Una Base sólida

En Honor a Su verdad
En este breve artículo quiero destacar la importancia de establecer una base sólida sobre la cual edificar nuestra creencia en Dios y nuestra práctica del andar cristiano.

En Lucas 6:43 al 49 Jesús habla de cómo una casa edificada sobre un buen fundamento resiste todo tipo de inclemencias y que la casa edificada sobre tierra, sin fundamento, termina cayéndose y queda arruinada. En este contexto Jesús estaba hablando de cómo la práctica consolida firmemente la creencia, a diferencia de aquél que sólo le dice “Señor, Señor” pero no anda conforme a su voluntad y no produce fruto espiritual. Sin embargo, el ejemplo de la casa que se edifica sin fundamento nos sirve para entender cuán necesario es tener una base sólida sobre la cual edificar nuestra creencia.

La fortaleza de la casa no se encuentra sólo en sus paredes y techo, o estructura interna, sino también en su base, su fundamento. Una casa sin un buen cimiento, aunque esté construida con muy buenos materiales, no se mantendrá firme. Del mismo modo, si nuestra fe no tiene una base sólida, aunque esté edificada sobre maravillosas enseñanzas, prédicas y estudios, se caerán ante los primeros golpes de la vida.

Por eso, antes de disponernos a edificar nuestra fe cristiana, debiéramos evaluar si estamos edificando sobre una base sólida o no. Con un cimiento a medio hacer, quizá podamos edificar estructuras sencillas, pero estructuras más pesadas y de mayor altura vencerán al cimiento mal hecho y toda la edificación caerá. Del mismo modo, si no tenemos una base sólida en nuestra fe cristiana, quizá podamos “edificar” estructuras de pensamiento y creencia sencillas, pero cuando queramos profundizar más en las verdades de la vida espiritual, el “peso” de la doctrina hará que nuestra fe se desmorone.

El apóstol Pablo dijo lo siguiente:

1 Corintios 3:10-11
(10) Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima;  pero cada uno mire cómo sobreedifica.
(11) Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.

Pablo dedicó casi todo su ministerio a establecer el fundamento sobre el cual los creyentes deberían edificar. Esto debería hacernos reflexionar sobre la tremenda importancia de tener una base sólida sobre la cual edificar.
¿Cuál era esa base en la que Pablo trabajó tanto para establecer? Esa base era Jesucristo. La vida, obra, predicación, los sufrimientos, la muerte, la resurrección y ascensión de Jesús tuvieron un propósito, fueron parte del plan de Dios para dar salvación y redención a la humanidad. Sin él, la Biblia es sólo un libro más y todas nuestras prácticas cristianas son vacías. Pero además, si no llegamos a comprender bien la doctrina de la justificación, salvación y redención que tenemos en Cristo Jesús, nuestro Señor, no podremos “edificar” doctrinas más complejas y de mayor “peso” espiritual.

Noten cuál fue el trabajo de Jesús en la Tierra:

Mateo 9:35
Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Muchas personas suelen hacer énfasis en que Jesús sanaba toda enfermedad y dolencia. Sin embargo, esto lo hacía siempre precedido de su predicación del evangelio del reino, o sea, la buena noticia acerca del reino de Dios.

Marcos 16:15-18
(15) Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
(16) El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.
(17) Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
(18) tomarán en las manos serpientes,  y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

La comisión de Jesús a los apóstoles fue predicar el evangelio, o sea, la buena noticia de lo que Dios hizo por la humanidad a través de Cristo. El versículo 17 dice que los que creen podrán, en nombre de Jesús echar fuera demonios, hablar nuevas lenguas, sanar enfermos, etc. Muchos cristianos buscan todas estas “señales” y manifestaciones de poder, sin siquiera haber entendido y creído la buena noticia de Dios.

Volviendo al ejemplo del edificio, si yo me paso oyendo prédicas y leyendo estudios sobre cómo administrar  sanidad y producir milagros sin haber aprendido adecuadamente sobre Su evangelio de salvación, es como estar preocupándome por el color con que voy a pintar las paredes cuando todavía no he terminado de establecer el cimiento. 

Noten lo que Jesús dijo a los fariseos:

Marcos 7:9
Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

“Bien invalidáis” no se refiere a que hacían bien en invalidar el mandamiento de Dios, sino a que lo hacían en pleno conocimiento de que estaban haciendo algo incorrecto y contrario a la voluntad de Dios. Ellos sabían bien cuál era el mandamiento de Dios, pero lo invalidaban a través de sus tradiciones.

Mateo 23:23
¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino,  y dejáis lo más importante de la ley: la justicia,  la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,  sin dejar de hacer aquello.

Aquí Jesús resumió cuál es el objetivo de los mandamientos de Dios y cuál es el centro del mensaje del evangelio de Dios: la justicia, la misericordia y la fe. Esto se refiere a la justicia que es imputada en el hombre a causa de la misericordia de Dios y por medio de la fe en Su provisión para la salvación del hombre. Los fariseos habían creado todo un sistema religioso que consistía en obras externas que había terminado por anular todo el sentido de los mandamientos de Dios, que era mostrar al hombre su incapacidad para cumplirlos y llevarlo a esperar y confiar en la provisión de Dios, Quien se encargaría de otorgar salvación al hombre pagando Él mismo, con la sangre de Su perfecto Hijo, el rescate del hombre.

Los principios fundamentales para establecer un firme fundamento (que es lo que se refiere a la justicia de Dios por medio de la fe) y la explicación sobre el objetivo central de la ley de Dios dada en el Antiguo Testamento, está desarrollado en el libro de Romanos. Veremos brevemente un pasaje en Romanos 3:

Romanos 3:19-26
(19) Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;
(20) ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.
(21) Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
(22) la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
(23) por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
(24) siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
(25) a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
(26) con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

En estos versículos tenemos los mismos ingredientes que Jesús había señalado como los más importantes de la ley. (1) La justicia, que es aquello que el hombre debía alcanzar para llegar a ser salvo y tener vida perpetua en la era futura. (2) La misericordia, que si bien no se menciona específicamente, está implícita en el hecho de que Dios pasó por alto los pecados pasados. “Misericordia” es no ejecutar un juicio merecido, a causa de nuestros pecados merecemos la muerte, pero Dios, a través de la obra de Jesús, hizo a un lado el castigo para darnos vida perpetua en una era futura. (3) La fe. Vemos que el componente humano necesario para heredar las promesas de Dios es la fe y no las obras, ya que por medio de cumplir las obras de la ley el hombre jamás podría llegar a ser salvo, porque nadie podía cumplirlas perfectamente. Por eso, la ley no servía para que el hombre sea justificado por medio de ésta, sino para que esperara y confiara en que Dios enviaría un salvador.

Romanos 3:28, 31
(28) Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

(31) ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

Esto significa que si bien el hombre es contado y tratado como justo por su fe en la obra redentora de Dios por medio de Jesús, esto no significa que no deba seguir cumpliendo los justos requerimientos de Dios. Es necesario hacer la voluntad de Dios, pero no por el sólo hecho de ser “buenos” ante los hombres, sino porque creemos y confiamos en Dios, Su amor y Su provisión.

Los fariseos a los que Jesús les reprochó el haber dejado de lado la justicia, la misericordia y la fe habían hecho todo un sistema de “obras” que dejaba de lado la necesidad de esperar la salvación de Dios por medio de Jesús. Pero obrar por obrar, como vimos, no conduce a nada, no sirve para salvar al hombre de sus pecados. Es necesario que cumplamos, tanto como podamos, todos los mandamientos y requerimientos de Dios, pero no “por obras” sino por “fe,” o sea, no por el sólo hecho de seguir una norma escrita, sino porque amamos a Dios y queremos agradarle, y porque confiamos y creemos en Su amor y provisión para nuestras vidas.

Por ejemplo, si la Palabra de Dios me insta a no robar y yo robo, en el fondo es porque no estoy reconociendo adecuadamente el amor que Dios tiene por mí, y no estoy creyendo y confiando en que Dios podrá proveerme de lo necesario para que yo disfrute mi vida sin la necesidad de robar. Pero por otro lado, es posible que jamás en mi vida llegue a robar, pero aún así no creer ni respetar a Dios y hacerlo simplemente por miedo a ser descubierto, o para ganar buena reputación entre amigos, familia, sociedad o una congregación de cristianos. De este modo estaría cumpliendo la ley, pero no lo estaría haciendo “por fe.” Este tipo de cumplimiento no es estimado por Dios, porque a Dios le interesa que lo amemos y tengamos comunión con Él.

Por eso el apóstol Pablo decía:

Romanos 1:15-17
(15) Así que,  en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma.
(16) Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
(17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Pablo dice que la buena noticia de Dios es poder de Dios para salvación a todo el que cree y que en éste se revela una justicia de Dios “por fe y para fe,” que en el texto es “desde fe y hacia fe” y da la idea de un ciclo continuo de crecimiento en la fe. Esto significa que, al principio yo veo el amor de Dios a través de la buena noticia que transmite en Su Palabra y creo en Dios y comienzo una relación con Él, Él entonces me da Su provisión conforme a mi creencia y me muestra más sobre Su amor y sobre Su propósito y plan, esto genera en mí más creencia y fe, lo cual, a su vez, me permite tener una nueva provisión de Dios. Este ciclo seguirá así continuamente a menos que yo lo corte, desviando mis pensamientos y mi andar fuera de la voluntad de Dios.

Entonces, no se trata de obrar por obrar, sino de comenzar este ciclo continuo de fe. Mi primera fe posibilitará a Dios que comience a trabajar en mi interior para hacer Su voluntad, luego de esto, seguiré cayendo, fallando y pecando, pero si sigo confiando en Dios y pidiendo Su ayuda y haciendo mi mejor esfuerzo, Dios trabajará en mi para hacerme comprender más Su amor y así confiar y creer más en Él, y actuar más ajustado a Su voluntad. Este ciclo de crecimiento continuo nos llevará a ajustarnos cada vez más al cumplimiento de Sus mandamientos y requerimientos, pero no serán una carga pesada, sino que se convertirán en el deleite de nuestro corazón, porque no lo estaremos haciendo por “obras” sino por “fe,” lo estaremos haciendo porque confiamos en nuestro Padre y lo amamos.

Una base sólida no se construye de la noche a la mañana, ni mucho menos en los asuntos espirituales, pero es mi recomendación para todo creyente cristiano que desea acercarse más a Dios y conocer más acabadamente el corazón de nuestro Padre celestial, que revise cuál es su cimiento, y si es sólido y está bien establecido.

La falta de un sólido fundamento puede hacer que nos suceda lo que a los creyentes de Galacia:

Gálatas 1:6-9
(6) Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
(7) No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
(8) Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado,  sea anatema.
(9) Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido,  sea anatema.

La buena noticia (evangelio) que nos conduce a la salvación provista por Dios a través de Jesucristo es una sola, no debemos aceptar réplicas ni falsificaciones. ¿Pero cómo distinguir el falso evangelio si no hemos aprendido en qué consiste el verdadero? Por eso, estudiemos, pensemos, analicemos, oremos y esforcémonos por establecer una base sólida para nuestra fe y recién después ocupémonos de qué vamos a edificar encima y de qué color pintaremos las paredes. Si nos apuramos en edificar sobre una base inadecuada la casa se caerá y tendremos que comenzar de nuevo desde cero.

Dejemos de buscar las sanidades y busquemos al Sanador, dejemos de buscar la paz y busquemos al Príncipe de Paz, dejemos de buscar las bendiciones y busquemos al Benefactor, dejemos de buscar las manifestaciones de poder y busquemos a la Fuente del poder. Porque poner la mira en sanidades, milagros, manifestaciones de poder, en el gozo, la paz y las bendiciones es poner la mira en cosas de la Tierra, porque en el cielo sólo está Dios y Jesús a Su diestra, y si ponemos la mira en Dios, nuestro Padre que está en los cielos, todo lo demás (sanidades, milagros, manifestaciones de poder, gozo, paz, paciencia, bendiciones, etc.) será añadido (Col. 3:1, 2; Mat. 6:33). Dios desea que lo amemos por lo que Él es, no por lo que hace; lo que Él hace pone de manifiesto lo que Él es, pero no deberíamos amarlo por lo que hace, sino por lo que es (1 Jn. 4:7-8).






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