El bautismo en espíritu santo

En Honor a Su verdad
Para comprender mejor qué es el don de espíritu santo, cómo se recibe y cómo se opera es fundamental conocer qué es el bautismo en espíritu santo y saber diferenciarlo del bautismo de agua que practicaba Juan el Bautista.

Ya habíamos visto que el ser bautizado en espíritu santo era equiparado, en la Biblia, con ser vestidos con poder desde lo alto. Veamos de nuevo los pasajes bíblicos:

Lucas 24:49
He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos (vestidos) de poder desde lo alto.

Hechos 1:5
Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

“Bautizó con agua” en el texto griego es “bautizó de agua” y “con el Espíritu Santo” debe leerse como “en espíritu santo”. La palabra “bautizar” es en griego baptizo, que tiene el sentido general de “sumergir” y es varias veces traducida como “lavar”, ya que cuando se lavaba algo se lo sumergía en agua. Por lo tanto, ser “bautizados en espíritu santo” tiene el sentido de ser “sumergidos” en espíritu santo (el don de Dios).

En el pasaje de Lucas 24:49 tenemos que la promesa del Padre era ser “investidos” de poder desde lo alto. La palabra “investidos” es la palabra griega enduo, que es la palabra común para “vestir”, con el sentido de “cubrir”. Entonces, la “promesa del Padre” consistía en ser cubiertos con poder desde lo alto (proveniente de Dios) y ser bautizados en espíritu santo.

Veamos la comparación que Dios hace entre el espíritu santo y el agua:

Juan 7:37-39
(37) En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
(38) El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva [viviente]
(39) Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.

En el versículo 39, donde dice “…pues aún no había venido el Espíritu Santo…”, según los textos griegos más confiables debiera decir “…pues aún no había espíritu…” Como ya hemos visto, Jesús es hoy el intermediario entre la conexión de Dios con el hombre. La conexión con Dios que hoy tenemos disponible por medio de Jesucristo no existía en los tiempos de Jesús en la Tierra, era necesario que él fuese glorificado para que Dios pudiera establecer la conexión con la humanidad que deseaba tener, la cual hoy en día tenemos disponible. En estos versículos Jesús estaba anticipando que luego de que él fuera glorificado, quien creyera en él recibiría espíritu santo, lo cual sería como “ríos de agua viviente”.

Cuando definimos “espíritu” habíamos dicho que su sentido original era “aire en movimiento”, y se define como una “fuerza invisible”. Aquí el espíritu es comparado con otro tipo de “fuerza” de la naturaleza: el agua de un río. Sabemos que los ríos básicamente son “agua en movimiento” este movimiento proveen de “fuerza” al río, fuerza que en muchos casos es aprovechada para generar electricidad por medio de represas hidroeléctricas.
En verdad, las realidades espirituales de Dios son invisibles y difíciles de explicar, por eso, Dios se ha valido de Sus creaciones visibles para poder explicar Sus creaciones invisibles, Él ha tenido que comparar las realidades invisibles, con realidades visibles que el hombre percibe para poder dar a entender el funcionamiento del mundo espiritual. En este caso ha usado al “agua” para que el hombre relacione al espíritu santo con “ríos” que corren en el interior del creyente cristiano.

En Lucas 3 leemos:

Lucas 3:1-3
(1) En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite,  y Lisanias tetrarca de Abilinia,
(2) y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
(3) Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados,

Aquí vemos que Dios envió a Juan el bautista a predicar el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. “Arrepentimiento” es en griego la palabra metanoia, que significa “cambio de mentalidad” e implica también un cambio en la conducta. Juan les estaba predicando de modo que cambiaran de mentalidad y de conducta y así fueran perdonados sus pecados.

Lucas 3:8
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos:  Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras.

Juan estaba hablando al pueblo de Israel, quienes eran del linaje de Abraham, a quien Dios le había hecho la promesa de redención. Juan les está diciendo, aquí, que no bastaba con ser del linaje de Abraham para ser salvos, debían hacer “frutos dignos de arrepentimiento”, o sea, debían demostrar, en sus conductas, que realmente habían cambiado de mentalidad y deseaban acercarse a Dios.

Lucas 3:9-10
(9) Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego.
(10) Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos?

Juan aquí les dice que si no demostraban, en sus frutos, que realmente tenían su corazón inclinado a hacer la voluntad de Dios, serían “cortados” y echados en el fuego. Esto significa que no serían parte del futuro reino perpetuo de Dios. Entonces las personas preguntaron ¿qué haremos? Ellos querían saber, en un modo práctico, cuáles eran los “frutos” que debían evidenciar para demostrar su arrepentimiento, su cambio de mentalidad. Juan responde:

Lucas 3:11-14
(11) Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.
(12) Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?
(13) El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.
(14) También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

Aquí Juan les instruye sobre qué hacer con sus conductas para demostrar que estaban cambiando de mentalidad y deseaban obtener el perdón de Dios.

Lucas 3:15-16
(15) Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo,
(16) respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua [“de agua” según el texto]; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo [no hay artículos en griego, debiera decir “espíritu santo”] y fuego.

Aquí Juan dice claramente que el bautismo de él era “de agua”, pero venía uno más poderoso que bautizaría en espíritu santo y fuego. La expresión “espíritu santo y fuego” conforman un figura literaria llamada endíadis, que consiste en usar dos sustantivos juntos en el que uno cumple la función de adjetivo. En este caso la expresión equivale a decir “espíritu santo de fuego”, con el sentido de “espíritu santo purificador”, ya que el fuego era utilizado para purificar toda impureza y quemar toda basura.

La palabra “pero”, donde dice “pero viene uno…” nos marca un contraste entre una cláusula de la oración y la otra. O sea, marca un contraste o diferencia entre el bautismo de agua y el que es en espíritu santo.[1] El bautismo de agua fue un bautismo simbólico, es una expresión externa del deseo de ser “lavados” internamente, sin embargo, este bautismo no tenía el poder purificador que tendría el bautismo en espíritu santo que haría disponible este hombre “más poderoso” (Jesús).

Muchas iglesias y denominaciones enseñan que hoy en día todavía es necesario bautizarse con agua para poder obtener el espíritu santo de Dios, pero esto no es lo que la Biblia nos muestra. La clave para comprender el bautismo de Juan está en los siguientes versículos:

Juan 1:19-23, 31
(19) Este es el testimonio de Juan [se refiere a Juan el Bautista], cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú,  quién eres?
(20) Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo.
(21) Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No.
(22) Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
(23) Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

(31)  Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.

Juan fue enviado a bautizar con el fin de enderezar el camino del Señor, él debía predicar el arrepentimiento como un preanuncio de la presencia de Cristo en la Tierra. Su bautismo de agua no tenía el propósito de ser un bautismo permanente que se siguiera practicando hasta estos días, su bautismo de agua era simbólico del bautismo que Jesús haría disponible: el bautismo en espíritu santo purificador. El bautismo de agua era un lavamiento físico que simbolizaba el deseo de la persona de ser lavada en su mente y acciones, sin embargo, el agua no podía lavar pecados, por eso ese bautismo era sólo simbólico, pero no contenía el poder para un verdadero lavamiento. Pero el espíritu santo que Dios daría por medio de Jesús, tendría la capacidad de verdaderamente lavar las mentes y corazones de las personas.

Hechos 2 nos relata el día en que llegó “la promesa del Padre” al mundo, nos relata sobre el día en que por primera vez el hombre recibió el don de espíritu santo.

Hechos 2:1-4
(1) Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
(3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
(4) Y fueron todos llenos del Espíritu Santo [no hay artículos griegos, debe decir “espíritu santo”], y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu [Jesús] les daba que hablasen.

Después de haber recibido el don de espíritu santo Pedro se levantó a hablar:

Hechos 2:14-18
(14) Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
(15) Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día.
(16) Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
(17) Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y vuestros ancianos soñarán sueños;
(18) Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días. Derramaré de mi Espíritu,  y profetizarán.

Aquí Pedro está citando un pasaje en el libro de Joel (Joel 2:28-32). En los tiempos antiguos, sólo algunos pocos hombres lograban recibir espíritu santo de Dios, pero este espíritu santo estaba destinado a hacer ciertas tareas específicas y era dado sólo a algunos hombres, no todos tenían disponible recibir el don de Dios de espíritu santo. José tuvo espíritu de Dios, con el que pudo interpretar los sueños de Dios y luego tener sabiduría para gobernar en Egipto (Génesis 4:38). En Éxodo 31:1-5 leemos que Bezalel fue lleno de espíritu de Dios para hacer trabajos artísticos con oro, plata, bronce, piedras preciosas, madera y para hacer toda clase de artesanías. En Números 11:25 setenta varones ancianos recibieron espíritu de Dios y profetizaron. Gedeón recibió espíritu de Dios para liderar la batalla que llevó al triunfo a Israel. Sansón recibió fuerza y habilidad de pelea sobrehumana a través del espíritu de Dios (Jueces 14:19). Como estos, hay muchos otros casos en que se muestran que Dios equipó con espíritu a algunas personas del Antiguo Testamento, sin embargo, Dios daba el espíritu a ciertas personas para ciertos trabajos y lo daba con ciertas condiciones, por lo que podían perderlo, y la acción de este espíritu era limitada.

Más adelante leemos:

Hechos 2:22-24
(22) Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;
(23) a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;
(24) al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.

Hechos 2:32-33
(32) A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
(33) Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo [el texto dice: “el Espíritu el Santo”, haciendo referencia a Dios], ha derramado esto que vosotros veis y oís.

El versículo 33 debiera leerse, más acorde al texto griego: “Por lo tanto, exaltado a la derecha de Dios, recibiendo la promesa del Espíritu Santo, delante del Padre ha derramado esto que ustedes están viendo y oyendo”.

Nuevamente vemos la acción intermediaria de Jesús entre Dios y los hombres. Jesús recibió la promesa de Dios (que era el don de espíritu santo, el poder desde lo alto) y delante de Dios lo derramó hacia los discípulos que habían creído. Otra vez: Dios es la Fuente, Jesús es el mediador, el “distribuidor”.

Hechos 2:36-38
(36) Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.
(37) Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos,  ¿qué haremos?
(38) Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo [to hagion pneuma, “El Santo Espíritu”, o sea, Dios].

Aquí Pedro les dijo a los oyentes que debían “arrepentirse”, o sea, cambiar de mentalidad y bautizarse en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados. Las palabras “en el nombre” son en griego las palabras epi to onoma”, literalmente se traduciría “sobre el nombre”. Esta expresión es frecuente para indicar que algo se hace con la autoridad delegada de alguien. En otras palabras Pedro estaba diciendo, “de parte de Jesucristo les estoy diciendo que se bauticen para perdón de pecados”. Hasta ese momento Pedro sólo había conocido el bautismo de agua, sin embargo, él sabía que el bautismo simbolizaba un deseo de la persona de ser “lavado” de los pecados. Pedro aún no sabía cuál era el alcance del poder y acción del espíritu santo, pero Jesús le estaba diciendo que si ellos cambiaban su mentalidad, recibiendo a Jesús en sus vidas, recibirían el don del Santo Espíritu, o sea, el don proveniente de Dios.

Seguiremos viendo los pasajes del libro de Hechos que se refieren al bautismo, metiéndonos en algunos tecnicismos que servirán para aclarar el entendimiento, en áreas en que la Biblia ha sido mal traducida y, por consiguiente, malinterpretada. Iremos viendo que, si bien el bautismo de agua se siguió practicando después del recibimiento del don de espíritu santo, esto se debió a la costumbre previa de bautizar en agua, que luego fue siendo corregida y correctamente encaminada.

Hechos 8:36-39
(36) Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?
(37) Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.
(38) Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.
(39) Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.

Algunos usan este pasaje para argumentar que el bautismo de agua aún es necesario y es un requisito de parte de Dios, sin embargo, hay que entender que la costumbre hasta el momento era la de bautizar en agua como simbolismo del arrepentimiento de corazón. Felipe no quiso obstruir el deseo del eunuco de bautizarse en agua, sin embargo, no fue él quien se lo requirió específicamente, sólo le advirtió que el bautismo serviría si él creía de todo corazón.


Hechos 9:17-18
(17) Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo [sin artículo griego, es “espíritu santo”].
(18) Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.

En el versículo 17 Ananías dijo a Pablo que el Señor lo había enviado para que Pablo reciba la vista y sea lleno de espíritu santo. Consecuentemente, en el siguiente versículo tenemos que luego de recibir la vista Pablo fue bautizado. No dice con qué fue bautizado, pero si seguimos la lógica del versículo 17, podemos suponer que fue bautizado en espíritu santo y no en agua.

Más adelante, Pablo relata su conversión y nos añade información:

Hechos 22:12-16
(12) Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,
(13) vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.
(14) Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.
(15) Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.
(16) Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

El bautismo de Pablo consistió en “invocar” su nombre, no en lavarse en agua. El agua no iba a lavar los pecados de Pablo, pero sí el nombre, la autoridad y poder del Señor Jesucristo.

Luego tenemos otro pasaje en el que pareciera darse validez al bautismo de agua. En este pasaje, Pedro había ido a hablar sobre la salvación de Dios a Cornelio y su casa, por mandato del Señor, Pedro estaba hablando y pasó lo siguiente:

Hechos 10:44
Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo [to pneuma to hagion, se refiere a Dios] cayó sobre todos los que oían el discurso.

Aquí la palabra “cayó” es la palabra griega epipipto, que tiene el sentido más bien de “arrojarse” que de “caer”. Esta palabra la tenemos en Marcos 3:10, que dice que muchos enfermos le “caían” sobre Jesús, también se usa en Hechos 20:10, traducida “se echó” y en el 20:37, donde ciertos creyentes “se echaron” sobre el cuello de Pablo. El sentido no es el de “caer” sino de “echarse sobre” o “arrojarse sobre”. Pero ¿Qué significa que “el Espíritu Santo [Dios] se echó sobre todos…” Un pasaje muy conocido de Lucas nos dará claridad sobre este hecho, Jesús refirió la siguiente parábola:

Lucas 15:11-20
(11) También dijo: Un hombre tenía dos hijos;
(12) y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes.
(13) No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
(14) Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle.
(15) Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos.
(16) Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.
(17) Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
(18) Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.
(19) Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
(20) Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia,  y corrió, y se echó [epipipto] sobre su cuello, y le besó.

La parábola representa el amor de Dios para con aquellos que se han desviado y desean volver a Él. Es tal el deseo de Dios de reconciliarse con los hombres que él “se echa” sobre aquellos que deciden volver a Él. Volvamos a leer el pasaje en Hechos, con esto en mente:

Hechos 10:44
Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo [to pneuma to hagion, se refiere a Dios] cayó [“se echó”] sobre todos los que oían el discurso.

Pedro aún estaba hablando y, evidentemente, ellos estaban aceptando Sus palabras y “acercándose” a Dios en sus mentes y sus corazones. Al ver esta actitud, Dios “se echó” sobre ellos, se abrazó a ellos, les hizo sentir Su presencia, Su calor, esto es lo que significa que “el Espíritu Santo se echó sobre ellos”.

Hechos 10:45-46
(45)Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo [to hagion pneuma, “El Santo Espíritu”, o sea, Dios].
(46) Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.

En el 45 “don del Santo Espíritu” se refiere al don proveniente de Dios. Dios “se echó” sobre ellos por medio del don que les estaba dando. Como dijimos, el don “espíritu santo” es aquello que nos conecta con el Donador: Dios (quien es “Espíritu Santo”). Al darles Su don, Dios les hizo sentir Su amor, Su presencia, Su recibimiento. A su vez, ellos inmediatamente comenzaron a hablar en lenguas, magnificando a Dios a través de esta manifestación. Esto fue lo que hizo que los apóstoles comprendieran que estas personas habían recibido el don de Dios del mismo modo que ellos previamente.

Hechos 10:47-48
(47) Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?
(48) Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días.

Aquí, nuevamente pareciera ser que se hace importante el bautismo de agua para una persona cristiana. Sin embargo, tengamos en mente que Dios no esperó a que estas personas fueran bautizadas en agua para “arrojarse” sobre ellos y darles Su espíritu. Lo que sucede es que los discípulos recién estaban comenzando a comprender estas nuevas realidades espirituales, y tenían una mezcla de las antiguas prácticas y las nuevas realidades. Es lógico pensar que hicieran estas cosas, ya que no era posible que Dios les revelara de golpe todo lo que necesitaban saber, sobre todo cuando había tanto por aprender y tanto por hacer. Sus entendimientos debían de a poco ir procesando las nuevas realidades, todo el libro de Hechos nos va relatando este cambio y avance doctrinal por el que fue pasando la iglesia del primer siglo, para llegar a comprender las nuevas realidades espirituales. Entonces, al leer aquí, Pedro sabía que Dios los había aceptado, pero quiso “asegurarse” bautizándolos en agua. Sin embargo no fue necesario el bautismo de agua para que ellos recibieran espíritu santo, y más adelante veremos que la Biblia claramente nos indica que el bautismo de agua ya no es necesario.

Hechos 19:1-6
(1) Aconteció que entre tanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, después de recorrer las regiones superiores, vino a Efeso, y hallando a ciertos discípulos,
(2) les dijo: ¿Recibisteis el Espíritu Santo [no hay artículos griegos, debe decir “espíritu santo”] cuando creísteis? Y ellos le dijeron: Ni siquiera hemos oído si hay Espíritu Santo [“espíritu santo”].
(3) Entonces dijo: ¿En qué, pues, fuisteis bautizados? Ellos dijeron: En el bautismo de Juan.
(4) Dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo.
(5) Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.
(6) Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo [to pneuma to hagion, “el Espíritu Santo”, se refiere a Dios]; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Aquí lo que vemos es que estas personas habían oído hablar del bautismo de arrepentimiento de Juan, y sólo habían experimentado un bautismo de agua. Cuando Pablo les expuso la doctrina presente correcta, ellos la aceptaron. Sin embargo, algo todavía los mantenía alejados de Dios, porque dice que luego de que Pablo les impusiera las manos “el Espíritu Santo” (o sea, Dios), vino sobre ellos (significando que Dios les hizo sentir Su presencia y poder).

Cuando vemos que se menciona la “imposición de manos” en la Biblia, se lo hace para indicar que se ora o se administra algo de parte de Dios a la persona, muy frecuentemente está asociado con la sanidad de una enfermedad o dolencia (Mt. 9:18; 19:13; Lc. 4:40; Hch. 28:8). Algo (quizá psicológico) los estaba frenando para poder recibir a Dios en sus vidas (hacer el cambio de mentalidad requerido) y por eso Pablo debió orar y ministrar de parte de Dios para que ellos recibiesen el don de Dios y Dios pudiese actuar a través de ellos. Cuando el problema fue solucionado, Dios vino sobre ellos (a través de Su don) y ellos hablaban en lengua y profetizaban.

Ahora bien, ya habíamos visto que “bautizarse” significa “sumergirse” en algo y tiene relación con un lavamiento. Habíamos dicho que el bautismo de agua era simbólico de un lavamiento de pecados, pero, en realidad, no lavaba los pecados. Otro lado, ser bautizados  en espíritu santo implica recibir el don de espíritu santo de Dios, que sí es capaz de realizar el “lavado” de pecados (veremos más de esto más adelante). Pero la pregunta que surge es ¿Qué es ser bautizados en el nombre de Jesús? ¿Significa que soy “sumergido” en su nombre? Veremos que aquí existe un problema de traducción al español, y veremos algunos versículos que nos darán mayor claridad en este asunto.

En principio, en el versículo 5, en donde leemos que “fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”, la palabra “en” es la preposición griega eis. Esta preposición puede traducirse de distintas formas según el contexto, pero tiene el sentido principal de un “movimiento hacia el interior de algo”, la forma primordial de traducirse es “hacia”. Literalmente ellos fueron bautizados hacia el hombre del Señor Jesús. Pero ¿Qué significa que fueron bautizados “hacia” su nombre? Bien, ya habíamos visto que el “nombre” bíblicamente representaba la autoridad, permiso o mandamiento dado por una persona. Si yo digo “vengo en nombre de tal persona” estaría diciendo que esa persona me dio el permiso o el mandato de ir y estoy actuando conforme a las instrucciones de esa persona. Veremos que ser bautizados “en el nombre de Jesús” significa aceptarlo como Señor e ir hacia él, esto será más claro al examinar el siguiente pasaje:

1 Corintios 10:1-4
(1) Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;
(2) y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,
(3) y todos comieron el mismo alimento espiritual,
(4) y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

En el versículo 2, donde dice “todos en Moisés fueron bautizados, en la nube y en el mar”, la primera preposición “en” es en griego eis, más correctamente debía traducirse “hacia”, las otras dos palabras que se traducen “en” son la preposición griega en, que significa “en” o “dentro de”, pero también puede traducirse “con”. O sea, el pasaje debiera decir “todos hacia Moisés fueron bautizados, en [o “con”] la nube y en [o “con”] el mar”. Cuando el pueblo israelita pasó en seco a través del mar rojo (Éxodo 13:14-29), ellos estaban siguiendo a Moisés, durante el trayecto, una nube de Dios iba delante de ellos guiándolos, pero esta nube pasó a estar detrás de ellos para impedir que los egipcios los hallaran. Por otro lado, ellos pasaron en seco en medio del mar, teniendo al mar por muro a su derecha y su izquierda (Éxodo 13:29). Lo notorio es que aquí dice que ellos fueron “bautizados en el mar” o “dentro del mar”, pero el agua jamás mojó un pelo de los israelitas. De hecho, quienes quedaron completamente sumergidos en el agua fueron los egipcios, y la Biblia no dice que ellos hayan sido “bautizados” en el mar.

Esto nos muestra que no es el contacto del agua con el cuerpo de la persona lo que tiene valor delante de Dios, sino la realidad espiritual que hay detrás. Ellos fueron bautizados “hacia” Moisés, porque estaban siguiendo a Moisés, ellos fueron bautizados “en la nube” y “en el mar” porque la nube y el mar los rodearon, y fue la manifestación de Dios de que ellos estaban aprobados ante sus ojos y serían salvos del Faraón y su ejército. El “bautismo” en la nube y el mar fue un acto de liberación y salvación de Dios. Del mismo modo, hoy en día, somos bautizados “hacia” Jesús, porque es a Jesús a quien debemos seguir, es a él a quien debemos aceptar como Señor de nuestras vidas y obedecerle, y cuando lo hacemos, somos bautizados “en” o “con” espíritu santo, que es un don de Dios que nos garantiza que hemos sido salvados de la perpetua muerte y destrucción.

1 Corintios 1:12-15
(12) Quiero decir,  que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
(13) ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en [griego eis, “hacia”] el nombre de Pablo?
(14) Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo,
(15) para que ninguno diga que fuisteis bautizados en [griego eis, “hacia”] mi nombre.

Aquí el apóstol Pablo estaba reprochando a los creyentes de la iglesia de Corinto porque estaban siguiendo a hombres en vez de seguir a Cristo. Unos decían “yo soy de Pablo”, otros “yo soy de Apolos”, en otras palabras, uno decía: “a mi me gusta como predica éste”, otro decía “no, porque aquél sabe más” y otros “no, éste realmente fue enviado por Cristo”. Entonces, Pablo les pregunta retóricamente: “¿Fueron bautizados hacia mi nombre?” o sea, “El bautismo en espíritu santo que experimentaron ¿lo experimentaron por seguirme a mí como Señor?” Pablo estaba queriendo mostrarles que ellos no recibieron las bendiciones espirituales de Dios por seguirlo a él, sino por haber aceptado a Cristo como Señor y, del mismo modo, no era a hombres que debían seguir, sino a Cristo.

Entonces, a través de estos pasajes podemos comprender que no es el contacto físico con el agua lo que es válido ante Dios, sino el deseo y actitud de corazón de querer seguir a Jesús como Señor de nuestras vidas. Un bautismo de agua sin la actitud de corazón correcta no proveerá de espíritu santo a una persona, un cambio de mentalidad para seguir a Cristo, es lo que Dios requiere para dar Su don de espíritu santo, y para esto no es necesario sumergirse en agua, como hemos visto que sucedió en casa de Cornelio. De hecho, la Biblia explícitamente nos dice, en Efesios 4:5, que sólo hay un bautismo, delante de Dios no hay dos bautismos: uno de agua y uno en espíritu santo, para con Dios el único bautismo válido es el que se hace con espíritu santo, cuando aceptamos a Cristo como Señor de nuestras vidas.




[1] Esta expresión, y el sentido del versículo 17 está explicado en detalle en mi estudio “Filipenses 2:13 – La acción de Dios en el creyente”.











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