La esperanza del Cristiano

En Honor a Su verdad

Introducción:


La importancia de la esperanza


Un aspecto muy importante para la vida de toda persona es la esperanza. La esperanza puede motivar a una persona a hacer muchas cosas en su vida, según cuál sea su esperanza; y la falta de esperanza, frecuentemente va acompañada de desgano y depresión, llevando a una persona, incluso, a perder el deseo de vivir. La medicina y la psicología moderna también reconocen el valor de la esperanza y el efecto benéfico que ésta puede tener en una persona.

La esperanza del ser humano puede estar fundamentada en muchas cosas distintas, cosas que pueden ser reales o imaginarias; que pueden ser verdaderas o falsas; que pueden ser temporales o duraderas. Pero para el creyente cristiano que cree que la Biblia es la Palabra respirada de Dios, hay una esperanza que es real, verdadera, segura y confiable; porque no está originada en imaginación humana, ni depende del poder del hombre para ser cumplida, sino que fue concebida y revelada por Dios en Su plan, y descansa en Su capacidad y fidelidad para cumplir Sus promesas.

Hebreos 6:17-19
(17) Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
(18) para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
(19) La cual tenemos como segura y firme ancla del alma…

Todo lo que Dios dice lo cumple, ya que, como dice Números 23:19: “Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta…” Sin embargo, para dar confianza y seguridad al hombre, interpuso juramento, de modo que podamos tener un “fortísimo consuelo” los que acudimos a Él y nos sujetamos de la esperanza que Dios puso ante nosotros. El versículo 19 nos dice que esta esperanza es como una “segura y firme ancla del alma,” así como un ancla sostiene al barco para que se mantenga firme y estable, la esperanza que Dios puso ante nosotros nos mantiene firmes en esta vida, no dejando que las inclemencias y “tormentas” del mundo nos lleven lejos del lugar a donde queremos ir.

Ahora bien, muchos cristianos no están seguros acerca de cuál debiera ser su esperanza, y hay muchos cristianos que esperan en Dios cosas que Dios jamás prometió y que Sus Escrituras no declaran. Por lo tanto, estudiaremos algunos pasajes bíblicos en búsqueda de respuestas para algunas preguntas comunes con respecto al futuro: ¿declara Dios que cuando una persona muere su “alma” o “espíritu” sigue viviendo “eternamente”? ¿Es la muerte la “puerta de entrada a una nueva vida? ¿Viviremos para siempre en el cielo? ¿es el paraíso un lugar en el cielo? ¿Arderán, los pecadores, perpetuamente en el “infierno”? La respuesta bíblica a todas estas preguntas es ¡NO!, no hay pasajes bíblicos que sostengan estas doctrinas, como estudiaremos a continuación.

Empezaremos viendo algunos pasajes bíblicos que hablan sobre la esperanza:

1 Corintios 9:9-10
(9) Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes,
(10) o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara,  y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.

En la agricultura de aquella época, generalmente se separaba la paja del trigo colocándola en un terreno redondo alisado, llamado “era,” y haciendo pasar a los bueyes sobre ésta para que pisoteen el trigo y así se separe de la paja. Esto es a lo que le llamaban el “trillado.” Entre los agricultores de la época, los agricultores que cuidaban de sus bueyes dejaban que éstos comieran del mismo trigo que estaban pisoteando, pero había algunos agricultores crueles que colocaban bozal al buey para que no pudiera comerse el trigo. En forma figurada, el trigo era el “salario” del buey, no debían restringírselo. Entonces, al decir Dios “no pondrás bozal al buey que trilla,” se estaba refiriendo a que quien trabaja debe poder ser sustentado en sus necesidades a través de ese trabajo.

Ahora bien ¿qué relación tiene esto con el tema de este estudio? Bien, el versículo 10 nos dice que “…el que ara ha de arar con esperanza; y el que trilla, con esperanza de participar del fruto.” Lógicamente, nadie desea trabajar gratis. Todo el que trabaja, especialmente cuando el trabajo requiere hacer cosas que a uno no le gusta hacer, o cuando es muy demandante, lo hace en la esperanza de recibir una paga a cambio. Por lo general, mientras más acorde a nuestras habilidades es un trabajo, y mientras mayor es la paga, con más ganas lo hacemos, soportando pacientemente las dificultades que se presentan. Pero si la paga es poca y no nos gusta el tipo de trabajo que hacemos, pronto llega el desgano y el abandono. Con nuestras vidas sucede algo similar: si nuestra esperanza para el futuro es incierta, es escasa, y el trabajo a hacer es muy demandante, aburrido y no nos gusta, pronto comenzamos a abandonar nuestros esfuerzos por mantener la integridad moral, y perdemos el deseo de vivir con rectitud. Pero si entendemos cuan grande es la paga prometida por Dios y cuán agradable es la obra que Dios desea que hagamos, lo haremos con más ánimo y entusiasmo.

Efesios 1:15-18
(15) Por esta causa también yo,  habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos,
(16) no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,
(17) para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,
(18) alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

Aquí vemos que, entre otras cosas, Pablo oraba para que los creyentes sean llenos de sabiduría y conocimiento, para que conozcan, entre otras cosas, cuál es la esperanza a que él los había llamado y cuáles las riquezas de gloria de su herencia en los santos. La esperanza es muy importante para el cristiano, y Dios no sólo quiere que la conozcamos, sino que quiere que oremos unos por otros para conocerla cada vez mejor.













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