El don de espíritu santo: poder de Dios para el creyente

En Honor a Su verdad
En Lucas 24 se relata que Jesús, luego de resucitar, se presentó a sus discípulos y les dio ciertas instrucciones. Llegando al versículo 49 leemos que Jesús dijo:

Lucas 24:49
He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén,  hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

Aquí Jesús les dijo que debían quedarse en Jerusalén, esperando la promesa del Padre, que consistía en ser investidos (vestidos) con poder desde lo alto. Luego en Hechos leemos:

Hechos 1:1-4
(1) En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,
(2) hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo [no hay artículo griego, debe decir “espíritu santo”] a los apóstoles que había escogido;
(3) a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables,  apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.
(4) Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual,  les dijo, oísteis de mí.

Recordemos que el Lucas, Jesús dijo que la “promesa del Padre” consistía en ser vestidos con poder desde lo alto. Aquí, en Hechos, veremos más detalles sobre esta promesa:

Hechos 1:5
Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Más ajustado al texto griego este versículo leería: “porque Juan, ciertamente, bautizó de agua, pero ustedes en espíritu santo serán bautizados…” Entonces, uniendo el pasaje en Lucas y éste, tenemos que ser “vestidos con poder desde lo alto” conforma la misma promesa que “ser bautizados en espíritu santo”.

Seguimos leyendo:

Hechos 1:6-8
(6) Entonces los que se habían reunido le preguntaron,  diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?
(7) Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;
(8) pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo [el texto lee “el Santo Espíritu”], y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

En el versículo 8 leemos que Jesús dijo que recibirían “poder” cuando viniera sobre ellos el Santo Espíritu (Dios). Lo que Jesús estaba declarando es que Dios mismo iba a venir sobre ellos al vestirlos con Su don de espíritu santo, y esto les daría poder para testificar a favor de Dios. A veces pueden parecer confusos los usos de “espíritu santo” como don y de “Espíritu Santo”, en referencia a Dios, esto se debe a que el espíritu santo es algo que nos conecta directamente con Dios, entonces, Dios se mantiene siempre en contacto con Su don y, por consiguiente, con el que lo posee.

Una de las mejores maneras que he encontrado para ejemplificar qué es espíritu santo y cómo actúa es haciendo la comparación con nuestra red eléctrica. Nosotros obtenemos energía eléctrica a través de ciertos terminales eléctricos que hay tenemos en las paredes de nuestras casas (los tomas o enchufes). Distintos artefactos toman la energía necesaria para funcionar cuando los enchufamos allí. Sin embargo, la fuente de esa energía eléctrica no está en la casa en sí, sino en un generador central que posee la empresa que provee electricidad, ese generador está conectado a una serie de equipos que estabilizan y distribuyen la energía eléctrica y de allí van hacia los hogares (hablando en términos simplistas). Los terminales en las paredes de nuestras casas permanecen constantemente conectados a la red de distribución y por eso proveen constantemente de energía. Entonces, el espíritu santo que Dios da al creyente puede ser equiparado al terminal eléctrico de nuestra casa, de allí podemos obtener poder o energía para testificar sobre el amor de Dios al mundo, sin embargo, el poder no está en el espíritu santo en sí, sino en Dios, a Quien estamos conectados por medio del espíritu santo que nos dio. Este espíritu santo, como veremos más adelante, provee energía para operar distintas manifestaciones espirituales, pero la energía siempre proviene de Dios, que entrega Su poder a Jesucristo, quien a su vez lo distribuye entre los creyentes cristianos. Poco a poco iremos viendo toda la información bíblica al respecto.

Hechos 2:1-4
(1) Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
(3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
(4) Y fueron todos llenos del Espíritu Santo [no hay artículo en el griego, debe leerse “espíritu santo”], y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

Aquí vemos lo que sucedió el día en que llegó “la promesa del Padre”. Los versículos 2 y 3 nos muestran un fenómeno, algo que Dios hizo especialmente en ese día y ese lugar para que los discípulos pudieran conocer con total certeza que el día esperado había llegado. Después, el versículo 4 nos dice que todos fueron “llenos de espíritu santo” y comenzaron a hablar en otras lenguas. Lo que aquí podemos ver es que al recibir el espíritu santo ellos comenzaron a manifestar poder de Dios, en este caso a través del hablar en lenguas. Luego estudiaremos en más detalles que “el Espíritu” que les daba que hablasen era Jesús mismo, conectado con ellos a través del don: espíritu santo.

En Hechos 3 leemos:

Hechos 3:1-6
(1) Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
(2) Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.
(3) Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.
(4) Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.
(5) Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.
(6) Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret,  levántate y anda.

Aquí lo que es necesario entender es que el “nombre”, en la cultura oriental, representa la autoridad y poder de alguien. Hacer o demandar algo “en nombre de” alguien era hacerlo de parte de esa persona, con la autoridad o el mandato de esa persona. Pedro jamás pudo haberle dicho a este hombre que le daría algo “en nombre de Jesucristo” si Jesucristo mismo no hubiese dado la orden. Esto quiere decir que Pedro estaba en algún modo conectado con Jesús, para que Jesús pudiera transmitirle Su voluntad. La “conexión” entre Pedro y Jesús estaba establecida a través del don de espíritu santo.

Hechos 3:7-12
(7) Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;
(8) y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.
(9) Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.
(10) Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.
(11) Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.
(12) Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

Aquí está claro, no fue Pedro, ni algo en Pedro lo que hizo caminar al hombre. Si el espíritu santo en Pedro era un ser o entidad particular, o una fuente de poder dentro de Pedro, Pedro podría haber dicho “esto lo hice yo, con el poder que me dio Dios” o podría haber dicho “lo hizo el don de espíritu santo que me dio Dios”, pero Pedro aclaró que no fueron ellos los que sanaron al hombre:

Hechos 3:13-16
(13) El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.
(14) Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,
(15) y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
(16) Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

Pedro dijo que el hombre este había sido sanado por la “fe en su nombre”. Esto significa que Pedro tuvo fe en Jesús mismo, o sea, en la instrucción que Jesús le estaba dando, y fue Jesús mismo quien sanó al hombre. A su vez, cuando Jesús sana, lo hace operando el poder de Dios. Volviendo al ejemplo de la red eléctrica, Dios sería la fuente de energía o poder, Jesús la distribuye y el creyente la manifiesta en la Tierra.

Ya en su vida en la Tierra Jesús declaró que el Padre el había entregado todas las cosas:

Lucas 10:22
Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre…

Juan 3:35
El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano.

Y el apóstol Pablo confirmó que Dios, hoy en día, hace todo por medio de Jesucristo:

1 Corintios 8:5-6
(5) Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
(6) para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.

Aquí se dice que hay un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y hay un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas. En otras palabras: Dios es el origen o fuente de todo y Jesucristo el intermediario en toda actividad actual de Dios. Jesús, hoy en día, tiene toda autoridad y dominio y señorío, siendo el segundo después de Dios (Filipenses 2:9-11; Efesios 1:21), por lo tanto, tiene la capacidad de utilizar y operar todo el poder de Dios a su criterio. Esto es lo que veníamos diciendo de que Dios sería el “generador” de energía, Jesús el “distribuidor” de la energía y el espíritu santo nuestra “conexión de red”, de donde tomamos energía para operar el poder de Dios y manifestarlo en el mundo.









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1 comentario :

  1. Entonces por lo tanto por eso debemos alimentarnos con la Palabra de Dios para fortalecer al espíritu santo, y por consecuencia se manifiestan los frutos en nosotros, aquí en la tierra, para obras buenas hacia los demás.

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