Depósitos celestiales

En Honor a Su verdad
Mateo 6:19-21
(19) No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
(20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Este es un pasaje muy usado para predicar acerca de la importancia de no enfocarse en las cosas “de la tierra”, sino en las del cielo. Sin embargo, aquello que corresponde a la “Tierra” y al “cielo” suele variar entre un predicador y otro, y algunos llegan al punto de “espiritualizar” tanto la vida del cristiano que terminan por prohibir o impedir toda situación terrenal y toda posesión material, como si fuera contraria a la voluntad de Dios.

Para poder entender la verdad de Dios que hay detrás de este pasaje estudiaremos lo que la Biblia dice al respecto, tratando de no imprimir en ella lo que dicta nuestra imaginación ni lo que hemos recibido por tradición.

En principio analizaremos algunos términos de este pasaje que nos ayudarán a llegar a una traducción más exacta y así comprender mejor su sentido.

Donde dice “hagáis tesoros”, el texto griego lee “atesoréis tesoros”. Las palabras “atesoréis” y “tesoro” comparten una misma raíz griega, siendo la primera un verbo y la segunda un sustantivo. El verbo griego es thesaurizö (atesorar), y el sustantivo es thesauros (tesoro). La palabra griega thesauros ha sido transliterada del griego en “tesoro”, debido a que “tesoro” parece ser la palabra equivalente a thesauros, sin embargo, lo que hoy entendemos por “tesoro” no es lo mismo que transmite la palabra thesauros.

Distintos diccionarios y léxicos griegos, como el de Frieberg, Vine, Louw-Nida, Thayer, etc., concuerdan en que esta palabra hace referencia a un lugar para acumular cosas de valor, que puede ser un receptáculo, como una bolsa o un cofre; o puede tratarse de un depósito o almacén. Thesauros no hace referencia a la cosa que es de valor sino el lugar en donde se guarda aquello que es de valor, en esto concuerdan todos los léxicos griegos. Thesaurizö significa “guardar o acumular algo en el thesauros” o sea, significa guardar algo en esa bolsa, cofre, depósito o almacén, podemos traducirla como “acumular”, “almacenar” o “depositar” algo que es de valor.

Veremos algunos usos bíblicos que reforzarán este sentido:

Mateo 2:11
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María,  y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros [gr. Thesauros], le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

En el contexto se nos dice que unos “magos” (que era un grupo especial de estudiosos de las estrellas) llegaron a ver a Jesús. Aquí se nos dice que abrieron sus tesoros. Por supuesto, ellos no abrieron el oro, el incienso y la mirra, lo que abrieron fue la bolsa o cofre en donde traían guardadas estas cosas. Aquí el sentido es claro.

Otro pasaje en donde se ve claramente el sentido está en Mateo 13:

Mateo 13:52
El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro [thesauros] cosas nuevas y cosas viejas.

Dice “saca de su tesoro”, o sea, del lugar en donde tiene guardadas sus cosas de valor. Lo que vemos es que la palabra griega para “tesoro” en realidad hace referencia a un lugar de almacenaje y no a aquello que se almacena o deposita adentro.

1 Corintios 16:2
Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo [thesaurizö], para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.

Aquí el verbo thesaurizö se traduce “guardándolo”, que indica ponerlo en un lugar aparte, normalmente lo guardarían en una bolsa o cofre u otro lugar seguro.

Ahora regresaremos al pasaje de Mateo 6 para seguir desmenuzándolo:

Mateo 6:19-21
(19) No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
(20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Teniendo, ahora, el sentido correcto de thesauros y thesaurizö podemos traducir la primera parte del versículo 19, conforme al texto griego, como “No depositen en depósitos”. Donde dice “en la tierra” debiera decir “sobre la Tierra”, entonces la frase diría: “No depositen en depósitos sobre la Tierra” o “no depositen en depósitos que están sobre la Tierra”.

Luego el pasaje dice “donde la polilla y el orín corrompen”. En aquellos tiempos era común guardar dinero y otros valores en bolsas, generalmente hechas de piel seca o de tela de seda, por lo tanto, el thesauros (depósito) podía ser una de estas bolsas. Este tipo de bolsas, si eran descuidadas, podían ser atacadas por polillas y ser arruinadas, uno podía llegar a perder lo que traía dentro. El Lucas vemos esto mismo:

Lucas 12:33
Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro [griego thesauro] en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.

Aquí claramente habla de “bolsas” como equivalente a thesauro. Las bolsas terrenales pueden ser atacadas por las polillas, pero aquello que se guarda en “bolsas” celestiales no.

Volvemos a Mateo:

Mateo 6:19-21
(19) No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
(20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Lo siguiente que tenemos descrito es el “orín” (óxido). La palabra “orín” es la palabra griega brosis. Los léxicos explican que esta palabra significa primariamente “el acto de comer” y que consecuentemente hace referencia también a aquello que se come. En la Biblia, excepto por estos dos versículos, siempre se traduce con este sentido (Juan 4:32; 6:27; 6:55; Romanos 14:17; 1 Corintios 8:4; 2 Corintios 9:10; Colosenses 2:16; Hebreos 12:16). En la época, como hemos visto, guardaban el oro y la plata en bolsas, el oro y plata, estos a veces se oxidaban y el óxido podía carcomer la bolsa, de ahí las traducciones que tenemos, pero algunos comentaristas dicen que aquí se hace referencia a algún otro insecto que también ataca a la tela y el cuero, aunque no los usos bíblicos de brosis no dan mucho apoyo a esta interpretación. Yo creo que la palabra brosis (el acto de comer) puede hacer referencia al mismo desgaste que producían el oro, plata y monedas en la bolsa, mediante el movimiento y la fricción, para cubrir la variedad de significados y ser más literales podríamos traducir esta palabra como “desgaste”.

“Corromper” aquí es la palabra griega aphanizo, que literalmente significa “hacer invisible” o “desvanecer”. Da la idea de algo que se va desintegrando hasta desaparecer. En otras palabras, la bolsa se empieza a agujerear y se pierde el contenido.

Uniendo puntos tenemos que la frase, literalmente diría: “donde polilla y desgaste desintegran”. Entonces, cuando Jesús habló de “tesoros” estaría especialmente refiriéndose a las bolsas que utilizaban para guardar  dinero les refirió dos “factores corrosivos” que ellos conocían bien: la polilla (que va desintegrando a la bolsa desde afuera hacia adentro) y el desgaste propio del metal sobre la bolsa (que se produce desde adentro hacia fuera).

Mateo 6:19
(19) No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;

Luego dice: “y donde ladrones minan y hurtan”. “Minar” significa “cavar” o “perforar”. Como las paredes de las casas de la época generalmente estaban hechas de ladrillos de barro seco, era común que un ladrón intentara perforar una pared para entrar a robar. Jesús les estaba diciendo que en la Tierra existían ladrones que podían perforar las paredes de una casa y robarse el cofre o bolsa en donde se guardaban las cosas de valor.

Entonces, tenemos tres factores que afectan a los “depósitos” que están sobre la Tierra: la polilla, el desgaste y el ladrón. Jesús está diciendo, con un ejemplo gráfico que ellos podían comprender, que los depósitos terrenales pueden desgastarse por factores externos (la polilla), o por aquello mismo que se guarda en ellos (el desgaste) o, pueden llegar a ser robados (el ladrón).

Luego leemos:

Mateo 6:20-21
(20) sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.
(21) Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

En el versículo 20, textualmente dice: “sino, depositen en depósitos en el cielo”. “En” es la preposición griega en, que nos indica la esfera de acción o el plano en el que se encuentran estos almacenes. En otras palabras, aquí dice “depositen en depósitos celestiales”.

Hasta aquí podríamos dar una traducción literal más exacta de los versículos 21 y 22 así:

“No depositen en depósitos sobre la Tierra, donde polilla y desgaste desintegran y donde ladrones perforan la casa y roban, más bien depositen en depósitos celestiales, donde ni polilla ni comida desintegran y donde ladrones no perforan la casa ni roban”.

Los depósitos (bolsas o cofres) que se guardan dentro de una casa terrenal pueden deteriorarse o ser robados, pero los “depósitos” celestiales no están sujetos a deterioro ni a robos, son incorruptibles.

El versículo 21 nos muestra a qué se refiere Jesús al hablar de estos “depósitos”.

Mateo 6:21
“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”

Más acorde al texto podemos traducir este versículo así:

“Porque donde está el depósito de ustedes, allí también estará tu corazón”

Aquí Jesús primero cambió del plural (“ustedes”) al singular (“tu”) para enfatizar qué es lo que hay en esos depósitos. El verbo “está” da la idea de algo actual. El corazón estará en donde esté este depósito, que como estamos viendo, puede estar situado “sobre la Tierra” o “en el cielo”.
Bíblicamente el corazón puede referirse literalmente al corazón físico, pero en forma figurada al centro de pensamientos, no los pensamientos superfluos que vamos teniendo durante el día, sino esos pensamientos que nos hacen ser lo que somos, de donde se “bombean” pensamientos, sentimientos y emociones a todo nuestro ser. En el “corazón” se encuentran nuestros afectos, nuestros ideales, nuestros anhelos, nuestras pasiones, nuestras esperanzas, etc. Jesús está diciendo que lo que se guarda en esos depósitos es el corazón, el centro de nuestro ser. Así que, expandiendo el sentido del versículo podríamos traducirlo así:

“No depositen sus corazones en depósitos sobre la Tierra, donde polilla y desgaste desintegran y donde ladrones perforan la casa y roban, más bien depositen sus corazones en depósitos celestiales, donde ni polilla ni comida desintegran y donde ladrones no perforan la casa ni roban”.

En Proverbios leemos:

Proverbios 4:23
Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.

Este versículo de Proverbios nos dice que sobre toda cosa guardada debemos guardar el corazón. Pero ¿cómo guardamos el corazón? Bien, Jesús dijo que se podía guardar en un depósito terrenal o en uno celestial, ahora trataremos de comprender en qué consiste una cosa y la otra.

Leamos un poco el contexto para entender mejor de qué está hablando aquí Jesús. Citaré el texto de la Reina Valera de 1989, que en algunas partes es más precisa.

Mateo 6:1 (RV-1989)
"Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos. De lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

Este primer versículo nos muestra el contexto general de todo este capítulo, que es, no actuar conforme a nuestro propio estándar, nuestra propia justicia, queriendo agradar a otros hombres. Esta manera de actuar, dice Jesús, no tendrá recompensa de parte de Dios. A partir de aquí, Jesús comienza a hablar sobre buscar la recompensa que Dios dará en el futuro y no la recompensa actual que dan los hombres.

Mateo 6:2-4 (RV-1989)
(2) Cuando, pues, hagas obras de misericordia, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. De cierto os digo que ellos ya tienen su recompensa.
(3) Pero cuando tú hagas obras de misericordia, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha,
(4) de modo que tus obras de misericordia sean en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

Aquí se habla de una actitud de corazón. Lo que Jesús está explicando es que lo importante no es hacer “buenas obras”, sino con qué actitud se está obrando. Jesús explica que el que obra con misericordia para con otras personas con el objetivo de ser honrados por los hombres ya tienen su recompensa, pero cuando una persona obra con misericordia “en secreto”, o sea, sin publicar lo que hizo, Quien dará la recompensa será Dios.

Mateo 6:5-34 (RV-1989)
(5) "Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que aman orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
(6) Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

Aquí nuevamente Jesús señala una actitud de corazón. Lo importante no es orar sino con qué actitud se lo hace. El que ora para ser visto por los hombres ya tiene lo que busca, pero el que ora queriendo de corazón obtener la bendición de Dios, será recompensado por Dios. En los versículos 7 al 15 Jesús expande este punto, mostrando qué cosas son importantes para orar (para más detalles vean mi estudio “No dejemos de orar”).

Seguimos en el 16:

Mateo 6:16-18 (RV-1989)
(16) "Cuando ayunéis, no os hagáis los decaídos, como los hipócritas, que descuidan su apariencia para mostrar a los hombres que ayunan. De cierto os digo que ya tienen su recompensa.
(17) Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lávate la cara,
(18) de modo que no muestres a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu Padre que ve en secreto te recompensará.

Aquí Jesús habla sobre la actitud al ayunar. Nuevamente, él dice que lo que importa es hacerlo para Dios y no para ser visto de los hombres. “Ungir la cabeza” y “lavarse la cara” sería lo que alguien haría en un día normal. Lo que está diciendo es: “si van a ayunar, no pongan cara de sufrimiento, queriendo mostrar cuán piadosos son. Sigan sus vidas normalmente y no publiquen a todo el mundo lo que están haciendo.” Nuevamente vemos que lo que Dios recompensa no es la acción en sí sino la actitud de corazón con la que se realiza esa acción.

Ahora viene el pasaje que hemos estudiado, vamos a poner nuestra traducción literal:

Mateo 6:19-21 (Mi traducción literal)
(19) No depositen en depósitos sobre la Tierra, donde polilla y desgaste desintegran y donde ladrones perforan la casa y roban,
(20) más bien depositen en depósitos celestiales, donde ni polilla ni desgaste desintegran y donde ladrones no perforan la casa ni roban”.
(21) Porque donde está su depósito allí también estará tu corazón.

Entonces podemos ir comprendiendo que el depósito sobre la Tierra se relaciona con aquellas acciones que se hacen con una actitud que busca la gloria, honor y recompensa de los hombres, en búsqueda de un beneficio propio, y el depósito en el cielo se relaciona con aquello que se hace con una actitud de corazón que busca hacer la voluntad de Dios y obtener una recompensa de Dios. Noten que continuamente Jesús menciona la “recompensa” de parte de Dios. El verbo “recompensar” es en griego apodidomi, que significa “dar un pago o recompensa en devolución de algo que se hizo”. Esto quiere decir que si uno actúa religiosamente para ser visto por los hombres, eso es lo que obtendrá, pero si uno actúa en forma obediente a Dios, por fe y amor a Dios, Dios se encargará de dar la retribución justa por eso, y den por seguro que será de mayor valor que todo lo que este mundo tiene para ofrecer.

En estos pasajes, Jesús especialmente se está dirigiendo a aquellos “hipócritas” que aparentaban ser muy religiosos, pero lo único que les interesaba era el dinero y las ganancias.

Mateo 6:24 (RV-1989)
Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá al uno y amará al otro, o se dedicará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Aquí está claro, no se puede servir a dos señores, no se puede depositar el corazón en un depósito celestial y en uno terrenal al mismo tiempo, o hacemos la voluntad de Dios, o hacemos nuestra propia voluntad; o buscamos la gloria de Dios, o buscamos nuestra propia gloria; o buscamos la recompensa de Dios, o buscamos la recompensa del mundo. Ambas cosas no pueden hacerse simultáneamente. Este es el contexto del pasaje. Sigamos leyendo:

Mateo 6:25-34 (RV-1989)
(25) "Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
(26) Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas?
(27) ¿Quién de vosotros podrá, por más que se afane, añadir a su estatura un codo?
(28) ¿Por qué os afanáis por el vestido? Mirad los lirios del campo, cómo crecen. Ellos no trabajan ni hilan;
(29) pero os digo que ni aun Salomón, con toda su gloria, fue vestido como uno de ellos.
(30) Si Dios viste así la hierba del campo, que hoy está y mañana es echada en el horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?
(31) "Por tanto, no os afanéis diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿Qué beberemos?’ o ‘¿Con qué nos cubriremos?’
(32) Porque los gentiles buscan todas estas cosas, pero vuestro Padre que está en los cielos sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.
(33) Más bien, buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
(34) Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal.

Jesús aquí está explicando cuál debe ser el orden correcto de prioridades. Él no está diciendo que uno no deba procurar el sustento, el vestido u otras cosas que proporcionan deleite y satisfacción. Lo que él dice es que no debemos “afanarnos” por esas cosas. Estar “afanosos” significa preocuparse por algo por encima de otras cosas, hace referencia a nuestro orden de prioridades. Jesús dice que la prioridad no debe ser la comida y el vestido, sino el reino de Dios y su justicia, o sea, hacer la voluntad de Dios, sirviendo a Dios. Si hacemos la voluntad de Dios, Él se encargará de suplir todo lo necesario. Si uno sirve a las “riquezas” uno espera que las “riquezas” suplan las necesidades, pero si uno está sirviendo a Dios, es lógico que sea Dios Quien supla las necesidades.

La palabra que aquí se traduce “afanéis” es merimnao, esta misma palabra se traduce “preocupen” en 1 Corintios 12:25.

1 Corintios 12:25
para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.

Aquí Dios nos indica por qué cosas sí debemos preocuparnos: los unos por los otros. Para Dios nuestra prioridad tiene que estar en edificar a otros miembros del Cuerpo de Cristo. Esto quiere decir que cuando estamos actuando de modo que no estemos siendo de edificación y bendición para otros miembros del Cuerpo, no estamos teniendo el orden de prioridades correcto. Si las ganancias materiales están por encima de las necesidades de otros miembros del Cuerpo de Cristo, debiéramos revisar nuestro corazón y nuestro andar y rectificarlo. No es la voluntad de Dios que por querer obtener mejores cosas para nuestras vidas dejemos en segundo plano las necesidades espirituales de nuestros hermanos en Cristo. Primero lo primero y lo demás será añadido.

Esto no quiere decir que dejemos de trabajar y de procurar proveer lo necesario para nosotros y nuestra familia, pero que esto no ocupe nuestras vidas al punto de que no quede tiempo y recursos para desarrollar nuestra relación con Dios y dar edificación a otros miembros del Cuerpo de Cristo.

Lucas 12:15-21
(15) Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
(16) También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.
(17) Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré,  porque no tengo dónde guardar mis frutos?
(18) Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;
(19) y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come,  bebe, regocíjate.
(20) Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?
(21) Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

Este último versículo podría traducirse mejor como “así es el que está depositando para sí mismo y no está siendo rico para con Dios”. El hombre de la parábola estaba acumulando bienes para su “retiro”, pero murió antes de poder disfrutarlos. Podemos decir que su depósito fue “robado” y no lo pudo disfrutar.

En estos pasajes que estamos viendo, Jesús estaba exhortando a no poner el corazón en depósitos terrenales. Jesús les estaba diciendo que no pongan sus vidas, sus esperanzas, anhelos y deseos en la misma bolsa que ponen el dinero, porque esas bolsas pueden romperse, o se las pueden robar, y al perder el dinero perderían sus esperanzas, anhelos, deseos e inclusos sus vidas; pero si ponían sus esperanzas, anhelos, y deseos en las promesas de Dios, jamás serían defraudados, porque a Dios nadie le roba la “bolsa” o el “depósito”. ¿Cuántas personas han caído en grandes estados de depresión, llegando incluso al suicidio, porque les robaron el dinero que estuvieron ahorrando durante años; o porque después de años en una empresa, escalando puestos, son reemplazados, o la empresa entra en quiebra y cierra; o porque después de invertir años en desarrollar alguna habilidad o talento un accidente los incapacita; o alguna otra situación similar. Esto se debe a que durante años estuvieron guardando su corazón junto con esas cosas y no dejaron que Dios cuide de sus corazones, no confiaron en las promesas de Dios, ni se acercaron a Él para servirle. Pero el cristiano que conoce a Dios sabe que aunque pierda todo en la vida, y aunque pierda la vida misma, Dios tiene preparada una vida futura que será tan inmensamente bendita que no tiene punto de comparación con la vida presente.

Lucas 12:22-34
(22) Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.
(23) La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.
(24) Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?
(25) ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?
(26) Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?
(27) Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
(28) Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?
(29) Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
(30) Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.
(31) Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
(32) No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.
(33) Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro [depósito] en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.
(34) Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

El reino de Dios es aquél reino que tiene a Dios como Rey, y que tiene a Jesús como Señor. Por lo tanto, buscar el reino de Dios consiste en buscar el reinado de Dios, aceptar el señorío de Jesús y caminar conforme a Su voluntad.

En el contexto Jesús estaba tratando específicamente con aquellos que estaban ligados al dinero y las posesiones materiales al punto de que éstas eran más importantes que la voluntad de Dios. La instrucción de vender las posesiones va dirigida a deshacerse de todo aquello que es superficial y que frena a la relación con Dios. No es malo tener posesiones que nos bendigan. No es malo tener un automóvil, una computadora, un teléfono celular o un televisor de última generación, pero si veo a un hermano en Cristo, un miembro del Cuerpo, que está en necesidad económica y en vez de ayudarlo me compro un televisor de 70 pulgadas, algo anda mal en mi orden de prioridades. Nada debe estar por encima de mi relación con Dios y mi preocupación por edificar al Cuerpo de Cristo.

En el versículo 33 leemos que dice que al depósito celestial el ladrón “no llega”, otras versiones traducen “no se acerca” o “no llega cerca”. Cuando nos ocupamos de hacer la voluntad de Dios, nuestros depósitos están en los cielos, allí Dios mismo cuida de nuestros bienes y el ladrón no puede siquiera acercarse, el depósito que Dios tiene allí no se deteriorará jamás. La pregunta, entonces, es: ¿pondremos nuestro corazón en un depósito terrenal o en uno celestial?

Fíjense lo siguiente:

Lucas 19:1-4
(1) Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.
(2) Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,
(3) procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.
(4) Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

Observen cuánto interés tenía este hombre que siendo un hombre rico, de la “alta sociedad”, no le importó tener que subirse a un árbol, a la vista de toda una multitud, para poder siquiera ver quién era Jesús. Jesús conoció el corazón que tenía este hombre y se “invitó” a comer a su casa:

Lucas 19:5-9
(5) Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende,  porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.
(6) Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.
(7) Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.
(8) Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.
(9) Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.

Por supuesto, mientras Jesús estuvo en la casa de Zaqueo, habrá estado hablando la Palabra de Dios y predicando el evangelio (la buena noticia) del reino de Dios. Zaqueo comprendió cuánto mejor era llegar a tener vida en el futuro reino de Dios, en una Tierra restituida, y decidió dar la mitad de sus bienes a los pobres. Además, reconoció que parte de sus ganancias habían sido obtenidas de forma deshonesta y prometió devolver cuadruplicado aquello que obtuvo defraudando a otros. A esta declaración de Zaqueo (que evidentemente fue real y no sólo fueron palabras al aire) Jesús respondió: “hoy ha venido la salvación a esta casa”. Zaqueo entregó parte de sus bienes y dinero y a cambio (por su ACTITUD, no por la acción en sí), obtuvo la salvación de Dios.

En Mateo vemos una historia que contrasta con esta:

Mateo 19:16-22
(16) Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna [vida en la era futura]?
(17) El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida,  guarda los mandamientos.
(18) Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.
(19) Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
(20) El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
(21) Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro [depósito] en el cielo; y ven y sígueme.
(22) Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Contrariamente a Zaqueo, este hombre se entristeció, porque Jesús le había dicho que para ser “perfecto” (esto significa: completamente apto para recibir vida en la era futura) debía vender sus bienes y darlo a los pobres. Jesús le estaba diciendo que él obtendría vida en la era futura si se desprendía de sus riquezas, pero este hombre se entristeció, porque amaba mucho sus bienes. En vez de alegrarse, porque lo que Jesús pedía no era un imposible, se entristeció, este hombre consideró más valiosos a sus bienes materiales que a la vida futura que Dios podía darle.

Observen el contraste con Zaqueo: de Zaqueo se dice que era un pecador, y esto era públicamente sabido ya que leemos que “todos murmuraban” porque Jesús había ido a su casa (Lc. 19:7). Por otro lado, este hombre que se acercó a Jesús había estado cumpliendo los mandamientos desde joven (Mt. 19:20). Sin embargo, Zaqueo respondió con presteza a la predicación de Jesús, él decidió entregar sus bienes, aunque el relato de Lucas no nos dice que Jesús se lo haya pedido explícitamente, por otro lado, este hombre del relato de Mateo no quiso deshacerse de sus bienes aún cuando Jesús le dijo que era lo único que le faltaba para obtener la vida en la era futura. Estos relatos nos muestran que la salvación de Dios no consiste en acciones sino en la actitud y disposición de corazón que se tiene.

Otra cosa que hay que notar es que la instrucción de Jesús de vender los bienes y darlo a los pobres fue específica para este hombre, porque Jesús sabía que sus bienes eran un impedimento para esta persona. Jesús sabía que si este hombre conservaba sus riquezas jamás tendría un corazón absolutamente entregado a Dios.

Mateo 19
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo,  que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

“Difícilmente” es la palabra griega duskolon, que es la forma adverbial de duskolos. Duskolos, a su vez, es la unión de dos palabras: dus, que significa “difícil” y kolon, que es “alimento”; por lo que significa, literalmente, “difícil de comer o digerir”. Esta palabra nos está indicando que la doctrina del reino de Dios se hace difícil de digerir para los que son ricos ¿por qué? Bien, una de las razones es que el que es rico sin ser creyente obtuvo su riqueza por sus propios medios, jamás necesitó de nadie sino de sí mismo (o algún pariente o amigo que lo apoyara), ha logrado tener estabilidad económica, deleites y otras cosas por su propio esfuerzo y, por lo tanto, le cuesta “digerir” la doctrina de que debe hacerse dependiente de Dios e interdependiente de otros creyentes, ya que siempre ha sido independiente y ha aprendido a confiar en sí mismo y sus riquezas. En sus riquezas tiene lo que necesita, y por eso le es difícil buscar a Dios (Lucas 6:24). Esta es una de las razones por las que al adinerado se le hace difícil “digerir” la doctrina de la salvación de Dios y aceptarla para ser salvo. Muchas veces el adinerado se siente seguro con su dinero y piensa que Dios no será capaz de bendecirlo si se desprende de sus riquezas, su condición social, su fama, su orgullo, o lo que sea que haya ganado en el plano humano.

Mateo 19:24-26
(24) Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
(25) Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
(26) Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

Es muy probable que la palabra “camello” aquí sea, en realidad, la palabra “soga” o “cuerda”, ya que las palabras griegas para “camello” y para “soga” son muy parecidas y algún copista pudo haberse equivocado al escribir. El texto peshita, que es el texto arameo del Nuevo Testamento, tiene la palabra aramea para “soga”. Siendo que estaban cerca del mar, donde había botes que eran atados con sogas gruesas, sería lógico pensar que Jesús haya usado esas sogas para dar su explicación. De todos modos, sea “soga” o “camello”, el sentido es igual: es un imposible. Aquí Jesús está señalando la imposibilidad humana de llegar a ser salvos. Sólo por la acción de Dios el hombre podía llegar a ser salvo, esto es lo que Jesús les está explicando. Obrar lo necesario para llegar a ser salvos es imposible, por eso la salvación proviene de Dios por fe y no por obras (Ro. 3:28).

Mateo 19:27-29
(27) Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué,  pues, tendremos?
(28) Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.
(29) Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras,  por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

En este último versículo “vida eterna” debe traducirse como “vida de la era”, haciendo referencia a la vida perpetua en un cuerpo nuevo que Dios dará para que vivamos en la era futura.

“Por mi nombre” es una expresión que significa “a causa de mi voluntad” o “porque yo lo ordeno”. El pasaje no está diciendo que toda persona deba dejar todo atrás por Jesucristo para recibir recompensa, el sentido es: “si alguien deja algo porque yo se los mando recibirá cien veces más”. Por otro lado, “recibirá cien veces más” no significa que tendremos cien padres, hermanos o hermanas o hijos, así que tampoco podemos afirmar que si dejé una casa tendré cien casas o si vendí una hectárea de terreno tendré 100. El sentido es que lo que se recibirá valdrá cien veces más que lo que se dejó por hacer la voluntad de Dios, esto es una forma de expresar cuánto más valioso es lo que se recibirá. Jesucristo está poniendo énfasis en el hecho de que lo que sea que se haga conforme a la voluntad de Dios no quedará sin retribución, y esta retribución será de un valor muchísimo mayor que cualquier bien o riqueza que se pueda llegar a obtener en el mundo a través de nuestro propio esfuerzo y dedicación.

En todos estos pasajes la Biblia nos está señalando que lo importante para Dios es nuestra actitud de corazón, y nuestra fe y confianza en Él y en Sus promesas y Su capacidad de proveernos lo mejor para nuestras vidas. Ningún pasaje bíblico dice que las riquezas en sí sean malas, pero si se vuelven un obstáculo para creer a Dios es necesario hacer algo al respecto. En 1 Timoteo 6:17 Pablo dice a Timoteo: “a los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas…” Si la riqueza fuera contraria a la voluntad de Dios aquí diría “a los ricos manda que vendan todo y se hagan pobres”, pero no es así. Lo importante es que si una persona es acaudalada, su esperanza no debe estar puesta sobre las riquezas y posesiones sino en Dios y Su gracia. Varios hombres en la Biblia fueron ricos y amaron a Dios sin jamás tener que rescindir de sus riquezas. Un claro ejemplo es Abraham, quien la Biblia dice que era “riquísimo en ganado, en plata y en oro” (Génesis 13:2). Dios bendijo a Abraham con riquezas y jamás le pidió que se desprendiese de ellas. Por el contrario, Abraham creyó a Dios, administró bien esos bienes y Dios lo bendijo muchísimo más. Abraham no tuvo que dejar riquezas, pero sí tuvo que dejar su tierra y a su familia (Génesis 12:1) a cambio, Dios le prometió que sería padre de multitudes y poseedor de un gran territorio (Génesis 13:14-17). Dios jamás nos pedirá que dejemos algo, o que hagamos algo, sin pensar en retribuirnos generosamente.

Quien más dejó por Dios fue el Señor Jesucristo, quien no sólo renunció a tener una familia, un buen trabajo y otras cosas, sino que tuvo que dejar su vida, una vida que pudo haber durado para siempre si nunca pecaba. Y no sólo eso, sino que tuvo que entregar su vida a través de una de las más crueles y sangrientas torturas que se le pueden aplicar a una persona. Pero a cambio Dios lo recompensó haciéndolo el primogénito de entre los muertos (el primer humano en recibir un cuerpo espiritual con vida perpetua) y dándole un nombre que es sobre todo nombre, haciéndolo Señor y Cristo, con la promesa de ser rey en la Tierra en un reino futuro que durará mil años. ¿No creen que esto vale más de 100 veces lo que él dejó de lado?

El simple hecho de ser hijos de Dios por haber creído en Cristo como Señor y de tener la promesa de vida perpetua en la era futura y de poder tener una estrecha relación con Dios, el Creador del Universo, debiera ser suficiente motivación para que deseemos hacer Su voluntad en forma de agradecimiento. Sin embargo, Dios nos ha dejado múltiples escrituras que hablan de Su generosa retribución a todo el que hace Su voluntad. ¡Realmente podemos decir que tenemos un Dios maravilloso!

Entonces deberíamos reflexionar: ¿en dónde está el depósito en el que guardamos nuestro corazón? ¿Está nuestro corazón guardado en un lugar seguro, libre de desgaste y a salvo de ladrones? Todo lo que hagamos según nuestras propias fuerzas y con nuestros propios medios, tarde o temprano sufre desgaste, ya sea desde el exterior (la polilla) o desde el interior mismo (el “desgaste”), o termina por ser súbitamente arrebatado (el ladrón). Sólo Dios es capaz de colocar nuestro corazón y nuestra vida en un depósito seguro, incorruptible, inviolable, en donde el ladrón ni siquiera se acerca. Dios tiene la capacidad de guardar nuestros corazones como nada ni nadie lo puede hacer.

Filipenses 4:6-7
(6) Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego,  con acción de gracias.
(7) Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.



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