Conclusiones prácticas

En Honor a Su verdad
Para ir finalizando vamos a ver algunos pasajes en el Antiguo Testamento que reflejan el deseo de Dios de tener una relación estrecha con las personas, y Su promesa hacia Israel, Su pueblo amado:

Ezequiel 11:19-20
Y les daré un corazón,  y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos;  y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne,  y les daré un corazón de carne,
para que anden en mis ordenanzas,  y guarden mis decretos y los cumplan,  y me sean por pueblo,  y yo sea a ellos por Dios.

Ezequiel 36:26-27
Os daré corazón nuevo,  y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros;  y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,  y os daré un corazón de carne.
Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu,  y haré que andéis en mis estatutos,  y guardéis mis preceptos,  y los pongáis por obra.

Dios le estaba prometiendo a Israel, Su pueblo, que les daría un espíritu y quitaría de ellos el corazón de piedra (impenetrable para el amor de Dios) y les daría un corazón de carne, un corazón con el cual sería posible andar en Sus estatutos y guardar Sus preceptos y ponerlos por obras. Dios estaba prometiendo que iba a hacer algo para que ellos pudieran amarlo y obedecerle y tener comunión con Él.

Santiago 1:18
El,  de su voluntad,  nos hizo nacer por la palabra de verdad,  para que seamos primicias [los primeros] de sus criaturas.

Nosotros, habiendo creído en la Palabra de verdad, hemos renacido de espíritu santo y somos los primeros de Sus criaturas, los primeros en recibir el espíritu que Dios había prometido.

Efesios 1:13-14
En él también vosotros,  habiendo oído la palabra de verdad,  el evangelio de vuestra salvación,  y habiendo creído en él,  fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,
que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida,  para alabanza de su gloria.

Creyendo en la Palabra de verdad fuimos sellados con el espíritu santo que Dios había prometido, pero lo que hoy tenemos son sólo los primeros frutos del espíritu (como vemos en Romanos 8:23), nuestra redención plena aún esta por venir, y el espíritu santo es nuestra garantía de que heredaremos todo aquello que Dios prometió.

Hebreos 10:16-18 (ver también Hebreos 8:10-12)
Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días,  dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,
Añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
Pues donde hay remisión de éstos,  no hay más ofrenda por el pecado.

El trabajo de redención de Dios a través de la ofrenda viva por el pecado, que fue Su Hijo Jesucristo hizo posible que hoy en día, poniendo a Cristo Jesús como Señor de nuestras vidas Dios olvide todos nuestros pecados y transgresiones y, por medio del don de espíritu santo Dios va escribiendo en nuestras mentes y corazones Su ley.

Romanos 7:21
Así que,  queriendo yo hacer el bien,  hallo esta ley: que el mal está en mí.

Tomando como referencia la traducción de Francisco Lacueva en su interlineal griego español y los comentarios de E. W. Bullinger en la “Companion Bible”, podríamos traducir más adecuadamente este versículo así:  “Así que hallo la ley conmigo, que quiere hacer lo bueno, estado el mal en mí”


Pablo, lo que está queriendo decir que es que él tenía consigo la ley, ¿qué ley? La ley de Dios escrita en su corazón. La ley de Dios escrita en su corazón quiere hacer lo bueno aún cuando hay una naturaleza carnal que es maligna dentro de él.
Esto encaja con lo que sigue:

Romanos 7:22-23
Porque según el hombre interior,  me deleito en la ley de Dios;
pero veo otra ley en mis miembros,  que se rebela contra la ley de mi mente [la ley escrita por Dios],  y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

A esta altura, quiero citar las palabras de E. W. Bullinger en su estudio llamado “las dos naturalezas en el hijo de Dios”
En el capítulo 5 de este estudio Bullinger dice, con respecto al conflicto entre la nueva naturaleza espiritual y la vieja naturaleza humana:

El conflicto entre ambas naturalezas puede ser comparado con un barco en el cual se ha colocado un nuevo Capitán a bordo, por sus dueños. El viejo capitán ha estado comandando el barco tanto tiempo, su enemistad con los dueños es tan grande que prácticamente va a tratar el barco como si fuera suyo y mantendrá a la tripulación en perfecta esclavitud. La tripulación ha estado sometida a él, no habiendo conocido nunca antes ninguna otra autoridad y sin entender lo que es la verdadera libertad ni lo que es el verdadero servicio. Vez tras vez la tripulación había oído acerca del nuevo Capitán y había visto pasar otros barcos muy diferentes al suyo, pero ahora que el nuevo Capitán comanda el barco, comienzan a darse cuenta cuan diferente es...”

“El libro de instrucciones que el nuevo Capitán ha traído a bordo nos dice que el viejo Capitán ya ha sido juzgado y condenado; pero la sentencia no puede ser ejecutada sino por las propias autoridades judiciales, cuando lleguen a puerto. Los tripulantes no pueden ponerlo en tierra (al viejo Capitán) ni echarlo por la borda, pero éste ya no “comanda el timón”, ni “guía el barco”. El viejo Capitán trata vez tras vez de tomar el control del timón, pero es en vano. A veces logra anteponer su vieja influencia, creando infidelidad en algunos miembros de la tripulación ya que él conoce cómo son y conoce sus debilidades ya que en un principio estuvieron bajo su completo control. Ocasionalmente soborna o engaña a algunos de los tripulantes para que cometan actos de insubordinación de los cuales luego (los tripulantes) se sienten profundamente arrepentidos.

“...El viejo Capitán no puede alterar el curso del barco ni cambiar el puerto hacia el cual se dirige ahora..., la gente del barco eran antes sus subordinados y llevaban a cabo su voluntad; pero ahora, ninguno de ellos tiene obligación de obedecer sus órdenes o de reconocerlo como autoridad, fueron librados de él y, por lo tanto, están bajo las órdenes de un nuevo Comandante...”

Es así que Bullinger, de un modo bastante didáctico compara a nuestros cuerpos y muestras vidas con “barcos” que han estado comandados por nuestra vieja naturaleza y que ahora está siendo comandado por Cristo, quien llevará al barco a buen puerto, sin importar cuanto el viejo “Capitán” luche por tomar el “timón”, el control de nuestras vidas.
Más adelante en su estudio, en el capítulo 8 “Conclusiones prácticas” Bullinger dice:
“...Si la verdad nos sostiene entonces:

1-       Diariamente ignoramos a la carne y nos negaremos a todos sus llamados y clamores. Tenemos que recordar que no estamos nosotros en la carne sino que la carne está en nosotros y no podremos sacarla de nosotros hasta el retorno de Cristo o hasta que muramos y seamos resucitados... si logramos diariamente tener en la memoria esta verdad práctica, nos mantendremos lejos de embarcarnos en algún esfuerzo, plan o esquema que tenga por objetivo cultivar o desarrollar la carne. También nos preservará de cualquier forma moderna de enseñanza que pretenda falsamente esperanzarnos con erradicar la carne siguiendo ciertas reglas o mandamientos...

2-       El mejor modo práctico de tratar a la vieja naturaleza es matarla de hambre... esta tarea puede llevarse a cabo solo indirectamente atendiendo a las demandas y deseos, y dando satisfacción a todos los anhelos descendientes del cielo, de la nueva naturaleza... porque (y esto es importante) no podemos alimentar ambas naturalezas al mismo tiempo. Cuando una de las naturalezas esta siendo nutrida la otra estará pasando hambre. Muchos cristianos están constantemente ocupados en considerar los pensamientos y libros de hombres y luego se sorprenden por su bajo estándar de vida cristiana en su andar diario..., si una persona, en su vida física, persiste en comer o beber aquello que es perjudicial para su salud, ésta deberá soportar las inevitables consecuencias ¡esto es lo que sucede también en el campo espiritual...”

Teniendo en cuenta estas recomendaciones prácticas dadas por el doctor Bullinger, me gustaría cerrar con un versículo más de Filipenses:

Filipenses 4:8-9
Por lo demás,  hermanos,  todo lo que es verdadero,  todo lo honesto,  todo lo justo,  todo lo puro,  todo lo amable,  todo lo que es de buen nombre;  si hay virtud alguna,  si algo digno de alabanza,  en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí,  esto haced;  y el Dios de paz estará con vosotros.

Considerar estas cosas nos dará todos los nutrientes espirituales necesarios para estar espiritualmente fuertes y sanos para hacer la voluntad de Dios y así estar llenos con la paz de Dios y con todos los ingredientes necesarios para tener la mayor plenitud posible en esta vida y el galardón de la vida futura.











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