El espíritu santo

En Honor a Su verdad
Hechos 2:38,39
Pedro les dijo:  Arrepentíos,  y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados;  y recibiréis el don [regalo] del Espíritu Santo [debe decir espíritu santo].
Porque para vosotros es la promesa,  y para vuestros hijos,  y para todos los que están lejos;  para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Luego de haber recibido el don de espíritu santo (Hechos 2:1-13), Pedro comenzó a instruir a los oyentes para que también ellos recibieran este don, los requerimientos son: el arrepentimiento y el bautismo en el nombre de Jesucristo, arrepentirse implica el darnos cuenta de nuestra condición de pecado y la necesidad e un Redentor (entre otras cosas) y el bautismo es sumergirse completamente en el nombre de Jesucristo, o sea, creer en su Señorío, en su redención, en su amor, en su entrega, etc.

Creyendo en Jesucristo como el Señor Resucitado, creyendo en el tremendo amor de Dios para llevar a cabo tan magnífico plan de redención obtenemos el don de espíritu santo. Un don es un regalo, cuando  uno regala algo, la persona que recibe el regalo no tiene que pagar por éste, porque fuimos nosotros quienes compramos ese regalo y lo damos como muestra de afecto a esa persona. Del mismo modo, nosotros no tenemos que pagar por el espíritu santo ni por la vida proveniente de Dios, porque Dios pagó por estas cosas, las pago con el más alto precio: La vida de su Hijo, y nos las da gratuitamente como muestra de Su afecto, de Su amor.

¿Y qué es el espíritu santo y cómo funciona?

No pretendo con un simple estudio dar un completo entendimiento de algo que es tan profundo que toda una vida de estudio no llega a abarcar. Es difícil poder explicar algo que no se ve, que no se puede analizar con los cinco sentidos y que es, además, parte de la misma naturaleza de Dios, pero intentaré dar una aproximación de lo que yo entiendo (por las Escrituras y por la revelación de Dios) que es el espíritu y de cómo funciona aunque creo que sólo cuando estemos cara a cara con Dios entenderemos en forma acabada todo lo que concierne a los asuntos espirituales (como dice 1 Corintios13: 9-12).

Como punto de partida iremos a Mateo, donde habla Juan el bautista.

Mateo 3:11
Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento;  pero el que viene tras mí,  cuyo calzado yo no soy digno de llevar,  es más poderoso que yo;  él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

Juan estaba anunciando la venida de alguien que haría disponible un nuevo bautismo, un bautismo en espíritu santo y fuego.
En el oriente, en los tiempos bíblicos, el fuego era asociado con la purificación, de hecho, la palabra griega para fuego es pur, de donde desciende nuestra palabra “puro” o “pureza”, el fuego es lo que se usaba (y aún se usa) para quemar impurezas en oro, plata o metales preciosos, también se usaba para quemar basura o para quemar la paja, luego que era separada del trigo.
Las palabras espíritu santo y fuego, forman una figura literaria muy usada en oriente que consistía en usar dos términos para señalar un mismo concepto, esta figura es denominada endiádis, que significa “uno mediante dos”. Es este caso, los dos términos son “espíritu santo” y “fuego”, que unidos por esta figura señalan a un “espíritu santo de fuego”o “espíritu santo purificador”.
Lo que Juan estaba diciendo es que su bautismo sólo consistía en agua, pero alguien vendría que  sería capaz de bautizar en espíritu santo purificador.
Bíblicamente “bautizar” es sumergir completamente. Juan los sumergía en agua, el agua simbolizaba un “lavamiento”, aquel que se bautizaba en agua mostraba su arrepentimiento, su deseo de no pecar más, mediante un lavamiento simbólico, pero el día estaba llegando en que alguien más poderoso los sumergiría completamente en el espíritu santo purificador, el cual producía un verdadero cambio en los creyentes.
En palabras de nuestro entendimiento, lo que Juan estaba diciendo es esto:
“En verdad, para ser claros, yo los sumerjo en agua, lo cual simboliza un arrepentimiento y un deseo de dejar atrás el pecado, pero atrás mío viene uno, que tiene una misión tan grande que yo no puedo llevarla a cabo, éste es más poderoso que yo, él los va a sumergir en espíritu santo purificador”
Este espíritu santo, quema con su fuego lo impuro de nosotros, permitiéndonos un verdadero cambio en la vida, aunque, como veremos, el espíritu no es “alguien” sino “algo” que permite que Dios mismo actúe en nuestras vidas, pero antes veamos lo que sigue en Mateo 3

Mateo 3:12
Su aventador está en su mano,  y limpiará su era;  y recogerá su trigo en el granero,  y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

Acá se describe brevemente lo que era el proceso de trillado y de separación entre la paja y el trigo en las tierras orientales en aquellos tiempos. Lo que está mostrando es que mediante el espíritu santo, Dios iba a poder separar lo impuro en los creyentes para poder quemarlo, dejando lo mejor de nosotros. Desde la caída de Lucifer y luego la de Adán, Dios siempre ha estado tratando de corregir la maldad, por eso se dice que Él es fuego consumidor; pero él , en su amor, no actúa invasivamente sino que nos da la posibilidad de elegir y actúa en base a nuestras decisiones, cuando decidimos poner a Cristo como Señor de nuestras vidas creyendo que Dios lo resucitó, le permitimos a Dios comenzar a trabajar de un modo más completo, quemando aquello impuro en nosotros, pero después de recibir este don, con nuestras acciones y decisiones podemos “avivar” el fuego (2Timotio1:6) de modo que actúe con más fuerza en nosotros o se lo puede “apagar” (1 Tesalonicenses 5:19) haciendo nula su acción, pero, por la gracia de Dios, no se puede perder el espíritu (Romanos11: 29).

Juan 14:15-16
Si me amáis,  guardad [guardaréis] mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre,  y os dará otro Consolador,  para que esté con vosotros para siempre:

La palabra “consolador” es en griego parakletos, E. W. Bullinger define a esta palabra como “uno que va al lado de otro para ayudarlo o consolarlo”, también puede definirse como “consejero”.
Jesucristo está diciendo aquí que, para los que lo amaban, no iba a quedarse solos sino que él iba a rogar al Padre y el Padre les daría otro ayudante o consejero. En griego, hay dos palabras que se traducen “otro” en castellano, una es allos que significa “otro de la misma clase” y otra es heteros que significa “otro de distinta clase”. En éste caso, otro es en griego allos, lo cual indicaría que este ayudante o consejero sería de la misma clase que Jesucristo mismo.
¿Y cuál es el ayudante o consejero?

Juan 14:17
el Espíritu de verdad,  al cual el mundo no puede recibir,  porque no le ve,  ni le conoce;  pero vosotros le conocéis,  porque mora con vosotros,  y estará en vosotros.

El Espíritu de la Verdad es parte de la naturaleza misma de Dios, el mundo no recibe a Dios por que no lo ve y no lo conoce, pero los discípulos sí conocían a Dios, porque creían que Jesucristo era el Hijo de Dios, enviado por Dios y a través del corazón, de las palabras y de la vida de Jesucristo ellos podían comprender el amor de Dios y el corazón de Dios, es por eso que Dios moraba entre ellos, pero iba a estar dentro de ellos, por medio del don de espíritu santo.

Juan 14:20
En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre,  y vosotros en mí,  y yo en vosotros.

Si bien Dios y Jesucristo y nosotros mismos somos seres individuales unos de otros, hay una conexión que hace que Jesucristo sea uno con Dios y nosotros uno con Jesucristo.
Es preciso entender que el don de espíritu santo no es una entidad individual con voluntad propia, en otras palabras, no es “alguien” sino “algo”. Cuando se dice que es un “ayudante” o “consejero” se está utilizando una personificación para enfatizar su acción y mostrar de qué modo iba Dios a poder obrar en nuestras vidas, en la vida de los creyentes, que antes no estaba disponible.

Por ejemplo, si yo tengo una valija con herramientas yo puedo decir: “bueno, las herramientas me ayudaron a hacer el trabajo”, también puedo decir que tal libro es mi “consejero”, pero ni las herramientas ni el libro actúan por si solos, yo utilizo las herramientas para hacer aquellos trabajos que no podría hacer de otro modo, o para agilizar ciertos trabajos. Del mismo modo yo utilizo el libro para adquirir el consejo que el autor dejó en el para manejarme en ciertas situaciones en donde no sé como proceder.
Siguiendo esta comparación, el espíritu santo es el poder de Dios en nosotros, es el equipamiento necesario para actuar conforme a la Voluntad de Dios, para hacer las buena obras que Dios nos preparó y es el medio por el cual logramos adquirir el consejo de Dios para manejarnos en la vida.

Podríamos comparar al espíritu santo con una instalación eléctrica colocada en nuestra casa. Para tener una red de conexión eléctrica tenemos un gran generador de corriente, un distribuidor de las conexiones, que divide la energía del generador para que llegue a cada hogar y tenemos, por último, nuestra conexión hogareña, de donde tomamos la electricidad necesaria para hacer funcionar distintos artefactos eléctricos y la iluminación de nuestras casas. Pero esta conexión no funciona por sí sola y los electrodomésticos no se “enchufan” solos, es nuestra acción la que se requiere para poder aprovechar esa instalación.

Siguiendo esta comparación, el espíritu santo (como don) sería esta conexión que tenemos con Dios (la fuente de todo el poder) y de Jesucristo (quien distribuye ese poder, siendo la cabeza del cuerpo). El espíritu santo es “poder inherente”o “poder potencial”. Nuestra instalación eléctrica es nuestro “poder potencial” para hacer funcionar los artefactos electrónicos o la iluminación, nuestro espíritu santo es nuestro”poder potencial”para hacer funcionar nuestras habilidades espirituales, y permitir que Dios ilumine nuestras vidas; habiendo recibido este poder, tenemos que aprende como utilizarlo a través de la Palabra escrita de Dios y a través de lo que Dios nos vaya revelando. En la medida en que permanecemos “conectados” con Dios y con el Señor Cristo Jesús, estaremos permitiendo que Dios ilumine nuestras vidas y que Dios actúe en nosotros de modo de poder aprovechar todo nuestro potencial como hijos de Dios.

Jesús fue el ayudante y consejero de sus discípulos, él fue el intermediario entre ellos y Dios, él era la conexión viva entre Dios y los  hombres hoy en día, nuestro don nos provee de ese mismo tipo de conexión, como dice la Escritura, este don es “Cristo en nosotros”.

Dios alumbró el entendimiento de los discípulos por medio de Jesucristo, y por medio de él les enseñó su amor, les enseñó a servir, les enseñó sobre la esperanza futura, les enseñó sobre su bondad y sobre su inconmensurable poder, también los redarguyó y corrigió de modo que crecieran y maduraran en su andar, y también, por medio de Jesús, Dios dio poder a los apóstoles para sanar enfermos y echar fuera demonios, esta fue la clase de ayudante y consejero que fue Jesús en su vida en la tierra y, hoy en día, como Señor de Señores en su cuerpo de resurrección y lleno de toda autoridad y poder dado por Dios sigue haciendo esto en nosotros, los creyentes renacidos. Del mismo modo en que Dios trabajó con los creyentes mediante Jesucristo, cuando todavía estaba en la tierra, asimismo actúa hoy en  nosotros por medio de Cristo Jesús y de su don de espíritu santo.

Así como los discípulos pudieron conocer a Dios, al Dios invisible, por medio de Jesús, del mismo modo podemos hoy conocer a Dios por medio de este espíritu santo. ¡Este es el bendito regalo que nos dio Dios!.

Juan 15:26
Pero cuando venga el Consolador, [gr. Parakletos] a quien yo os enviaré del Padre,  el Espíritu de verdad [de la verdad], el cual procede del Padre,  él dará testimonio acerca de mí.

Veremos aquí lo que veníamos diciendo, el espíritu (nuestra “conexión hogareña”) procede del Padre (él es el “generador”) y es enviado por Jesucristo(el “distribuidor”).

Juan 16:7,12-15
Pero yo os digo la verdad:  Os conviene que yo me vaya;  porque si no me fuera,  el Consolador [gr. Parakletos] no vendría a vosotros;  mas si me fuere,  os lo enviaré.
Aún tengo muchas cosas que deciros,  pero ahora no las podéis sobrellevar.
Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad;  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oyere,  y os hará saber las cosas que habrán de venir.
El me glorificará;  porque tomará de lo mío,  y os lo hará saber.
Todo lo que tiene el Padre es mío;  por eso dije que tomará de lo mío,  y os lo hará saber.

Aquí otra vez se personifica al espíritu diciendo que él “os guiará a toda verdad”, pero es claro que no es un ser individual porque dice que “no hablará por su propia cuenta”. Por medio del espíritu tenemos la capacidad de oír a Jesucristo, quien a su vez tiene la sabiduría de Dios a su disposición ya que “todo lo que tiene el Padre es mío”. Dios le dio todo lo suyo a Jesucristo y Jesucristo lo distribuye a los creyentes con el don de espíritu santo, este poder y esta sabiduría es la que hoy tenemos disponible ¡aprovechémosla!.

Como he hecho notar, en estos pasajes se personifica al espíritu, esto parecería “raro” para quienes piensan que el don de espíritu santo tiene voluntad propia, pero veremos otro caso de personificación que creo que dará mayor entendimiento sobre el tema.

Proverbios 8:19
Yo,  la sabiduría,  habito con la cordura,
 Y hallo la ciencia de los consejos.

Aquí se da a entender que aquél que es sabio logra adquirir algo que es mejor que el oro refinado o que la plata escogida, mostrando cuán importante es adquirir sabiduría y cuáles son los resultados de tener sabiduría.

Proverbios 8:22,30
Jehová me poseía en el principio,
 Ya de antiguo,  antes de sus obras.
Con él estaba yo ordenándolo todo,
 Y era su delicia de día en día,
 Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

Acá se enfatiza el hecho de que todo lo que Dios hizo lo hizo sabiamente, todo lo diseñó inteligentemente, por eso, como dice en Génesis, su creación era “buena en gran manera”.

Proverbios 8:34-36
Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas cada día,
Aguardando a los postes de mis puertas.
Mas el que peca contra mí,  defrauda su alma;
Todos los que me aborrecen aman la muerte.

En estos versículos, sigue “hablando” la sabiduría, que en este caso, representa a Dios mismo, Quien es sabio ¿qué sería pecar contra la sabiduría sino el pecar contra Dios? ¿Y que es aborrecer la sabiduría?. Evidentemente es aborrecer a Dios, quien es Sabio y la fuente de sabiduría.
Así como aquí se personifica a la sabiduría, siendo una parte intrínseca de Dios, quien es Sabio y quien da la sabiduría (Proverbios 2:6), también en Juan, veremos personificado al espíritu santo, siendo parte de la naturaleza de Dios, que es Espíritu (Juan 4:24) y quien da el espíritu.
Por otro lado, quien “halla” la sabiduría “halla la vida” y alcanza el favor de Dios y tiene como fruto algo mejor que el oro y la plata, como hemos leído, y, en Juan, vemos que quien recibe el espíritu santo recibe la capacidad para ser ayudados por Dios y para recibir el consejo y la sabiduría de Dios.
Hoy en día, tener el don de espíritu santo es tener la presencia de Cristo en nuestras vidas en todo momento, en todo lugar y ante cualquier circunstancia, pudiendo acceder al consejo y a la sabiduría de Dios y pudiéndonos acercar a Dios teniendo una íntimo comunión con Él y con Jesús.

1 Corintios 2:9-10
Antes bien,  como está escrito:
Cosas que ojo no vio,  ni oído oyó,
Ni han subido en corazón de hombre,
Son las que Dios ha preparado para los que le aman.
Pero Dios nos las reveló a nosotros por (por medio de) el Espíritu;  porque el Espíritu todo lo escudriña,  aun lo profundo de Dios.

Lo que nadie vio, lo que nadie oyó, lo que a nadie se le ocurrió, Dios las preparó para los que le aman, revelándolas por medio del espíritu, el espíritu conoce hasta lo profundo de Dios, o como vimos en Juan, toma de lo que es Jesús, que a su vez posee el conocimiento de Dios, todos estos versículos nos muestran las mismas verdades.
¿Quién en el mundo iba a imaginarse que íbamos a ser salvos por gracia y que gratuitamente recibiríamos justificación, santificación y redención, no obrando sino creyendo?. ¿Quién iba a pensar que Dios nos daría esta nueva vida espiritual con la esperanza de una vida futura plena sin que hagamos nada más que creer?. ¿Quién se imaginaría jamás que Dios iba a pagar el precio por nuestros pecados? Ni el diablo ni sus demonios pudo imaginarse tremenda redención, de otro modo no hubiese permitido la muerte de Jesús en el madero (ver vesículo 8).

1 Corintios 2:12-14
Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo,  sino el Espíritu que proviene de Dios,  para que sepamos lo que Dios nos ha concedido,
lo cual también hablamos,  no con palabras enseñadas por sabiduría humana,  sino con las que enseña el Espíritu,  acomodando lo espiritual a lo espiritual.
Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios,  porque para él son locura,  y no las puede entender,  porque se han de discernir espiritualmente.

Nuestra conexión no es con el mundo sino con Dios, por medio de esta conexión espiritual con Dios podemos conocer lo que Él nos ha concedido, sin embargo, el hombre natural, carente de esta conexión espiritual, no tiene la capacidad de entender los asuntos de Dios y los toma por “locura”.

1 Corintios 2:16
Porque  ¿quién conoció la mente del Señor?  ¿Quién le instruirá?  Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

¡Esto es maravilloso! Dios nos ha dado la capacidad de comprender sus asuntos como Cristo mismo los comprendió, tener la “mente” de Cristo nos da la posibilidad de tener una relación con Dios similar a la que tuvo Jesús y nos da la capacidad de creer como él creyó, de obedecer como él obedeció, de amar como él amó, de andar como él anduvo y de actuar como él actuó, poderosamente (Juan 14:12).
Pero aún Cristo, teniendo la mente que tuvo y teniendo la conexión espiritual con Dios tuvo que DECIDIR caminar con Dios y obedecerle, hoy en día, Dios nos ha dado la misma capacidad espiritual y mental que tenía Jesucristo, nuestra tarea es aprender a usarla y DECIDIR usarla, en un acto de obediencia amorosa a Dios.










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