Eras y administraciones en la Biblia

En Honor a Su verdad
Un aspecto importante a entender para comprender mejor el mensaje bíblico es que hubo distintas eras y administraciones a lo largo de la historia humana. Muchos cristianos han reconocido las divisiones de administraciones en la Biblia, sin embargo, han hecho una división tal de éstas, que en sus exposiciones pareciera que Dios tuvo distintos propósitos en distintas administraciones o eras.

En primer lugar, veremos el concepto de “eras” en la Biblia:

La palabra para “era” es la palabra hebrea olam, y su equivalente griego es aion. En la versión “Reina Valera de 1960” esta palabra es traducida como “siglos”. Tanto olam como aion se refieren a un período de tiempo indeterminado, generalmente con principio y fin, que está caracterizado por ciertas actividades que se hacen, o ciertos hechos que suceden en ese período de tiempo. Por ejemplo, hoy hablamos de “la era del bronce”, refiriéndonos a un período de tiempo en el que predominó el uso del bronce en la manufactura humana, o hablamos de “la era de la información”, refiriéndonos a un período de tiempo en el cual la información se incrementa y dispersa rápidamente y es una característica sobresaliente de dicho período de tiempo.

Otra palabra griega que está relacionada es la palabra griega aionios. Lamentablemente muchos de los traductores de la Biblia han traducido esta palabra como “eterno”, pero no es este el significado bíblico de esta palabra. Aionios significa “relativo o perteneciente al aion”, o sea, “relativo o perteneciente a la era”. Al traducir olam, aion, aionios y otras palabras relacionadas como “eterno” se ha quitado el sentido real de estas palabras y varios pasajes de las Escrituras quedan oscurecidos.

Efesios 3:8-11[1]
(8) A mí,  que soy menos que el más pequeño de todos los santos,  me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo,
(9) y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios,  que creó todas las cosas;
(10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales,
(11) conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,

Aquí la Reina Valera, y otras traducciones, han traducido la palabra griega aion como “eterno”, pero debiera leerse “el propósito de las eras” o, como traduce la Biblia Textual: “el plan de las edades”.

Efesios 3:8-11 (BTX)[2]
(8) A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de proclamar a los gentiles el Evangelio de la inescrutable riqueza de Cristo,
(9) y de sacar a luz cuál es la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;
(10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea dada ahora a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los celestiales,
(11) conforme al plan de las edades, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,

Lo que este versículo nos está transmitiendo es que Dios tuvo un plan, un propósito para las eras o edades de la historia humana. Dios ha dividido la historia espiritual humana en eras, al igual que el hombre ha dividido su propia historia “natural” en eras. Así como el hombre ha dividido distintas etapas de la cultura humana en eras, tales como: “la era de piedra”, “la era del bronce”, “la era del hielo”, “la era de la información”, etc.; Dios ha dividido la historia espiritual humana en eras y lo ha hecho con un propósito.

En Hebreos tenemos más información al respecto:

Hebreos 11:3 (VM)[3]
Por fe entendemos que los siglos han sido constituidos por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve no fué hecho de cosas que aparecen.

En este caso he citado la Versión Moderna, ya que ha traducido aion como “siglos”, a diferencia de muchas otras versiones que erróneamente han traducido “universo”. La palabra “constituidos” es la palabra griega katartizo, que significa “preparar, arreglar, completar, poner en orden, restaurar”. El sentido de esta palabra es el de preparar alguna cosa de modo que tenga todo lo necesario para cumplir su objetivo. En este caso, lo que vemos es que Dios preparó las eras de la historia humana de modo que tengan todo lo necesario para cumplir Su propósito. Este propósito, desde el principio, ha sido tener una familia de seres que de libre voluntad le sirvieran y le amaran y se sirvieran y amaran entre sí. El propósito de Dios era tener una familia perfecta, y preparó las eras de la historia espiritual humana para llegar a tener esa tan deseada familia.

Bien, ahora veremos un poco acerca del concepto de “administraciones”. La palabra “administración”, en la Biblia, es la palabra griega oikonomia, de donde proviene nuestra palabra castellana “economía”. Y la palabra griega oikonomos (el “ecónomo”) se refiere a aquél que administra. Oikonomos es la conjunción de dos palabras griegas: oikos, que es “casa” y nomos, que significa “ley” o “instrucción”. Cuando hablamos de “ley”, en el concepto bíblico no es tan sólo un reglamento a ser cumplido, sino también una instrucción para el corazón de la persona. Las leyes de Dios no son tan sólo dirigidos hacia la conducta del hombre, sino que tienen la intención de forjar una conciencia que se corresponda con el deseo de Dios. Entonces oikonomia (administración) tiene que ver con las leyes, normas o instrucciones que rigen dentro de una casa y el oikonomos (administrador) es el encargado de dar a conocer y de hacer cumplir esas leyes, normas o instrucciones.

La Biblia habla de los creyentes, en forma figurada, como una “casa de Dios”.

1 Timoteo 3:14-15
(14) Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte,
(15) para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

Este versículo habla con respecto a los cristianos renacidos, que son parte de “la casa de Dios”. Sin embargo, aquellos creyentes anteriores a la venida de Cristo, también eran considerados como dentro de la “casa de Dios”.

Hebreos 3:1-6
(1) Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
(2) el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.
(3) Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.
(4) Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.
(5) Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
(6) pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.

Aquí se puede ver que Moisés fue fiel sobre la “casa de Dios”, aunque era sólo un administrador de la casa y no era “hijo” del Dueño de la casa, como lo es Jesucristo.

Al igual que las casas terrenales, en las que se establecen reglas para la convivencia de la familia y la crianza de los hijos, Dios ha puesto reglas en Su casa, con el fin de que los creyentes puedan convivir en paz y crecer sanos física, mental y espiritualmente. Al estudiar la Biblia podremos ver que en distintas eras de la historia humana Dios estableció distintas reglas para su “casa”, esto es lo que llamamos las distintas “administraciones”. Es necesario comprender que las reglas fueron cambiando en distintas épocas y, por lo tanto, no toda la Escritura será aplicable hoy en día, es tarea del estudiante de la Biblia leer e investigar para comprender qué cosas dijo Dios en su momento y que ya no son aplicables y qué cosas han sido dichas antiguamente pero siguen vigentes en estos tiempos. Sin embargo, tampoco hay que pensar que estos cambios de leyes y normas se deben a un cambio de mentalidad de Dios. Dios no cambia (Stg. 1:17), por lo que Su esencia, Su naturaleza no cambia. El propósito de Dios ha sido siempre el mismo, pero Él ha tenido que cambiar la forma de tratar con los seres humanos debido a las circunstancias que se fueron presentando con el objetivo de llevar a la humanidad hacia el punto deseado: la completa salvación y redención de las consecuencias de la desobediencia y la maldad que hay en el mundo.

Efesios 3:2 (RVA)[4]
Sin duda habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me ha sido conferida en vuestro beneficio.

Aquí el apóstol Pablo dice que a él le fue conferida la administración de la gracia de Dios. Este pasaje nos está diciendo que a Pablo le fue conferida (le fue dada) la administración de la gracia de Dios, esto quiere decir que Pablo fue puesto como administrador de la gracia de Dios. Pero ¿En qué consiste esta “gracia” de Dios que ha de ser administrada? Pablo lo explica en el siguiente versículo:

Efesios 3:3 (RVA)
Por revelación me fue dado a conocer este misterio, como antes lo he escrito brevemente.

Aquí la palabra “misterio” es la palabra griega musterion. Esta palabra no ha sido traducida sino transliterada. Una traducción implica usar en el idioma de traducción una palabra que arroje un sentido similar al idioma original. Transliterar significa pasar las letras de la palabra del idioma original a un equivalente en el idioma de traducción. En este caso, musterion fue transliterado a misterio, y en la lectura perdemos el sentido real de lo que significa musterion. Los griegos usaban la palabra musterion para referirse a cosas secretas u ocultas en los ritos religiosos paganos, musterion es, entonces, un secreto sagrado, o un secreto de los dioses. En el uso bíblico esta palabra tiene el sentido de “secreto espiritual”, hace referencia a cosas ocultas del mundo espiritual. Pablo está diciendo que la “gracia” de Dios que le fue dada para “administrar” es la revelación de un secreto espiritual que Dios tenía guardado.

Efesios 3:5-6 (RVA)
(5) En otras generaciones, no se dio a conocer este misterio [secreto espiritual] a los hijos de los hombres, como ha sido revelado ahora a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu,
(6) a saber: que en Cristo Jesús los gentiles son coherederos, incorporados en el mismo cuerpo y copartícipes de la promesa por medio del evangelio.

Este secreto espiritual Dios lo tenía guardado y no se lo dio a conocer a generaciones antiguas. Este secreto espiritual consiste en el hecho de que tanto los judíos como los gentiles (el resto de las naciones) son coherederos de Dios, son incorporados a un mismo Cuerpo en Cristo y todos son copartícipes de la promesa de salvación hecha por Dios en Su evangelio (Su “buena noticia”).

Lo que podemos observar es que aquello que Pablo debió administrar fue la “gracia de Dios” y esta gracia de Dios consiste en la instrucción de Dios para una nueva era en la que tanto los judíos como los que no lo son pueden pasar a ser hijos de Dios y partícipes de las promesas hechas por Dios al creer en Cristo como Señor.

Efesios 3:8-9 (BTX)
(8) A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de proclamar a los gentiles el Evangelio de la inescrutable riqueza de Cristo,
(9) y de sacar a luz cuál es la dispensación del misterio escondido desde los siglos [aion: eras] en Dios, que creó todas las cosas;

Pablo sigue diciendo que a él le ha sido conferida ESTA gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. A Pablo le fue conferida la gracia para esta época, le fue dada a anunciar “ésta gracia”, le fue revelado el secreto espiritual oculto en Dios durante eras anteriores para que lo administre a los creyentes.

La “gracia” que Dios dio a Pablo para administrar consiste en Su revelación, Sus palabras, Sus instrucciones, Sus mandamientos y Sus promesas para esta era, pero cada era de la historia humana tuvo gracia de Dios, porque Dios se encargó de dar Sus instrucciones, mandamientos y promesas en toda era de la historia humana, con el fin de llevar al ser humano a la salvación, a la vida en la era final que establecerá en el futuro.

La organización de estas eras y administraciones en la Biblia deben comprenderse como parte del plan de Dios para alcanzar Su objetivo final. Las distintas leyes e instrucciones que Dios dio a los hombres en distintas épocas tuvieron como objetivo “educar” al hombre. Es como las leyes que los padres ponen en sus casas para sus hijos. El objetivo de un buen padre y una buena madre es que su hijo crezca y se desarrolle con salud física, mental y emocional y pueda tener una vida bendita, siendo una persona de bien. Si el hijo por naturaleza hiciera todo aquello que es bueno y es correcto, los padres no necesitarían ponerle reglas a cumplir, pero debido a que tenemos una naturaleza humana caída, desde niños tendemos al egoísmo y los padres deben encargarse de poner límites para un crecimiento sano de sus hijos. Por ejemplo, si mi hijo intentara jugar con fósforos, yo tengo que prohibirlo, porque sé que se puede quemar, pero si sigue intentándolo, quizá deba alejar todos los fósforos de su alcance. Mi intención no es restringirlo, sino cuidarlo hasta que sea conciente de lo que hace. Si, por otro lado, él no se interesara por los fósforos, pero comienza a ver televisión 6 horas diarias, yo tendría que restringir la cantidad de televisión que mira, porque sé que le hará mal. Estas “leyes” las van “dictando” en el momento los padres, conforme a las conductas de sus hijos, con el fin de llevarlos por buen camino. Del mismo modo debemos comprender las leyes, mandamientos e instrucciones de Dios. Muchas veces Dios dio mandamientos que no eran los ideales, pero que Él sabía que eran necesarios para cuidar Su parte más preciada de Su creación: el ser humano.

Por ejemplo, al principio de la creación el hombre estuvo diseñado para vivir perpetuamente en una Tierra que era “buena en gran manera”. Adán y Eva tenían la instrucción de “multiplicarse” y de gobernar la Tierra y como única restricción no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 1:28; 2:16-17), en esta era, tanto los animales como los hombres comían solamente vegetales (Génesis 1:29) y no había enfermedad, ni muerte, ni dolor. En este caso, los “administradores” fueron Adán y Eva, y la “gracia” para administrar fue la instrucción de Dios de que todo lo creado era para ellos, y podían vivir perpetuamente en la Tierra si no comían del árbol de la ciencia del bien y del mal.[5]

A causa de la desobediencia de Adán la muerte y toda clase de males entraron en el mundo (Génesis 3:17-19; Romanos 5:12; 1 Corintios 15:21), no fue Dios quien generó todo el mal que hay en el mundo esto fue la consecuencia de la caída de Adán. “Espinas y cardos”, en Génesis 3:18, representa, por medio de la figura idiomática sinécdoque, a toda clase de males: espinas y veneno en plantas, enfermedades y muerte en todos los seres vivos y otras alteraciones genéticas y celulares como, por ejemplo, el hecho de que algunos animales pasaron a ser carnívoros.  A partir de aquí comienza una segunda era para el hombre. Dios inaugura esta era con una promesa: la promesa de un Salvador que desharía la obra de la Serpiente, el Diablo (Génesis 3:15). A causa de la caída, el hombre quedó alejado de la presencia de Dios e imposibilitado de estar junto a Dios, la promesa de Dios iba dirigida a reestablecer esa relación. Examinando el relato de Abel y  Caín en Génesis 4:1-7 aprendemos que Dios estableció instrucciones para que sus pecados sean perdonados por medio de un sacrificio, señalándoles un lugar específico en donde hacer el sacrificio. Durante esta etapa, Dios trataba individualmente con los hombres, y no había establecido un sistema de leyes específico. La “gracia” de Dios en estos tiempos consistía en recordar la necesidad del Salvador que nacería de una mujer y el ofrecimiento de sacrificios, tal como lo hizo Abel.

Durante esta era, ciertos seres espirituales, “ángeles caídos,” obraron sobre los cuerpos de mujeres humanas, produciendo una generación de “gigantes” malignos, esto, unido a la maldad creciente en toda la humanidad obligó a Dios a destruir a toda la humanidad, para salvaguardar Su promesa de la futura restitución (Génesis 6:1-5; 2 Pedro 2:4-5). Esta fue la causa del diluvio que destruyó a la humanidad, del cual sólo Noé y su familia se salvaron. Al terminar el diluvio, nuevamente Dios habló al hombre, poniéndolo a cargo de una nueva “administración” para una nueva era en la historia espiritual humana. Dios ordenó a Noé, al igual que a Adán, que se “multiplique” y le dijo que los animales no lo dañarían, sino que estarían bajo su “mano”. (Génesis 9:1-2). Además, Dios esta vez dijo a Noé que podría comer la carne de los animales, pero no su sangre (Génesis 9:4). Luego Dios instituyó, por primera vez, la “pena de muerte”, diciendo que “el que derramare sangre de hombre, por hombre su sangre será derramada…,” dando al hombre la responsabilidad de dar muerte a los asesinos (Génesis 9:6).

Hay que comprender que no fue la intención original de Dios que se ejecutase a los asesinos (porque no hizo ejecutar a Caín), como tampoco lo fue que el hombre comiera carne. Sin embargo, debido a cómo el hombre desvió su camino en desobediencia a Dios, Dios tuvo que dar el mandato de la pena de muerte, para no llegar nuevamente a un estado de maldad insostenible que pusiera en peligro la vida de aquél que hace el bien. 
Más tarde, Dios hizo pacto con Abram, cambiándole el nombre por Abraham, y prometiéndole que él sería padre de muchedumbre de gentes y de él saldrían reyes, y prometiéndole que sería Dios de él y de su descendencia, y poniendo la ley de la circuncisión como señal del pacto. (Génesis 17:1-11). Después de esto, Dios también cambió el nombre de Jacob por “Israel” y le hizo similares promesas que a Abraham (Génesis 35:10-13). A partir de estos eventos, Dios tuvo un pueblo “escogido”, no a causa de que Dios así lo dispusiera caprichosamente, sino a causa de la fe de estos hombres, por medio de la cual Dios mantuvo Su pacto aún a pesar de las generaciones desobedientes que aparecieron después.

Tiempo después, Dios daría a Israel lo que llamamos “LA LEY”, por medio de la cual Dios dio a conocer Su voluntad para el hombre, de modo que quien la cumpliera pudiera por ella vivir. Esta ley, no sólo consistía en los tan conocidos “diez mandamientos”. Los diez mandamientos eran sólo una “instrucción” (eso significa la palabra hebrea torah) sobre la voluntad de Dios. Pero, además, Dios dio leyes civiles para gobernar al pueblo y leyes en cuanto a los sacrificios de animales, que servían como ofrenda por los pecados, ofrendas de paz, y otros tipos de ofrendas (leer los libros de Éxodo, Levítico y Deuteronomio).

Llegado el tiempo justo, Dios envió al Mesías prometido, Su Hijo, Jesucristo. Él había venido a cumplir la ley (5:17), él completó la ley, ya que la ley no era un fin en sí misma, sino que fue el preceptor (“ayo” en Gálatas 3:24 y 25) para llevarnos a Cristo. La ley de sacrificios era un recordatorio del estado continuo de pecado del ser humano, del cual el hombre debía ser rescatado por medio de la muerte de un ser inocente. El cordero “moría” como sustituto del hombre, quien debía morir a causa de sus pecados, pero el sacrificio perfecto vendría cuando el Mesías, el perfecto Ungido de Dios, derramara su sangre inocente para salvar a todo el que cree una vez y para siempre. Durante su vida en la Tierra, Jesús cumplió la ley, pero él era la perfecta interpretación del corazón de la ley, él mostró claramente cuál era el corazón de Dios para el hombre. Jesús mostró claramente que el sentido de la Ley no era sólo cumplir con los actos externos, sino ser una guía para el corazón del hombre, por ejemplo, cuando habló sobre la ley del adulterio, dijo lo siguiente:

Mateo 5:27-28
(27) Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
(28) Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Muchas personas no cometen adulterio porque temen las consecuencias, o porque no se les presenta la oportunidad, o porque la persona con la que quieren cometer ese adulterio no accede a su petición, sin embargo, en sus corazones albergan el deseo de adulterar y si pudieran lo harían. Por eso Jesús dice aquí que el adulterio no es sólo cuestión de un acto externo, sino que el adulterio muchas veces está en el corazón, aunque no se concrete físicamente. Al mirar en la ley de Dios, los hombres se fijaban en los frutos del árbol, pero Jesús comenzó a señalar la raíz del problema: el corazón del ser humano. La ley de Dios fue dada para que el ser humano se diera cuenta de la problemática que había en su corazón y de la necesidad de un Salvador, pero los encargados de “administrar” la ley de Dios habían hecho de ésta un negocio y habían extraviado a muchas personas a través de una enseñanza errónea, de esto se trata la parábola conocida como “parábola del mayordomo infiel”.

La palabra “mayordomo” es la palabra griega oikonomos, que vimos que significa “administrador”, y la palabra “mayordomía” es oikonomia, o sea, “administración”. Si cambiamos las palabras “mayordomo” y “mayordomía” por “administrador” y “administración” y observamos esta parábola a la luz de lo que hemos aprendido, podremos entender qué es lo que Jesús quiso enseñar:

Lucas 16:1-12
(1) Dijo también a sus discípulos: Había un hombre rico que tenía un mayordomo [administrador], y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes.
(2) Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía [administración], porque ya no podrás más ser mayordomo.
(3) Entonces el mayordomo [administrador] dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía [administración]. Cavar, no puedo;  mendigar, me da vergüenza.
(4) Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía [administración], me reciban en sus casas.
(5) Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo?
(6) El dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu cuenta, siéntate pronto, y escribe cincuenta.
(7) Después dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Y él dijo: Cien medidas de trigo. El le dijo: Toma tu cuenta, y escribe ochenta.
(8) Y alabó el amo al mayordomo [administrador] malo por haber hecho sagazmente; porque los hijos de este siglo son más sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz.
(9) Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.
(10) El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.
(11) Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?
(12) Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?

En el contexto (Lucas 15:1 y sig.) Jesús estaba reprochando los errores doctrinales de los fariseos (maestros de la ley de Dios). En Mateo, capítulo 7 se nos dice que los fariseos habían cambiado la ley de Dios por tradiciones y así dejaron sin efecto la ley de Dios. Aquí en Lucas, en el 16:14 se nos dice que los fariseos que eran avaros se burlaban de él. Esta burla era para desacreditarlo, porque no querían que el error doctrinal de ellos quedara expuesto, ya que expuesto el error ellos perdían su fuente de ganancia, ya que hacían dinero propagando sus tradiciones contrarias a la voluntad de Dios.

Teniendo en mente el contexto podremos entender esta parábola. El mayordomo, o administrador infiel representa a los fariseos, ya que a ellos se les había confiado la ley de Dios para administrarla a las personas, pero ellos no la administraron fielmente, sino que la cambiaron por tradiciones y la usaron para ganar dinero deshonesto. Jesús entonces revela que les sería quitada esa administración y al hacerlo, ellos tratarían de “negociar” con los fieles para no quedarse sin su fuente de ganancia. El versículo 8 intenta transmitir que los religiosos del mundo son más hábiles para ganar fieles que los verdaderos creyentes, el versículo 9 debiera estar en forma de pregunta, tal como traduce la Concordant Literal Version; podríamos parafrasearlo así: “¿les estoy diciendo que deben ganar fieles deshonestamente para ser recibidos en el reino futuro? La respuesta es “no”, porque si en las riquezas injustas y en lo ajeno no fueron fieles, ¿quién les daría lo verdadero y lo que les pertenecía?” (v12).

En Hebreos leemos:

Hebreos 10:1
Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.

Hebreos 9:23-24
(23) Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas,  con mejores sacrificios que estos.
(24) Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

La ley tenía una “sombra” de lo verdadero, pero no era lo verdadero. La ley servía para representar en modo material aquello que estaba sucediendo en el plano espiritual, que es lo “verdadero”. Entonces, cuando Jesús dijo: “Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?” Podemos entender que Jesús les estaba diciendo que si no habían administrado correctamente la ley de Dios (que tenía la “sombra” o “figura” de lo verdadero), sino que la habían usado para obtener riquezas de un modo injusto, mucho menos les sería confiado lo “verdadero”. El versículo 12 de Lucas 16 sigue diciendo: “Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?” Ellos no habían sido fieles con lo “ajeno” (la ley de Dios), por lo tanto, Dios no les daría lo que les correspondía: la vida de la era futura.

Debido a su mala administración, los fariseos se perdieron la oportunidad de administrar lo “verdadero”, o sea, se perdieron de ser administradores del secreto espiritual de Dios, tarea que le fue encomendada al apóstol Pablo.

Durante la era en que Cristo estuvo en la Tierra, fue él mismo el fiel administrador de la gracia de Dios para su era. Luego de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo hubo un pequeño período de tiempo en donde Jesús dio la instrucción a sus apóstoles de “esperar la promesa” (Lucas 24:49) y, venida la promesa del recibimiento del don de espíritu santo (Hechos 2) comienza una nueva era en que los 12 apóstoles fueron los primeros administradores de las nuevas instrucciones, pero fue a Pablo que se le reveló más en profundidad el secreto espiritual oculto en Dios en eras antiguas y se le encomendó administrar el Evangelio, las “Buenas Nuevas” para esta era. (1 Corintios 9:17; Colosenses 1:25)

1 Corintios 9:16-17 (RVG)[6]
(16) Porque aunque predico el evangelio, no tengo de qué gloriarme porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no predico el evangelio!
(17) Por lo cual, si lo hago de voluntad, recompensa tendré; mas si por fuerza, la dispensación [oikonomia: administración] del evangelio me ha sido encomendada.

A Pablo se le encargó administrar el evangelio, la Buena Noticia de salvación. La Buena Noticia fue siempre acerca de la salvación de Dios para la humanidad. Sin embargo, el alcance que tendría esta salvación sólo fue conocida luego de la resurrección de Jesucristo, y esto es lo que Pablo tenía encomendado administrar. Pablo lo predicaba el evangelio de buena voluntad, sin embargo, dentro de sí sentía la necesidad de darlo a conocer, ¡Dios le había conferido un gran privilegio y una gran responsabilidad!

Colosenses 1:24-27 RV60
(24) Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia;
(25) de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios,
(26) el misterio [secreto espiritual] que había estado oculto desde los siglos y edades [según el texto: “eras y generaciones], pero que ahora ha sido manifestado a sus santos,
(27) a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles;  que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

Aquí vemos otra vez que lo que Dios dio a Pablo para administrar fue Su Palabra con respecto al secreto espiritual que había estado oculto durante las eras y generaciones anteriores. Dios se guardó muchísimo tiempo este secreto y ahora, mediante Pablo, lo estaba dando a conocer a Sus santos.

Él fue encargado de la “administración de la gracia” (en Efesios 3:2) y la “administración del misterio escondido” (en Efesios 3:9 – la palabra “dispensación” es oikonomia). Dios puso a Pablo en Su “casa” para que él diera a conocer cuáles son las pautas a seguir para ser salvos en esta nueva era. Curiosamente, Pablo había sido un irreprensible fariseo, pero estimó todo aquello como pérdida para ganar a Cristo. Pablo dejó toda su carga religiosa y sus tradiciones para llegar a ser el fiel administrador de la gracia de Dios para la era de la Iglesia del Cuerpo de Cristo, él fue el fiel administrador del “secreto espiritual” que Dios había escondido, a él se le confió lo “verdadero” para que lo anuncie, predique y dé a conocer al mundo.

En resumen, en cada una de estas eras hubo una forma diferente de administración de la gracia de Dios para con los hombres. Dios siempre administró gracia (favor inmerecido) a los hombres, pero esta gracia estaba limitada por la acción de los hombres, ya sea en obediencia o en desobediencia a Dios. La desobediencia de los hombres restringieron en gran manera la gracia de Dios para el mundo, pero la perfecta obediencia de un hombre, Jesucristo, permitió a Dios administrar Su gracia de un modo nunca antes soñado. Sin duda, la mejor época pasada para el hombre fue la era en la que Adán estaba “recién creado”, sin pecado y sin mal en el mundo. Adán fue el responsable de la entrada del pecado y la muerte al mundo, pero Cristo, por su obediencia y sacrificio, logró que de un modo justo y legal Dios pudiera establecer un futuro reino perfecto en el cual habitarán todos los que le han creído y obedecido.

En cada una de estas eras, Dios dio distintas leyes y tuvo distintas formas de relacionarse con el hombre, pero Su corazón no ha cambiado jamás, el principio sobre el cual el hombre puede alcanzar salvación y ser considerado y tratado como justo por Dios siempre fue el mismo: la fe, pero en las distintas eras ha variado el objeto de fe y los requerimientos de Dios para que el hombre alcance salvación y para que Su plan y propósito puedan cumplirse. Dios no ha desistido de Su idea de vivir en la Tierra junto con el hombre, sino que ha estado preparando y dirigiendo las eras de la historia espiritual humana para llegar al punto culminante en que Él sea “todo en todos” (1 Co. 15:28). Sin embargo Dios no reveló muchas de las partes de Su plan sino hasta después de que Cristo terminó la obra de redención del hombre, siendo resucitado de entre los muertos y ascendido a la diestra de Dios. En los tiempos del Antiguo Testamentos, los creyentes tenían promesas dadas por Dios en cuanto a su vida futura, pero jamás llegaron a conocer la totalidad de lo que Dios tenía preparado para el futuro, lo que Dios les reveló fue limitado, ya que de haber revelado todo Su plan, éste hubiese estado expuesto al fracaso (1 Co. 2:7-8). El apóstol Pablo fue el encargado de dar a conocer el secreto espiritual guardado por Dios desde las eras (leer Efesios 3), poco a poco iremos viendo cuán gloriosa es la esperanza que tenemos como hijos de Dios.

El propósito de Dios en la creación del ser humano fue tener una familia en la Tierra que se relacionara con amor entre sí y que amara y se relacionara con Dios. Este fue Su propósito, y este es el propósito por el que Dios diseñó las “eras” de la historia humana. No sé si estas “eras” ya estaban planeadas por Dios de antemano, sabiendo que el hombre no sería capaz de obedecer Sus mandamientos, o si fueron Su sabia respuesta a la forma negligente en que el hombre trató Sus leyes y mandamientos, lo cierto es que estas eras tienen el propósito final de “reunir todas las cosas en Cristo” en la administración del cumplimiento de los tiempos (Efesios 1:10).

Efesios 3:1-21 (BTX)
(1) Por esta causa, yo Pablo soy el prisionero de Cristo por amor a vosotros los gentiles,
(2) si es que oísteis acerca de la administración de la gracia de Dios que me fue encomendada para vosotros,
(3) conforme a una revelación me fue dado a conocer el misterio, como antes escribí brevemente,
(4) leyendo lo cual podéis percibir mi entendimiento en el misterio de Cristo,
(5) que no se dio a conocer a los hijos de los hombres en otras generaciones, como ahora fue revelado a sus santos Apóstoles y Profetas por el Espíritu:
(6) Que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio,
(7) del cual fui hecho ministro según el don de la gracia de Dios que me fue dada conforme a la eficacia de su poder.
(8) A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de proclamar a los gentiles el Evangelio de la inescrutable riqueza de Cristo,
(9) y de sacar a luz cuál es la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas;
(10) para que la multiforme sabiduría de Dios sea dada ahora a conocer por medio de la Iglesia a los principados y potestades en los celestiales,
(11) conforme al plan de las edades, que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,
(12) en el cual tenemos seguridad y derecho de entrada con confianza por la fe en Él.
(13) Por tanto, pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, que son vuestra gloria.
(14) Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre,
(15) del cual toma su nombre toda familia en los cielos y en la tierra,
(16) para que os dé, conforme a la riqueza de su gloria, ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;
(17) para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,
(18) seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, y la altura, y la profundidad,
(19) y así conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
(20) Y al que puede hacer todas las cosas mucho más abundantemente y más allá de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,
(21) a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, por todas las generaciones de todas las edades, por los siglos, amén.



[1] A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera de 1960.
[2] Las citas bíblicas marcadas como (BTX) han sido tomadas de la Biblia Textual, de la Sociedad Bíblica Iberoamericana.
[3] Las citas bíblicas marcadas como (VM) han sido tomadas de la Versión Moderna, 1929, Sociedades Bíblicas de Latinoamérica.
[4] Las citas bíblicas marcadas como (RVA) han sido tomadas de la versión Reina Valera de 1989, conocida como Reina Valera Actualizada.
[5] Para una explicación más amplia sobre la desobediencia de Adán y Eva y sus consecuencias pueden leer mi estudio “El propósito y plan de Dios”.
[6] Las citas bíblicas marcadas como (RVG) han sido tomadas de la versión Reina Valera Gomez, 2004, de la Iglesia Bautista Libertad.



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