Más evidencias bíblicas de que los muertos no están vivos ahora

En Honor a Su verdad


Antes de continuar a la sección en la que hablaré específicamente sobre la esperanza bíblica para el cristiano, quiero dar un refuerzo al concepto de que los muertos no están actualmente vivos. Si creemos que los muertos pasan inmediatamente a otra forma de vida, y que el “alma” o el “espíritu” de una persona sigue viva después de la muerte, se generará gran confusión doctrinal, lo cual afectará a nuestro modo general de ver la vida. Si creemos que los muertos están vivos ahora, muchas escrituras que hablan sobre la futura resurrección pierden sentido, y por consiguiente, nuestra esperanza estará debilitada e infundada. Es por esto que quiero reforzar este asunto y aclarar algunos pasajes que han sido mal interpretados y utilizados fuera de contexto para sostener que los muertos están o en el cielo con Dios o dando vueltas en la tierra como “espíritus” incorpóreos.

Por el hecho de que los muertos están en un estado de inconsciencia e inactividad hasta el día en que sean resucitados, Dios frecuentemente se refiere a la muerte por medio de una metáfora, usando la palabra “dormir,” para “morir.“

Algunos versículos que usan la metáfora de dormir para referirse a la muerte son los siguientes:

Juan 11:11-14
(11) Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle.
(12) Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará.
(13) Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño.
(14) Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto;

Aquí Jesús explicó la metáfora, porque sus discípulos no le habían entendido.

1 Corintios 11:30
Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.

1 Corintios 15:6
Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen.

1 Tesalonicenses 4:13-14
(13) Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.
(14) Porque si creemos que Jesús murió y resucitó,  así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Si los muertos estuvieran vivos y activos de alguna manera, no tendría sentido decir que “duermen,” queda claro que se usa la metáfora de “dormir” para dar la idea de falta de conciencia y actividad durante determinado período de tiempo, que será, cuando Dios resucite a los muertos.

Volvamos al relato de la muerte y resurrección de Lázaro, en Juan:

Juan 11:17-27
(17) Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.
(18) Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;
(19) y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.
(20) Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.
(21) Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
(22) Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.
(23) Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
(24) Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
(25) Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
(26) Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente [durante la era futura]. ¿Crees esto?
(27) Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

En este pasaje vemos que Marta no creía que Lázaro estaba de alguna manera vivo, ella podría haber dicho: “estoy tranquila porque sé que se marchó para estar con Dios” como muchos enseñan hoy, sin embargo, ella declaró: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” Si ella hubiese estado doctrinalmente errada, Jesús podría haberle dicho: “¡No! Lázaro no está muerto, su cuerpo murió, pero su alma está con Dios, él te está mirando desde el cielo.” Pero Jesús jamás hizo una declaración como esta.

Juan 11:38-44
(38) Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.
(39) Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.
(40) Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?
(41) Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.
(42) Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.
(43) Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!
(44) Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

Ningún indicio hay de que una parte incorpórea, espiritual, de Lázaro haya quedado viva mientras su cuerpo estaba muerto. Lázaro volvió a la vida porque Dios regeneró su fuerza vital, no porque su “espíritu” volvió a su cuerpo después de un “viaje” de cuatro días. Además, si Lázaro ya estaba con Dios en el cielo, con un cuerpo espiritual incorruptible, ¿para qué querría volver a la tierra a un cuerpo corruptible? En todo caso, cuando Jesús dijo: “¡Lázaro, ven fuera!” Se habría escuchado una voz desde arriba que dijera algo así como: “No Señor, ¡aquí estoy bien!”

Otro pasaje que nos muestra que los muertos están inactivos y sin consciencia está en Mateo:

Mateo 12:40
Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

Jesús, cuando murió, no fue inmediatamente a la presencia del Dios, él estuvo tres días y tres noches (72 horas) enterrado, hasta que Dios lo resucitó.

Juan 20:11-17
(11) Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro;
(12) y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto.
(13) Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
(14) Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
(15) Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.
(16) Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro).
(17) Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.

María se encontró con Jesús poco tiempo después de su resurrección, y Jesús aún no había subido al Padre. Si su “alma” o alguna parte de él hubiese quedado viva, habría estado con el Padre desde el primer día, pero aquí se nos muestra que ya habían pasado tres días de su muerte y él todavía no había “subido” al Padre. Esto nos demuestra que él estuvo muerto tres días, sin actividad ni consciencia hasta que fue resucitado.

Uno de los pasajes, frecuentemente citado para decir que los que mueren “parten” a encontrarse con Dios, y también utilizado para argumentar que Dios es causante de la muerte de las personas está en Salmos:

Salmos 116:15
Estimada es a los ojos de Jehová
 La muerte de sus santos.

Algunos predicadores y maestros dicen que Dios “estima” la muerte de sus santos porque cuando un santo muere asciende para estar ante Su presencia, entonces Dios se “alegra” porque un santo “llegó a casa.” Este pasaje es un “clásico” en los servicios fúnebres.

Todo esto es una mala interpretación del pasaje. La palabra hebrea para “estimada” es yapar, que significa “de gran valor, precioso, caro o costoso.” Se traduce muchas veces como “preciosas” pero también es traducida “costosas,” como en 1 Reyes 5:17; 7:9, 10,11. Para Dios es “costosa” la muerte de Sus santos, porque una vez que mueren no pueden obrar más para Dios. Los santos de Dios son como las piedras preciosas, son de gran valor y difíciles de encontrar, por eso, es un gran costo para la obra de Dios la muerte de una persona que le obedecía y le amaba. A una persona le pesa la pérdida de algún bien muy costoso, como cuando una catástrofe le destruye la casa por la que tantos años ahorró para comprar; mucho más le duele a Dios cuando pierde a un santo, un hombre que durante su vida se ocupó de alinear Su corazón con la voluntad de Dios.

Entonces, si los muertos no están vivos “espiritualmente,” ¿cómo se explican los contactos con los muertos que han tenido, y tienen, muchas personas en todo el mundo? ¿quiénes son los que aparecen en las sesiones espiritistas y otro tipo de reuniones ritualísticas en las que las personas se comunican con los “muertos”?

Un pasaje en la Escritura nos ayudará a entender este hecho:

1 Samuel 28:3-19
(3) Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad. Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos.
(4) Se juntaron, pues, los filisteos, y vinieron y acamparon en Sunem; y Saúl juntó a todo Israel, y acamparon en Gilboa.
(5) Y cuando vio Saúl el campamento de los filisteos, tuvo miedo, y se turbó su corazón en gran manera.
(6) Y consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió ni por sueños, ni por Urim,  ni por profetas.
(7) Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación,  para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.
(8) Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación,  y me hagas subir a quien yo te dijere.
(9) Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué,  pues,  pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?
(10) Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá por esto.
(11) La mujer entonces dijo: ¿A quién te haré venir? Y él respondió: Hazme venir a Samuel.
(12) Y viendo la mujer a Samuel, clamó en alta voz, y habló aquella mujer a Saúl, diciendo:
(13) ¿Por qué me has engañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra.
(14) El le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran reverencia.
(15) Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado,  para que me declares lo que tengo que hacer.
(16) Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo?
(17) Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero,  David.
(18) Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy.
(19) Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.

A primera vista, este pasaje parece apoyar al hecho de que los muertos siguen vivos y pueden comunicarse con las personas que siguen viviendo con sus cuerpos físicos. Sin embargo, los detalles dados en los primeros versículos nos muestran que no fue Samuel quien en verdad se presentó ante Saúl.

Leyendo los capítulos previos podremos aprender que Saúl se había apartado de Dios, y había hecho lo malo delante de Dios. Ahora, Saúl vio al ejército enemigo acampar contra él y quiso consultar a Dios porque tuvo miedo, pero Dios no le contestó. Esto es porque Saúl sólo quería un “favor” de Dios, pero su corazón no había cambiado. Ya que Dios no le daba respuesta, él envió a buscar a alguien con “espíritu de adivinación” (v7). “Espíritu de adivinación” es en hebreo la palabra ‘owb, literalmente es “espíritu familiar,” es un espíritu que es “familiar” con cierta persona y la “personifica,” se usa por medio de la figura metonimia para referirse a uno que tienen la capacidad de invocar a este espíritu, es lo que hoy llamaríamos “espiritista” o “nigromántico.” Este tipo de personas no actúan conforme a la voluntad de Dios, por eso Dios había prohibido a Su pueblo consultar a éstos (Levíticos 19:31; 20:6; 2 Crónicas 33:6), al punto de establecer pena de muerte a quien consultara a éstos (Levíticos 20:27).

Este tipo de prácticas ha sido prohibida por Dios porque no es a través de Dios que las personas se comunican con los muertos, ya que los muertos están muertos y sin ninguna clase de vida. Quienes invocan a los muertos, en realidad invocan demonios, espíritus malignos que adquieren forma corporal para engañar a las personas, por eso esta práctica era tan aborrecible ante Dios. Esta mujer invocó a espíritus malignos (llamados “dioses” en el versículo 13). Uno de estos espíritus apareció con la forma física de Samuel, haciendo creer a Saúl que era Samuel mismo quien hablaba. Probablemente, si Saúl no hubiese consultado a esta mujer, habría vivido algún tiempo más, ya que 1 Crónicas 10:13 específicamente dice que “…murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina [nigromántica].”

La información que este “Samuel” dio fue correcta, este espíritu le dijo a Saúl que moriría y murió, pero, como dije, quizá este no hubiese sido el final de Saúl si él hubiese cambiado su actitud hacia Dios y su conducta, lo cierto es que estos espíritus, aunque den información real y a veces esta información parezca benéfica, siempre trabajan en contra de los propósitos de Dios, y “juegan” con los hombres, manipulándolos a través de sus mentiras. Estos pasajes debieran ser una fuerte advertencia a los cristianos contra prácticas como el espiritismo o la invocación de muertos.

Como hemos visto, la Biblia nos dice que el Adversario de Dios, el Diablo, es quien ha sido mentiroso desde el principio y es el padre de mentiras. Por eso, todo aquello que contradiga a la Palabra de Dios tiene que ser entendido como una mentira o falsificación del Adversario y no como algo proveniente de Dios. Esto se aplica tanto para las apariciones de espíritus de muertos como para cualquier otro hecho o doctrina que nos haga creer que los muertos aún están vivos (como apariciones de “santos,” “vírgenes” o familiares; los relatos  de los que fueron al “más allá” y volvieron; las visiones de supuestos “profetas” de Dios que dicen comunicarse con muertos; etc.).

 







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