Jesús: El “Espíritu”

En Honor a Su verdad
Antes de proseguir en el estudio acerca del don de espíritu santo y cómo actúa Dios por medio de éste, quiero que analicemos una expresión que muchos estudiosos y maestros cristianos han pasado por alto. Muchas veces en la Biblia se llama a Jesús “el Espíritu” y es necesario comprender esto para poder comprender muchos pasajes de las Escrituras. Confundir los usos de “espíritu” y “espíritu santo” puede traer mucha confusión doctrinal, y es por eso que, a través de todo este estudio, no sólo deseo comunicar los aspectos prácticos de nuestra conexión con Dios a través de Su don de espíritu santo, sino también los detalles bíblicos técnicos que ayudan al lector de la Biblia a comprender el mensaje de lo que está leyendo y a no confundir términos, que luego pueden llevar a un entendimiento doctrinal incorrecto y, consecuentemente, una práctica errónea. Muchas doctrinas erróneas han surgido de la confusión de los términos “espíritu”, con y sin artículos y “espíritu santo”, con y sin artículos.

Ya habíamos visto que to pneuma to hagion [“El Espíritu El Santo”] y to hagion pneuma [“El Santo Espíritu”] hacen siempre referencia a Dios y que pneuma hagion [“espíritu santo”], hace referencia al don dado por Dios. También habíamos visto que, si bien Dios es la “fuente” del poder, Jesucristo es el “distribuidor” de ese poder, es el “mediador” entre el creyente cristiano y Dios. Jesús jamás es llamado, en la Biblia, “Espíritu Santo”, sin embargo, repetidamente es llamado “El Espíritu” [to pneuma, siempre con el artículo griego] es muy importante comprender esto para comprender claramente muchos pasajes de las Escrituras.

En la visión que Juan recibió, registrada en el libro de Apocalipsis, Juan cuenta:

Apocalipsis 1:12-13
(12) Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,
(13) y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.

Juan lo sigue describiendo y luego dice:

Apocalipsis 1:17-19
(17) Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;
(18) y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
(19) Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.

Al decir “el que vivo y estuve muerto” queda claro que se trata de Jesús, ya que ningún otro ha muerto y ahora vive en forma espiritual. Luego Jesús le comunica a Juan qué es lo que debía escribir, y llegando al 2:11 leemos:

Apocalipsis 2:11
El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu [to pneuma] dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.

En este uso, claramente podemos ver que a Jesús se lo llama “el Espíritu”. Al ir estudiando distintos pasajes de la Biblia, podemos observar que muy frecuentemente Jesús (en su cuerpo resucitado) es llamado “el Espíritu”. Esto es porque al ser resucitado den entre los muertos Dios le ha dado un cuerpo espiritual, tiene carne y huesos (Lucas 24:39), pero tiene una clase de vida diferente a la nuestra, que es espiritual (probablemente sin sangre). Lamentablemente este nombre especial de Jesús no ha sido correctamente discernido por muchos teólogos, maestros y estudiantes bíblicos. Vean esto:

2 Corintios 3:17
Porque el Señor [hablando de Jesús] es el Espíritu [to pneuma]; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.

El pasaje leería más exactamente, conforme al griego “Porque el Señor es el Espíritu; quien recibe el Espíritu Señor tiene libertad. [Las palabras en letras itálicas no están en el griego son suplidas según el contexto].

Conforme a este versículo Jesucristo es “el Espíritu”, y es “el Espíritu Señor”. Los traductores erróneamente pusieron “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad”, pero el contexto explica que cuando una persona acepta a Cristo como Señor se quita el “velo” del corazón de esa persona y pasa a tener libertad para acceder a la presencia de Dios por medio de Cristo. Entonces, quien recibe a “el Espíritu Señor” obtiene libertad para acceder a la presencia de Dios. Pero lo importante para este estudio en ver que Jesús es “el Espíritu” y así se lo llama muchas veces en la Biblia.

Al examinar los pasajes en que Jesús es llamado “el Espíritu” vemos que siempre se lo hace cuando de algún modo está actuando como mediador entre Dios y los hombres a través del don de espíritu santo, dando a los hombres la capacidad de acceder al amor, la sabiduría y el poder de Dios y de operarlos y manifestarlos en el mundo. Esta visión nos dará mucha claridad en otros pasajes de la Escritura.

Por ejemplo veamos Hechos 2:

Hechos 2:1-4
(1) Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.
(2) Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;
(3) y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
(4) Y fueron todos llenos del Espíritu Santo [el texto tiene pneuma hagion, sin artículo, debe decir “espíritu santo”] y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu [to pneuma, se refiere a Jesucristo] les daba que hablasen.

Cuando los apóstoles comenzaron a hablar en lenguas, lo hicieron “según “el Espíritu” les daba que hablasen. Aquí “el Espíritu” no puede referirse al don de espíritu santo, porque el don de espíritu santo no tiene vida propia, es nuestra conexión con Dios por medio de Cristo. El que les daba las palabras para hablar en lenguas a los discípulos era Jesús mismo. Se lo llama “el Espíritu” porque se quiere señalar su actividad espiritual en los cristianos. Más adelante veremos en detalle la manifestación de hablar en lenguas, pero lo que vemos aquí es que cuando uno habla en lenguas ¡Jesús habla a través nuestro!

Hechos 8:26-29
(26) Un ángel del Señor habló a Felipe,  diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto.
(27) Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes,  el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar,
(28) volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.
(29) Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro.

En este caso vemos que “el Espíritu” dijo a Felipe. Nuevamente aquí Jesús utilizó su conexión espiritual con Felipe para hablarle a Felipe. Cuando Jesús se presenta en forma física generalmente se lo llama “Señor” o  “Jesús”, “Jesucristo”, “Cristo” o “Cristo Jesús” (en realidad cada uno de estos nombres enfatiza un atributo especial de Jesús), pero cuando se quiere marcar su acción en el interior de un creyente cristiano a través del don de espíritu santo se lo llama “el Espíritu”. En este pasaje Jesús trabajó con Felipe de dos maneras distintas: primero obró externamente, enviando un ángel a hablar a Felipe (v.26), luego obró internamente en Felipe haciéndole saber qué debía hacer. Es por eso que uno no debería limitar a Jesús, pidiéndole que actúe de tal o cual forma, o esperando que opere conforme a nuestras expectativas. Jesucristo es Señor de los cielos y puede actuar de incontables formas diferentes. Y una de las formas frecuentes en que Jesús actúa hoy en día en las vidas de todos los creyentes de todo el mundo es a través del don de espíritu santo en el creyente, obrando como “el Espíritu” que distribuye el poder de Dios.

Veamos cómo cobran sentido ciertos pasajes de la Escritura cuando los examinamos ante esta luz:

Romanos 8:15-16
(15) Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
(16) El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Estos dos versículos nos muestran que, por un lado, hemos recibido un espíritu de “adopción”, por medio del cual podemos clamar ¡Abba, Padre! “Abba es una palabra hebrea que significa ‘padre’” “Abba, Padre” literalmente significa “padre, padre”, en el texto la primera palabra está en hebreo y la segunda en griego. Es muy probable que esto se haya escrito así para enfatizar que tanto judíos (representados por la palabra hebrea) y los no-judíos (representados en la palabra griega) pueden clamar “¡Padre!” Entonces, el pasaje nos está diciendo que sin importar el grupo étnico, Dios da a todos la posibilidad de tener una relación padre-hijo con Él.

Entonces, el versículo 16 nos dice que “el Espíritu” mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Esto quiere decir que luego de pasar a ser hijos de Dios, Jesús mismo nos recuerda constantemente, en nuestro interior, que somos hijos de Dios. Y si Jesús mismo nos recuerda constantemente que somos hijos de Dios ¿quién podrá convencernos de lo contrario?

En Gálatas vemos el mismo concepto, en el capítulo 4:

Gálatas 4:4-6
(4) Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley,
(5) para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
(6) Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba,  Padre!

Este último versículo dice, en el texto, “Y, porque son hijos, envió Dios al Espíritu, o sea, su Hijo a vuestros corazones, el que clama: “Abba, Padre”.

El versículo 4 nos está señalando que Dios “envió a su Hijo” (en su vida carnal en la Tierra) para redimir a los que estaban bajo ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Luego de recibida esa “adopción”, Dios envía a Jesús (esta vez como “el Espíritu”) a nuestros corazones para que con el corazón clamemos “Abba Padre”. En nuestra debilidad humana, somos incapaces de comprender el gigantesco amor de Dios para hacernos hijos Suyos y solemos sentir que no somos dignos de estar cerca de él y tratarlo como nuestro Papá, entonces, como ya habíamos visto, Jesús, por medio del espíritu santo, nos recuerda cuánto nos ama Dios y nos recuerda que somos hijos de Dios y así podemos nuevamente clamar de corazón “¡Él es mi Papá!”.

Romanos 8:24-26
(24) Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve,  ¿a qué esperarlo?
(25) Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.
(26) Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

¡Fíjense eso! ¡Jesucristo nos ayuda en nuestra debilidad e intercede por nosotros con gemidos indecibles! Yo creo que este versículo ha sido mal interpretado y no se ha logrado comprender el verdadero sentido que transmite. Por un lado, muchos han interpretado que “el Espíritu” se refiere al don de espíritu santo, y enseñan que el espíritu dentro nuestro le “pide” a Dios por nuestras necesidades con “gemidos indecibles”. Sin embargo, otra es la realidad que transmite este pasaje.

En principio, la palabra “intercede” es la palabra griega huperentugchano, que significa, según la mayoría de los léxicos y diccionarios del griego “actuar a favor de alguien”, se usa sólo aquí en toda la Biblia. Por otro lado “gemidos indecibles” tiene el sentido de “gritos suplicantes que no se pueden expresar con palabras”. Entonces podríamos leer esta última frase como “…pero el Espíritu actúa a nuestro favor con gritos suplicantes que no se pueden expresar con palabras.”

¿Quiere decir esto que Jesús “ora” a Dios por nosotros? Algunos han propuesto esta interpretación, pero esta explicación no es totalmente satisfactoria para la lógica bíblica, porque si Jesús ora por nosotros ¿para qué necesitaríamos orar nosotros mismos? Si él está orando continuamente por nosotros ¿No deberíamos tener todas las necesidades suplidas? Y además ¿por qué llamarlo aquí “el Espíritu” si no hay conexión con nuestro don de espíritu santo?

Es por esto que, particularmente creo que este pasaje nos está expresando lo que Jesús hace dentro nuestro a través del don de espíritu santo. Nosotros somos seres humanos débiles e imperfectos y no sabemos cómo pedir correctamente, por eso Jesús actúa a favor nuestro diciéndonos qué debemos pedir, cómo debemos orar. Y esto lo hace con “gritos suplicantes que no se pueden expresar con palabras”. En otras palabras, Jesús actúa en nuestro interior y nos pide a gritos “ora por esto”; “pide a Dios tal cosa”. Y esto sí encaja con la lógica bíblica general y con la experiencia personal.

Veamos un pasaje que nos reforzará esta idea:

Lucas 11:1-2
(1) Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó,  uno de sus discípulos le dijo: Señor,  enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.
(2) Y les dijo: Cuando oréis, decid…

En estos versículos se relata cómo uno de los discípulos pidió a Jesús que les enseñe a orar, a lo cual Jesús accedió sin ningún problema, mostrándoles específicamente qué cosas eran importantes para orar. Si Cristo hizo eso por sus discípulos ¿no creen que hará lo mismo por nosotros hoy? Si en su vida en la Tierra como ser humano de carne y sangre enseñó a orar a sus discípulos es lógico pensar que hoy va a instruir a su Cuerpo a orar adecuadamente. Pero no sólo nos dice cómo orar, nos lo dice “con gritos suplicantes”.

Marcos 14:34-38
(34) Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad.
(35) Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.
(36) Y decía: Abba, Padre,  todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero,  sino lo que tú.
(37) Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora?
(38) Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

En esta ocasión, Jesús les pidió a sus discípulos que “velen” en oración. La oración era muy necesaria y Jesús no fue diciendo “si tienen ganas, si se acuerdan, si no están muy ocupados, hagan una pequeña oración por mí”, ¡no! Los mandó a orar, era una situación apremiante y se necesitaba toda la oración que fuera posible. Incluso Jesús les dijo específicamente por qué cosa debían orar: para no entrar en tentación.

Jesús pidió a sus discípulos que oren y les instruyó sobre qué orar específicamente en determinadas circunstancias. Esto que Jesús hizo con su presencia personal con los discípulos sigue haciendo hoy en cada creyente renacido a través del don de espíritu santo que Dios nos ha dado. ¡Qué privilegio!

Otro versículo frecuentemente malinterpretado por no conocer que Jesús es llamado “el Espíritu” es éste:

 Gálatas 6:8
Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna [“vida de la era”, según el texto].

Lo que el pasaje comunica es que no debemos seguir nuestros deseos e impulsos carnales, actuando en base a éstos, sino que debiéramos “sembrar para el Espíritu”, o sea, hacer la voluntad del Señor Jesucristo, y será él quien nos dará “vida de la era”, lo cual no sólo se relaciona con la vida perpetua que tendremos en la era futura, sino que implica una mejor calidad de vida en esta era.

Otro pasaje que nos habla de Jesús como “el Espíritu” es el siguiente:

2 Corintios 3:4-8
(4) Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios;
(5) no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos,  sino que nuestra competencia proviene de Dios,
(6) el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.
(7) Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,
(8) ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu?

El “ministerio del Espíritu” se refiere al ministerio de Cristo. La ley dada a Moisés fue grabada en piedra y el “pacto” que establecía era que quien hiciera las cosas estipuladas en la ley viviría (en la era futura). El actual ministerio está encabezado no por “letra” grabada en piedra, sino por Jesucristo mismo. “La letra mata” hace referencia a que, como nadie podía cumplir perfectamente la ley dada a Moisés, nadie podía, por medio de ésta, obtener vida perpetua en la era futura. Entonces, cuando dice “el Espíritu vivifica” se refiere a que Cristo da vida a los que lo siguen. Entonces la conclusión es: si el ministerio grabado con letras en piedras fue con gloria ¿cuánto más glorioso será el ministerio de Jesús, quien es “el Espíritu”?

Entonces, hemos visto que Jesús es frecuentemente llamado “el Espíritu”, señalando especialmente Su acción como “mediador” entre Dios y nosotros por medio del don de espíritu santo. En otras palabras, Jesús en su rol de “el Espíritu” es el mediador entre “El Espíritu Santo” (Dios) y “espíritu santo” (el don de Dios en nosotros). Es así que varios contextos se hacen más claros al entender este uso. Otros versículos en que Jesús es llamado “el Espíritu” (que pueden revisar y estudiar ustedes mismos) son: Hechos 10:19; 11:12; 16:7; Gálatas 6:8; Efesios 3:16; Hebreos 10:29 (estos son sólo algunos, a modo de ejemplo).











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