que conozcáis cuál es la esperanza a que os ha llamado, cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,
(19) y cuál la inmensurable grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la operación del dominio de su fuerza.
(20) Dios la ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y le hizo sentar a su diestra en los lugares celestiales,
(21) por encima de todo principado, autoridad, poder, señorío y todo nombre que sea nombrado, no sólo en esta edad sino también en la venidera.
(22) Aun todas las cosas las sometió Dios bajo sus pies y le puso a él por cabeza sobre todas las cosas para la iglesia,
(23) la cual es su cuerpo, la plenitud de aquel que todo lo llena en todo.

Estos creyentes estaban manifestando amor hacia todos los santos, por lo que Pablo agradecía a Dios por esto y oraba para que Dios les de sabiduría y revelación, para que conozcan más acabadamente sobre la esperanza futura y sobre el poder de Dios que opera en los santos, y nos dice, en los versículos 22 y 23, que Dios sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo, y que a él lo puso como cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia que es Su Cuerpo. Los “pies” son la parte inferior del Cuerpo, esto quiere decir que “todas las cosas” están sometidas por debajo de todos los creyentes. En la práctica, un creyente puede manifestar esta autoridad cada vez que actúa conforme a la voluntad de Dios.

Además, el versículo 23 dice que la Iglesia, la cual es su Cuerpo, es la plenitud de Aquél que todo lo llena con todas las cosas. Dios es quien llena todo vacío de la creación; llena nuestro vacío espiritual cuando recibimos a Cristo como Señor; llena nuestras vidas, dándonos todo lo necesario en todas las cosas; llenó el vacío que quedó en la Tierra luego de la caída de Satanás; y llenará el vacío actual de la Tierra, estableciendo un Reino justo y bendito. Dios todo lo llena, pero este versículo dice que la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, es Su plenitud, es lo que lo llena a Él. ¡Dios llena todo con todo, y nosotros lo llenamos a Él!

Una unidad completa


Efesios 4:1-3 (RVA)
(1) Por eso yo, prisionero en el Señor, os exhorto a que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados:
(2) con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos los unos a los otros en amor;
(3) procurando con diligencia guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

Aquí Pablo está exhortando a los creyentes de la iglesia de Efeso a que anden como es digno del llamamiento con que fueron llamados. Esto se refiere a la tarea o función que Dios asignó a cada uno dentro del Cuerpo, y que lo hagan con toda humildad y mansedumbre. También les dice que debían tener paciencia y tolerarse unos a otros en amor. Esto es similar a lo que Pablo dijo a los Romanos, sobre cumplir cada uno su tarea conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. En el versículo 3 Pablo les dice que debían “procurar con diligencia” guardar “la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. Guardar esta unidad no debía ser un objetivo en segundo plano para ellos, no debía ser un pasatiempo, debían “procurar con diligencia”, o sea, esforzarse por mantener esa unidad. Debido a nuestras debilidades humanas y a la acción continua del Adversario, el Diablo, por derribar la obra de Dios, cuidar y mantener la unidad del Espíritu (la unidad del Cuerpo de Cristo) no es una tarea fácil, ni “automática”, sino que requiere esfuerzo y diligencia.

Efesios 4:4-6 (RVA)
(4) Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como habéis sido llamados a una sola esperanza de vuestro llamamiento.
(5) Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo,
(6) un solo Dios y Padre de todos, quien es sobre todos, a través de todos y en todos.

Noten que, antes de hablar sobre el “llamamiento” que Dios dio a cada uno (en el versículo 7), Pablo hace como un paréntesis en estos tres versículo, anunciando siete “unos” que son necesarios para mantener la unidad del Espíritu: (1) un Cuerpo; (2) un solo Espíritu; (3) una sola esperanza; (4) un solo Señor; (5) una sola fe; (6) un solo bautismo; (7) un solo Dios y Padre de todos.

El número siete en la Biblia es simbólico de perfección espiritual, aquí estos siete “unos” nos están señalando la perfección en la unidad espiritual, o sea, lo que es necesario saber para lograr una completa unidad. Veamos un poco más en detalle estos puntos:

1 – Un Cuerpo: como hemos visto hasta aquí, Dios ha hecho que todos los que creen el Cristo como Señor pasen a ser miembros de un Cuerpo cuya cabeza es Cristo. Este es el único Cuerpo que existe. No hay dos, ni tres, ni varios “cuerpos de Cristo”. Toda la Iglesia de Dios es parte de un mismo Cuerpo, y esto debe estar siempre presente entre nosotros, para no maltratar o menospreciar a otros miembros del Cuerpo que creen distinto a nosotros y están en otra religión o denominación. Pueden estar errados en su doctrina y conducta, pero si aceptaron a Jesús como Señor y creen que Dios le levantó de entre los muertos, son parte de mismo Cuerpo y debemos hacer lo posible para integrarnos con ellos y no para dividirnos más. Si no podemos crear una unidad con algún creyente, al menos no generemos mayor distancia.

2 – Un espíritu: como expliqué previamente, así como la sangre física es lo que da vida al cuerpo físico, el espíritu es aquello que nos permite tener vida espiritual. Este espíritu no es uno para cada creyente, sino que es uno solo que recorre a todos los creyentes. Quizá no podamos comprender adecuadamente los mecanismos por los que Dios trabaja en el plano espiritual, pero aquí las Escrituras nos dicen que hay un solo espíritu, este espíritu es lo que nos conecta a todos con Dios y con el Señor Jesucristo, pero también nos conecta unos con otros. Quizá es una realidad muy compleja para comprender, pero es lo que las Escrituras nos enseñan.

3 – Una esperanza: no vamos aquí a estudiar todos los pasajes bíblicos que hablan sobre la esperanza del cristiano, porque no es el tema de este estudio, pero brevemente diré que la esperanza del creyente ha sido, desde tiempos antiguos, vivir perpetuamente con Dios en un reino de paz y justicia. Este fue el objetivo de Dios en Su creación, fue obstruido por la caída del Diablo y luego la de Adán y Eva y desde entonces la promesa de Dios ha sido restaurar esa condición perdida. La esperanza es sólo una, cualquier otra esperanza que se le dé a un cristiano no contribuye a la unidad del espíritu. La esperanza no es convertirnos en ángeles, no es hacer millonarios en esta vida, no es tener al mundo alabándonos, no es reencarnar en algo mejor, ni ninguna otra cosa más que lo que Dios diseñó para el ser humano desde el principio. Predicar otra cosa no ayuda a mantener la unidad del Cuerpo de Cristo.

4 – Un Señor: el único hombre a quien Dios ha puesto como mediador entre Él y los seres humanos es Jesús (1 Ti. 2:5). Dios le dio a él un nombre sobre todo nombre, para que toda rodilla se doble ante él (Fil. 2:9-10). Él es el único “Señor” (en el ámbito espiritual) y no hay otro por medio de quien se pueda alcanzar salvación. No podemos mantener la unidad del espíritu si creemos que hay otro señor o señores por medio de los cuales se accede a Dios.

5 – Una fe: esto se refiere a la fe que es para salvación. En Romanos 1:16 y 17 Pablo dice que el Evangelio (la buena noticia de Dios) es poder para salvación a todo el que cree y que en él se revela la justicia de Dios “desde fe hasta fe”, lo cual significa que mediante el evangelio de Dios el creyente es puesto en un ciclo de crecimiento en fe. El evangelio del reino de Dios es el mensaje central de las Escrituras y nos muestra la obra de Dios en Cristo para nuestra salvación. Sólo la fe en el evangelio nos lleva a la salvación provista por Dios y sólo esta fe nos hace crecer y madurar espiritualmente en nuestra relación con Dios. La fe en el evangelio de Dios es la única fe con la cual podemos mantener la unidad del Cuerpo de Cristo.

6 – Un bautismo: la Biblia nos dice que los que han creído en Cristo Jesús han sido bautizados en espíritu santo, (Hch. 1:5; 11:16), en nombre de Jesús (Hch. 10:48; 19:5), en su muerte (Ro. 6:3-4) y fueron bautizados en un Cuerpo (1 Co. 12:13). Estos textos no se refieren a distintos bautismos, sino al efecto que tiene un mismo bautismo. El bautismo consiste en creer en Jesús como Señor para perdón de los pecados. En el momento que decidimos hacer a Jesús Señor somos lavados por su muerte y somos incorporados en el Cuerpo de Cristo, estando todos sumergidos en una misma realidad espiritual. El bautismo en agua fue un bautismo simbólico ordenado a Juan el bautista con el fin de preparar el camino para el Señor, pero el único bautismo que se necesita hoy ante Dios consiste en un “lavamiento” espiritual y no en simple agua. Este bautismo en espíritu debe ser anunciado y predicado para poder mantener la unidad del Cuerpo de Cristo.

7 – Un Dios y Padre: Dios es sólo uno (Dt. 6:4). No existe otro dios verdadero fuera de Él. La creación no fue hecha por varios dioses en colaboración, y la redención del ser humano no fue planeada por varios dioses. Dios es el Dueño del Universo y es sólo uno. Él no sólo es el único Dios, también es el único Padre, de Él se originan todas las cosas y Él es nuestro único Padre espiritual.

Para poder mantener la unidad del espíritu, lo cual equivale a mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, Pablo dice que es necesario tener en mente estos siete unos que hacen a lo que yo llamo “una unidad completa”. El Diablo sabe que crear controversias en estos puntos causa la división del Cuerpo, y es lo que ha intentado desde siempre. Él nos hace dudar sobre la unidad del Cuerpo de Cristo, haciéndonos creer que “todas las religiones conducen a Dios”, pero creando diferencias profundas entre éstas; también hace creer a las personas que hay muchos “espíritus santos”, o que algunos tienen un mejor espíritu que otros; genera división al proponer diferentes esperanzas para los cristianos, como aquellos que creen que los negros vivirán en un plano celestial inferior a los blancos; promueve a diferentes “señores” que ofrecen el acceso a Dios, como Mahoma o el Buda; hace que la gente piense que existen distintas formas de doctrinas de las cuales si uno tiene “fe” podrá ser salvo; promueve también diferentes tipos de “bautismos”, para salvación de las personas; y también promueve la fe en distintos dioses, o tergiversa las características esenciales del Dios verdadero. Nosotros debemos estar atentos a estas cosas y esforzarnos por combatir contra estas falsas doctrinas para poder mantener y promover la unidad en el Cuerpo de Cristo.

Efesios 4:7-11 (RVA)
(7) Sin embargo, a cada uno de nosotros le ha sido conferida la gracia conforme a la medida de la dádiva de Cristo.
(8) Por esto dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres.
(9) Pero esto de que subió, ¿qué quiere decir, a menos que hubiera descendido también a las partes más bajas de la tierra?
(10) El que descendió es el mismo que también ascendió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.
(11) Y él mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros,

En estos versículos vemos que Cristo, luego de ascender al cielo, dio dádivas, regalos a los hombres (esto es, a los seres humanos, incluyendo hombres y mujeres). Entre esos regalos dados por el Señor, se mencionan a los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Estos dones, nos dice Pablo, son dados para lo siguiente:

Efesios 4:12-13
(12) a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
(13) hasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, hasta ser un hombre de plena madurez, hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

En estos versículos, la palabra “capacitar” es en griego katartismos, que se usa sólo aquí en las Escrituras. Esta palabra proviene del verbo griego katartizö, que significa “perfeccionar, completar, llevar a la concreción, reparar, restaurar completamente”. Por lo tanto, la palabra katartismos puede traducirse como “perfeccionamiento”. Por otro lado, la palabra “ministerio” es la palabra diakonia, que se refiere a una función de servicio o tarea asignada por Dios. Además, en el 13 la palabra “conocimiento” es la palabra griega epignosis, que se refiere a un conocimiento correcto o un conocimiento completo. La palabra “plena madurez” es en griego teleio, que significa “completo, perfecto, pleno”; y la palabra “estatura” es en griego helikia, que significa primariamente “edad”, pero frecuentemente se usaba con el sentido de “edad adulta, adultez”. Uniendo estos puntos, estos dos versículos podríamos traducirlos así:

Efesios 4:12-13 (Mi traducción)
(12) a-fin-de lograr el perfeccionamiento de los santos para que contibuyan a la obra de Dios, conforme a la tarea-asignada a cada uno, para edificación del cuerpo del Cristo
(13) hasta-que ·todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento-correcto del Hijo de ·DIOS, a un hombre completo, a la medida de la adultez de la plenitud del Cristo.

Cristo, como Cabeza del Cuerpo, es plenamente maduro, ya es un “adulto” con plena comprensión de los asuntos espirituales. Pero nosotros, Su Cuerpo, aún no estamos en la misma capacidad que Él. La perfección en nosotros no se producirá sino hasta que Cristo retorne y seamos transformados en un cuerpo espiritual perfecto (1 Co. 13:9-10; 15:51-53), sin embargo, Su deseo es que en este tiempo vayamos creciendo en nuestro correcto entendimiento de quién es Él y así logremos una unidad en la fe. Para esto, Jesús ha dotado a ciertos miembros del Cuerpo de Cristo con funciones de servicio que están especialmente diseñadas para ayudar a otros cristianos a conocer y desarrollar aquellas tareas que Dios le asignó y que todos puedan contribuir a la edificación del Cuerpo de Cristo. Estos dones de servicio fueron dados para edificar a los cristianos y no para controlarlos, por eso, un buen líder cristiano no debe utilizar los dones dados por Dios para apoderarse de las voluntades de las personas, sino que debe edificarlas y ayudarlas a madurar en su relación con Dios y debe trabajar para lograr la unidad en la fe y el conocimiento correcto del Hijo de Dios.

Efesios 4:14-15 (RVA)
(14) Esto, para que ya no seamos niños, sacudidos a la deriva y llevados a dondequiera por todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar, emplean con astucia las artimañas del error;
(15) sino que, siguiendo la verdad con amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza: Cristo.

El objetivo de crecer en una unidad en la fe y el conocimiento del Hijo de Dios es que no seamos engañados y llevados de un lado para otro por doctrinas erróneas de hombres que con astucias emplean las artimañas del error. En el versículo 14, la palabra “artimañas” puede traducirse también como “método”, lo que nos indica este versículo es que hay personas que engañan y utilizan un método para su engaño. No se trata nada más de una mentira doctrinal, sino de todo un método, un sistema pensado y elaborado para alejar a los cristianos de la verdad de Dios. Es muy claro que este método está funcionando muy bien, porque todo el cristianismo está dividido en cientos de religiones, denominaciones y grupos sectarios, haciéndose muy difícil para una persona común separar la verdad del error y elegir a quién creerle. Dios, por medio de Pablo, aquí nos advierte que esto sucede y por eso nos alienta a esforzarnos por mantener la unidad, la cual requiere no sólo de buenas intenciones, sino de un conocimiento correcto de Jesús, de lo que las Escrituras declaran de Él y de la obra de Dios por medio de Él.

El deseo de Dios es, dice el versículo 15, que sigamos la verdad en amor y crezcamos en todo hacia Aquél que es la Cabeza, o sea, Cristo. Dios quiere que en todo aspecto de nuestras vidas crezcamos para ser como Cristo y estar en Su nivel de madurez espiritual.

El versículo 16 nos dice:

Efesios 4:16 (RVA)
De parte de él todo el cuerpo, bien concertado y entrelazado por la cohesión que aportan todas las coyunturas, recibe su crecimiento de acuerdo con la actividad proporcionada a cada uno de los miembros, para ir edificándose en amor.

Este versículo es un versículo difícil de traducir desde el griego, ya que se usa un vocabulario un poco complicado y la construcción gramatical no es del todo clara. Literalmente este versículo leería así:

Efesios 4:16 (Mi traducción)
desde Quien todo el cuerpo, siendo-correctamente-conectado y consolidado mediante todas las junturas de la abundante-provisión, conforme a la energía en medida de cada parte individual, produce el crecimiento del cuerpo para la edificación de sí-mismo en amor

Lo que el versículo este nos transmite es que desde Cristo el Cuerpo recibe el crecimiento, y este crecimiento se produce cuando los miembros están adecuadamente conectados y consolidados y cada uno actúa conforme a la energía que Cristo le proporciona. Esto es muy importante, porque nos está diciendo que el crecimiento se produce EN CONJUNTO, el crecimiento del Cuerpo de Cristo depende de que estemos correctamente unidos y consolidados y de que cada uno de nosotros haga su parte, cumpla con su tarea asignada por Dios, según la energía que Dios y Cristo dan a cada uno.
 

El amor: el vínculo perfecto


Colosenses 3:12-14 (RVA)
(12) Por tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, vestíos de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia,
(13) soportándoos los unos a los otros y perdonándoos los unos a los otros, cuando alguien tenga queja del otro. De la manera que el Señor os perdonó, así también hacedlo vosotros.
(14) Pero sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

Ya habíamos visto este versículo previamente, pero ahora nos centraremos en el amor de Dios como “vínculo perfecto”. La palabra “vínculo”, aquí, es la palabra griega sundesmos, que significa “vínculo, aquellos que une, pegamento”, pero también se usaba en referencia a los tendones y ligamentos del cuerpo humano. La palabra “perfecto” en realidad debería traducirse como “perfección”. El versículo diría “vestíos de amor, que es el vínculo de la perfección”. En otras palabras, el amor es lo que une a los cristianos de modo de que puedan alcanzar la madurez y perfección del Cuerpo de Cristo.

Cuando las Escrituras nos hablan de “amor”, no hay que confundir el amor de Dios con el amor humano. El amor del cual se habla aquí, no se refiere al simple cariño y afecto humano, sino al amor que es producto de comprender el amor de Dios y la obra de Dios y así desear poner por obra Sus mandamientos para salvación y edificación de otras personas (1 Jn. 5:3). Este amor tiene características superiores al simple afecto humano, las cuales se describen en 1 Corintios 13:


1 Corintios 13:1-3 (RVA)
(1) Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o un címbalo que retiñe.
(2) Si tengo profecía y entiendo todos los misterios y todo conocimiento; y si tengo toda la fe, de tal manera que traslade los montes, pero no tengo amor, nada soy.
(3) Si reparto todos mis bienes, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve.

En estos versículos Pablo, a través de algunas exageraciones, expone la importancia del amor detrás de las acciones. Señalando que no son las acciones en sí las que tienen valor para Dios, sino el corazón con las que se lo hace. Como habíamos visto, a Dios le interesan los “sacrificios espirituales”, le interesa la obediencia amorosa que hay detrás de cada acción, más allá de la acción en sí. Luego Pablo expone algunas de las características de este amor:

1 Corintios 13:4-7 (RVA)
(4) El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante.
(5) No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal.
(6) No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.
(7) Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

En el versículo 7 “sufre” es en griego stegos, que es “aguantar” o “soportar”, con el sentido de sostener una carga; mientras que “soporta” es hupomeno, que es “resistir”, tiene el sentido de “quedarse o permanecer en un lugar”, pase lo que pase. Para entender este versículo, es necesario tener en cuenta de que se está hablando del amor de Dios, que, como dijimos, consiste en llevar a cabo la voluntad de Dios. No es que uno va a soportar cualquier carga impuesta por cualquier persona, creer todo lo que cualquiera diga o soportar todo lo que otros le hacen sin reaccionar. El sentido en este versículo es que uno soporta, cree, espera y resiste cuando la voluntad de Dios así lo requiere.

Entonces, lo que estos versículos nos están comunicando es que la persona que está manifestando el amor de Dios va a ser paciente y bondadosa, no va a envidiar o tener un celo maligno por otras personas, no va a ostentar de lo que tiene, ni ser arrogante en cuanto a sus capacidades, habilidades, talentos, logros o posesiones. Además, no actuará indecorosamente, no va a perjudicar a otros para buscar su propio beneficio, no se irritará fácilmente, ni estará constantemente llevando la cuenta del mal que otros le hicieron, para tomar represalias o vengarse. Además, quien está lleno del amor de Dios, va a soportar toda carga impuesta por Dios, va a creer en todo lo que Dios le instruya, va a esperar con convicción todo lo que Dios ha prometido y va a resistir firme en Dios ante toda adversidad que se presente.

1 Corintios 13:8, 13
(8) El amor nunca deja de ser. Pero las profecías se acabarán, cesarán las lenguas, y se acabará el conocimiento.
(13) Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.


La fe y la esperanza son importantísimas en la relación con Dios, de hecho, la Biblia nos dice que sin fe es IMPOSIBLE agradar a Dios (He. 11:6) y que la esperanza es nuestra “ancla del alma” (He. 6:19), sin embargo aquí se nos dice que el amor es mayor que estas cosas. La Biblia nos dice que Dios es amor (1 Jn. 4:8, 16), no hay versículos que digan que Él es “fe”, ni que Él es “esperanza”, la fe y la esperanza son características de nuestra relación con Dios, pero el amor es la misma esencia de Dios. Por eso, cuando manifestamos el amor de Dios en el mundo, estamos siendo un reflejo de Dios, estamos poniendo en evidencia Sus cualidades al mundo. Este mismo amor, es el que debemos poner en práctica para poder estar correctamente unidos y consolidados como miembros del Cuerpo de Cristo.

Para finalizar, citaré al libro de 1 de Juan:


1 Juan 3:16-18 (RVA)
(16) En esto hemos conocido el amor: en que él puso su vida por nosotros. También nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
(17) Pero el que tiene bienes de este mundo y ve que su hermano padece necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo morará el amor de Dios en él?
(18) Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad.

1 Juan 4:7-12 (RVA)
(7) Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
(8) El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
(9) En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él.
(10) En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en expiación por nuestros pecados.
(11) Amados, ya que Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
(12) Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.





[1] Las citas de las Escrituras marcadas como “RVA” fueron tomadas de la versión “Reina Valera Actualizada”, revisión de 1989, publicada por la Casa Bautista de Publicaciones.
[2] Para más detalles sobre esta traducción, recomiendo leer mi traducción y comentario sobre la carta dePablo a los romanos.
[3] Para más detalles acerca del Nuevo Pacto de Dios recomiendo leer mi estudio “Una nueva creación”.
[4] Las citas de las Escrituras marcadas como “RV-1960” fueron tomadas de la versión “Reina-Valera”, revisión de 1960, por las Sociedades Bíblicas Unidas.
[5] Nótese que la palabra griega kainos se usa para describir distintas nuevas realidades que vive un creyente cristiano, como “el nuevo pacto” (1 Co. 11:25; 2 Co. 3:6; He. 8:8; 9:15); la “nueva creación” (2 Co. 5:17; Gá. 6:15); el “nuevo hombre” (Ef. 2:15; 4:24); un “nuevo mandamiento” (Jn. 13:34; 1 Jn. 2:8); “nuevas lenguas” (Mr. 16:17). Para más detalles lea mi estudio “Una nueva creación”.



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