La manifestación del Espíritu

En Honor a Su verdad

1 Corintios 12:7 (mi traducción)
Pero a cada-uno le-está-siendo-dada la manifestación del Espíritu para lo que está-contribuyendo-a-la-unidad del Cuerpo.

Ya habíamos visto que “el Espíritu” se refiere a Jesucristo y que “la manifestación” del Espíritu se refiere a cómo Jesucristo se hace manifiesto en el mundo a través de los cristianos que tienen el don de espíritu santo y lo operan a través de su fe.

Cristo se manifiesta en el mundo, a través de los cristianos, de múltiples maneras y siempre es con el fin de contribuir a la unidad de Su Cuerpo. Aquí se enumeran nueve formas en las que Cristo se manifiesta:

1 Corintios 12:8-10 (mi traducción)
 8 Porque a uno mediante el Espíritu está-siendo-dado mensaje de sabiduría; a otro, por-otro-lado, mensaje de conocimiento conforme el mismo Espíritu; 9 a uno diferente es dada fe en el mismo Espíritu; y a otro, regalos de sanidades en el único Espíritu; 10 y a otro resultados de la operación de poderes; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a uno diferente, clases de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas;

Cuando analizamos esta porción de la Escritura, se hace evidente cierta división que se hace en cuanto a las manifestaciones. Esta división está dada por la palabra “otro” y “diferente”. Ya expliqué anteriormente que en el griego, hay dos palabras que se usan para referirse a “otro”, una es allos, que significa “otro de la misma clase o categoría” y otra es heteros, que significa “otro de distinta clase o categoría”, “uno diferente”. En este caso, vemos que las manifestaciones están divididas así:

1 - Porque a uno mediante el Espíritu está-siendo-dado mensaje de sabiduría
2 - a otro [allos], por-otro-lado, mensaje de conocimiento conforme el mismo Espíritu;
3 - a uno diferente [heteros] es dada fe en el mismo Espíritu;
4 - y a otro, [allos] regalos de sanidades en el único Espíritu
5 - y a otro [allos] resultados de la operación de poderes;
6 - a otro [allos], profecía;
7 - a otro [allos], discernimiento de espíritus;
8 - a uno diferente [heteros], clases de lenguas;
9 - y a otro [allos], interpretación de lenguas;

El uso de la palabra allos nos indica que los creyentes conectados con esta palabra son de la misma clase. La palabra heteros separa a un grupo de otro. Entonces, cuando se trata de poner en evidencia el poder de Cristo en una reunión, tenemos tres categorías de cristianos:

1) En el primer grupo tenemos a los que manifiestan:

-         Mensaje de sabiduría
-         Mensaje de conocimiento

2) En el segundo grupo tenemos a los que manifiestan:

-         Fe
-         Regalos de sanidades
-         Resultados de la operación de poderes
-         Profecía
-         Discernimiento de espíritus

3) En el tercer grupo tenemos a los que manifiestan:

-         Clases de lenguas
-         Interpretación de lenguas

Quiero aclarar que la Biblia no dice que un grupo sea mejor que otro, ni que tiene más fe que otro. Además, uno no elige de qué grupo ser, sino que todas estas cosas dependen de Dios, Quien da la energía para operar las manifestaciones, y de Cristo, Quien distribuye estas manifestaciones conforme sea lo más provechoso para una reunión de creyentes. Así que, una persona que un día opera mensaje de conocimiento, la próxima vez puede estar manifestando sanidades y milagros. También puede darse el caso que un mismo cristiano opere varias de estas manifestaciones en una reunión. Cristo desea evidenciarse y actuar a través de los cristianos, pero los cristianos debemos estar en “sintonía” con él, creyéndole para operar. Quizá en una reunión haya sólo uno que cree como para manifestar y Dios actúe en éste con las manifestaciones de hablar lenguas con interpretación, profecía, quizá tenga que hacer sanidades y echar fuera un demonio, etc.; pero el deseo de Dios es que todos lleguen al punto de madurez en la creencia como para manifestar todas las manifestaciones conforme Cristo lo ordene en determinado momento. Todos los cristianos son parte del Cuerpo de Cristo y tienen el poder de Cristo actuando internamente por medio del don de espíritu santo, por lo tanto tienen el poder potencial para operar todas las manifestaciones. Sin embargo, la operación de este poder depende de dos factores fundamentales: (1) que Cristo nos de la instrucción o mandato para operarlos; y (2) que actuemos creyentemente conforme a esa información dada por el Señor.

Ahora bien, ¿qué diferencia hay entre una categoría y otra? La Biblia no nos dice específicamente las diferencias, pero se pueden deducir de la forma en que están agrupadas y en base a lo que producen:

Las dos primeras: mensaje de sabiduría y mensaje de conocimiento, se tratan de un “mensaje” dado por Dios. Como veremos más adelante, mediante éstas manifestaciones Dios edifica individualmente al cristiano, dándole conocimiento y sabiduría en un área específica, y éste, indirectamente, edifica a otros por medio de ese conocimiento dado por Dios.

En las dos últimas: hablar en lenguas e interpretación de lenguas, tenemos manifestaciones que son individuales desde el creyente hacia Dios (veremos los detalles más adelante). En este caso también, los cristianos de una reunión son edificados indirectamente por el efecto de esta manifestación.

En cuanto a las cinco manifestaciones que tenemos en el medio: fe, regalos de sanidades, resultados de la operación de poderes, profecía y discernimiento de espíritus, tenemos que estas manifestaciones edifican directamente a otros creyentes e indirectamente al que la manifiesta. El que manifiesta está operando el poder de Dios para dar un beneficio a otros, ya sea con su fe, con una sanidad, con la operación de poder sobrenatural, con una profecía, o discerniendo espíritus y echándolos fuera.

En resumen, tenemos que, si bien la energía para todas las manifestaciones provienen de Dios, y es Cristo quien decide cómo distribuirlas entre los cristianos, obrando en el interior del creyente; en la forma externa (o sea, lo que se ve), las dos primeras manifestaciones (mensaje de sabiduría y mensaje de conocimiento) son desde Dios hacia el cristiano; las dos últimas (hablar en lenguas y la interpretación) son desde el cristiano hacia Dios; y las cinco del medio son desde un cristiano hacia otro cristiano.

A continuación analizaremos cada una de estas manifestaciones de Cristo.

Mensaje de sabiduría:


Como ya he expuesto, las palabras griegas son logos sophia, estas palabras se encuentran así combinadas sólo aquí en toda la Biblia. “Mensaje de sabiduría” es el uso del caso genitivo, y tiene el sentido de “mensaje que lleva sabiduría” o “mensaje que da sabiduría”. El mensaje de sabiduría consiste en un mensaje dado por Jesucristo al creyente, por medio del don de espíritu santo, que le provee de sabiduría.

Veremos algunos usos de la palabra griega sophia, que nos ayudarán a comprender qué es tener o recibir sabiduría.

En Lucas 21:12-15 Jesús dice a los apóstoles que él les daría sabiduría para hablar cuando tuvieran que comparecer ante reyes y gobernadores por Su causa. Él prometió dar sabiduría “a la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan”.

En Hechos 7:9-10 tenemos el relato de cómo Dios dio sabiduría a José en la presencia del rey de Egipto, esta “sabiduría” consistió en que Dios dio a José la interpretación del sueño de Faraón (Génesis 41:14-39).

Pablo dice, en 1 Corintios 2:

1 Corintios 2:1-16
(1) Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.
(2) Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
(3) Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;
(4) y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder,
(5) para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
(6) Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.
(7) Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,
(8) la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.
(9) Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
(10) Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
(11) Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
(12) Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
(13) lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.
(14) Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente.
(15) En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie.
(16) Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Pablo comienza diciendo, en el versículo 1, que cuando fue a los corintios a anunciar el evangelio no fue con excelencia de palabras (logos) o de sabiduría (sophia). En el 4 y 5 dice que su predicación no fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con el poder de Dios. En el versículo 6 leemos que la “sabiduría” es para los que ya han alcanzado madurez, y luego dice que esta sabiduría estuvo oculta, era un “misterio”, un secreto espiritual de Dios. El 10 dice que esta sabiduría fue revelada mediante “el Espíritu”, que en este caso se refiere a Cristo, Quien fue quien le dio la revelación a Pablo con respecto al “secreto espiritual” que Dios tenía oculto. Cristo todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios. El 12 nos dice que por medio del espíritu de Dios es que podemos llegar a saber lo que Dios nos ha concedido. El 16 nos dice que nosotros tenemos la “mente de Cristo”. Esto, por supuesto, no quiere decir que cada uno de nosotros tenga una mente tal cual la que tuvo Cristo, sino que, siendo un Cuerpo con Cristo, al estar conectados a Él, que es la Cabeza del Cuerpo, podemos recibir de Sus “pensamientos” y Su sabiduría.

También en 1 Pedro leemos que las epístolas escritas por el apóstol Pablo son producto de la sabiduría dada por Dios:

2 Pedro 3:15-16
(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación;  como también nuestro amado hermano Pablo,  según la sabiduría que le ha sido dada,  os ha escrito,
(16) casi en todas sus epístolas…

Podemos ver que aquello que Dios le reveló a Pablo fueron “mensajes de sabiduría”. En el caso particular de Pablo, la sabiduría que Dios le dio debía ser puesta por escrito para formar parte de nuestra Biblia, la Palabra de Dios escrita, sin embargo, Dios constantemente está dando sabiduría a Sus hijos, ya sea para que conozcan Su verdad o para que sepan cómo actuar conforme a ésta.

Santiago nos dice qué frutos produce una persona que aplica la sabiduría de Dios:

Santiago 3:13-18
(13) ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros?  Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre.
(14) Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón,  no os jactéis,  ni mintáis contra la verdad;
(15) porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto,  sino terrenal,  animal,  diabólica.
(16) Porque donde hay celos y contención,  allí hay perturbación y toda obra perversa.
(17) Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna,  llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.
(18) Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

Podemos ver que la sabiduría dada por Dios no es sólo para sencillamente saber qué hacer, no es para que seamos reconocidos como los “oráculos” o “gurús” del barrio, sino que es para que produzcamos fruto. Tener sabiduría de Dios es un gran privilegio, pero también trae gran responsabilidad, porque esa sabiduría debe conducirnos a producir buen fruto.

Resumiendo, vemos que el “mensaje de sabiduría” consiste en revelación de parte de Dios que nos da a entender Su verdad, Su voluntad, y que conduce a tener una vida más pura, pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Este mensaje proviene de Dios y es dado por Cristo al creyente cristiano mediante el don espíritu santo, y se hace manifiesta en los frutos que un cristiano manifiesta cuando actúa conforme a la sabiduría que Dios provee.

Mensaje de conocimiento:


Las palabras griegas son logos gnosis que, al igual que lo que sucede con logos sophia, sólo se hallan así combinadas en este único pasaje de la Biblia. Aquí también está presente el genitivo de relación, dando la idea de un “mensaje que lleva conocimiento” o “mensaje que da conocimiento”.

Tener “conocimiento” significa tener la información correcta sobre algún asunto. No obstante, en la Biblia vemos que Dios desea que tengamos conocimiento de algo muy puntual y específico:

Efesios 3:14-19 (RV-1960)
(14) Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
(15) de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
(16) para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;
(17) para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que,  arraigados y cimentados en amor,
(18) seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,
(19) y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

Pablo aquí dice que oraba para que los cristianos llegaran a conocer lo extraordinario del amor de Cristo, que excede a todo conocimiento. De hecho, todo objeto que conocemos tiene tres dimensiones (altura, anchura y profundidad), pero aquí se mencionan cuatro dimensiones del amor de Cristo: anchura, longitud, profundidad y altura. ¡Son cuatro dimensiones porque excede a toda comprensión humana! Miren cuán importante es conocer el amor de Cristo que Pablo dice que con este conocimiento los creyentes serán llenos de toda la plenitud de Dios.

Miren este otro pasaje:

Filipenses 3:7-10 (RV-1960)
(7) Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
(8) Y ciertamente,  aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús,  mi Señor,  por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,
(9) y ser hallado en él,  no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;
(10) a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

Pablo aquí está diciendo que todo lo que era “ganancia” para él, lo estimó como pérdida por la excelencia del CONOCIMIENTO de Cristo. Luego dice que su objetivo era “conocerle” y conocer el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.

No vamos a analizar el sentido de esta búsqueda de Pablo porque es algo de gran profundidad, pero creo que parte de “ser semejante a él en su muerte” está relacionado con lo dicho en Romanos 6:10, que dice que Cristo “…en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive”. Pablo quería llegar a morir completamente para el pecado y llegar a vivir plenamente para Dios, pero para llegar a esto, él debía conocer más y más quién es Cristo, cuál es la grandeza de su amor y de su poder y lo que padeció por la humanidad.

2 Pedro 3:15-18 (RV-1960)
(15) Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito,
(16) casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.
(17) Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.
(18) Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad.  Amén.

Aquí también Pedro alienta a los creyentes a crecer en el conocimiento del Señor Jesús y a no dejarse llevar por falsas doctrinas que puedan alejarnos de creer en la grandeza de Su amor.

¿Por qué Dios está tan interesado en que conozcamos a Cristo y la grandeza de Su amor? ¿Por qué estos versículos hablan de conocer a Cristo y no de conocer a Dios? La respuesta nos la da Juan:

Juan 1:18 (RV-1960)
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.
Dios no puede ser visto y percibido por el ser humano. Pero Jesús tuvo una relación con Dios y una obediencia tal que manifestó al mundo, en los cinco sentidos, lo que es la naturaleza de Dios. Jesús manifestó el amor de Dios, el poder de Dios, la bondad de Dios, la sabiduría de Dios, el perdón de Dios, etc. Jesús hizo que el mundo pudiera “ver” a Dios, o sea, que pudiera entender quién es Dios y cómo ama Dios.

Algún creyente trinitario podrá decir que Cristo era Dios y que por eso quienes lo vieron estaban viendo a Dios, sin embargo, miren lo que Juan dice más tarde, bastante tiempo después de la ascensión de Jesucristo:

1 Juan 4:11-13 (RV-1960)
(11) Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.
(12) Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
(13) En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.

Juan vuelve a decir que nadie jamás ha visto a Dios. Como Dios no puede ser visto con ojos físicos, la única forma en que podemos llegar a estar confiados de que Él está con nosotros es a través del don de espíritu santo que nos dio. Y la forma de estar en constante contacto con él es manifestando Su amor. Pero ¿cómo sabremos en qué consiste Su amor? Jesús fue y es el fiel reflejo del amor de Dios, por eso es que Dios está tan interesado en que conozcamos a Cristo. El amor de Dios no es fácil de percibir directamente, porque Dios no puede ser visto, pero el amor de Cristo fue claramente visible. Por eso, si conocemos y entendemos el amor de Cristo, estaremos conociendo y entendiendo el amor de Dios que él manifestó, y conocer Su amor nos capacitará para imitar ese amor y andar en amor unos para con otros.

Entonces, volvamos al concepto de “mensaje de conocimiento” que estamos estudiando. Si bien es cierto que el Señor Jesucristo puede darnos conocimiento sobre cualquier cosa, vemos que el interés primordial de Dios está puesto en que conozcamos mejor quién es Cristo y cuál es la grandeza de Su amor.

De todos modos, en la experiencia personal sabemos que Cristo puede darnos todo tipo de información. El Señor puede avisarnos, por medio del espíritu, que no debemos tomar tal camino al ir a algún sitio, para protegernos de algún peligro; también puede darnos sabiduría sobre qué carrera elegir o sobre cómo administrar nuestro dinero y bienes; o ayudarnos a comprender cierto pasaje de la Escritura que nos causa dificultades. La provisión de conocimiento y sabiduría de Dios para el cristiano es muy amplia y abarcativa, pero siempre nos llevará a amarlo más y comprender mejor Su amor y el amor de Cristo.

Si bien las manifestaciones de “mensaje de sabiduría” y “mensaje de conocimiento” pueden transmitirse a otros creyentes, creo que estas manifestaciones son más bien individuales. Conforman el trabajo interno que Dios, por medio de Cristo, para que una persona comprenda Su voluntad, Su amor y Su verdad. El Señor dio sabiduría a Pablo en cuanto al secreto espiritual que Dios había mantenido oculto y, si bien Pablo lo escribió, no basta con sólo leer las epístolas para comprender este mensaje, Dios debe trabajar en cada cristiano para darle sabiduría, de otro modo el cristianismo no estaría tan dividido.

Proverbios 2:1-10
(1) Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti,
(2) Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia,
(3) Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz;
(4) Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros,
(5) Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.
(6) Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.
(7) El provee de sana sabiduría a los rectos; Es escudo a los que caminan rectamente.
(8) Es el que guarda las veredas del juicio Y preserva el camino de sus santos.
(9) Entonces entenderás justicia, juicio Y equidad,  y todo buen camino.
(10) Cuando la sabiduría entrare en tu corazón, Y la ciencia fuere grata a tu alma,

El 6 nos dice que es Dios Quien da la sabiduría, pero no es gratis, los versículos 1 al 4 nos dicen que hay ciertos pasos a seguir para llegar a obtener esta sabiduría, realmente es necesario valorar la sabiduría de Dios y hacer cierto esfuerzo para conocerlo. Incluso la conducta es fundamental, el versículo 7 dice que Dios provee de sana sabiduría a los rectos. Si bien es cierto que podemos aprender mucho del trabajo e investigación de otros creyentes, este pasaje nos está mostrando que la obtención del conocimiento y la sabiduría es una cuestión personal, Dios debe proveer de sabiduría a cada persona, y para eso tenemos que valorar y reverenciar a Dios (Prov. 1:7) y Dios debe hacer Su obra en nosotros.

Entonces, el “mensaje de sabiduría” y “mensaje de conocimiento”, si bien pueden ser transmitidos a otros, es más bien un trabajo individual de Dios en cada cristiano. En una reunión, Dios puede dar conocimiento y sabiduría a Quien enseña sobre aquello que está enseñando y éste transmitir lo que aprendió. Si los oyentes están en comunión con Dios, probablemente recibirán también conocimiento y sabiduría de Dios que les confirme la enseñanza, o incluso que la amplíe, edificándose así unos a otros.

Fe:


“Fe”, es la palabra griega pistis, que puede entenderse como creencia, confianza o convicción. Bíblicamente, la “fe” consiste en actuar conforme a una información recibida de Dios, porque uno confía en Dios y está convencido de que Él desea lo mejor para nosotros. Cada vez que actuamos conforme a la voluntad de Dios estamos teniendo “fe” en Sus instrucciones, esta fe es nuestra fe. Pero la fe como manifestación del Espíritu es algo diferente, porque es obra de Dios (1 Corintios 12:11), es una fe cuya energía proviene de Dios, por medio de Jesucristo, y la manifestamos mediante el don de espíritu santo en nosotros.

Todas las manifestaciones del espíritu son obra de Dios, pero para operar este poder de Dios es necesario tener “fe” en la instrucción de Dios. En el caso de la manifestación de fe, esta manifestación consiste en una fe que no proviene de nosotros, sino de Dios, pero que requiere una previa fe de nuestra parte, en otras palabras, ¡se requiere fe para tener fe! ¿Cómo es esto? Bien, existen ocasiones en que Dios va a requerir que hagamos algo que va mucho más allá de nuestra capacidad para creer, puede ser hacer un milagro, echar fuera un demonio, ministrar una sanidad, o alguna otra cosa que nos sería imposible llegar a creer. En esos casos, Dios no requerirá que tengamos suficiente fe como para realizar lo que nos pide, sino que teniendo el impulso inicial de fe, con el deseo de obedecerle, Dios edificará nuestra fe a través del don de espíritu santo para que lleguemos a creer en aquello que nos pide.

Para poder comprender mejor este concepto veremos un relato bíblico del libro de Jueces:

Jueces 6:11-14
(11) Y vino el ángel de Jehová,  y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita;  y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar,  para esconderlo de los madianitas.
(12) Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente.
(13) Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas.
(14) Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?

Aquí tenemos a un ángel de Dios, que se presentó ante Gedeón hablando en nombre de Dios. En los versículos previos leemos que el pueblo de Dios había sido asediado por su desobediencia y estaba empobreciendo. A causa de su aflicción clamaron a Dios y Dios les envió un profeta que les instó a dejar la idolatría. Luego, Dios envía a éste ángel para dar instrucciones a Gedeón, quien había sido escogido por Dios para librar al pueblo de Israel. En el 14, Dios, a través del ángel, dice a Gedeón que vaya y enfrente a los madianitas y salve a Israel. Veamos la respuesta de Gedeón:

Jueces 6:15-16
(15) Entonces le respondió: Ah,  señor mío,  ¿con qué salvaré yo a Israel?  He aquí que mi familia es pobre en Manasés,  y yo el menor en la casa de mi padre.
(16) Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.

Lógicamente, lo que Dios pedía a Gedeón iba más allá de su capacidad de creer. Gedeón tenía el deseo de servir a Dios y librar a Israel, pero lo que Dios pedía era demasiado para él, entonces él pregunta, en otras palabras: “¿Cómo voy a salvar a Israel, si soy joven, inexperto, y encima pobre?” A lo que Dios responde (por medio del ángel) “Ciertamente yo estaré contigo y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre”. Dios le aseguró que saldría victorioso. Recordemos que Gedeón estaba frente a un ángel, quizá la sola presencia del ángel podría haberle inspirado para cumplir la misión, pero Gedeón aún tenía dudas de si realmente Dios lo iba a acompañar en la pelea.

Jueces 6:17-21
(17) Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.
(18) Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.
(19) Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina.
(20) Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así.
(21) Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista.

Noten que el ángel de Dios quedó esperando a Gedeón, y le fue dando las señales que Gedeón necesitaba para creer. Antiguamente, Dios mostraba su aceptación de una ofrenda por medio del fuego. Aquí la ofrenda de Gedeón fue consumida por el fuego, mostrando a Gedeón que su ofrenda había sido aceptada, y que él había hallado gracia delante de Dios.

Jueces 6:22-23
(22) Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová,  dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara.
(23) Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás.

Se cree que en tiempos antiguos las personas creían que si veían a un ángel de Dios morirían, y es por eso que aquí Dios le dice a Gedeón (por medio del ángel): “…no tengas temor, no morirás”. Nuevamente Dios está trabajando en Gedeón para darle la fe necesaria para llevar a cabo su tarea.

Jueces 6:24-27
(24) Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.
(25) Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él;
(26) y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.
(27) Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo. Mas temiendo hacerlo de día, por la familia de su padre y por los hombres de la ciudad, lo hizo de noche.

Aquí se ve, nuevamente, que Gedeón tenía el deseo de cumplir la voluntad de Dios, Gedeón tenía el corazón correcto, pero tenía miedo. El miedo no le impidió hacer lo que Dios le pidió, pero lo hizo de noche, escondido.

Más adelante leemos:

Jueces 6:33-37
(33) Pero todos los madianitas y amalecitas y los del oriente se juntaron a una, y pasando acamparon en el valle de Jezreel.
(34) Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre Gedeón, y cuando éste tocó el cuerno, los abiezeritas se reunieron con él.
(35) Y envió mensajeros por todo Manasés, y ellos también se juntaron con él; asimismo envió mensajeros a Aser, a Zabulón y a Neftalí, los cuales salieron a encontrarles.
(36) Y Gedeón dijo a Dios: Si has de salvar a Israel por mi mano, como has dicho,
(37) he aquí que yo pondré un vellón de lana en la era; y si el rocío estuviere en el vellón solamente, quedando seca toda la otra tierra, entonces entenderé que salvarás a Israel por mi mano, como lo has dicho.

¡Vean esto! Gedeón quería hacer lo que Dios le pidió, quería salvar a Israel del ataque de los madianitas, sin embargo, tenía dudas e inseguridad. A pesar de que el ángel se le apareció y le habló, a pesar de que su ofrenda fue acepta, él tenía dudas sobre si Dios iba a dar salvación a Israel o no. ¿Qué hizo Dios entonces? ¿Le dijo: “Eres un incrédulo, y todos se perderán”? ¡No! Dios accedió al pedido de Gedeón para poder edificar su creencia, su fe, para que Gedeón llegara al punto de convicción necesario para la acción.

Jueces 6:38-40
(38) Y aconteció así, pues cuando se levantó de mañana, exprimió el vellón y sacó de él el rocío, un tazón lleno de agua.
(39) Mas Gedeón dijo a Dios: No se encienda tu ira contra mí, si aún hablare esta vez; solamente probaré ahora otra vez con el vellón. Te ruego que solamente el vellón quede seco, y el rocío sobre la tierra.
(40) Y aquella noche lo hizo Dios así; sólo el vellón quedó seco, y en toda la tierra hubo rocío.

¡No le bastó el primer milagro! Pidió un segundo milagro para estar seguro, ¡y Dios se lo concedió! Lo que hay que notar es que esto no era un capricho de Gedeón que Dios cumplió, la misión encomendada a Gedeón era verdaderamente temeraria, y Gedeón necesitaba una confirmación del poder de Dios y de Su deseo de ayudarlo a librar a Israel, por eso Dios hizo lo que Gedeón pidió.

Los versículo 1 al 8 del capítulo 7 nos relatan cómo Dios guió a Gedeón para reducir el número de hombres que irían a la batalla, descartando a aquellos que no tenían suficiente fe y que tenían hábitos idolátricos. Luego de este “filtro”, quedaron sólo trescientos hombres, para enfrentar a un ejército ¡incontable! Sin duda se requería gran fe de parte de Gedeón para seguir adelante, por eso, miren lo que Dios hace:

Jueces 7:9-11
(9) Aconteció que aquella noche Jehová le dijo: Levántate, y desciende al campamento; porque yo lo he entregado en tus manos.
(10) Y si tienes temor de descender, baja tú con Fura tu criado al campamento,
(11) y oirás lo que hablan; y entonces tus manos se esforzarán, y descenderás al campamento. Y él descendió con Fura su criado hasta los puestos avanzados de la gente armada que estaba en el campamento.

Bien, noten que aquí Dios le dice: “si tienes temor de descender [a la batalla], baja tú con Fura tu criado al campamento”. ¿Qué hizo Gedeón? Bajó con Fura su criado hasta el campamento. ¿Qué significa esto? Que, efectivamente, Gedeón aún tenía miedo de ir a la batalla. Sin embargo, a pesar de su miedo, Gedeón seguía allí, queriendo hacer la voluntad de Dios, y Dios le dio el “empujón” que le faltaba para ir con valor a la batalla.

Jueces 7:12-15
(12) Y los madianitas, los amalecitas y los hijos del oriente estaban tendidos en el valle como langostas en multitud, y sus camellos eran innumerables como la arena que está a la ribera del mar en multitud.
(13) Cuando llegó Gedeón, he aquí que un hombre estaba contando a su compañero un sueño, diciendo: He aquí yo soñé un sueño: Veía un pan de cebada que rodaba hasta el campamento de Madián, y llegó a la tienda, y la golpeó de tal manera que cayó, y la trastornó de arriba abajo, y la tienda cayó.
(14) Y su compañero respondió y dijo: Esto no es otra cosa sino la espada de Gedeón hijo de Joás, varón de Israel. Dios ha entregado en sus manos a los madianitas con todo el campamento.
(15) Cuando Gedeón oyó el relato del sueño y su interpretación, adoró; y vuelto al campamento de Israel, dijo: Levantaos, porque Jehová ha entregado el campamento de Madián en vuestras manos.

¡Esto es impresionante! ¿Quién le dijo a aquél hombre cuál era la correcta interpretación del sueño? Recuerden que estos eran hombres de pueblos enemigos, idólatras. Dios generó en uno de ellos un sueño con imágenes que ellos podían reconocer, ya que era común identificar a Israel con la cebada. Dios no sólo dio este sueño, sino que hizo que Gedeón escuchase su interpretación y así edificase su fe y valor para marchar a la batalla. Noten que luego de que esto suceda Gedeón adoró y volvió rápido al campamento y, con todo coraje dijo a sus hombres “Levantaos”, Gedeón volvió lleno de ánimo y fe, a través de este suceso Dios dio a Gedeón aquella fe que le faltaba para ir a la batalla.

Los versículos siguientes relatan cómo Gedeón venció a sus enemigos sin que ninguno de los israelitas tuviera que siquiera desenvainar la espada. Pero lo importante para este estudio es ver cómo Dios obró para que Gedeón llegase a tener la fe que necesitaba para hacer Su voluntad a favor del pueblo israelita.

En el Antiguo Testamento, Dios no daba Su don de espíritu santo tal como lo hace ahora, y, por la ausencia del espíritu santo como nueva naturaleza, los creyentes no podían establecer una comunión con Dios tan estrecha como la que hoy podemos disfrutar por medio del Señor Jesucristo. Entonces, muchas veces debía actuar a través de Sus ángeles para dar mensajes a los hombres, como vimos en el caso de Gedeón.

Como venimos viendo en este estudio, en la actualidad Dios obra dentro nuestro a través del don de espíritu santo que nos ha dado. Dios da la energía, Cristo la distribuye, y nosotros la operamos a través del espíritu santo que hay en nosotros.

Entonces, hoy en día, Dios está capacitado para edificar nuestra fe a través de Su don de espíritu santo. Dios edificó la fe de Gedeón a través de actos externos, para que él llegase a creer al punto de hacer sin miedo lo que Dios le encomendaba. Hoy en día, Dios puede edificar nuestra fe no sólo con actos externos, sino de modo interno a través del don de espíritu santo. Esto no significa que Dios va a hacer que yo haga lo que Él me pida siempre, como si me manejara con hilos, de ser así, veríamos milagros y sanidades todos los días en todo lugar en el mundo en donde haya un cristiano.

Así como en el caso de Gedeón, esto es un proceso paso a paso con Dios. Gedeón tenía la voluntad de hacer la voluntad de Dios, Gedeón tomó la iniciativa de obedecer a pesar de sus miedos, y Dios le fue quitando los miedos para que él pudiese completar efectivamente la misión. Sin embargo, Gedeón tuvo que responder positivamente a las acciones de Dios, de lo contrario, la historia hubiese sido otra. Del mismo modo, Dios puede hoy en día pedirnos que hagamos algo que va más allá de nuestra capacidad para creer, y puede edificar nuestra creencia al punto necesario, sin embargo, nosotros debemos tener el deseo e iniciativa de hacer la voluntad de Dios; debemos dar los pasos de fe que podemos y hacerle saber a Dios de nuestros miedos. Si tenemos la actitud correcta Dios edificará nuestra fe para poder hacer aquello que nos pide que hagamos.

Como habíamos visto, la manifestación de fe en 1 Corintios 12 se encuentra en el grupo de manifestaciones que opera un cristiano para edificar a otro cristiano. Esto nos hace pensar que Dios energiza esta manifestación de fe específicamente cuando se trata de ayudar a otros. Hay veces en que una persona en una reunión de cristianos está deseosa de recibir, por ejemplo, una sanidad o una liberación demoníaca. Dios entonces puede mandar a cierto líder o ministro a dar sanidad, pero puede que ese ministro no se sienta seguro de hacerlo. Entonces Dios puede dar un “impulso” extra de fe para dar esa sanidad o liberación. En esto consiste, a mi entender, la manifestación de fe.

Regalos de sanidades:


La manifestación de “regalos de sanidades” consiste en un regalo de sanidad desde Dios hacia una persona, por medio de algún creyente. La palabra “sanidades” es la palabra griega iama, que se usa sólo aquí y en los versículos 28 y 30, no hay más usos de esta palabra en texto griego del NT. Iama está relacionada con el verbo iaomai, que significa “sanar”. Hay varias palabras griegas que pueden traducirse como “sanar”, pero cuando estudiamos esta palabra en particular, vemos que siempre implica una sanidad que proviene del poder de Dios y que es inmediata, que puede implicar aspectos físicos, mentales o espirituales. Entonces, al hablar de “regalos de sanidades” como una manifestación del espíritu, no se trata tan sólo de la sanidad progresiva que una persona obtiene a través de oración y el cuidado de su cuerpo y mente, sino de una sanidad que es ministrada por otro cristiano a través del don de espíritu santo, que tiene un resultado visible e inmediato.

En la Biblia tenemos muchos ejemplos de esta manifestación, especialmente en la vida de Jesús. Veamos algunos ejemplos:

Marcos 1:40-42
(40) Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme.
(41) Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.
(42) Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.

Aquí leemos que “al instante la lepra se fue de aquél”, Jesús lo tocó, le confirmó su deseo de que sea sanado y el leproso recibió sanidad.

Algo que debemos comprender es que esta manifestación es denominada “regalos de sanidades” porque son “regaladas” por Dios. Algunos dicen que el cristiano tiene derecho a estar sano y debe reclamar a Dios por sanidad. Sin embargo, la Biblia nos está diciendo que la sanidad es un regalo, uno no la merece, así que no la puede “reclamar”, pero sí la puede pedir.

La Biblia nos dice que ante una enfermedad lo correcto sería acudir a otros cristinos maduros y que juntos oren, y si la enfermedad es causada por algún pecado, que ese pecado pueda ser confesado y sea así sanado la mente de la persona y reciba sanidad en su cuerpo de la persona (Santiago 5:14, 15). De este tipo de sanidad no nos ocuparemos en este estudio, pero si desean ampliar el tema, recomiendo el estudio “Sanidad: el don de gracia y misericordia de Dios”, en la página www.verdadotradicion.com.

Otra forma de recibir sanidad de parte de Dios es por medio de otro cristiano que ministre sanidad. Cuando un cristiano ministra sanidad a otro, debe previamente haber recibido la instrucción de Cristo, por medio del don de espíritu santo, sobre qué hacer o qué decir para administrar una sanidad. No todos los casos son iguales, y no hay fórmulas para sanar a otros. Lo que debemos hacer es estar “en sintonía” con Cristo, y Él nos dirá cuándo podemos ministrar la sanidad y cómo debemos hacerlo. Si investigamos en las Escrituras, verán que las formas en que se ha ministrado sanidad son muy diversas, esto es porque cada caso es particular y Dios sabe qué se debe hacer en cada caso.

En Marcos 2 leemos:

Marcos 2:4-12
(4) Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico.
(5) Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
(6) Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones:
(7) ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?
(8) Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones?
(9) ¿Qué es más fácil,  decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?
(10) Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados  (dijo al paralítico):
(11) A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.
(12) Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.

Fíjense que en el versículo 5 leemos que “al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico…”. Algo que debemos tener en cuenta es que Jesús no anduvo tocando a todo el que se le cruzaba para darle sanidad. Jesús buscaba hombres y mujeres de fe para sanar. Jesús iba por todos lados predicando el evangelio del reino de Dios, anunciando que él era el Restaurador, el Príncipe de Paz, el Salvador prometido. Aquellos que creían a Su anuncio se acercaban para recibir de parte de Él y recién allí Él tenía la posibilidad de actuar en las personas.

En este caso, el hecho de que estos hombres hicieran tal esfuerzo para poder llevar al paralítico al lugar en donde estaba Jesús ponía en evidencia que ellos estaban teniendo fe en que Jesús era capaz de dar sanidad a este hombre. Curiosamente, cuando Jesús lo vio, lo primero que dijo no fue “levántate”, sino “tus pecados te son perdonados”. Jesús supo que había algún pecado en la vida de este hombre que le estaba impidiendo llegar a creer lo suficiente para ser sano, probablemente el no creía ser merecedor de la sanidad, por lo que Jesús tuvo que “sanar” su problema psíquico antes de sanar su problema físico. Luego de haber dicho esto, y de haber discutido con algunos escribas, Jesús dijo al paralítico: “levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa”, lo cual el paralítico creyó, ya que en seguida se levantó y tomó su lecho y se fue.
En el relato anterior de sanidad, Jesús no habló al leproso acerca de sus pecados, simplemente expresó su deseo de sanarlo y lo tocó y el leproso fue sano. En este relato, Jesús primero dijo al paralítico que sus pecados habían sido perdonados, y luego le ordenó levantarse. Aquí las palabras de Jesús no fueron una expresión de deseo sino una orden. En el relato del leproso, Jesús tocó a la persona, aquí no se dice nada sobre Jesús “tocando” al paralítico. Debido a que los leprosos eran menospreciados y todo el mundo evitaría tocarlos, el hecho de que Jesús tocara al leproso hace pensar que quizá lo hizo para demostrar que él no lo despreciaba.

Marcos 3:1-5
(1) Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano.
(2) Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle.
(3) Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio.
(4) Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?  Pero ellos callaban.
(5) Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

Aquí vemos que Jesús primero ordena a este hombre a levantarse y ponerse en medio de la sinagoga. Jesús no le dijo que le iría a ministrar sanidad, simplemente le dijo que se levantara y pusiera en medio. El hecho de que el hombre obedeciera sin “peros” nos muestra que él reconocía la autoridad de Jesús, entonces, cuando Jesús le dijo: “extiende tu mano”, el hombre hizo lo mismo que antes: obedecer. Él sabía que si el Señor le estaba ordenando algo es que él podía hacerlo.

De este modo, vemos que otro aspecto importante para recibir sanidad consiste en reconocer la autoridad de Jesús y obedecerle. Hoy en día, nuestro espíritu nos conecta con Jesús, entonces, si Jesús nos envía a dar sanidad a una persona, tanto nosotros como esa persona deben reconocer que quien está dando las órdenes es Jesús. Si Jesús me dice que le diga a un paralítico que se levante, yo debo creer que él hará fluir el poder necesario para dar la sanidad, pero, además, el paralítico debe reconocer que lo que estoy hablando de parte del Señor, y debe obedecer a mis palabras, o sea, ¡debe levantarse!

Esto mismo pasó con el paralítico al cual sanó Pedro:

Hechos 3:1-8 (NVI)
(1) Un día subían Pedro y Juan al templo a las tres de la tarde, que es la hora de la oración.
(2) Junto a la puerta llamada Hermosa había un hombre lisiado de nacimiento,  al que todos los días dejaban allí para que pidiera limosna a los que entraban en el templo.
(3) Cuando éste vio que Pedro y Juan estaban por entrar, les pidió limosna.
(4) Pedro, con Juan, mirándolo fijamente, le dijo: --¡Míranos!
(5) El hombre fijó en ellos la mirada,  esperando recibir algo.
(6) --No tengo plata ni oro --declaró Pedro--, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!
(7) Y tomándolo por la mano derecha,  lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza.
(8) De un salto se puso en pie y comenzó a caminar.  Luego entró con ellos en el templo con sus propios pies,  saltando y alabando a Dios.

Noten que cuando Pedro habló al paralítico le dijo: “En el nombre de Jesucristo de Nazaret”. Algunos creen que “el nombre” de Jesucristo es una especie de “fórmula” para que las cosas sucedan. ¡Creen que sólo hace falta decir “en nombre de Jesucristo” y todo sale bien! Pero no es así. En la cultura de la época bíblica el “nombre” era sinónimo de autoridad delegada. Hacer algo “en nombre de” era equivalente a hacer algo “de parte de”.

En realidad, hoy en día también usamos el “nombre” de ese modo. Por ejemplo, supongamos que José Pérez nos manda a un almacén y nos dice: “dile al dueño que vas en nombre de José Pérez y que lo anote en la cuenta”. No es que “el nombre” de José Pérez sea especial, sino que yo voy de parte de José Pérez, voy con su autoridad delegada para poder comprar algo y que me lo anoten en la cuenta.

Entonces, cuando Pedro dijo “en nombre de Jesucristo de Nazaret ¡levántate y anda!”, estaba diciendo que Jesús mismo había dicho a Pedro que Él iba a sanar al lisiado. En palabras de hoy, Pedro dijo: “Jesús me manda a decirte que te levantes y camines”.

Por lo tanto, no todo lo que se hace o dice bajo la frase “en nombre de Jesús” tiene el apoyo espiritual del Señor. Si Jesucristo me envía a hacer o decir algo, legítimamente puedo decir “esto lo hago en nombre de Jesús” o “esto digo en nombre de Jesús”, y tendré todo su apoyo y respaldo para obtener los resultados apropiados. Pero si hablamos “en nombre de Jesús” sin tener su instrucción y su aval no podemos garantizar que tendremos su aval y apoyo espiritual.

Aquí hay otro ejemplo:

Hechos 9:32-35
(32) Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.
(33) Y halló allí a uno que se llamaba Eneas,  que hacía ocho años que estaba en cama, pues era paralítico.
(34) Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó.

Aquí queda claro, Pedro no dijo “en nombre de Jesucristo”, directamente le dijo a Eneas: “Jesucristo te sana”, Pedro recibió revelación de Jesús de que Eneas iba a ser sanado y la transmitió a Eneas y Eneas fue sanado.

En el tema de la sanidad, las situaciones son muy diversas, los problemas de las personas muy variados, y las causas de la enfermedad pueden no ser las que creemos que son, por lo que no podemos tomar un ejemplo de sanidad de la Biblia e intentar aplicarlo a todo caso. Lo único que podemos hacer y debemos hacer es confiar en Dios y mantenernos en sintonía con Cristo para que Él nos indique qué hacer, porque, recordemos que todas las manifestaciones espirituales las energiza Dios y las distribuye Cristo, nosotros no somos los que decidimos a quién sanar ni cómo sanarlos.

Veremos dos casos más de sanidad en Marcos:

Marcos 5:22-23
(22) Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies,
(23) y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva,  y vivirá.

Aquí vemos que este Jairo vino a Jesús y pidió que él pusiera sus manos sobre la niña para que sea sanada. Evidentemente, Jairo creía que Jesús podía sanar a la niña, pero sólo si Jesús ponía sus manos en ella, así que Jesús accedió a ir hasta la casa:

Marcos 5:24-28
(24) Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.
(25) Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,
(26) y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
(27) cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.
(28) Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.

Noten que nadie le dijo a esta mujer que tocando el manto de Jesús ella podría ser sanada. Pero ella llegó a creer que el poder de Jesús era tal que tan sólo con tocar su manto podría ser sanada.

Marcos 5:29-30
(29) Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
(30) Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?

El versículo 30 nos confirma que no era el manto de Jesús lo que tenía poder, sino que el poder había salido de Jesús. La fe de esta mujer había sido tal que, de alguna forma, Dios “puenteó” a Jesús y dio sanidad a la mujer sin avisarle a Jesús que lo haría. Dios sanó a la mujer a través de Jesús, ¡pero sin que Jesús interviniera activamente en la situación!

Marcos 5:31-34
(31) Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
(32) Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.
(33) Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
(34) Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.

Esta mujer había “tomado” poder de Dios mediante Jesús, pero sin avisar a Jesús que quería ser sanada. Por lo tanto, sintió miedo de que Jesús la “retara”, pero aún así le contó todo. Jesús, lejos de regañarla, le confirmó que ella había sido sanada por su fe. No es que la fe en sí de sanidad, la fe no es un poder con capacidad de producir cosas, Quien dio la sanidad fue Dios, por medio de Jesús, pero ese poder de Dios fue provisto a la mujer porque la mujer tuvo fe, la mujer creyó en su corazón que Jesús podía darle sanidad aún sin participar en la ministración de la sanidad.

Mateo 5:35-36
(35) Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?
(36) Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente.

¡Esta es una situación terrible! Jesús se detuvo a buscar quién le había tocado, luego la mujer le contó todo, después Jesús habló a la mujer, en todo este tiempo que pasó, la niña de Jairo murió. Esto es como cuando en las películas al héroe se le da a elegir entre salvar a su novia o a un grupo de niños. Jesús se detuvo a hablarle a una persona y mientras otra se le murió. ¡Pero él tiene poderes que no tiene ni Superman ni el hombre araña! Él podía resucitar a la niña.

Aquí es evidente que los mensajeros no creían que Jesús podría resucitar a un muerto, porque dijeron a Jairo que no moleste más al Maestro. Ellos pensaron que mientras estaba viva Jesús podría sanarla, pero ya muerta no había más nada que hacer. Sin embargo, Jesús calmó a Jairo y le dijo que no tenga miedo, que es, seguramente, lo que Jairo estaría experimentando al recibir tal noticia.

Mateo 5:37-40
(37) Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
(38) Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho.
(39) Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme.
(40) Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña.

Cuando Jesús dijo que la niña no estaba muerta, sino que dormía, se estaba refiriendo a que pronto despertaría. Es posible que la niña no haya estado realmente muerta, sino que aún estuviese con vida pero sin signos vitales. Pero lo más probable es que sí haya estado muerta, y que Jesús usara estas palabras en forma figurada para dar a entender a las personas que ese estado de muerte era sólo momentáneo, porque él la resucitaría.

Noten que al referir estas palabras se burlaban de él, y él echó fuera a todos y dejó adentro al padre y a la madre de la niña y a los discípulos que estaban con él. ¿Qué hizo Jesús aquí? Jesús echó a todos los incrédulos, los que se burlaban y no creían que él daría sanidad a la niña, y dejó adentro a los padres de la niña, que eran quienes debía creer por la niña (ya que la niña no podría creer por sí misma), y dejó a sus discípulos, que sí creían en él.

Mateo 5:41-42
(41) Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate.
(42) Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente.

Jesús jamás pronunció una palabra vacía, Jesús jamás dijo que iba a hacer algo para luego no hacerlo. Cada vez que Jesús habló, Sus palabras se cumplieron, porque Él hablaba de parte de Dios, y Dios no miente. Jesús dijo que la sanaría y la sanó. Jesús dijo a la niña que se levante y ella se levantó. Por lo tanto, si hoy Jesús nos dice: “ve y di”, “ve y sana”, “ve y haz esto”, podemos estar seguros que él avalará nuestras acciones con Su poder.

Un aspecto muy importante para recibir sanidad (al igual que cualquier otra cosa de Dios) consiste en tener fe en el amor de Dios mediante Cristo y obedecer las instrucciones dadas por Dios.

Hechos 28:25-27
(25) Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres,  diciendo:
(26) Ve a este pueblo,  y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis,  y no percibiréis;
(27) Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente,
 Y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón,
 Y se conviertan, Y yo los sane.

Aquí la palabra “sane” en el texto griego está en tiempo futuro “yo los sanaré”. Y “sanaré” es la palabra griega iaomai, que habíamos visto que consistía en una sanidad inmediata otorgada por Dios. Este pasaje apunta hacia dos aspectos de la sanidad: una es la sanidad futura del ser humano. A aquellos que creen en Cristo como Señor de sus vidas, Dios promete en el futuro darles un cuerpo inmortal e incorruptible, esa será la total sanidad de Dios. Sin embargo, hoy en día, Dios muchas veces da instrucciones específicas a una persona, con el fin de darle sanidad HOY, si esa persona oye, puede ser sanada por Dios inmediatamente. El problema por el cual hoy no hay tantas sanidades entre las personas cristianas es porque tienen sus ojos cerrados a la Palabra de Dios, oyen pesadamente el mensaje de Dios, no tienen el deseo de aprender de Dios, y, por lo tanto, no entienden Su voluntad y Dios no puede dar la sanidad que quiere dar.

Lucas 17:12-15
(12) Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos
(13) y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!
(14) Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban,  fueron limpiados.
(15) Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz,

Aquí vemos que Jesús dio una instrucción específica a los leprosos. La sanidad no fue mediante una imposición de manos, ni por oración. Jesús les dio una instrucción específica: “Id, mostraos a los sacerdotes…” y “mientras iban” fueron limpiados. La sanidad fue instantánea, pero la recibieron mientras cumplían la voluntad de Dios. Uno sólo volvió agradecido, sin embargo, los diez creyeron en la instrucción dada por Jesús, porque los diez hicieron lo que Jesús les dijo que hicieran. Fue la obediencia lo que les proveyó la sanidad física.

Mateo 8:5-8
(5) Entrando Jesús en Capernaum,  vino a él un centurión,  rogándole,
(6) y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
(7) Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
(8) Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.

Este pasaje es curioso, si vemos el uso de las palabras griegas. En el versículo 7, donde dice “sanaré”, la palabra griega es therapeuo, que por ejemplo, el léxico de Louw-Nida define como: “hacer que alguien recobre la salud, frecuentemente con la implicancia de tomar cuidado de dicha persona”. De esta palabra se deriva nuestra palabra castellana “terapia”. Pero la palabra traducida “sanará” en el versículo 8 es iaomai, que es la sanidad instantánea dada por Dios. En otras palabras, Jesús dijo al centurión: “yo voy a ir a verlo y ver qué es lo que hace falta para ministrarle sanidad” y el centurión le respondió: “no, Señor, sólo di la palabra y él sanará inmediatamente” ¡El centurión estaba diciéndole a Jesús qué hacer! ¿Por qué? ¿Por qué pensó el centurión que no hacía falta que Jesús vaya hacia su casa?

Mateo 8:9-10
(9) Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
(10) Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

El centurión era hombre bajo autoridad y que tenía también autoridad sobre otros hombres y sabía que otros debían obedecerle a su mandato, tal como él obedecía a su general cuando éste hablaba. Entonces, el centurión reconoció la autoridad de Jesús para sanar, reconoció que lo que Jesús dijera se haría y supo que no hacía falta más que su palabra para que las cosas se hicieran, porque él sabía que si Jesús hablaba, lo haría de parte de Dios y con todo el poder y aval de Dios. Esto hizo que Jesús se maravillara, porque este hombre reconoció la autoridad de Jesús mejor que lo que lo habían hecho los israelitas, que eran quienes tenían las promesas de Dios sobre el Salvador de la humanidad.

Mateo 8:13
 Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.

Al final, Jesús “dijo” la palabra. Y dijo al centurión como creíste (tiempo pasado) te sea hecho. El centurión sabía que Jesús podía sanar a su siervo, pero no podía estar seguro si querría sanarlo hasta no ir y preguntarle. Luego de que Jesús dijo “yo iré y le sanaré” el centurión supo que Jesús iba a sanar a su criado y podemos decir que creyó que su criado sería sanado antes de ver la sanidad. Por eso Jesús le dice que como creíste te sea hecho, el centurión ya había creído por la sanidad del criado, y el criado fue sanado (griego iaomai) en ese mismo momento. El centurión, teniendo hombres a cargo, pudo haber conseguido un grupo de hombres que trajeran al enfermo hasta Jesús, el hecho de que no lo haya hecho nos sugiere que él ya iba con la idea de que Jesús tan sólo debía decir la palabra para dar la sanidad. Incluso noten que en este caso, la creencia del centurión afectó al criado que tenía a cargo. No fue un familiar, sino el jefe de la persona enferma la que creyó para la sanidad.

Entonces, hemos visto que las sanidades instantáneas que se administran por medio del poder de Dios dando energía a nuestro don de espíritu santo dependen de: la instrucción del Señor, de la obediencia de esa instrucción. El creyente que recibe una instrucción de Jesucristo para dar sanidad a una persona debe obedecer a esa instrucción. A su vez, si el creyente, en obediencia a Cristo, pide a la persona enferma hacer algo, esa persona deberá también obedecer a la instrucción dada.

Lo que siempre hay que tener en cuenta es que las sanidades son regalos de Dios. Uno no puede obligar o forzar a Dios a dar una sanidad. Tampoco sirve “hacer fuerza” mentalmente para recibir una sanidad departe de Dios. La instrucción bíblica para el que está enfermo es orar junto con otros cristianos (Stg. 5:13-14), si Dios desea dar una sanidad instantánea, dará la instrucción adecuada, en ese momento, y no antes, es que podemos “creer” por  sanidad. Sólo podemos creer cuando tenemos una información sobre la cual creer. Muchos cristianos intentan ministrar o “mandar” sanidad sin tener una instrucción específica de Dios, y por eso fallan en sus intentos. Otros han sido enseñados a reclamar la sanidad de parte de Dios, cosa que tampoco es una actitud correcta, Dios no está obligado a dar sanidad a nadie, si lo hace, es un REGALO y lo hacer por AMOR, sin embargo, no siempre estará disponible la sanidad y es inevitable sufrir de la enfermedad final que afecta al ser humano: la muerte. Nadie podrá escapar de la muerte de este cuerpo, aunque Dios promete que en el futuro dará un cuerpo incorruptible a todo el que hizo a Jesús el Señor de su vida, éste estará completamente sano y sin capacidad para sufrir enfermedad.

Resultado de la operación de poderes:


Las palabras en griego para describir esta manifestación son energema dunamis. Energema es una palabra derivada de energeia, de donde tenemos nuestra palabra castellana “energía”. Como he explicado al estudiar el versículo 6 de 1 Corintios 12, energema se refiere al resultado obtenido al haber puesto en funcionamiento cierta energía, en toda la Biblia esta palabra griega sólo se usa aquí y en el versículo 6. La palabra dunamis es la palabra griega para “poder”, es la capacidad para hacer algo. Cuando dunamis se usa en plural (como en este caso) se refiere específicamente a poderes sobrenaturales, en este caso es claro que se habla de poderes sobrenaturales provenientes de Dios, distribuidos por Cristo y operados por el cristiano.

Debido a que la operación del poder sobrenatural de Dios suele producir lo que llamamos “milagros”, muchas versiones han traducido estas palabras como “hacer milagros”, sin embargo, la traducción “resultado de la operación de poderes” se acerca más al sentido original de la expresión. Esta operación del poder sobrenatural de Dios puede operarse de muchas maneras y puede evidenciarse de diversas formas.

Veremos algunos ejemplos bíblicos en donde se utiliza la palabra dunamis en plural.

Mateo 13:54-58
(54) Y venido a su tierra,  les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros [dunamis: “poderes”]?
(55) ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María,  y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?
(56) ¿No están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde, pues, tiene éste todas estas cosas?
(57) Y se escandalizaban de él. Pero Jesús les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su propia tierra y en su casa.
(58) Y no hizo allí muchos milagros [dunamis: poderes], a causa de la incredulidad de ellos.

En este pasaje podemos ver que las personas estaban influenciadas por lo que conocían de Jesús con respecto a su vida humana, conocían a su familia y no podían creer que Jesús tuviera tal sabiduría y poderes de parte de Dios. Debido a esta incredulidad por parte de las personas, él no pudo hacer muchas demostraciones del poder de Dios. Esto nos enseña cuán importante es la fe para poder ver el poder de Dios en acción en nuestras vidas.

Con respecto a la misma situación Marcos escribe:

Marcos 6:5-6
(5) Y no pudo hacer allí ningún milagro [dunamis], salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
(6) Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

En este caso se nos dice que Jesús no pudo hacer ningún milagro salvo algunas sanidades y se asombró de la incredulidad de ellos. Curiosamente, la palabra “pudo”, en el versículo 5, es la palabra griega dunamai, que está relacionada con dunamis, por otro lado, la palabra “no” es la palabra griega ou, que es un “no” enfático y absoluto. Esto nos dice que Jesús de ningún modo pudo hacer demostraciones del poder sobrenatural de Dios, Jesús no tuvo la capacidad para hacer milagros allí ¿por qué? Por la incredulidad de ellos. Lo que este pasaje nos enseña es que podemos limitar la capacidad de Dios y de Jesucristo para actuar en nuestras vidas cuando no les creemos, aunque ellos desean actuar en nuestras vidas, no podrán hacerlo, o estarán muy limitados, si no les creemos. Si Dios no actúa poderosamente en las vidas de las personas hoy en día no es porque no quiera hacerlo, sino porque las personas no le creen y no le obedecen, ¡pero Él tiene todo el poder y el deseo de ayudar a la humanidad!

Miren lo que Pablo dice a los creyentes de Galacia:

Gálatas 3:1-5
(1) ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado?
(2) Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe?
(3) ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?
(4) ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano.
(5) Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas [dunamis] entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Como he explicado en capítulos previos, el versículo 5 mejor traducido leería: “Entonces, el que está-suministrándoles, el Espíritu, y energizando el poder en ustedes ¿lo hace desde obras de ley o desde oír de fe?” Jesús, llamado aquí “el Espíritu” es quien está suministrando a los cristianos el poder de Dios, y esto lo hace no porque hagamos muchas “buenas obras” y nos ganemos el derecho a dar operar el poder de Dios, sino por el oír con fe. Cuando “oímos” a Cristo y actuamos conforme a su voluntad, él da el suministro de poder necesario para hacer aquello que quiere que hagamos. Nuevamente vemos que la fe y la obediencia a la instrucción dada por el Señor son fundamentales para poner en acción el poder de Dios.

Hechos 19:10-17
(10) Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos,  oyeron la palabra del Señor Jesús.
(11) Y hacía Dios milagros [dunamis] extraordinarios por mano de Pablo,
(12) de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían.
(13) Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo.
(14) Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.
(15) Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?
(16) Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.
(17) Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Efeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.

Aquí tenemos dos situaciones distintas. Por un lado leemos que Pablo predicaba la Palabra y Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo. En el texto griego no dice: “extraordinarios” sino que dice: “no comunes”, o sea no eran los milagros que se esperarían que hiciera un hombre de Dios, no eran los que habitualmente había hecho Dios por medio de otros hombres de Dios. El versículo 12 nos cuenta un poco de cuáles eran algunos de estos milagros (demostraciones del poder de Dios) que no eran comunes: algunos llevaban paños o delantales que habían estado en contacto con la piel de los enfermos y por medio de estos, Dios sanaba a los enfermos y echaba fuera espíritus malignos. Esto no significa que el pañuelo o delantal en sí sirvan para dar sanidad a una persona, pero la creencia de Pablo y la creencia de las personas en la predicación de Pablo hacía posible que Dios sanara sin la presencia de la persona, algo similar que lo que hemos visto previamente, cuando el centurión pidió a Jesús que sólo dijera la palabra para que su siervo sanase. Dios no necesita pañuelos o delantales para sanar a una persona, pero muchas veces actúa conforme a la fe de la persona, la “ayuda” a creer para recibir la liberación.

Pero, por otro lado, tenemos también el relato de siete judíos que invocaron el nombre de Jesús sobre un hombre con un espíritu maligno y fueron atacados por este espíritu. Esto es una advertencia contra el tomar a la ligera los asuntos espirituales de Dios. Pablo conocía a Dios, conocía a Cristo y tenía una relación con ellos. Pablo predicaba la Palabra de Dios y sanaba conforme el Señor le iba indicando que lo hiciera. Estos judíos, en cambio, no conocían a Jesús, ni tenían una relación con él (de otro modo serían llamados “cristianos” y no “judíos”), pero intentaron invocar su nombre para echar un demonio, como si el nombre de Jesús tuviera poder por sí mismo. Pero Jesús no estaba avalando esa situación y no actuó para echar fuera ese demonio, por lo que el demonio terminó por atacar a estos hombres. Jesús actuará con autoridad a favor de los cristianos, los miembros de Su cuerpo, cuando éstos están conectados con él y actuando conforme a su voluntad, pero tan sólo decir: “en nombre de Jesús…” no hace que las cosas sucedan mágicamente.

Si bien es maravilloso poder tener el poder de Dios en evidencia en nuestras vidas, veremos un pasaje que pone a las demostraciones de poder de Dios en la perspectiva correcta:

Mateo 11:20-24
(20) Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros [dunamis], porque no se habían arrepentido, diciendo:
(21) Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros [dunamis] que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza.
(22) Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras.
(23) Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros [dunamis] que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy.
(24) Por tanto os digo que en el día del juicio,  será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.

Aquí tenemos un caso para reflexionar. En estas ciudades Jesús había hecho muchos milagros, muchas demostraciones del poder de Dios, sin embargo las personas no se habían arrepentido tras la predicación de Jesús y no habían cambiado sus conductas para seguir a Jesús. Esto quiere decir que ellos habían creído en Jesús como un hombre lleno del poder de Dios para sanar y dar liberación física, pero no habían creído en él como el Señor y Salvador. Lo que vemos aquí es una “fe” selectiva, creyeron en algunos aspectos de la predicación de Jesús (lo referido a la sanidad y liberación física) pero no en otros (el Señorío de Jesús y su función de Salvador). Estos hombres aceptaron gustosamente las sanidades y demostraciones de poder que hizo Jesús, pero no quisieron cambiar sus vidas para hacer la voluntad de Dios, por eso Jesús les dijo que en el día del juicio no iban a tener excusa como para decir: “no creímos porque nos faltaron pruebas del poder de Dios”.

Con esto podemos ver que si bien el poder de Dios manifestado a través de milagros y sanidades son muy deseables para nuestras vidas, nuestra meta final no debe ser tan sólo el manifestar ese poder, sino ir cambiando nuestras vidas en obediencia a Cristo, nuestro Señor, para tener un andar agradable a nuestro Padre, ganando una relación cada vez más estrecha y más viva con Dios y con el Señor Jesús, lo cual también nos aprovechará en el futuro, obteniendo una mayor recompensa de parte de Dios. Recordemos que Dios juzga nuestro corazón (Pr. 21:2; Mt. 5:8; Mr. 12:30; Ap. 2:23), así que, más importante que manifestar milagros es el crecer en nuestro amor y obediencia hacia Dios, aunque si hacemos esto, el poder de Dios será manifestado en nuestro vida de modo inevitable.

Profecía:


“Profecía” es la palabra griega propheteia, que significa “la declaración de un mensaje de parte de Dios”. Profetizar significa declarar algo que fue revelado por Dios. Esta declaración puede ser en forma hablada o en forma escrita. Entonces, para que exista profecía tenemos dos pasos: (1) Dios debe revelar Su mensaje a un creyente; (2) El creyente debe expresar ese mensaje a quien corresponda.

Existe una creencia general de que la profecía se refiere a una predicción con respecto a lo que sucederá en el futuro, sin embargo, una profecía de Dios puede hablar sobre el pasado, presente o futuro. Cuando Dios habla, no necesariamente tiene que hablar sobre le futuro, puede hacernos recordar hechos pasados o contarnos cosas presentes, lo importante en la profecía es que provenga de Dios al creyente y que el creyente lo comunique a otros.

En Juan 11:51 y muchos otros pasajes bíblicos leemos sobre profecías sobre hechos futuros, pero hay muchos ejemplos de profecías sobre el presente y sobre el pasado. Por ejemplo, en Mateo 11:13 leemos que “…todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan”. La ley no tenía declaraciones sobre lo que sucedería en el futuro, eran los preceptos dados por Dios, pero la ley es considerada como “profecía” porque fue revelada por Dios para el pueblo. En Lucas 1:67 y siguientes tenemos una profecía de Zacarías, al leerla vemos que es una alabanza a Dios y un recuerdo sobre las promesas que Dios había hecho, no hay predicciones del futuro. En 2 Crónicas 32:32 leemos: “Los demás hechos de Ezequías, y sus misericordias, he aquí todos están escritos en la profecía del profeta Isaías…” Si son “hechos” no son predicciones, claramente vemos que la profecía no sólo consiste en predicciones, sino en cualquier cosas que Dios revele para ser comunicado a otras personas.

Como he dicho, la profecía no necesariamente tiene que ser hablada, también puede ser transmitida en forma escrita. Por ejemplo en 2 Pedro leemos:

2 Pedro 1:19-21 (BTX)
(19) Tenemos también la palabra profética, la más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro hasta que el día amanezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;
(20) entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura surge por iniciativa propia,
(21) porque la profecía nunca fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios siendo guiados por el Espíritu Santo.

En el 20 leemos que “ninguna profecía de la Escritura surge por iniciativa propia”. Esto significa que las Escrituras de Dios son “profecía” de Dios y nos señala que jamás la profecía surge de la propia iniciativa de una persona, sino que es Dios Quien señaló qué debía ser escrito. El versículo 21 nos resalta este hecho: “…la profecía nunca fue traída por voluntad humana, sino que los hombres hablaron de parte de Dios…” La verdadera profecía jamás es generada por el ser humano, no es invención de una persona, sino que es un mensaje de Dios dado a través de un creyente. La última frase del versículo 21 dice aquí: “…siendo guiados por el Espíritu Santo”, pero el texto griego las palabras “espíritu santo” no tienen artículos, por otro lado, la palabra griega para “por” es hupo, que tiene el sentido de “bajo la influencia de” o “bajo la acción de”, así que podríamos traducir así: “siendo guiados bajo la influencia de espíritu santo”. Esto significa que Dios, a través del espíritu santo en el creyente, actuó para dar Su mensaje profético, tal como estamos viendo que hace ahora, conforme 1 Corintios 12. Su don de espíritu santo en nosotros nos capacita para recibir y transmitir Su palabra profética, al igual que nos capacita para operar las otras manifestaciones.

En Romanos 12:6 se habla de un “don de profecía”, lo cual indica una especial habilidad dada por Dios para profetizar, este don es dado en casos especiales para edificar a la iglesia de un modo particular, sin embargo, todos los cristianos están capacitados para profetizar, y es posible que todos profeticen en una misma reunión, tal como podemos leer en 1 Corintios 14:24 y 31 (veremos esto en detalle más adelante, cuando exponga sobre 1 Corintios 14).

Otro punto a aclarar es que no todo lo que Dios revela a una persona es para ser declarada como profecía. Muchas veces Dios revela cosas que son particulares para el creyente (como vimos en “mensaje de conocimiento” y “mensaje de sabiduría”), la profecía se da cuando Dios revela algo que desea que sea dado a conocer a otras personas. Esta profecía puede ser particular (hacia una persona especial) o general (hacia todos los presentes) y la manera de comunicarla puede ser muy variada dependiendo de la situación.

Algo muy importante a tener en cuenta es que una profecía jamás puede contradecir al mensaje de las Escrituras, ni ir en contra de la naturaleza de amor de Dios, por eso deberemos tener cuidado de no tomar a la ligera cualquier palabra o predicación como profecía de Dios, sino evaluar si realmente proviene de Dios y pedir a Dios la confirmación si es que hemos oído alguna profecía de parte de alguien. Veamos la advertencia de Dios a Jeremías:

Jeremías 23:1-4, 10-32
(1) ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!  dice Jehová.
(2)  Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová.
(3) Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán.
(4) Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová.

(10)  Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta.
(11) Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová.
(12) Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová.
(13) En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel.
(14) Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra.
(15) Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra.
(16) Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová.
(17) Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros.
(18) Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra,  y la oyó?
(19) He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que está preparada caerá sobre la cabeza de los malos.
(20) No se apartará el furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón; en los postreros días lo entenderéis cumplidamente.
(21) No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban.
(22) Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras.
(23) ¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos?
(24) ¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea?  ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?
(25) Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé.
(26) ¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?
(27) ¿No piensan cómo hacen que mi pueblo se olvide de mi nombre con sus sueños que cada uno cuenta a su compañero, al modo que sus padres se olvidaron de mi nombre por Baal?
(28) El profeta que tuviere un sueño, cuente el sueño; y aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera. ¿Qué tiene que ver la paja con el trigo? dice Jehová.
(29) ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?
(30) Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano.
(31) Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho.
(32) He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová.

Aquí tenemos una severa advertencia de Dios a no proferir palabras de Su parte cuando no lo son. En este caso el pueblo de Israel estaba andando en maldad y estos falsos profetas declaraban “paz” de parte de Dios, mientras que Dios no estaba en paz con ellos a causa de su maldad. Por esta causa, dice Dios, que estaban teniendo escasez y sequía. El verdadero profeta debía corregir al pueblo de su error, pero estos falsos profetas los alentaban a seguir tal como estaban, por lo que Dios les declara que vendría el mal sobre ellos a causa de sus acciones. Por eso, como cristianos, debemos orar a Dios y asegurarnos de estar haciendo Su voluntad cuando decimos: “Dios me dijo que te dijera” o “tengo una palabra de Dios para ti” y también debemos evaluar las “profecías” de otros, esto lo hacemos con las Escrituras y con oración a Dios.

En 1 Corintios 14:29 leemos: “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”, esto quiere decir que quizá no todas las profecías de una reunión de cristianos sean realmente reveladas por Dios y los que están presente deberán “juzgar” si la profecía es correcta. Debido a que somos seres humanos imperfectos a veces sucede que Dios nos revela algo para transmitir a otros y esto lo transmitimos mezclado con nuestras propias palabras, entonces, no todo lo que hablamos es profético y transmitimos una mezcla de verdad y error en lo dicho, por eso, otros cristianos maduros pueden “juzgar” lo expuesto y separar lo que es de Dios de lo que no.

Muchas veces también sucede que profetizamos sin enterarnos que lo estamos haciendo. A veces estamos hablando a una persona sobre Dios, quizá para enseñar, quizá para dar aliento o consuelo, y suele pasar que en medio de lo que estamos hablando Dios nos da las palabras exactas para transmitir a esa persona. En esos momentos estaremos dando una palabra profética en medio de nuestra charla, y quizá ni nosotros ni el o los que escuchan se den cuenta que hubo una profecía, pero el beneficio de ésta estará allí. Las personas tendemos a categorizar las cosas y así separamos en forma ordenada las manifestaciones de poder de Dios y armamos ciertas “fórmulas” para operar tal o cual manifestación del espíritu santo. Entonces decimos: “la profecía es esto y se opera así, las sanidades son esto y se operan así, etc.”, sin embargo, Dios muchas veces actúa a través nuestro fuera del marco de lo convencional, porque Dios no necesita estructuras para actuar, sino un corazón de amor a Él dispuesto a edificar a otros, y con la profecía suele suceder que Dios nos da las palabras justas en medio de una conversación “normal”. A veces podemos darnos cuenta de que lo que dijimos fue de parte de Dios a causa del efecto que tiene sobre otra persona. Quizá dijimos justo aquella palabra que tocó el corazón de una persona para creer y ser sanada físicamente o emocionalmente, o que le inspiró una nueva fe en Dios, o que la edificó de algún modo u otro en su relación con Dios. La profecía no necesariamente son palabras “nuevas”, a veces consiste tan sólo en referir un versículo bíblico, o una promesa de Dios que viene a nuestras mentes, siempre que sea de parte de Dios para ser transmitido a otros podemos considerarlo como “profecía”.

Discernimiento de espíritus:


El “discernimiento” es la habilidad para discernir, diferenciar, evaluar y decidir. Por lo tanto, el discernimiento de espíritus sería una habilidad dada por Dios, por medio del don de espíritu santo, con la cual podemos discernir o diferenciar distintos espíritus que hay en una persona, animal (Marcos 5:13), o en el ambiente. Esta habilidad frecuentemente está acompañada con alguna instrucción de Dios sobre cómo actuar en tal situación, a veces Dios puede darnos la instrucción de echar fuera un espíritu demoníaco, produciéndose así un milagro y una sanidad. No siempre estará disponible echar fuera un espíritu maligno de una persona, muchas veces el discernimiento de espíritus nos sirve para alejarnos de una persona, o evitar ser engañados por ésta (por ejemplo, si es un falso predicador o falso profeta de la Palabra que tiene un demonio dentro). Por medio del discernimiento de espíritus Dios también puede avisarnos si una persona tiene espíritu santo o no, para que luego sepamos cómo conducirnos con esa persona.

Esta manifestación podemos verla constantemente evidenciada en la vida de Jesús, y también la vemos operada en los apóstoles, a través del libro de Hechos.

Mateo 8:16
Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;

Mateo 10:1
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.

Hechos 5:16
Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados.

Hechos 8:7
Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados;

En estos pasajes podemos ver cómo Jesús anduvo con poder para echar fuera espíritus demoníacos y cómo delegó autoridad para hacerlo, tanto durante su vida en la Tierra como también luego de su ascensión. El poder de Dios no ha disminuido, y la autoridad de Cristo para administrar ese poder no ha variado, así que, como miembros de Su Cuerpo, tenemos la capacidad potencial de echar fuera toda clase de espíritus inmundos (malignos) y luchar contra las huestes espirituales de maldad (Ef. 6:12), sin embargo, siempre debemos recordar que este poder sólo se manifestará en la medida que lo operemos conforme a la voluntad de nuestro Señor, el poder no es nuestro, sino de Dios por medio de Cristo, por lo tanto, siempre será Cristo quien nos señale qué hacer y cómo hacerlo. Como hemos visto en el relato de Hechos 19:13-16, puede ser peligroso actuar sin el aval e instrucción de Cristo.

Clases de lenguas:


“Clases de lenguas” son la palabras griegas genos glossa, que significa “variedad de lenguas”, “géneros de lengas” o “clases de lenguas”. Normalmente nos referimos a esta manifestación como “hablar en lenguas”, y en un aspecto más técnico es llamada “glosolalia”.

La palabra “lengua” (glossa) primordialmente denota la lengua como miembro físico del cuerpo, pero en sentido figurado se usa denotando un lenguaje o dialecto (tal como solemos hablar hoy nosotros). Así que, más correctamente podríamos decir que se trata de “clases de lenguajes”. La evidencia bíblica nos muestra que estos “lenguajes” no hacen referencia a una habilidad para hablar en varios lenguajes extranjeros (esto también lo hacen personas sin espíritu santo, normalmente denominados “políglotas”), sino que se trata de un lenguaje dado por Dios que no es comprendido por la persona que habla. A veces este lenguaje puede ser algún lenguaje humano y otras veces no, pero el que habla jamás entiende ese lenguaje.

El hablar en lenguas es una manifestación del espíritu santo que no se menciona en el Antiguo Testamento, jamás veremos que algún creyente del AT haya hablado en lenguas, esta manifestación es una nueva manifestación para esta nueva era cristiana, esta manifestación es el resultado de los logros de Jesucristo en la Cruz. Luego de resucitar, y antes de ascender, Jesús dijo a sus discípulos:

Marcos 16:15-17
(15) Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
(16) El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
(17) Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;

Entre otras cosas, Jesús prometió que quienes creyeran en él hablarían nuevas lenguas. Aquí la palabra para “nuevas” es en griego kainos, que significa “nuevo en una calidad superior”. Esta palabra griega nos indica que estos lenguajes no necesariamente serían nuevos en cuanto a su pronunciación, pero sí en cuanto a su calidad, y ahora veremos por qué.

Hechos 2:1-3
(1) Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
(3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Este es un relato de lo que sucedió el día de Pentecostés, luego de que Jesucristo ascendiera a la diestra de Dios. Un fuerte viento sopló en el lugar donde estaban, y ellos vieron lenguas repartidas “como de fuego”. Hay que notar que no eran “lenguas de fuego”, sino que eran “como fuego”. Es muy probable que esta haya sido una visión de Dios para confirmarles que el día tan esperado había llegado. Todas estas señales les indicaba a ellos que el día tan esperado había llegado, Dios había exaltado a Jesucristo, dándole toda autoridad y poder y señorío y dándole un nombre sobre todo nombre (Fil. 2:9-11; Ef. 1:21, 22) y a través de Él comenzaba con una nueva era para el ser humano, en el que cada cristiano podría pasar a formar un Cuerpo en Cristo y ser lleno de Su poder y autoridad, en una estrecha conexión con Él. Los discípulos sabían que esto era inminente, y sólo debían esperar, este evento fue la clara señal de que ese día prometido había llegado ¡y no se tardaron en comenzar a manifestar el poder de Dios por medio de Cristo!

Hechos 2:4
Y fueron todos llenos del Espíritu Santo [según el texto es “espíritu santo”, sin artículo, refiriéndose al don de Dios],  y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu [Cristo] les daba que hablasen.

Este versículo es la clave para comprender el hablar en lenguas. Este versículo no ha sido correctamente comprendido al no entender que Cristo muchas veces es llamado “el Espíritu” desde Hechos hasta Apocalipsis (ver el capítulo “Jesús: El Espíritu”). Lo que este versículo nos está diciendo es que ellos, luego de recibir el don de espíritu santo comenzaron a hablar en lenguas según El Espíritu les daba que hablasen, o sea, según lo que Jesús les daba que hablasen.

De aquí podemos deducir varias cosas. En primer lugar, que sólo es posible hablar en lenguas teniendo el don de espíritu santo. El lenguaje hablado es dado por Cristo, por medio del don de espíritu santo. El don de espíritu santo nos conecta con Cristo para que Él pueda operar el poder de Dios a través nuestro.

También podemos entender por qué los creyentes de tiempos anteriores no podían hablar en lenguas. Si las palabras las da Cristo, no es posible que esta manifestación sucediera antes de que Él fuera ascendido y conectado espiritualmente con el creyente. Pero ahora, por la conexión que tenemos con Cristo, ¡Él puede hablar a través nuestro!

Hechos 2:5-11
(5) Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.
(6) Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua.
(7) Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
(8) ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?
(9) Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia,
(10) en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes,  tanto judíos como prosélitos,
(11) cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

Lo que vemos aquí es que al hablar en lenguas los discípulos estaban hablando “las maravillas de Dios”. Aquí podemos ver que las “lenguas”, los lenguajes que Cristo estaba inspirando en ellos no eran “nuevos” en cuanto a fonética, pronunciación o gramática, porque otros las entendían, pero eran nuevas en calidad, porque transmitían las “maravillas de Dios”, ¡Es Cristo hablando a la gente a través de los creyentes!

Hechos 2:12-13
(12) Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?
(13) Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

Uno podría preguntarse ¿cómo es que todos oyeron a los discípulos hablar en sus propios dialectos y éstos hombres no? Algunos postulan que los discípulos hablaron en cierta lengua y que luego Dios dio la “interpretación” en la mente de los oyentes, de modo que los oyeran en su propio idioma. Sin embargo esta explicación contiene un gran problema, que para que Dios hiciera esto todos los oyentes debían haber tenido espíritu santo, sin embargo muchos eran incrédulos que se arrepintieron luego del discurso de Pedro. La explicación más probable es la dada en el comentario de John Wesley y el de Mathew Henry, que dicen que estos hombre probablemente eran judíos nativos que no hablaban otra lengua más que la propia (hebreo), por eso es que los apóstoles dirigen a ellos su discurso (que no podían escuchar las “maravillas de Dios” hablada en otros dialectos).

Algunos utilizan este relato y enseñan que el hablar en lenguas es una manifestación dada para la predicación y evangelización a pueblos extranjeros, sin embargo, no hay sustento bíblico para esto. Este es el único caso de hablar en lenguas en que se relata que los presentes entendían lo dicho. Si el hablar en lenguas fuera para evangelizar Dios claramente habría dicho “evangelicen a los extranjeros hablando en lenguas”, pero esto no se encuentra en la Biblia. Seguiremos estudiando para comprender mejor esta manifestación.

Hechos 19:1-6
(1) Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores,  vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos,
(2) les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo.
(3) Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.
(4) Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.
(5) Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
(6) Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

En este caso vemos que quienes pasaron predicando en Efeso sólo conocían el bautismo de arrepentimiento que predicaba Juan el bautista, por lo tanto, no sabían sobre la autoridad y poder de Cristo ascendido y no habían recibido el don de espíritu santo, de hecho, ni siquiera habían oído sobre este don. Luego de que Pablo expusiera mejor el evangelio de salvación a estos hombres ellos aceptaron a Cristo como Señor y recibieron el don de espíritu santo, habiendo recibido el don comenzaron a profetizar y a hablar en lenguas. Como vemos, ninguna indicación hay de que este hablar en lenguas haya sido para evangelizar a nadie, ni tampoco se dice que alguien entendiera lo hablado. En los siguientes versículos veremos qué es en verdad el hablar en lenguas y para qué sirve.

En capítulos posteriores veremos en detalle 1 Corintios 14, pero ahora haremos un repaso de algunos versículos que nos instruyen sobre el hablar en lenguas.

1 Corintios 14:1-2
(1) Seguid el amor; y procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis.
(2) Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.

Donde dice: “nadie le entiende” debiera decir: “nadie entiende”. Ya hemos visto que hay ocasiones en que quien escucha sí entiende lo dicho en lenguas, este versículo en realidad señala que “nadie que habla entiende”, o sea, que el que está hablando en lenguas jamás entiende qué es lo que está hablando. “El Espíritu” aquí no tiene artículo en el griego y se refiere al don de espíritu santo del creyente. Además, la palabra “misterios” podemos traducirla, más correctamente, como “secretos espirituales”. Lo que este versículo nos está transmitiendo es que quien habla en lenguas no habla a hombres sino a Dios, por lo tanto, hablar en lenguas entraría en categoría de alabanza o de oración, no es predicación o enseñanza. Cuando uno habla en lenguas está hablando secretos espirituales con Dios mediante el don de espíritu santo. Ya habíamos visto que las palabras las da Jesús, así que, uniendo cabos tenemos que el hablar en lenguas son palabras dadas por Cristo y dirigidas a Dios ¡Es Cristo hablando a Dios a través nuestro!

1 Corintios 14:4-5
(4) El que habla en lengua extraña,  a sí mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia.
(5) Así que, quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas…

La palabra “extraña” del versículo 4 no está en el griego, el versículo nos dice que el que habla en lenguas se edifica a sí mismo, y por esto Pablo dice que quiere que todos hablen en lenguas. Recordemos que Pablo escribe por inspiración de Dios, así que es Dios mismo quien desea que todos los cristianos hablen en lenguas. Esto quiere decir que hablar en lenguas está disponible para todo creyente cristiano, pero no todos hablan en lenguas, porque no todos creen para hacerlo.

Dios jamás va a forzar a alguien a creer o a hacer algo que no quiere hacer. En 1 Timoteo 2:4 leemos que Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, pero no todos los hombres son salvos y no todos conocen Su verdad ¿por qué? Porque Dios no fuerza a las personas a hacer lo que Él quiere. La persona que se salva es porque acepta Su salvación, la persona que viene al conocimiento de Su verdad es porque desea conocer Su verdad y se esfuerza por conocerla, del mismo modo, la persona que habla en lenguas es aquella que desea corresponder el deseo de Dios y cree para hablar en lenguas.

1 Corintios 14:14-15
(14) Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.
(15) ¿Qué,  pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento.

En el 14 la palabra “desconocida” no está en el texto griego. Estos versículos nuevamente nos muestran que al orar en espíritu estamos orando con el espíritu, pero no entendemos lo que oramos. Aquí tenemos información adicional: podemos cantar con el espíritu, o sea, ¡cantar en lenguas! Esto sería Cristo cantando a Dios a través nuestro.

1 Corintios 14:16-17
(16) Porque si bendices sólo con el espíritu, el que ocupa lugar de simple oyente, ¿cómo dirá el Amén a tu acción de gracias? pues no sabe lo que has dicho.
(17) Porque tú, a la verdad, bien das gracias; pero el otro no es edificado.

Aquí vemos que a través del hablar en lenguas también bendecimos a Dios y damos gracias bien a Dios. Por eso el apóstol Pablo luego dice:

Mucho se ha polemizado sobre el hablar en lenguas y su validez en estos días, la Biblia nos dice que Dios quiere que todos hablan en lenguas, Pablo incluso dijo a los cristianos que no impidan el hablar en lenguas (1 Corintios 14:39) y alentó a hablar en lenguas con su ejemplo (1 Corintios 14:18). Cristo es el mismo hoy y Dios sigue necesitando nuestras oraciones y alabanzas, por lo cual, hoy esta manifestación es tanto o más necesaria que en el tiempo de los apóstoles.

Entonces, podemos resumir que al hablar en lenguas estamos hablando palabras procedente de Cristo y dirigidas a Dios, las cuales conforman una oración, alabanza o bendición a Dios y que edifican internamente al creyente que está operando esta manifestación. En casos particulares estas lenguas pueden ser lenguajes humanos actuales que son entendidos por alguna persona presente, pero quien habla jamás entiende qué es lo que está hablando. Dios desea que todos hablen en lenguas, por tanto, todos tienen la habilidad para hacerlo, sólo necesitan la instrucción y la fe necesaria para hacerlo.

Si bien en algunos casos Dios ha dado un “impulso” a las personas para hablar en lenguas (como en el día de Pentecostés), en nuestra experiencia práctica vemos que normalmente esta manifestación debe ser iniciada por el cristiano en una respuesta de fe al deseo de Dios de que hablemos en lenguas. La Biblia nos dice que Dios jamás da piedra por pan (Mateo 7:9), así que, si estamos buscando a Dios y creyendo en Cristo, no debemos temer de recibir una falsa manifestación de parte de Dios, siempre que estemos buscando hacer las cosas conforme a Su voluntad, transmitida en Su Palabra.

Debo advertir que he visto (y oído) cristianos que creen estar hablando en lenguas y sólo hacen zumbidos, balbuceos o repiten una sílaba una y otra vez. Esto no es hablar en lenguas, ya que el hablar en lenguas conforma un lenguaje desarrollado y no es un simple “bla bla”. A veces este lenguaje comienza con unas pocas palabras, y suena raro al oído, porque es un lenguaje que no conocemos y que jamás hemos hablado, pero al hablar podemos reconocerlo como un lenguaje y no como balbuceo.

Si están deseando hablar en lenguas, oren a Dios por ayuda e inspiración y ¡hablen! Si en verdad comprenden cuán bendito es este nuevo lenguaje el deseo de hablar en lenguas será tan grande que lo difícil será mantenerse callados. El más grande freno para hablar en lenguas suele ser el miedo, especialmente el miedo a estar haciendo algo contrario a Dios. Pero como he dicho, Dios no da piedra a quien le pide pan, y no se va a enojar si nos equivocamos al pronunciar las palabras. La confianza en el amor del Padre debe ser suficiente para que nos animemos a hablar en lenguas, sabiendo que Dios podrá bendecirnos y edificarnos de un modo especial a través de esta manifestación.

En cuanto a las demás manifestaciones que hemos visto, hemos visto que son operadas por los cristianos conforme Dios las energice, por lo tanto, a veces está disponible manifestarla y otras veces no. Pero en el caso del hablar en lenguas, hemos visto que Dios desea que todos hablen en lenguas y, por lo dicho en 1 Corintios 14:14-17 podemos ver que cada uno decide cuándo hablar en lenguas. Así como decidimos cuándo orar con nuestro entendimiento, también decidimos cuándo orar con el espíritu, Cristo estará siempre allí, dando las palabras, cada vez que comencemos a hablar. Teniendo todo esto en mente, recuerden que hablar en lenguas es un acto de creencia, es una respuesta al deseo y promesa de Dios, así que somos nosotros quienes debemos comenzar a hablar y quienes decidimos cuándo parar, el poder es de Dios, Cristo da las palabras, pero nosotros tomamos la decisión de pronunciarlas.

Interpretación de lenguas:


Esta es la última manifestación de la lista. La palabra griega que se traduce “interpretación” es hermeneia, que se usa sólo en 1 Corintios 12:10 y en el 14:26. Su significado, como es enunciado en el léxico de Frieberg, es “La habilidad de hacer inteligibles palabras que de otro modo no serían entendidas”. La interpretación de lenguas consiste en dar a conocer el mensaje de aquello que se ha dicho mediante el hablar en lenguas, no se trata de una traducción exacta de lo dicho, sino que es una declaración de la esencia de lo dicho en el hablar en lenguas. Al estudiar 1 Corintios 14 veremos en más detalles cómo se opera esta manifestación en una reunión de cristianos.

Hasta aquí he intentado describir cada una de las manifestaciones del espíritu santo. En próximos capítulos analizaremos cómo es que Dios desea que estas manifestaciones sean utilizadas en una reunión de cristianos, para mantener un orden y que todos reciban el máximo provecho y edificación de cada reunión.


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2 comentarios :

  1. Con respecto a hablar lenguas, hay muchos estudios que se refieren a que significa "lenguas conocidas ,idiomas", y podría tener sentido si se tratara de algo que nadie pudiera reproducir fácilmente, e escuchado varias especulaciones donde se afirma que estas supuestas lenguas provienen de Dios o del diablo, yo digo; muéstrenme algo que nadie mas pueda reproducir sin mayor esfuerzo y les diré que vienen de alguno de esos lados

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    1. Hola Juan, nuevamente, perdón por la demora en responder, no me estaban llegando las notificaciones de comentarios en el blog.

      La Biblia en ningún momento dice que las lenguas provenientes de Dios no puedan ser copiadas y reproducidas sin esfuerzo. Todo lo que escuchamos decir a otros, si lo grabamos y lo practicamos, podemos al final copiarlo y reproducirlo. De hecho, con sólo dar unos clics en Youtube se pueden ver que hay gente que imita a cantantes, pájaros, animales, guitarra eléctrica, saxofón, baterías y muchas cosas más con su voz. Todo lo que una persona puede hacer con la voz, sin duda otra podrá reproducirla si lo practica lo suficiente.

      Pero lo que no puede reproducirse es lo que sucede espiritualmente al hablar en lenguas. Particularmente, muchas veces mientras hablo en lenguas Dios literalmente me va liberando de presión en la mente, malestares físicos o, en ocasiones, dandome paz, sabiduría, calma, aliento, o lo que necesite en el momento. Otras veces no siento nada en particular, porque quizá la oración no esté dirigida a una necesidad particular mía. Estas cosas no son transferibles, o sea, yo no puedo transferirle mis sensaciones a otras personas, sólo contarles mi experiencia y cada uno verá si me cree o no. Sin embargo, a lo que debemos creer es a las Escrituras y éstas claramente nos enseñan que Dios quiere que todos Sus hijos hablen en lenguas y, además, nos ha explicado para qué sirve este tipo de oración, como he intentado explicar a lo largo de este estudio.

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