La acción de Dios en el creyente

En Honor a Su verdad
Ahora bien, ¿qué pasos puntuales debo seguir yo para alcanzar dicha salvación?, ¿Qué me corresponde hacer a mí?. Esto está resuelto en el siguiente versículo, que veremos en detalle:

Filipenses 2:13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

Será necesario ahora, para adquirir un conocimiento más exacto de la verdad que está transmitiendo este pasaje, comenzar a desglosar y estudiar cada palabra del versículo.

Empezaremos por ver cómo traduce este versículo Francisco Lacueva en el interlineal griego español:

“Porque Dios es el que produce en vosotros tanto el querer como el actuar en pro de (su) buena voluntad”

Otra versión que arroja más luz sobre el pasaje es la “Traducción del nuevo mundo”, que lee:

“Porque Dios es el que, por causa de (su) beneplácito, está actuando en ustedes a fin de que haya en ustedes tanto el querer como el actuar”.

Si bien estas dos versiones amplían un poco el sentido del versículo, veremos, mediante un estudio detallado, cuál es la magnitud del mensaje de este pasaje.

- La palabra “en”, donde dice “en vosotros produce” es la palabra griega en, que (según E. W. Bullinger en su estudio de las preposiciones, en la “Companion Bible”, apéndice 104, apartado viii) significaría “estando o permaneciendo dentro de”, dando la idea de descanso y de continuidad en el tiempo. Es también usada, esta palabra, para indicar la causa que genera algo, como emanando desde adentro.

Veremos en Romanos algunos usos de esta preposición:

Romanos 8:9-11
Mas vosotros no vivís según [no estáis en gr. en] la carne,  sino según [gr. en] el Espíritu,  si es que el Espíritu de Dios mora en [gr. en] vosotros.  Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,  no es de él.
Pero si Cristo está en [gr. En] vosotros,  el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado,  mas el espíritu vive [es vida] a causa de la justicia.
Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en [gr. en]  vosotros,  el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en [gr. en] vosotros.

En este versículo, vemos grandes verdades que toman mayor sentido a la luz del entendimiento de la preposición griega en. Por un lado, Pablo dice que los creyentes (aún cuando siguen teniendo una naturaleza carnal) no están dentro de la carne sino dentro del espíritu si es que el Espíritu de Dios mora dentro de ellos. Dicho de otro modo, si una ha recibido el don de espíritu santo, este espíritu permanece en nosotros y es la causa que genera que estemos vivos, nuestra vida, entonces, ya no es más carnal sino espiritual. Siguiendo esta lógica, si Cristo está dentro nuestro (o sea, su espíritu y poder) el cuerpo está muero a causa del pecado pero el espíritu es vida a causa de la justicia (o sea, que Dios considera muerta a nuestra naturaleza de pecado y a sus obras y considera viva a nuestra nueva naturaleza espiritual a causa de la justicia que nos ha dado).
Luego, yendo más allá en su explicación, Pablo añade que si el Espíritu de Dios habita dentro nuestro, siendo que Dios, con ese poder espiritual levantó a Jesucristo de los muertos, del mismo modo nos dará una nueva vida espiritual a causa del espíritu que habita dentro de nosotros.
De todos modos, esta es una breve explicación de estos versículos ya que no hay tiempo de profundizarlos en esta enseñanza, esta nueva vida espiritual es muy compleja como para sintetizarla en unas pocas hojas pero confío en que, por medio de estos versículos, se haya podido apreciar el sentido en el uso de la preposición griega en, que es lo que nos concierne ahora.

Volviendo entonces a filipenses 2:13, podemos decir, que cuando dice “ en vosotros produce”, por medio de la utilización de esta preposición griega, Dios nos muestra que lo que Él produce, lo produce dentro de nosotros, que eso que produce tiene permanencia y continuidad en nosotros y que de allí es de donde “emana” luego el “querer” y el “hacer”.

Filipenses 2:13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

“Produce” es la palabra griega energëo, proviene de la palabra griega energëia, de donde deriva nuestra palabra castellana “energía”. Energëo es, por lo tanto, “dar energía” o “poner la energía en acción”, suele traducirse como “actuar”, “hacer” y “obrar”. A su vez, es la unión de otras dos palabras griegas: la preposición en (que vimos previamente) y ergon que es obrar o trabajar. En base a esto, podríamos decir que energëo denota un trabajo y obra en el interior, siendo energëia la energía que sustenta a esa obra y acción.

Veremos algunos usos de energëo:

Romanos 7:5
Porque mientras estábamos en la carne,  las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban [energëo] en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

En nuestra naturaleza caída, cuando no teníamos a Dios actuando en nosotros, eran las pasiones pecaminosas de la carne las que obraban en nuestro interior, conduciéndonos consecuentemente a producir frutos para muerte. Sin la acción de Dios, todo lo que hacemos proviene de nuestras pasiones pecaminosas. Dios, con Su don, nos dio una nueva fuente de energía por medio de la cual podemos hacer Su Voluntad.

Otro uso interesante de energëo está en Gálatas:

Gálatas 3:5
Aquel,  pues,  que os suministra el Espíritu,  y hace [energëo] maravillas entre vosotros,  ¿lo hace por las obras de la ley,  o por el oír con fe?

La acción interna de Dios por medio de Su espíritu es lo que posibilita operar las manifestaciones y poner por evidencia las maravillas de Dios, pero esta operación del poder de Dios (así como el suministro de Su espíritu) no se efectúa obrando según la ley sino obedeciendo o aceptando aquello que oímos de parte de Dios. Dios ha puesto un gran poder “inherente” en nosotros, nuestra “conexión de red” con Dios posee un potencial incalculable, pero la manera de poner en evidencia ese poder no es obrando conforme a la ley, no es siguiendo preceptos ni imponiéndonos disciplinas (aunque la disciplina y el orden son provechosos para nuestras vidas) sino actuando en obediencia a aquello que oímos de Dios, ya que la “fe” viene por el oír aquello declarado por Dios (Romanos 10:17).
Quiero aclarar que, hasta donde he estudiado el uso de “fe” (griego pistis), puedo definirla como “obediencia o aceptación de lo dicho por Dios, basado en la confianza y firme persuasión de que Dios existe y de que es galardonador de los que lo buscan con interés”
Es por eso que, para poder manifestar el poder de Dios de manera que sucedan “maravillas” en la iglesia, primero debe  haber un mensaje de Dios y luego debe haber una obediencia a ese mensaje. Es así que la gracia de Dios estará primero en decir que está disponible y como obtenerlo y luego en actuar para que suceda luego de que hayamos seguido sus instrucciones.
Por lo tanto, si queremos ver más maravillas entre nosotros (como milagros o sanidades) nuestra atención no debe estar centrada en el milagro en sí sino en estar atentos lo que Dios nos dice que hagamos. Si Dios quiere obrar un milagro o extender una sanidad nos lo hará saber y nos dirá que hacer, entonces y solo entonces tendremos la posibilidad de “desplegar” Su poder creyendo y actuando conforme a lo que nos haya dicho, pero no podemos “forzar” una sanidad, un milagro, o una maravilla, lo que podemos hacer es orar a Dios perseverantemente para que extienda su gracia, su misericordia y poder y esperar  a sus instrucciones, porque Él sabe mejor que nosotros qué hacer en cada situación.

Gálatas 5:6
porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo,  ni la incircuncisión,  sino la fe que obra [energëo] por el amor.

Como vimos antes, el poder de Dios no es puesto en acción por nuestras obras sino por nuestra fe en lo que Él nos comunica, aquí se retoma el mismo concepto, Pablo les viene explicando que ni la circuncisión ni la incircuncisión vale algo sino la fe, o sea, no son los actos religiosos, no las “obras” humanas (aunque estén basadas en la ley de Dios) las que son de valor para que Dios actúe en nuestras vidas sino que es la fe (la aceptación u obediencia de lo dicho por Dios) lo que Dios valora y esta fe se pone en acción por medio del amor. Esto tiene un doble aspecto por un lado, como dijimos, antes de tener fe es necesario oír algo de parte de Dios, esto que Dios dice procede de Su amor por nosotros, por eso podemos decir que nuestra fe adquiere toda su energía del amor de Dios, que nos comunica Su Voluntad; pero por otro lado, nuestro amor por Dios también nos impulsa a obedecer lo que Él nos comunica, en nuestro deseo de tener una íntima comunión con Él.
Es así que vemos que tanto el amor de Dios por nosotros como nuestra respuesta de amor hacia Él juegan un papel fundamental, generando y haciendo crecer la fe y edificando nuestra confianza y creencia.

Filipenses 2:13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

Analizaremos ahora la palabra “querer”. Esta palabra es en griego thelö y se traduce en la Biblia como “querer” o “desear”. Hay, en la Biblia, dos palabras importantes que se traducen en castellano “querer”,”desear” o “tener la voluntad”, estas dos palabras son thelö y boulomai, y es necesario aclarar las diferencias entre ambas para una mejor comprensión de las Escrituras.
Thelö es definida por E. W. Bullinger (“Companion Bible” apéndice 102) como “querer o desear, es el elemento emocional que lleva a la consecuente acción”..
En cuanto a boulomai  E. W. Bullinger (en la “Companion Bible”) dice: “Si bien a veces el significado es más amplio, hace referencia al resultado de thelö... es la determinación deliberada, ya sea que esté en acuerdo o en contra del deseo o impulso original”.
En otras palabras, thelö es aquel deseo impulsivo que se produce en el interior, mientras que boulomai es la determinación en el corazón de seguir o no ese impulso. Thelö es un deseo proveniente de las emociones mientras que boulomai es la voluntad que parte del razonamiento, es desear algo a causa de haber pensado y decidido que es lo conveniente.

Por ejemplo, digamos que paso por una heladería, y al ver los helados tengo un deseo impulsivo de comer un helado, eso sería el deseo thelö, sin embargo, reflexiono y pienso “mejor no como helado porque estoy recuperándome de un resfriado y me puede hacer mal”, luego mi voluntad reflexiva actúa de modo que evito seguir a mi impulso inicial, en este caso, mi voluntad boulomai fue contraria al impulso inicial (el deseo thelö ). Ahora supongamos que mi estado de salud es óptimo, es un día cálido y tengo tiempo y el dinero para detenerme a comer helado y lo hago, en ese caso mi resolución (la voluntad boulomai) sería la concreción de el deseo (thelö) inicial. El peligro radica en no reflexionar ante cada deseo impulsivo, porque el impulso emotivo no siempre sigue a la lógica y la razón y puede ser muy perjudicial para nuestras vidas.

Volviendo a lo dicho en Filipenses, lo que éste versículo está mostrando es que Dios produce en los creyentes el DESEO IMPULSIVO de hacer Su Voluntad, la acción de Dios dentro nuestro es para que deseemos hacer Su Voluntad, la energía que alimenta nuestro deseo de hacer la voluntad de Dios proviene de Él. El espíritu santo es el don de Dios por medio del cual Dios mismo actúa en nuestras vidas, generando nuevos deseos de modo que de todo corazón podamos hacer su voluntad.
Como vemos, Dios produce no la voluntad boulomai, sino el deseo impulsivo thelö, de modo que es nuestra responsabilidad, como seres con la libertad de decidir, llevar a cabo aquello que Dios quiere que hagamos. Dios nunca va a obligar a nadie a hacer nada, Dios nos da el deseo de hacer las cosas que Él quiere que hagamos y nosotros, con nuestra voluntad boulomai decidimos si llevarlas a cabo o no.

Gálatas 5:16-17
Digo,  pues: Andad en el Espíritu,  y no [de ningún modo] satisfagáis los deseos [gr. epithumia] de la carne.
Porque el deseo [gr. epithumia] de la carne es contra el Espíritu,  y el del Espíritu es contra la carne;  y éstos se oponen entre sí,  para que no hagáis lo que quisiereis [thelö].

Primero diremos que, en estos versículos, las palabra traducida como “deseo” (dos veces) no son en este caso ni thelö ni boulomai sino epithumia. Esta palabra podría traducirse mejor como “pasiones”, e indica un deseo interno del corazón que mueve a una persona a hacer algo, no es algo momentáneo sino algo arraigado en el corazón (como la “pasión por el fútbol” o la “pasión por el rock”) estas pasiones, como vemos, pueden ser “carnales” o “espirituales”. Pablo nos instruyó aquí a andar conforme a la voluntad de Dios y no según nuestras pasiones carnales, porque son opuestas a Dios.
Pero ¡vean!, ¡el espíritu también tiene pasiones! ¡Dios es un apasionado! Pero Sus pasiones se oponen a las pasiones carnales (que provienen de nuestra naturaleza caída).
Estos nos mostraría, que Dios no solo generaría en nosotros el deseo impulsivo de hacer Su voluntad sino que nos da la capacidad de ser apasionados por Sus asuntos.
También notamos. En la parte final del versículo, que la oposición entre ambas pasiones es para que no hagamos lo que queremos ¿cómo es esto?
Cuando las pasiones carnales dentro nuestro generan un deseo impulsivo, nuestras pasiones espirituales se oponen (para preservarnos de hacer lo malo), y cuando nuestras pasiones espirituales nos proveen (por la acción de Dios) del deseo impulsivo de hacer algo para Dios, nuestras pasiones carnales presentan oposición (para alejarnos de Dios), por eso dice el versículo que ambos se oponen para que no hagamos lo que deseamos hacer. Ésta es nuestra lucha interna siendo seres humanos con una nueva vida espiritual, nuestro trabajo radica en saber diferenciar el deseo de Dios y el deseo carnal y responder con un “si” al deseo de Dios y con un “no” al de la carne, esto sería “andar en el Espíritu”, no parece ser tan difícil ¿no?.

Romanos 7:18,20
Y yo sé que en mí,  esto es,  en mi carne,  no mora el bien;  porque el querer [thelö] el bien está en mí,  pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien que quiero [thelö],  sino el mal que no quiero [thelö],  eso hago.
Y si hago lo que no quiero [thelö],  ya no lo hago yo,  sino el pecado que mora en mí.

Pablo explica acá que en su naturaleza carnal no mora el bien, es así que, aunque Dios genera el deseo de hacer el bien, uno a veces, siendo llevado por la naturaleza carnal, no lo hace y termina haciendo algo contrario a la voluntad de Dios, lo cual no era nuestra intención hacer.
Un ejemplo claro sobre esta acción contraria a al a voluntad de Dios sería cuando Dios  nos envía a hablar la Palabra a alguien. Supongamos que estoy en una plaza, veo cierta persona leyendo un volante acerca de cierta iglesia y, al verla, siento el impulso de ir y presentarle la verdad de Dios que conozco, porque veo que está buscando, quizá, alguna respuesta bíblica para su vida. Pero luego, mi mente humana (carnal) comienza a decir: “quizá no es un impulso espiritual y solo sea idea mía... ¿y que pasa si le hablo y no le interesa lo que hablo?... por ahí se enoja por invadir su privacidad... ¿qué dirá la gente  que está viendo?” Todos estos argumentos o quizá algunos otros pueden presentarse generando miedo e incertidumbre hasta que al final me voy del lugar sin haber hablado. Lo que queda, luego, en mi mente es exactamente lo que Pablo dice acá: “yo tenía el deseo de hacer el bien, pero no hice el bien que quería hacer (hablar la Palabra de Dios) sino que hice el mal que no quería hacer (irme sin haber hablado), es entonces que sé que el pecado que mora en mí (los miedos e incertidumbres provenientes de los argumentos de nuestra naturaleza carnal) me ganó la batalla en los pensamientos de modo que hice lo que no quería hacer.
Este ejemplo es ilustrativo pero la misma verdad se aplica en todos los órdenes de la vida de modo que nuestra naturaleza humana usa toda su artillería (miedos, egoísmo, vergüenza, pasiones, traumas, complejos, etc.) para que no hagamos lo que deseamos hacer (cuando Dios produce el deseo).

Volvamos a ver el pasaje en Filipenses.

Filipenses 2: 13
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer,  por su buena voluntad.

Ahora estudiaremos la palabra “hacer”, ésta palabra, en griego, es la misma palabra “produce” que ya vimos, es en griego energëo, la energía en acción, quiere decir que Dios no solo nos produce el deseo impulsivo de hacer Su voluntad sino que nos da los recursos internos, nos provee de la energía para llevar a cabo Su Voluntad.
Esto nos deja sin excusas para hacer Su voluntad, no podemos decir (en vistas a lo que estos versículos transmiten) que queremos hacer Su voluntad, pero que no podemos. Dios mismo no da no solo el deseo sino también la capacidad para hacer lo que Él desea que hagamos. Todo esto es solo lo que Dios hizo disponible a través de Su don de espíritu santo, ¡esto es lo que tanto le costó a Dios!, para poder obrar de este modo en cada uno de nosotros Dios pagó con la vida de Su hijo Jesucristo.
Dios pagó el más alto precio para tener una comunión íntima, cercana, amorosa, confiable con nosotros ¿cómo le responderemos nosotros?

Donde dice “por su buena voluntad”, la palabra “por” es en griego huper que significa “en interés de” o “a favor de”o “con el propósito de”. Las palabras “buena voluntad” son una solo palabra griega eudokia, esta palabra es la unión de eu, que significa “bueno” y dokeö que denota una opinión o un parecer que se forma una persona acerca de alguna situación (que puede ser correcta o no). Esta opinión es el resultado de haber examinado una determinada situación basados en lo que uno previamente conoce y en lo que ha vivido y en cómo uno razona aquella situación. En el caso de Dios, Dios no tiene meras “opiniones” sobre los asuntos sino que tiene la “verdad” acerca de todas las cosas. A su vez, los pensamientos de Dios, Su plan y Su Verdad son siempre para bien, el verbo griego eudokeö se traduce “tener contentamiento”, “complacer”, “agradar”. Dios, habiendo examinado y razonado todas las cosas, ha diseñado un plan y propósito que es de Su agrado. Así como cuando Él, en Génesis, dice que lo que creó era “bueno en gran manera”, del mismo modo, Su plan para la redención del hombre y de toda la creación es también en gran manera bueno. Por lo tanto eudokia haría referencia a aquel plan de Dios que a Él le agrada y que desea que llevemos a cabo.

Es así que, uniendo todo lo aprendido podríamos dar una traducción parafraseada del versículo conforme a nuestro entendimiento del pasaje:

“porque Dios es el que obra internamente en ustedes, generando el deseo impulsivo y dándoles la capacidad para obrar en pro del plan que le ha agradado poner en marcha”

Veamos ahora cómo encaja el versículo en el contexto:

Filipenses 2:12-16
Por tanto,  amados míos,  como siempre habéis obedecido,  no como en mi presencia solamente,  sino mucho más ahora en mi ausencia,  ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,
Porque Dios es el que en [dentro de] vosotros produce así [da la energía para] el querer [desear impulsivamente] como el hacer, [la capacidad para trabajar] por su buena voluntad [a favor de Su buen propósito]
Haced todo sin murmuraciones [sin quejas] y contiendas,
Para que seáis irreprensibles y sencillos, [sin mezcla] hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa,  en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo;
asidos de la palabra de vida,  para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano,  ni en vano he trabajado.

Pablo está diciéndole a los filipenses, que siendo que siempre habían obedecido a Dios, no dejen de hacerlo estando él ahora ausente sino que, con respeto y reverencia por Dios se ocupen de lograr la mayor entereza física y mental posible, y siendo que Dios mismo les daba a ellos el deseo y la capacidad de obrar a favor de Su propósito, Pablo les dice que hagan la voluntad de Dios sin quejarse ni pelearse.
Conducirse de esta manera, a su vez, requiere de estar “asidos de la Palabra de vida”, porque es conociendo la Palabra de Dios que podremos, con mayor exactitud, diferenciar entre los deseos que provienen de la naturaleza carnal y los que provienen de Dios y a través de ella recibiremos mayor aliento y motivación para desechar lo carnal y poner en acción lo espiritual.

Hebreos 4:12
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz,  [energës: que tiene energía] y más cortante que toda espada de dos filos;  y penetra hasta partir el alma y el espíritu,  las coyunturas y los tuétanos,  y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Primero diré que, cuando se menciona la palabra (gr., logos) de Dios, no se refiere solo a la Biblia como libro, no a un versículo ni a una predicación sino que hace referencia a un mensaje de parte de Dios, aquello que refleja la intención y el pensamiento de Dios. Un versículo que es mil veces repetido no tiene eficacia,, no tiene “energía” si no se ha entendido el mensaje que Dios comunicó en él, por otro lado, Dios puede comunicar su mensaje en múltiples maneras aún fuera de un versículo bíblico (aunque suele comunicar Su verdad mientras estamos leyendo y considerando las Escrituras).
Aquél mensaje de Dios que nos ayuda a comprender las intenciones y la Voluntad de Dios es un mensaje con energía y tiene la capacidad de separar lo que hay en nuestros pensamientos y cuáles son las intenciones del corazón. Éste mensaje de Dios nos posibilita el entender y darnos cuenta cuándo un deseo es provocado por Dios y cuándo por la carne, nos ayuda a diferenciar entre aquellas acciones que parten de una intención correcta (generada por Dios) y las que parten de nuestra naturaleza de pecado.
Es así que, cuando no sabemos si algo que deseamos hacer parte de Dios o no, deberíamos orarle y preguntarle a Dios y revisar Sus Escrituras para que por medio de ellas Dios nos dé el entendimiento necesario. Por eso Pablo exhorta a los creyentes a estar “asidos de la Palabra de vida”, porque si vamos constantemente a Dios, deseando oír Su mensaje, Su voluntad para con nosotros, será mucho más difícil que tropecemos y podremos aprovechar al máximo la vida y el don de espíritu santo que nos dio.

Vean lo que Jesús dijo a sus discípulos:

Juan 15:7 
Si permanecéis en mí,  y mis palabras permanecen en vosotros,  pedid todo lo que queréis, [thelö] y os será hecho.

Jesucristo le dijo a sus discípulos que si sus palabras (su mensaje, el cual provenía de Dios) permanecían en ellos podrían pedir todo lo que quisieran (todo lo que desearan impulsivamente) y sería hecho.
Esto se entiende, a la luz de lo que hemos visto, del siguiente modo: si en nosotros, o si, en nuestro corazón y pensamientos tenemos la Palabra de Dios, deseando hacer Su Voluntad, Dios va a generar el deseo en nosotros de modo que lo que le pidamos será lo que Él quiere que le pidamos, de este modo, podemos contar con que aquello será hecho, ya que sería ilógico que Dios genere en nosotros el deseo de pedirle algo que luego no nos va a dar.
Aquí vemos, entonces, que habiendo Dios generado el deseo (de pedir), nuestro acto de voluntad es lo que determina si recibimos o no, ya que queda en nosotros el decidir orar y pedirle o no, pero Dios, cuando nos da, no solo nos da lo que pedimos:

Efesios3:20-21
Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos,  según el poder que actúa en nosotros,
a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades,  por los siglos de los siglos.  Amén.

O sea que Dios no solo nos da lo que le pedimos (conforme a Su voluntad) sino que es poderoso para hacer las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o aún de lo que podemos llegar a pensar que puede llegar a darnos, digamos que a nuestro Padre le gusta sorprendernos, Él quiere que estemos contentos de estar con Él.

Veamos cómo funcionaron estos principios en la vida de los apóstoles:

Hechos 4:23-31
Y puestos en libertad, [Pedro y Juan] vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho.
Y ellos,  habiéndolo oído,  alzaron unánimes la voz a Dios,  y dijeron: Soberano Señor,  tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra,  el mar y todo lo que en ellos hay;
que por boca de David tu siervo dijiste:
 ¿Por qué se amotinan las gentes,
 Y los pueblos piensan cosas vanas?
Se reunieron los reyes de la tierra,
 Y los príncipes se juntaron en uno
 Contra el Señor,  y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús,  a quien ungiste,  Herodes y Poncio Pilato,  con los gentiles y el pueblo de Israel,
para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.
Y ahora,  Señor,  mira sus amenazas,  y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra,
mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús.
Cuando hubieron orado,  el lugar en que estaban congregados tembló;  y todos fueron llenos del Espíritu Santo,  y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Evidentemente, esta oración fue inspirada por Dios, porque las palabras que hablaron generaron una inmediata y contundente respuesta de Dios. Pedro y Juan, habían sido encarcelados por predicar la Palabra de Dios y antes de ser liberados fueron intimados (amenazados) para que no predicasen más en el nombre de Jesús. El deseo de ellos (proveniente del espíritu) era el seguir hablado la Palabra, pero algo de miedo (proveniente de la vieja naturaleza) los estaba estorbando, por eso oraron a Dios por DENUEDO para hablar. Ellos fueron honestos, no escondieron su miedo, excusándose sino que reconocieron que este miedo era lo que les impedía hacer la voluntad de Dios y le oraron a Dios, y no solo le pidieron el denuedo para hablar sino que pidieron a Dios para que Él extienda su mano haciendo sanidades y señales y prodigios.
Inmediatamente Dios hizo temblar el lugar, esto, en conjunto con las palabras inspiradas de Pedro y Juan generó la creencia necesaria en la congregación para recibir el espíritu santo, todos estos eventos (la oración de Pedro y Juan, la inmediata respuesta de Dios haciendo temblar el lugar y el recibimiento de espíritu santo, con la consecuente acción interna de Dios en cada uno de ellos) produjeron el denuedo que ellos necesitaban para hablar la Palabra.

¿Cómo sabemos que el deseo de hablar la palabra provenía de Dios? Porque es lo que Jesucristo les encomendó a ellos (en Hechos 1:8). ¿Cómo sabemos que lo que pidieron fue conforme a la voluntad de Dios? Porque lo recibieron. ¿Cuál fue la oposición que presentó la naturaleza de pecado? El miedo causado por las amenazas. Es así que podemos decir que el “deseo de la carne” era que no hablen la Palabra para conservar la integridad física y el del espíritu era hablar la Palabra para alcanzar una mayor entereza física y mental (“ocuparse de la salvación”). ¿Qué deseo decidieron seguir? Aquel que provenía de Dios, ¿qué hizo luego Dios? les dio la capacidad, la “energía” interna para vencer sus miedos y seguir hablando la Palabra. En este caso Dios hizo la obra interna valiéndose de un medio externo, un “fenómeno” que fue el temblor del lugar, Dios sabe como ayudarnos y qué cosas van a influenciarnos para lograr los cambios necesarios en nuestras vidas, sólo tenemos que dejarlo actuar a Su manera, no queriéndolo forzar a hacer algo sino exponiéndole humildemente nuestras necesidades, nuestros deseos e inquietudes y dejando que Él haga Su parte como Él sabe.

En estos versículos vemos que Dios no solo les dio lo que pidieron sino mucho más abundantemente ya que ellos no pidieron que todos sean llenos de espíritu santo, pero por el poder  y amor de Dios esto fue lo que sucedió. Ellos también pidieron que Dios acompañe su predicación con sanidades y señales y prodigios, lo cual si siguen leyendo el libro de hechos verán que también lo concedió abundantemente y más allá de lo que habían pedido.

Vamos a ir ahora, nuevamente a Filipenses para ver una de las grandes claves para poder aprovechar esta nueva vida espiritual:

Filipenses 2:5-11
Haya,  pues,  en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús
el cual,  siendo en forma de Dios,  no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo,  tomando forma de siervo,  hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre,  se humilló a sí mismo,  haciéndose obediente hasta la muerte,  y muerte de cruz.
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,  y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos,  y en la tierra,  y debajo de la tierra;
y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,  para gloria de Dios Padre.

Estos versículos, que están en el contexto de lo que hemos estudiado, conforman el tema central de la epístola, el objetivo principal de la epístola es guiar a los creyentes para tener “el mismo sentir” que hubo en Cristo Jesús. Este “sentir” (en griego phroneö) es una actitud en la mente, es disponerse en la mente a elegir conforme al deseo y voluntad de Dios, es proponerse a obedecer a Dios y no a nuestra mente carnal.
Adán fue creado a imagen de Dios (Génesis 1:27) pero siento tentado por el diablo quiso ser un ser independiente de Dios (Génesis 3:4-5) y desobedeció. Jesús, siendo también en forma de Dios (siendo un ser espiritual lleno con todo el poder de Dios) no se aprovechó de esa posición sino que se humilló (se despojó de orgullos y egoísmo para con Dios) obedeciéndole aún en las más duras circunstancias (su muerte en la estaca), debido a esta obediencia Dios lo exaltó hasta lo sumo.

Jesucristo siempre eligió hacer la voluntad de Dios, siempre actuó conforme a su deseo espiritual y nunca conforme a sus deseos carnales, como resultado obtuvo plenitud en su vida humana (Mateo 11:27-30) y la mayor de las recompensas en su nueva vida, siendo el primer hombre en vivir con el cuerpo inmortal e incorruptible y estando en una posición de autoridad como segundo después de Dios, él es el ejemplo de cuanto más beneficioso es seguir al espíritu que seguir a la carne.
El objetivo, como dijimos, de  la epístola es que tengamos esta actitud en nuestros pensamientos que tuvo Jesús, quien se despojó de su egoísmo, de sus propias aspiraciones, de su sabiduría y de su fuerza, quien también se despojó de sus miedos, sus dudas, sus humanidades y debilidades, de todo se despojó para obedecer a Dios. Esto no quiere decir que no podamos tener sueños, aspiraciones, deseos, ansiedades, miedos, orgullo etc. Sino que, cuando se trata de obedecer a Dios, debemos dejar todo de lado para obedecerle, cuando Dios nos pide que hagamos algo tenemos que dejar nuestra carga mental para obedecerle, pero para eso, es necesario conocer Su amor, Su gracia, y llegar a entender que Su Voluntad es mejor para nosotros que nuestra propia voluntad.
Jesucristo no obedeció a Dios en forma “mecánica” porque estuvo así “programado” y no le quedaba otra opción. Él conoció a Dios, conoció Su voluntad, Su amor, Su gracia, Su misericordia, Su bondad y llegó a comprender que Dios quería lo mejor para él y llego a estar plenamente confiado en que Dios cumplirá Su promesa y que Su galardón sería mucho mejor que lo que él hubiese podido obtener por sus propios medios.
Contrariamente a lo que dice la canción de Frank Sinatra (a mi manera), Dios quiere que hagamos las cosas a Su manera para poder tener el máximo beneficio para nuestras vidas presentes y el mayor galardón posible para la vida futura. Por eso es tan importante y tan necesario conocerlo.

1 Timoteo 2:1-4
Exhorto ante todo,  a que se hagan rogativas,  oraciones,  peticiones y acciones de gracias,  por todos los hombres;
por los reyes y por todos los que están en eminencia,  para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.
Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador,
el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Pablo exhorta acá a que ante todo, en primer lugar, se hagan oraciones, peticiones ya acciones de gracias por todos los hombres, sin excepción, el objeto de estas oraciones es poder vivir quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad, o sea, en una sociedad que sea conducente a hacer la voluntad de Dios, y ¿porqué  hace esta exhortación Pablo?, porque esto es bueno y agradable delante de Dios, porque Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.

Aquí la palabra “quiere” es thelö, esto quiere decir que el deseo impulsivo de Dios es que todos los hombres sean salvos, sin embargo, Él no fuerza la salvación en las personas, porque nos ha dado la libre capacidad de decir, es por eso que su deseo thelö es que todos sean salvos, pero su voluntad determinada, boulomai es la de no sobrepasar nuestra decisión y salvar solo aquellos que quieren ser salvos y cumplen con los requisitos de creer en el Salvador resucitado y confesarlo como Señor. Puesto que Su deseo el salvar a los hombres y darles a conocer Su Verdad, a Él le agrada que oremos para que nuestra sociedad sea conducente a creer en Dios y conocer su Verdad.

De aquí podríamos decir que la mayor necesidad del hombre es ser salvo y la mayor necesidad del hombre salvo es conocer la Verdad. Pablo se dio cuenta de esta necesidad a tal punto que todo lo que él consideraba como ganancia lo estimó como pérdida y como basura para poder conocer mejor a Cristo:

Filipenses 3:7-8
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia,  las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
Y ciertamente,  aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús,  mi Señor,  por amor del cual lo he perdido todo,  y lo tengo por basura,  para ganar a Cristo,

A tal grado consideraba importante Pablo el conocer a Cristo que todo lo demás lo estimó como basura. Pero ¿por qué es tan importante conocer a Cristo y conocer la verdad? Bueno, Dios quiere que sepamos qué clase de Dios es Él, Dios quiere que conozcamos a Cristo, porque en él esta reflejando todo Su amor, y mientras más nos percatamos de cuánto nos ama Dios, más confianza tendremos en Él por lo cual desearemos pasar más tiempo con Él, teniendo una relación Padre hijo cada vez más cercana, más tierna, más confiable. ¡Dios quiere que sepamos que Él es un Padre bueno! ¡Dios quiere que lo tratemos como nuestro Papá!

Isaías 43:7
todos los llamados de mi nombre;  para gloria mía los he creado,  los formé y los hice.

Dios creó, formó e hizo al hombre para Su gloria, cuando buscamos glorificar a Dios con nuestras acciones estamos cumpliendo con la función para la cual Dios nos ha creado, cuando alguien busca su propia gloria (como hizo Adán) o la gloria de otro que no sea Dios; está actuando en contra del propósito original de Dios. Por eso podemos decir, en un sentido general, que aquellos deseos y pasiones dentro nuestro que no glorifican a Dios no proviene de Dios, aunque a veces es difícil de discernir, porque hay cosas que hacemos a veces que parecen no tener un propósito claro y terminan por glorificar grandemente a Dios, es por eso que tenemos que aprender a tener una relación estrecha con nuestro Padre, pero como norma general, debiéramos siempre buscar Su gloria.

2 Corintios 9: 8
Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia,  a fin de que,  teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente,  abundéis para toda buena obra;

Es así que, cuando buscamos la gloria de Dios, haciendo Su Voluntad, Él se encargará de que tengamos en todas las cosas todo lo suficiente: suficiente dinero, suficiente salud, suficientes afectos, suficientes amigos, suficiente sabiduría, suficiente paz, suficiente gozo etc. Cuando buscamos nuestra propia gloria, siempre habrá escasez, ya que la falta de relación con Dios genera un vacío que no puede llenarse con otras cosas, por lo tanto lo que se posee nunca alcanza, nunca es suficiente. En cambio, Dios nos provee de todo lo suficiente en todas las cosas para toda buena obra.

Notemos también la similitud entre lo dicho acá y en Filipenses 2:13. Como habíamos visto, Dios nos da el deseo y la capacidad para actuar en pro de su plan y propósito y acá se nos dice que Dios provee todo lo suficiente para abundar en toda buena obra, estas obras, son las que Él desea que hagamos.

2 Timoteo 3:16-17
Toda la Escritura es inspirada por Dios,  y útil para enseñar,  para redargüir,  para corregir,  para instruir en justicia
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,  enteramente preparado para toda buena obra.

Vemos aquí que Él ya ha suplido la necesidad de tener Su voluntad escrita. Dios ya nos ha dado toda la Escritura suficiente para enseñarnos, para mostrarnos en dónde estamos fallando y mostrarnos el modo de corregir nuestros errores, para que estemos educados en Su justicia, el propósito de esta instrucción de Dios es estar totalmente completos para toda buena obra, nuevamente vemos que Dios nos provee de todo lo que necesitamos para hacer lo que Él desea que hagamos.

La Escritura es aquello que fue inspirado por Dios para guiarnos hacia Dios, pero no es toda la voluntad de Dios, porque Dios desea un andar personal, desea tener una relación individual y personal con cada uno de nosotros, como dice frecuentemente John Lynn es sus enseñanzas: “vos sos el único “vos” que Dios  tiene”, cada uno de nosotros es muy importante para Dios porque cada uno tiene una única función en esta vida, las “buenas obras” que Él preparó para mí son diferentes de las preparó para otro creyente y cada uno debe buscar cuál es su parte y hacerla.

1 Corintios 12:4-6
Ahora bien,  hay diversidad de dones,  pero el Espíritu es el mismo.
Y hay diversidad de ministerios,  pero el Señor es el mismo.
Y hay diversidad de operaciones [energëma:”actividades”],  pero Dios,  que hace [gr. energëo: el que da la energía] todas las cosas en todos,  es el mismo.

Estos versículos dicen que hay varios dones, hay varios ministerios, hay distintas maneras de evidenciar el poder de Dios, pero el que provee la energía para todas las cosas es Dios, todo poder, toda energía para poner en acción a nuestra, naturaleza espiritual, parte de Dios.

1 Corintios 12:7-11
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría;  a otro,  palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
a otro,  fe por el mismo Espíritu;  y a otro,  dones de sanidades por el mismo Espíritu.
A otro,  el hacer milagros;  a otro,  profecía;  a otro,  discernimiento de espíritus;  a otro,  diversos géneros de lenguas;  y a otro,  interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,  repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

No es mi objetivo en esta presentación hacer un estudio de este pasaje ni de las manifestaciones del espíritu, pero quiero hacer notar algo que suele pasarse por alto.
Existe en el griego una figura literaria llamada asíndeton que consiste en no usar la conjunción “y” (kai en griego) en donde habitualmente se usaría con el propósito de lograr una lectura rápida de los detalles para enfatizar la declaración final. En este caso, se paso rápidamente por sobre la enumeración de las manifestaciones para dar importancia a la declaración final que es”: pero todas estas cosas las hace UNO Y EL MISMO ESPÍITU, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere

Lo más importante en todo esto es que Dios hace todas las cosas y reparte las manifestaciones como Él quiere. La palabra “quiere”, por otro lado, es en griego boulomai que, como hemos visto, es la voluntad reflexiva, en contraste de thelö que es el deseo impulsivo. Esto quiere decir que Dios tiene una razón, un motivo pensado y reflexionando para repartir las manifestaciones, ministerios dones y operaciones. Dios no es que se levanta un día de buen ánimo y dice “hoy tengo ganas de dar un don acá, a aquél le voy a dar tal ministerio y por allá voy a hacer un milagrito” ¡no! Dios hace las cosas pensadamente y Él sabe por qué hace lo que hace, Él es bondadoso y es justo y hace las cosas que hace con un propósito, pero siendo justo, no sobrepasa Su propia Palabra, si Él dijo que nosotros tenemos libre albedrío Él no va a sobrepasar Su Palabra haciendo algo en contra de ese libre albedrío, nosotros debemos disponernos para recibir Su gracia y poder y conforme sea Su voluntad, pensada y planificada, nos dará la energía para operar las manifestaciones de espíritu, no solo para nuestro provecho sino también para el de los otros creyentes y, más aún, para todo el Cuerpo de Cristo, para todos los creyentes renacidos en todo el mundo, como veremos ahora:

1 Corintios 12:12,18-19,24-26
Porque así como el cuerpo es uno,  y tiene muchos miembros,  pero todos los miembros del cuerpo,  siendo muchos,  son un solo cuerpo,  así también Cristo.
Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo,  como él quiso.
Porque si todos fueran un solo miembro,  ¿dónde estaría el cuerpo?
Porque los que en nosotros son más decorosos,  no tienen necesidad;  pero Dios ordenó [mezcló] el cuerpo,  dando más abundante honor al que le faltaba,
para que no haya desavenencia [división] el cuerpo,  sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros.
De manera que si un miembro padece,  todos los miembros se duelen con él,  y si un miembro recibe honra,  todos los miembros con él se gozan.

Al haber recibido el don de espíritu santo pasamos a ser parte del Cuerpo de Cristo, esta realidad espiritual es tan tremenda que, cuando renacemos del espíritu, todos los creyentes pasamos a estar conectados de un modo que va más allá de nuestra comprensión. Dios ha hecho las cosas de modo que, al renacer, no solo estamos unidos a Él y a Cristo sino que todos estamos interconectados de tal modo que si un miembro padece, todos se duelen con él y si un miembro recibe honra, todos con él se gozan. Cada cosa que nos sucede afecta a todo el cuerpo y cada cosa que les sucede a otro miembro nos afecta a nosotros. Cada vez que decidimos hacer la voluntad de Dios traemos algún beneficio para todo el cuerpo y cada vez que pecamos, ese pecado afecta a todo el cuerpo.

Además de todo esto, Dios diseño al Cuerpo para que no haya división entre los miembros, cada uno de nosotros es importante, nos necesitamos unos a otros, es por esto (para que no haya división sino unión en el cuerpo) que Dios reparte como Él quiere los dones, ministerios y operaciones espirituales. Dios no le da toda la sabiduría y poder a uno solo, Dios reparte las cosas para que, como hijos de Dios nos vayamos uniendo con otros hijos de Dios.

1 Corintios12: 27 (traducción mía)
Vosotros, pues, sois cuerpo de Cristo, y miembros en su parte.

Cada uno de nosotros tenemos una parte que cumplir dentro del plan de Dios, cada uno de nosotros tenemos una función, así como el ojo tiene su función y la mano tiene otra función dentro del cuerpo humano, cada uno de nosotros tenemos (por nuestras propias características físicas, mentales y emocionales) una función diferente dentro del Cuerpo.

Todos hemos visto y oído acerca de personas que han podido desarrollar ciertas habilidades aún ante la falta de algún miembro. Es así que hombres sin manos aprendieron a pintar cuadros con los pies, personas ciegas han logrado desarrollar sus otros sentidos para manejarse en la sociedad y hasta tenemos el ejemplo de Beethoven, que habiendo quedado sordo pudo componer una de sus más conocidas sinfonías. Sin embargo, un ser humano logra desarrollar su máximo potencial cuando está completo físicamente, saludable física y mentalmente y con estabilidad emocional. Asimismo, Dios puede obrar y llevar a cabo Su plan con un cuerpo mutilado (lo ha hecho desde el principio); aún cuando la humanidad estaba separada de Dios, Dios cumplió Su promesa y Su plan de redención por medio de Jesucristo, es por eso que, mucho más ahora, teniendo un cuerpo de creyentes encabezado por el Señor Cristo Jesús, podrá llevar a cabo lo que queda en Su plan. Pero, aún cuando Él puede llevar a cabo Su plan habiendo muchos creyentes que no están llevando a cabo su parte (por desobediencia e incredulidad), toda la obra de Dios podría concretarse más rápido y con mayor fluidez si todo el cuerpo está unido, sano e íntegro, preocupándose mutuamente unos por otros.

Y una de las mejores formas de contribuir para le crecimiento, la unión y la edificación de todo el Cuerpo es la ORACIÓN:










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