El Fruto del Espíritu

En Honor a Su verdad

Introducción


Hoy en día muchos cristianos se preguntan cuál sería un buen indicador de si una persona realmente está andando conforme a la voluntad de Dios y progresando en su relación con él o no. Hay quienes dicen que un buen cristiano no debería tener carencias económicas, sin embargo las Escrituras nos muestran que hubieron grandes creyentes que pasaron por dificultades económicas. Juan el bautista tenía una vestimenta muy rústica para su época (Mt. 3:4); el apóstol Pablo estuvo muchos tiempo encarcelado y luego permaneció por dos años enseñando en una casa alquilada (Hch. 28:30); también José estuvo encarcelado durante unos años (Gn. 39:20); Eliseo comió alimento traído por cuervos (1 R. 17:3-6).

Estos ejemplos nos demuestran que la posición económica o social no es indicativo de la calidad o cantidad de “fe” u obediencia a Dios que tiene una persona. Maestros de muchas iglesias y denominaciones enseñan que la prosperidad económica es consecuente con una vida de fe, sin embargo, como hemos visto, no necesariamente un creyente va a tener prosperidad económica a causa de su fe. Una persona puede ser un creyente muy fiel y aún así pasar por períodos de necesidad económica.

Algunos otros enseñan que una “buena iglesia” es aquella que está “llena”, y un buen líder cristiano es quien tiene más personas en su congregación, o quien lleva más personas hacia Cristo. Sin embargo esta es otra doctrina errónea, que suele generar falsas expectativas. Muchas reuniones cristianas, en el afán de conseguir “más gente”, han puesto mayor atención a la FORMA en que se organiza una reunión, en detrimento del CONTENIDO de esa reunión. Es así que ciertas iglesias presentan un gran “show” a aquellos que asisten, pero emiten mensajes contaminados con toda clase de doctrinas y tradiciones de hombres y no alimentan al creyente con la sana doctrina de Dios.

En Hechos 19:10 leemos que el apóstol Pablo predicó de tal manera el Evangelio (la Buena Noticia) de Cristo que en dos años todos los habitantes de Asia había oído hablar la Palabra de Jesús (el mensaje que se refiere a la salvación por medio de Jesús). “Asia” no se refiere a todo el continente asiático, en aquella época Asia era una provincia romana de gran importancia. Pablo logró que en dos años toda esa provincia conozca sobre Jesucristo (un gran logro teniendo en cuenta que no había televisión, radio ni Internet). Sin embargo, en 2 Timoteo 1:15 Pablo escribe a Timoteo diciendo que todos los que estaban en Asia lo habían abandonado. ¿Acaso fue Pablo un mal apóstol? ¡No! El problema está en que la cantidad de gente que sigue a un líder cristiano está relacionada con la fidelidad de ese líder. Jesucristo mismo fue, en un momento abandonado por casi todos sus discípulos (Juan 6:66). Muchos comenzaron a seguir a Jesús a causa de sus milagros y sanidades, sin embargo, cuando Jesús les enseñó qué era lo que se requería de ellos para entrar en el reino de Dios, muchos rechazaron la oferta. Un fiel sirviente de Dios sólo es capaz de hacer lo que Dios le encomendó y predicar o enseñar con lo mejor de sí, sin embargo, debido a que cada persona tiene su propia voluntad para decidir, nadie puede obligar a otros a creer y es por eso que la cantidad de personas que siguen a un servidor de Cristo no es indicativo de la calidad de andar de ese servidor.

Suele suceder que muchas iglesias se preocupan cuando la cantidad de gente que asiste disminuye. Entonces, con el fin de “atraer” más gente, comienzan a “negociar” con las cosas del mundo y sus líderes y servidores terminan adoptando estrategias mundanas y pecaminosas con el fin de “salvar” su iglesia. Con esto no quiero decir que uno no deba preocuparse si la gente se está yendo de nuestras iglesias, pero cualquier estrategia que se adopte para revertir la situación debe ser consultada con Dios y debe estar de acuerdo a las reglas establecidas por Dios. El apóstol Pablo enseñó que el creyente debe servir a Dios y no enredarse en los negocios de la vida (2 Timoteo 2:4), también enseñó que para recibir el premio, la lucha debe hacerse legítimamente, conforme a las reglas (2 Timoteo 2:5). Por esta causa, no está mal que las iglesias se preocupen por tener gente en sus reuniones, pero no deberían llenarse de pecado y cosas mundanas para poder lograrlo, todo debería ser hecho conforme a la voluntad de Dios.

Otra forma en que se suele querer “medir” la fe o fidelidad de un creyente es a través de sus habilidades y el desarrollo de sus dones naturales. Algunos creen que ciertas personas son “muy creyentes” a causa de que son virtuosos cantando o ejecutando algún instrumento, o porque son muy hábiles para enseñar, o para predicar, o en algún deporte o disciplina. Si bien es cierto que Dios nos diseñó como un Cuerpo en Cristo, teniendo cada uno de nosotros distintas funciones, habilidades y talentos dados por Dios (Romanos 12:4-5) y Su deseo es que desarrollemos esas habilidades en Su servicio, lo cierto es que no se puede medir la fe de una persona por medio del desarrollo de sus habilidades. Todos conocemos, músicos, artistas, deportistas, científicos, ingenieros, etc., que son muy talentosos en lo que hacen y que no creen en Dios o no están alineados con Su voluntad, por lo tanto, no podemos decir que una persona sea fiel a Dios en base al desarrollo de sus habilidades y talentos naturales.

También están aquellos que miden la calidad de andar de un creyente en base a las manifestaciones espirituales que esa persona opera. En 1 Corintios 12 tenemos una lista de al menos 9 formas de manifestar el poder espiritual de Dios (1 Corintios 12:8-10). Sin embargo, las Escrituras no nos dicen que quien es más “creyente” operará más cantidad de manifestaciones. El versículo 11 de 1 Corintios 12 nos dice que estas cosas las reparte el Espíritu (refiriéndose a Cristo) como él quiere. Por supuesto, hay muchas más probabilidades de que Jesús manifieste su poder a través de aquellos creyentes que están alineados a Su voluntad. Sin embargo, como Dios y Jesucristo están muy deseosos de bendecir a las personas, muchas veces hacen milagros, sanidades y otras operaciones de poder a través de líderes cristianos que no están siendo perfectamente fieles, pero que tienen suficiente fe para operar el poder de Dios en un momento preciso. Por ejemplo, puede suceder que en determinada situación un creyente esté receptivo a la voluntad de Dios y a través de este Dios dé una sanidad o una profecía a una persona a la cual desea bendecir, pero puede suceder que la persona que ministró no sea una persona habitualmente obediente a Dios, sino que fue en ese episodio particular que creyó a Dios, pero luego siguió una vida desalineada con Su voluntad. Por esta causa, no se puede hacer un veredicto confiable de un andar de fe en base a las manifestaciones de poder que opere un cristiano.

Otro factor por el cual no se puede medir el andar de un cristiano en base al poder espiritual que opera es que el Diablo y sus demonios también tienen poder y pueden falsificar todas las manifestaciones de Dios. Las Escrituras nos dicen que Satanás se disfraza como ángel de luz y sus ministros como ministros de justicia (2 Corintios 11:14). Para poder engañar a los cristianos el Diablo ha infiltrado falsos ministros (maestros, profetas, pastores, evangelistas, apóstoles, etc.) dentro de las mismas iglesias. Estos falsos ministros operan profecías engañosas, sanidades, liberaciones demoníacas y otras manifestaciones espirituales. Éstos logran infiltrarse en las Iglesias debida a la ignorancia no sólo de los que asisten a la congregación, sino de los mismos líderes. Hay muchos líderes cristianos sinceros y de buen corazón que dejan entrar falsos profetas y falsos ministros a sus congregaciones debido a que ignoran que éstos están operando poder demoníaco. Esto se debe, principalmente, a la falta de comprensión de las Escrituras y la falta de una lectura y consideración seria y equilibrada. El Diablo es muy astuto y muy inteligente para planear sus falsificaciones y engaños, por esta causa es necesario estar en comunión con Dios y conocer Su voluntad para no ser engañados y llevados de aquí para allá por todo “viento de doctrina” (Efesios 1:14).

¿Cuál es el factor indicativo de un buen andar cristiano?


Entonces ¿cómo podemos saber si un creyente es un creyente fiel? ¿Hay forma de determinar si una persona es madura espiritualmente o no? ¿Hay forma de que sepamos si nosotros mismos estamos andando conforme a la doctrina correcta o no? ¡Sí!, la hay, las Escrituras nos enseñan cómo “medir” a una persona (y medirnos nosotros mismos) en cuanto a su obediencia y fidelidad a Dios.

Jesús dijo:

Mateo 7:15-20 (RV-1960)
(15) Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.


En estos versículos Jesús advierte contra los falsos profetas, que vienen disfrazados como ovejas (como creyentes cristianos), pero que son lobos rapaces (vienen a arrebatar y destruir a los verdaderos cristianos). En este contexto, Jesús explica cómo identificar a estos falsos profetas, él nos instruye a observar sus FRUTOS. Jesús no dijo que debiéramos calificar a las personas conforme a su posición económica y social, ni en base a la cantidad de gente que llevan a sus congregaciones, él no instruye a prestar atención a las manifestaciones de poder, ni tampoco a sus habilidades y talentos. Jesús no le dijo a sus discípulos que se fijaran en la elocuencia de palabras, el carisma o la apariencia de los que vienen en nombre de Dios, lo que Jesús enseñó es que debían prestar atención a los FRUTOS, porque el árbol bueno no puede dar frutos malos, ni el árbol malo puede dar frutos buenos. Lógicamente, nadie esperaría obtener manzanas de un árbol de naranja, ni viceversa.

En el versículo 18, cuando Jesús dijo que el buen árbol “no puede” dar malos frutos, la palabra griega traducida como “no” es ou, que es un no absoluto, indica que de ningún modo un árbol bueno puede dar malos frutos, y de ningún modo puede un árbol malo dar buenos frutos. La palabra “puede” es dunamai, que significa “tener poder o capacidad”. El árbol bueno no tiene la capacidad para dar frutos malos y el árbol malo no tiene la capacidad de dar frutos buenos ¡es imposible!

En estos versículos es interesante notar también el uso de dos palabras griegas que se traducen como “buen” o “bueno”. En el griego existen varias palabras griegas que pueden traducirse como “bueno”, entre ellas las dos más usadas en la Biblia son agathos y kalos. También hay dos palabras opuestas para estas dos, que son ponëros y kakos, que suelen traducirse como “mal” o “malo”.

En esencia, agathos denota aquello que es “bueno, satisfactorio, provechoso, adecuado, benéfico, moralmente correcto” (Barclay-Neuman); Vine define esta palabra así: “...describe aquello que, siendo bueno en su carácter o constitución, es beneficioso en sus efectos”. Kalos es aquello que es intrínsecamente “bueno”, lo que es “bueno” por naturaleza, implicando algo completo, útil, correcto, aquello que corresponde o que es lo mejor para determinada situación. Entonces, kalos sería aquello que es “bueno” en su naturaleza, de un modo más bien pasivo; y agathos sería aquello que es “bueno” en un modo activo, lo que es benéfico o produce cosas buenas. Kakos es la palabra griega opuesta a kalos y significa “aquello que es intrínsecamente malo, algo malo en su naturaleza, e indica también algo incompleto, imperfecto, incorrecto y todo aquello que no es lo mejor para determinada ocasión”. Por otro lado, la palabra griega opuesta a agathos es ponëros, que describe aquello que es maligno, que causa daño y perjuicio.

Para resumir y simplificar, podríamos traducir la palabra griega kalos como “buen” o “bueno” y la palabra griega agathos como “benigno” o “benéfico”; y podríamos traducir kakos como “mal” o “malo” y poneros como “maligno”, “perjudicial” o “dañino”.

Otro punto a tener en cuenta en estos versículos es que la palabra traducida “malo” en el versículo 17 y 18 es la palabra griega sapros, que no significa “malo” sino más bien “podrido, corrompido, decaído, en mal estado”.

Teniendo en cuenta estos puntos, una traducción más exacta sería así:

Mateo 7:15-20 (RV-1960 modificada)
(17) Así, todo árbol benigno (agathos) da buenos (kalos) frutos, pero el árbol corrompido (sapros) da frutos dañinos (poneros).
(18) No puede el árbol benigno (agathos) dar frutos dañinos (ponëros), ni el árbol corrompido (sapros) dar frutos buenos (kalos).
(19) Todo árbol que no da buen (kalos) fruto, es cortado y echado en el fuego.
(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.

Si prestamos atención al uso de las palabras griegas señaladas notamos que lo que Jesús enseñó es más profundo de lo que se ve a simple vista. Un árbol benigno (o benéfico) da frutos buenos (los frutos correctos o adecuados), pero un árbol corrompido da frutos dañinos (no sólo son frutos malos o incorrectos, sino que son dañinos, son perjudiciales, dañan a aquellos que consumen esos frutos). El árbol benigno jamás podrá dar frutos dañinos y un árbol corrompido jamás podrá dar frutos buenos. En la práctica esto significa que una persona que está andando conforme a la voluntad de Dios jamás podrá producir frutos que hacen daño a los demás, sus enseñanzas son para edificación y no para destrucción de los oyentes. Por otro lado, aquellas personas que están corrompidas en sus corazones y enseñan doctrinas corrompidas, jamás podrán producir los frutos correctos, que son los frutos de Dios. Una persona que no ama a Dios puede hacer cosas “buenas” por los demás, puede ser una “buena” persona que ayuda a otros, pero si no lleva a otras personas hacia Dios, todo lo que hace, por bueno que parezca, tan sólo dañará al otro. Un falso profeta puede “adivinar” hechos del futuro y sanar a las personas, sin embargo, esto lo hará con el objetivo de alejar a las personas de Dios y, a la larga, sólo traerá perjuicio. Aunque lo que hace puede parecer “benéfico”, no será kalos, no será lo bueno, lo correcto y lo mejor, porque el objetivo no es la edificación del creyente en su fe en Dios.

El fruto del Espíritu


Ahora bien ¿cuáles son los “frutos” que produce un creyente que ama a Dios y le está siendo fiel?

Gálatas 5:22-23 (RV-1960)
(22) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
(23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Aquí las Escrituras nos están mostrando que el fruto del Espíritu es gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. Aquí tenemos 9 características mencionadas como “fruto del Espíritu”. Éstas son las características a las que hay que mirar para saber si un creyente está andando conforme a la voluntad de Dios o no.

Antes de analizar las características aquí mencionadas, estudiaremos qué significa “el fruto del Espíritu”.

La palabra traducida “Espíritu” es en griego pneuma, que primariamente significa “fuerza invisible” y, según el contexto puede referirse a distintas cosas.[1]  Cuando la palabra pneuma está precedida por el artículo griego (to pneuma), frecuentemente (aunque no siempre) hacen referencia a Jesús, enfatizando su acción espiritual en un creyente cristiano.

Muchos cristianos piensan que la palabra “Espíritu” hace referencia a Dios o al don de Dios dado al creyente. Sin embargo, desde Hechos hasta Apocalipsis Dios no es llamado “el Espíritu”, sino “el Espíritu Santo”. 2 Corintios 3:17 nos dice que “el Señor es el Espíritu”. En el contexto de 2 Corintios 3 queda claro que “el Señor” se refiere a Jesús, por lo tanto, aquí tenemos una clara declaración de que Jesucristo es “el Espíritu”, por lo tanto, muchos de los usos de las palabras “el Espíritu” (en griego to pneuma) se refieren a Jesucristo, enfatizando su acción espiritual en el cristiano renacido.

Si analizamos el contexto en que está Gálatas 5:22 podremos darnos cuenta que las palabras “el Espíritu” están haciendo referencia al Señor Jesucristo. El versículo 1 de Gálatas 5 comienza diciendo:

Gálatas 5:1-2 (RV-1960)
(1) Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
(2) He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.
(3) Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.
(4) De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.

Podemos ver que este primer versículo nos está hablando de andar en la libertad con que CRISTO nos hizo libre. En el segundo versículo Pablo advierte que si se circuncidaban de nada les aprovecharía Cristo. Esto lo dice Pablo a cristianos que estaban siguiendo las antiguas costumbres judías siendo influenciados por enseñanzas de otros cristianos que les exigían seguir cumpliendo los antiguos rituales de la ley judía. Lo que Pablo comienza diciendo aquí es que Cristo no iba a actuar en sus vidas por el hecho de que siguieran sus antiguos rituales judíos. No son los rituales, tradiciones y actos externos los que hacen que Cristo actué en la vida de los cristianos, más aún, Pablo les dice que habían “caído de la gracia”, ellos no estaban recibiendo gracia de Dios en sus vidas a causa de que no estaban viviendo con una actitud correcta delante de Dios, sino que ponían su fe en actos externos.

Pablo sigue diciendo:

Gálatas 5:5-6 (RV-1960)
(5) Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;
(6) porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.

Aquí las palabras “por el Espíritu” no tienen artículo en el griego. Deberían leerse “por espíritu”. En este caso la palabra “espíritu” está haciendo referencia al don dado por Dios. Mediante el don de espíritu santo es que los cristianos aguardan por la fe la esperanza de la justicia. En otras palabras, Dios desea que nuestra esperanza esté basada en una genuina relación espiritual con Él, y no en actos externos, como la circuncisión. Pablo nos dice que lo importante en la relación con Dios es la fe que obra por el amor. En otras palabras, una fe genuina basada en un verdadero amor a Dios es lo que Dios desea de nosotros.

Gálatas 5:13-14 (RV-1960)
(13) Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros.
(14) Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

A lo largo de esta carta, Pablo intenta corregir errores doctrinales que se infiltraron el la iglesia de Galacia por causa de ciertas personas que enseñaban que aún era necesario realizar los antiguos rituales judíos para tener la salvación y justificación de Dios. Pero Pablo les enseña que por la obra de Cristo ya eran libres de tener que cumplir los antiguos rituales de la circuncisión, los sacrificios, las fiestas, etc. Hoy somos libres de tener que cumplir cualquiera de los antiguos requisitos de la ley. Pero, para que no haya malos entendidos, Pablo dice que esa libertad está restringida por el amor. Siempre que actuemos en amor a Dios y al prójimo, no es necesario estar atado a la antigua ley.

Lógicamente, si andamos en amor hay leyes que seguiremos cumpliendo, como no matar, no robar, no cometer adulterio, etc. Sin embargo, las leyes de circuncisión, de sacrificios, de observancia de días y festividades, eran tan sólo representativas de realidades espirituales futuras. Luego de que Cristo vino e hizo su sacrificio por nuestro pecado estas leyes ya no son necesarias. Lo que Dios requiere de nosotros ahora es que andemos en amor, obedeciéndole a Él a través de Su guía en nosotros por medio del don de espíritu santo.

Gálatas 5:16-18 (RV-1960)
(16) Digo, pues: Andad en el Espíritu [debe decir “en espíritu”, no hay artículo griego], y no satisfagáis los deseos de la carne.
(17) Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
(18) Pero si sois guiados por el Espíritu [debe decir “por espíritu”, no hay artículo griego], no estáis bajo la ley.

Como he aclarado entre corchetes, en los versículos 16 y 18 la palabra “espíritu” no está precedida de artículo y se refiere al don de espíritu santo que está en el creyente. En el versículo 17 las palabra “Espíritu” sí está precedida por el artículo y se refiere a Jesucristo. Jesucristo es nuestro Señor, y como tal, actúa en nosotros, guiándonos a través del don de espíritu santo que hay en nosotros, esta es la tarea que Dios le ha encomendado luego de su resurrección.[2]

En estos versículos la instrucción es a andar en espíritu, lo cual significa andar conforme a la guía de Dios, por medio de Cristo, por medio del don de espíritu santo en nosotros. En otras palabras, Dios (Quien es “el Espíritu Santo”) es la fuente del poder y la sabiduría, Jesús (quien es “el Espíritu”) es el mediador que distribuye ese poder y sabiduría entre los hijos de Dios y el espíritu santo (nuestro don) es el canal por medio del cual ese poder y sabiduría llega hasta nosotros.

Dentro de nosotros tenemos una “fuente” de pensamientos y deseos a la cual las Escrituras llaman “carne”. Esto está en nosotros desde que nacemos y produce en nosotros pensamientos y deseos que son contrarios a la voluntad de Dios. Cuando un creyente acepta a Cristo como Señor, recibe el don de espíritu santo y Cristo mismo comienza a generar en esa persona pensamientos y deseos de hacer la voluntad de Dios. Aquí se nos dice que el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu contra la carne. Esto significa que en nuestra mente estamos constantemente recibiendo deseos provenientes de nuestra parte carnal y deseos provenientes de Cristo, queda en nosotros decidir momento a momento qué deseos seguir, a qué “Señor” obedecer. Debido a que ambos se oponen entre sí, es imposible actuar conforme a los deseos de la carne y conforme a los deseos del Espíritu simultáneamente, sólo podemos obedecer a uno a la vez.

Analizando lo que Pablo está diciendo en este contexto vemos que los deseos de seguir los ritos de la circuncisión (y otras antiguas tradiciones), aunque sean actos basados en las Escrituras, no son parte de la voluntad de Dios. El deseo de seguir ciertos rituales y tradiciones de actos externos no provienen de Jesucristo (“el Espíritu”) sino de nuestra naturaleza carnal. Por eso es que quien es guiado por Cristo no necesita preocuparse por cumplir la ley.

Esto no significa que un creyente cristiano va a romper los diez mandamientos y otras leyes de Dios, porque Jesús jamás nos va a enviar a asesinar, robar, cometer adulterio, dar falso testimonio, etc. Sin embargo, muchas de las leyes antiguas eran respuestas momentáneas para que Dios pudiera completar Su plan de redención y estas cosas ya no son necesarias hacer porque no tienen un verdadero propósito de amor al hacerlas hoy.

Gálatas 5:19-25 (RV-1960)
(19) Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
(20) idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
(21) envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
(22) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
(23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
(24) Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
(25) Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

En los versículos 19 al 21 tenemos una lista simbólica de todo aquello que parte de la naturaleza carnal del ser humano. Digo lista “simbólica” ya que no se da una lista completa de todos los males que parten de la naturaleza humana, porque la lista es muy larga. Esta lista es más bien una guía para tener en cuenta cómo es la naturaleza carnal en contraste con la naturaleza de Dios. Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, y todas las demás cosas aquí listadas no son cosas que una persona hace como respuesta de obediencia al Señor Jesucristo, nadie puede hacer alguna de estas cosas y decir que lo hace en nombre de Dios o del Señor Jesucristo.

Al llegar al versículo 23, lo que vemos son las características que va a manifestar un cristiano que está andando conforme a la voluntad de Dios. Estas cualidades son más que deseables para todo cristiano, por eso Pablo alienta a andar conforme al espíritu.

Los versículos 24 y 25 nos muestran dos aspectos distintos de la vida de un cristiano renacido que es necesario reconocer para evitar confusiones y un miedo infundado a no heredar el reino de Dios, tal como se dice en el versículo 21.

En el versículo 21 se nos dice que los que practican tales cosas (las listadas en los versículos 19 al 21) “no heredarán el reino de Dios”.  Algunos han malinterpretado este versículo y piensan que si un cristiano hace alguna de las cosas mencionadas en la lista “perderá” su salvación y por eso es necesario que se mantenga obediente y fiel a Dios.  Leeremos unos versículos de 1 Corintios para comprender mejor la situación:

1 Corintios 6:9-11 (RV-1960)
(9) ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones,
(10) ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
(11) Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Aquí Pablo también enseña que los fornicarios, idólatras, adúlteros, afeminados, etc., no heredarán el reino de Dios. Sin embargo, en el 11 Pablo les dice que aunque algunos de ellos habían practicado esas cosas, ya habían sido lavados, santificados y justificados por el espíritu de Dios. En el resto del contexto, Pablo jamás les dice que serían “des-santificados”, “des-justificados” y “ensuciados” si volvían a practicar alguna de esas cosas. Lo que Pablo intenta mostrar es que todo ese tipo de obras Dios las detesta y son dignas de muerte. Por medio de la sangre de Cristo fuimos librados del juicio de muerte, sin embargo, aún podemos elegir hacer estas cosas que Dios detesta. No vamos a ser desheredados por hacerlo, pero estaremos haciendo aquellas cosas que Dios detesta, lo cual no sería una buena respuesta al gran amor de Dios por el cual fuimos justificados.

Parece difícil de creer que Dios no nos vaya a desheredar si es que nos volvemos a una vida de pecado, pero eso es lo que las Escrituras enseñan. Leeremos unos versículos en 1 Corintios 15 para ampliar nuestro entendimiento:

1 Corintios 15:47-50 (RV-1960)
(47) El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.
(48) Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.
(49) Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.
(50) Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

Lo que estos versículos nos enseñan es que para heredar el reino de Dios es necesario ser transformados para tener un cuerpo como el que Cristo tiene ahora. No podemos vivir en el futuro reino de Dios con este cuerpo actual, porque tiene esta naturaleza carnal que tiene pecado en sí. Nuestra naturaleza carnal está corrupta, por lo tanto, está condenada a muerte, sólo la nueva naturaleza espiritual que Dios nos ha dado es apta para vivir en la era futura. Aquellos que no han creído en Cristo como Señor no tienen naturaleza espiritual y, por lo tanto, no podrán heredar el reino de Dios. Esto es lo que Pablo nos enseña aquí, y lo que también está transmitiendo en Gálatas 5:24 y 25.

Gálatas 5:24-25 (RV-1960)
(24) Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
(25) Si vivimos por el Espíritu [“espíritu”, no hay artículo griego], andemos también por el Espíritu [“espíritu”, no hay artículo griego].

En el versículo 24 Pablo está hablando de una realidad PASADA. Para ser de Cristo es necesario haber recibido a Cristo como Señor de nuestras vidas. Cuando esto sucede, nuestras pasiones y deseos carnales son “crucificados con Cristo” (leer Romanos 6:4-8). Esto no quiere decir que por creer en Cristo automáticamente dejaremos de pecar, sino que todo aquello que hacemos conforme a nuestra naturaleza pecaminosa es considerado como “muerto” por Dios y por esa causa Dios. La naturaleza carnal jamás podrá ganarse la vida perpetua en la era futura, así que Dios nos ha dado una nueva naturaleza espiritual y ha “crucificado” a la carne con Cristo, en otras palabras, la carne ya está condenada, pero tenemos un nuevo tipo de vida, que recibimos por en don de espíritu santo que Dios nos dio y por medio de esta viviremos perpetuamente en el reino futuro de Dios. [3]

En el versículo 25 Pablo habla sobre qué hacer en respuesta a lo que Dios hizo por nosotros. Dios hizo que ahora “vivamos” por el don de espíritu santo que nos dio. En respuesta a esta vida que Dios nos dio en Cristo, nosotros deberíamos “andar en espíritu”. Dios nos ha dado un nuevo tipo de vida con la cual podemos tener deseos conforme a Su voluntad y andar como a Él le agrada, pero nosotros aún podemos elegir andar conforme a los deseos de nuestra antigua naturaleza carnal.

Entonces podríamos preguntarnos: Si Dios no nos va a desheredarnos o quitarnos la vida perpetua que nos prometió a causa de un andar pecaminoso ¿por qué no seguir en una vida de pecado? Esto es, precisamente, lo que Pablo nos señala aquí: andar conforme al Espíritu produce FRUTO. Esta nueva vida que Dios implantó en nosotros tiene la capacidad de dar fruto y si deseamos producir ese fruto entonces debemos andar conforme a la guía de Cristo en nosotros. Si seguimos en pecado, no podremos producir estos frutos. En otras palabras, mientras más obedezcamos a Dios mejor será nuestra calidad de vida, estaremos llenos de las características mencionadas en Gálatas 5:22 y 23.

Una descripción de las cualidades mencionadas en Gálatas 5:22


Gálatas 5:22-23 (RV-1960)
(22) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
(23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Noten que, si bien se mencionan 9 características del andar conforme al Espíritu, en el versículo 22 la palabra “fruto” está en singular (no dice “frutos”). Esto significa que no hay nueve “frutos” mencionados aquí, sino que son nueve características de un mismo fruto. En otras palabras, todas estas son características de un mismo fruto. Es como si yo tomara una fruta y dijera “este fruto tiene vitamina A, vitamina C, ácido cítrico, antioxidantes, proteínas, etc.” Aquí no estoy mencionando los frutos de un árbol, sino varios componentes de un mismo fruto. Del mismo modo, aquí no se están enumerando muchos frutos, sino que lo que se intenta enfatizar es que si uno anda conforme a la guía del Espíritu (de Jesucristo), entonces obtendrá un fruto que tiene todas estas cualidades.

Vamos a repasar brevemente las definiciones de cada una de estas características:

1) Amor: la palabra griega es agapë. En el griego existían varias palabras que en español podrían traducirse como “amor”. De esas palabras, hay dos que se usan con frecuencia en la Biblia. Una de ellas es philos, que se refiere al amor fraternal, es ese afecto o cariño que se tiene por amigos y familiares, es una clase de amor que se tiene por otra persona a causa de que se tiene afinidad, cercanía y una buena relación con esa persona. Por otro lado agapë es una clase de amor que tiene relación con el valor que una persona tiene. Amar con el amor agapë significa amar a alguien porque se comprende el valor que esa persona tiene. Por esta causa, mientras más valora uno a alguien, más puede amarla con esta clase de amor.

Las Escrituras nos enseñan que nuestra capacidad para amar con el amor agapë se basa en el hecho de que Dios nos amó primero. 1 Juan 4:19, correctamente traducido lee: “nosotros amamos porque él nos amó primero”. Dios nos creó a la humanidad como el centro de Su creación, como el objeto de más valor para Él. Por eso él hizo al ser humano a Su imagen y semejanza. Por este hecho, somos de valor para Dios, tanto es el valor que tenemos para Él que dio a Su hijo para rescatarnos de la condición de pecado (Juan 3:16-17; 1 Juan 4:10). Por eso, en la medida en que nosotros aprendemos sobre cuánto Dios nos valora y nos ama, nosotros ganamos mayor capacidad para amarle a Él y amar a Su creación, porque nos damos cuenta de cuánto valor tiene cada ser de Su creación para Él y comenzamos a dar el valor correcto a cada cosa.

2) Gozo: la palabra griega es chara, que significa gozo, alegría o felicidad interna.

3) Paz: la palabra griega es eirënë, que significa “paz, estado de quietud en el interior”.

4) Paciencia: la palabra griega es makrothumia. El léxico de Frieberg describe esta palabra como “el estado de quietud emocional ante circunstancias desfavorables, paciencia, longanimidad… resistencia…” El léxico de Louw-Nida dice lo siguiente al respecto: “un estado de calma emocional ante la provocación o la desgracia, sin queja ni irritación…”. Podríamos traducir esta palabra como “temple”, que es la capacidad para poder mantenerse en calma en medio de una situación adversa.

5) Benignidad: la palabra griega es chrëstotës, que proviene de chrëstos, que denota primariamente algo que es útil, provechoso o adecuado para determinado uso o función. Es así que chrëstotës nos da la idea de “benevolencia, generosidad, excelencia, provecho, bondad”.

6) Bondad: la palabra griega es agathöthunë, que proviene de agathos, que significa “benéfico, benigno, provechoso, útil”. Agathöthunë es una cualidad que tiene alguien por medio de la cual produce cosas benéfica, útiles y provechosas para los demás. No se trata sólo de “no dañar” a nadie, sino que consiste en “hacer bien” a otros.

7) Fe: la palabra griega es pistis, que significa “fe, creencia, confianza”, consiste en actuar en base a una información recibida de Dios a causa de confiar en Él y en Su bondad.[4]

8) Mansedumbre: la palabra griega es prautës, que significa “mansedumbre, cortesía, gentileza, amabilidad, buen trato”.

9) Templanza: la palabra griega es enkrateia (o egkrateia), que significa “dominio propio”. Es la cualidad por medio de la cual una persona logra tener el control de sus acciones para hacer la voluntad de Dios aún cuando sus deseos profundos lo impulsen a hacer cosas incorrectas.

En resumen, podríamos hacer una mejor traducción de estos versículos como sigue:

Gálatas 5:22-23 (Mi traducción)
(22) Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, temple, benevolencia, benignidad, fe,
(23) mansedumbre, dominio-propio; contra estas cosas no hay ley.

La obtención del fruto


En muchas enseñanzas cristianas se nos alienta a desarrollar estas características, por lo general escuchamos decir “hay que desarrollar más amor”, “hay que vivir con gozo”, “hay que estar en paz”, “debemos ser pacientes”, etc. Sin embargo, en estos versículos Pablo NO instruye a desarrollar estas cualidades, sencillamente explica que estas son características que surgen como FRUTO de andar según la guía del Espíritu.

Con base en lo dicho al final de Gálatas 5:23, algunos enseñan que si uno anda con amor, gozo, paz, paciencia, etc., entonces no necesita seguir la ley. Sin embargo Pablo no dijo aquí que si uno tiene se preocupa por desarrollar estas características no debe preocuparse por seguir ninguna ley, lo que Pablo enseña aquí es que si uno sigue al Espíritu, entonces la ley queda en segundo plano. Es importante comprender esto, ya que muchos cristianos intentan desarrollar estas características SIN CRISTO. Muchos cristianos se esfuerzan por tener más “amor”, pero no lo hacen conforme a la guía del Señor; se esfuerzan por tener más “paz”, pero no lo hacen conforme a la guía del Señor; se esfuerzan por tener más gozo, pero no lo hacen conforme a la guía del Señor; se esfuerzan por tener mayor dominio propio (templanza), pero no lo hacen conforme a la guía del Señor.

La Biblia nos dice que estas cualidades son FRUTO, y el fruto de todo árbol es la consecuencia de su crecimiento. Si hacemos crecer a nuestro “árbol espiritual” tendremos como fruto estas cualidades. Nadie hace crecer un árbol de naranja añadiendo vitamina C en el árbol, lo que se hace es plantar una semilla, regarla y  nutrirla y así ésta va creciendo para formar un árbol y, tiempo después, el árbol comenzará a dar fruto. De este modo, si queremos dar fruto en nuestro andar cristiano, no debemos concentrarnos en añadir más “amor”, más “gozo”, más “paz”, etc., a nuestras vidas, en lo que debemos concentrarnos es en obedecer a Cristo y el fruto crecerá solo, como consecuencia de tener un árbol sano que va creciendo y madurando.

En Lucas 4:4 Jesús dijo que no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. Por eso, nuestra principal preocupación para nuestro crecimiento cristiano es alimentarnos con la comida correcta. Nuestro cuerpo físico se alimenta con pan y alimentos físicos, nuestra mente se alimenta de pensamientos, sentimientos y emociones, pero nuestra nueva naturaleza espiritual necesita su propio alimento que es: toda palabra de Dios. Y al decir “palabra de Dios”, no se refiere a la Biblia solamente, porque si el mensaje de la Biblia no es comprendido, o si es quitado de su correcto contexto y malinterpretado, entonces deja de ser “palabra de Dios” para ser una doctrina humana que usa a la Biblia como excusa. La “palabra de Dios” es aquello que Dios quiere que recibamos de Él en el día en que vivimos. Jesús instruyó a orar por “el pan de cada día” (Mateo 6:11). Allí él no se refería a un pan físico, sino a aquél pan de Dios necesario para vivir y crecer espiritualmente.[5]

Diariamente necesitamos acudir a Dios por Su guía y sabiduría, diariamente necesitamos relacionarnos con nuestro Padre celestial y con nuestro hermano mayor, nuestro Señor Jesucristo. En esto es en lo que debemos enfocarnos para poder producir fruto. Si yo noto que me falta gozo en mi vida, no debo esforzarme por ser más “gozoso”, si hago esto caeré en un gozo fingido y religioso y no en el verdadero gozo, lo que debo hacer es esforzarme por conocer más a Dios, conocer más Su plan, Su amor, Su obra en Cristo y tener una más profunda relación con Dios y con Cristo a través de la oración.

Las fallas en el árbol


Si un árbol de naranjas deja de dar naranjas, lo que hacemos no es comprar naranjas de otro árbol y “pegárselas” al nuestro, lo que hacemos es buscar el problema en el árbol, porque si el árbol se sana volverá a dar buenas naranjas. Del mismo modo, si me falta amor, gozo, paz, temple, etc., lo que debo hacer no es buscar los métodos del mundo para tener más amor, gozo, paz, etc., lo que debo hacer es ver en dónde está fallando mi “árbol espiritual” y tratar de sanarlo. Las razones por las que un árbol puede secarse son varias: falta de riego, falta de nutrientes en la tierra, insectos o parásitos afectando la raíz o el tronco, entre otras cosas. En la Biblia tenemos un frecuente uso de la figura del árbol y sus partes para explicar realidades espirituales. Veremos algunos pasajes que nos ayudarán a detectar los problemas que pueden estar afectándonos e impidiendo que produzcamos fruto.

La condición de la tierra:


Mateo 13:3-8 (RV-1960)
(3) Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
(4) Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron.
(5) Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra;
(6) pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
(7) Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron.
(8) Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.

Mateo 13:18-23 (RV-1960)
(18) Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:
(19) Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.
(20) Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo;
(21) pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.
(22) El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
(23) Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Aquí Jesús compara a la tierra en donde cae la semilla (la Palabra de Dios – Lc. 8:5). La palabra del reino (el mensaje que nos habla sobre la promesa del reino de Dios) puede caer en diferentes “terrenos”, que como vemos en estos versículos se refieren al corazón de una persona. Aquí se nos habla de cuatro condiciones del corazón a la hora de recibir la palabra de Dios. Jesús describe tres situaciones por las que la “tierra” del corazón se ve afectada: (1) el malo arrebata la semilla; (2) la aflicción o persecución por causa de la palabra causa tropiezo y seca al árbol; (3) el afán por las riquezas y otras cosas de esta era ahogan la palabra. En el primer caso, la persona ni siquiera llega a llevar la palabra de Dios al corazón, el mensaje de salvación ni siquiera es considerado a causa de la acción del “malo” que ha implantado pensamientos negativos en su corazón. En el segundo caso la persona acepta el mensaje con gozo, pero no lo profundiza, su corazón aún está duro y cuando llegan contrariedades en su vida por causa de la Palabra de Dios prefiere dejar de lado su andar cristiano. En el tercer caso la persona recibió también la Palabra de Dios, pero aún ama más a las riquezas y gloria del mundo y termina por poner a Dios en segundo lugar. Todos estos tienen un problema en la “tierra” de su corazón y por lo tanto no llegan a producir fruto.

La falta de agua: como todos saben, la plantas necesitan agua para vivir y la falta de riego pronto puede hacer que un árbol se seque. Sin agua éste no sólo dejará de dar fruto, sino que irá secándose por completo.

1 Corintios 3:6-8 (RV-1960)
(6) Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
(7) Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
(8) Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.

En estos versículo Pablo usa la figura del árbol explicando que él plantó y Apolos regó. Pablo fue quien les presentó a ellos el mensaje de salvación por primera vez. Estos creyentes aceptaron a Cristo como Señor luego de la predicación de Pablo. Pero luego Pablo se fue a predicar a otros lugares y Apolos quedó a cargo de la congregación. Entonces, ellos siguieron recibiendo conocimiento de Dios y Su Palabra a través de la predicación y enseñanza de Apolos. Así como todo árbol necesita agua para crecer y dar fruto, nosotros también necesitamos una diaria dosis de “agua” del Dios. Hay quienes son maduros espirituales y pueden estudiar y considerar las Escrituras por sí mismos y hay quienes necesitan de otros hombres de Dios que suministren esa agua, que conocen la Palabra y pueden transmitirla y explicarla a otros. Entonces, una de las cosas en que debiéramos poner nuestra máxima atención es a diariamente recibir el agua que necesitamos para nuestras vidas. 

Jeremías 2:13 (RV-1960)
Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.

Dios es fuente de agua viva y está siempre dispuesto a proveernos para que podamos tener vidas llenas de fruto espiritual. Pero está en nosotros el diariamente ir a Su fuente o cavar nuestras propias cisternas humanas que no retienen agua. El hombre ha desarrollado muchos sistemas y técnicas para alcanzar felicidad, éxito, paz, dominio propio, etc. Estas técnicas en sí no son algo negativo, pero si ponemos nuestra confianza en estas técnicas humanas de auto-ayuda y basamos nuestras vidas en éstas, dejando de lado a Dios, estaremos cavando nuestras propias cisternas rotas y tarde o temprano sufriremos las consecuencias de la falta de agua. Es nuestra elección y nuestra responsabilidad tener una diaria relación con Dios y acudir diariamente a Él para obtener su “agua de vida”.

Contaminación proveniente de otros “árboles”:


Hebreos 12:15 (RV-1960)
Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

Aquí tenemos una advertencia a no dejar que brote una “raíz de amargura”. En este contexto se está hablando no a un creyente individual sino a un grupo de creyentes, que no deben dejar que entren contaminantes a la congregación. Sin embargo, la instrucción también puede aplicarse a la vida particular, ya que el mal actúa siempre del mismo modo, entrando sutil y solapadamente y luego, contaminando todo a su alrededor.

Como sabemos, la raíz es la base de toda planta o árbol, sin embargo, la raíz no es lo primero, sino la semilla. La raíz aparece porque la semilla ya ha sido plantada y está comenzando a crecer. Debido a que vivimos en un mundo caído, es casi imposible evitar que caigan “semillas” del maligno en nuestro terreno, sin embargo, es nuestro deber y responsabilidad estar atentos para no dejar que éstas crezcan al punto de ahogar o deteriorar a nuestro buen árbol. Debido a que tenemos una naturaleza de pecado dentro nuestro, constantemente proviene de dentro nuestro el deseo de pecar, además, tenemos un entorno contaminado que también nos incita al pecado, de este modo, las “semillas” de pecado constantemente entran en nuestra mente y es nuestra tarea no dejar que éstas crezcan, no darles lugar en el corazón y no darles agua y nutrientes. Eventualmente algunas semillas de pecado logran entrar en nuestro corazón y echar raíces. Si notamos que esto ha sucedido, nuestra tarea será desarraigar (con la ayuda y guía de Dios) eso que malo que está creciendo.

Noten que en estos versículos el brote de la raíz de amargura está relacionado con dejar de alcanzar la gracia de Dios. Las palabras “deje de alcanzar” son en griego hustereö, que significa “tener falta de, estar excluido, tener menos de lo necesario de algo”. En otras palabras, cuando esta raíz de amargura brota entre los creyentes cristianos, tendrán menos gracia de Dios de la que está disponible. Dios jamás va a retirar por completo Su gracia de nosotros, pero por nuestras acciones podemos llegar a auto-excluirnos de Su gracia en muchas áreas de nuestras vidas y esto puede ser el resultado de haber dejado crecer esta raíz de amargura en nuestras vidas y en nuestras congregaciones.

La palabra griega para “amargura” es pikria, que Friberg, en su léxico, la describe como “planta que produce fruto no comestible o tóxico”. En otras palabras, lo que no hay que dejar que crezca en nuestras vidas en aquello que intoxica nuestra vida espiritual y envenena nuestra relación con Dios y con otros creyentes cristianos. Todo aquello que pueda separarnos del amor de Dios y de la comunión del Cuerpo de Cristo debe ser cortado antes de que crezca y contamine a todos.

Uno de los puntos importantes en este contexto, que frecuentemente es pasado por alto, es la conexión que se establece entre el crecimiento de esta raíz contaminante con el deseo de ganancias terrenales. Leeremos el versículo 15 y 16 para verlo más claro:

Hebreos 12:15-16 (RV-1960)
(15) Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
(16) no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.

Aquí vemos que esta raíz tóxica y contaminante es conectada con el episodio en que Esaú vendió su primogenitura por una comida. El primogénito en una familia israelita era el poseedor de ciertos privilegios, no sólo ante su familia, sino ante Dios, era especialmente bendecido por Dios. Por lo tanto, cuando Esaú vendió su primogenitura lo que hizo fue demostrar que tenía en poca estima las bendiciones de Dios que le correspondían. Por otro lado, cuando Jacob vendió la comida a Esaú, pudo haber pedido cualquier otra cosa, pero su meta principal era tener esas bendiciones de primogénito, lo cual nos muestra que Jacob en verdad valoraba las bendiciones y promesas de Dios y por esto pasó a ser el poseedor de las promesas dadas a Abraham y antecesor de Jesús.

Por las palabras de Esaú en Génesis 25:32 podemos pensar que quizá era mucha el hambre que tenía, quizá se sentía mal y pensó que moriría, a causa de esto él rechazó su posición de bendito por Dios como primogénito, no pensó que Dios le daría liberación y prefirió cambiar sus bendiciones por una comida. Lo que esto nos enseña es que jamás debiéramos renunciar a nuestra fe y nuestra íntima relación con Dios en búsqueda de bienes materiales o en búsqueda de liberación a una situación difícil. Si decidimos poner a Dios en segundo lugar para resolver nuestros problemas con métodos contrarios a Su voluntad, Él no podrá extendernos Su gracia liberadora, pero si lo ponemos en primer lugar aún ante las más difíciles circunstancias, Él extenderá Su gracia y poder y estaremos llenos de fruto en nuestras vidas.

En 1 Timoteo tenemos un versículo que también nos habla acerca de la “raíz”:

1 Timoteo 6:9-10 (RV-1960)
(9) Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición;
(10) porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

En realidad sabemos que no todos los males parten del amor al dinero, por ejemplo, Adán y Eva cayeron sin que hubiera dinero de por medio. Lo que sucede es que la palabra que aquí se traduce “todos” (en griego pas) puede traducirse como “todos” o como “toda clase de” según el contexto. En este contexto la segunda opción parece más adecuada, el dinero es raíz de “toda clase de males”. En otras palabras, por amor al dinero pueden surgir toda clase de males.

Hay que notar que el versículo no dice que el dinero en sí sea raíz de toda clase de males. El dinero no es bueno o malo, por lo que no puede, por sí solo, causar el bien o causar el mal. Lo que es raíz de toda clase de males es el AMOR AL DINERO.

Ahora bien, las palabras “amor al dinero” son en griego una sola palabra: philarguria, que sólo se usa aquí en toda la Biblia. Esta palabra es la unión de las palabras philos: “afecto, amistad, amor fraternal” y arguros: “plata, dinero”. Literalmente significa “afecto o amistad por el dinero o bienes materiales”. Esta palabra nos indica no sólo la búsqueda y deseo de tener dinero, sino un afecto o amistad por el dinero y los bienes materiales. Tener dinero no es malo en sí, tener un trabajo en el cual uno gana mucho dinero no es pecado, tampoco es incorrecto querer tener un mejor sueldo o un trabajo mejor remunerado, sin embargo, el dinero y los bienes naturales no deben ocupar un lugar más importante que Dios en nuestras vidas, no debemos dejar que el deseo por los bienes materiales se interponga a nuestra fe y fidelidad a Dios, cuando esto sucede es que ha entrado una raíz tóxica a nuestras vidas y, si la dejamos crecer, causará toda clase de males en nosotros y nuestro entorno.

Esto sucede a nivel individual o grupal. Cuando la búsqueda de bienes materiales se vuelve una prioridad en una congregación cristiana, esa congregación se contamina y sus miembros son severamente afectados. Cuando una sociedad, estado o nación fija su objetivo en los bienes materiales y deja de lado a Dios, esa sociedad, estado o nación es contaminada y sus habitantes sufren las consecuencias de una carencia de la gracia de Dios. Sólo Dios tiene la capacidad de bendecirnos al punto de que produzcamos fruto de buena calidad, y es sólo por Su gracia que nuestras vidas estarán benditas y en plenitud, por eso, no importan las circunstancias, siempre debemos buscarlo a Él primero y que Él sea el centro de nuestras vidas.

La vid verdadera


Jesús dijo a sus discípulos:

Juan 15:1-3 (RV-1960)
(1) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
(2) Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
(3) Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.

Aquí Jesús enseñó que Él es la verdadera vid, y Dios es el Labrador de esa vid. Un “pámpano” es un racimo de uvas, aquí se compara al discípulo de Jesús con un pámpano o racimo de la vid para dar a entender que una persona necesita seguir a Cristo y estar unida a Él para poder llevar fruto espiritual. Sólo a través de Jesús es posible ser parte de la labranza de Dios y producir verdadero fruto. No se puede producir este fruto espiritual siendo “buena persona”, no se puede producir siendo budista, hindú, o con meditación y yoga, sólo Jesús es el mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5) y sólo por medio de Él podemos llevar esta clase de fruto.

Estos versículos también nos enseñan que si somos parte de la verdadera vid (estando unidos a Cristo) Dios mismo se encargará de limpiarnos y ayudarnos para que llevemos más fruto.

En el versículo 3 Jesús nos dice con qué es que se produce esta limpieza: con la palabra que él había hablado. ¿De qué hablaba Jesús? El contaba la buena noticia (evangelio) acerca del reino de Dios y la salvación para la humanidad (Mt. 4:23; 9:35; Mr. 1:15; Lc. 4:43; Lc. 8:1). La predicación del la buena noticia de salvación es la que nos lleva a creer en Cristo como Señor y pasar a ser hijos de Dios (Ro. 10:9-17). Esta palabra es la que limpió a los discípulos de Jesús para que pudieran dar fruto y es la que nos limpiará también a nosotros para que nuestras vidas estén llenas de fruto del Espíritu.

Juan 15:4-16 (RV-1960)
(4) Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
(5) Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

Aquí nuevamente Jesús habla de la necesidad de permanecer en Él para poder llevar fruto. En ambos versículos dice básicamente lo mismo, esta repetición añade gran énfasis a lo dicho por Jesús, Él quería asegurarse de que se entendiera que sólo mediante Él es posible llevar fruto. Separados de Cristo nada podemos hacer que sea realmente provechoso para el reino de Dios.

Juan 15:6-16 (RV-1960)
(6) El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
(7) Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Aquí tenemos, por un lado, la advertencia de que quien no permanece en Cristo será echado fuera y quemado. Esto significa que fuera de Cristo nuestras acciones no son de verdadero provecho, no nos servirán para llevar fruto espiritual y lo que hayamos hecho, por más que sea admirado por otras personas, no tendrá valor ante Dios. Sólo cuando estamos conectados a Cristo, haciendo la voluntad de Dios es que podemos producir la clase de fruto que Dios quiera que produzcamos.

En el versículo 7 tenemos una promesa por parte de Jesús: que si permanecemos en Él podremos pedir todo lo que queramos y será hecho. ¡Esto es fabuloso! ¡Si permanecemos en Cristo podemos pedir lo que queramos y será hecho! Sin embargo, esto no es tan fácil como parece. En la epístola de Juan se nos dice que el que permanece en Él debe andar como Él anduvo (1 Juan 2:6). Por supuesto, si uno anda como Él anduvo, los deseos que tenga estarán alineados con la voluntad de Dios, por lo tanto, cuando pida algo, pedirá aquello que Dios mismo quiere que pida y es así que todo lo que pida será concedido por Dios.

Juan 15:8 (RV-1960)
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

Este versículo contiene una información muy importante, porque nos dice que el Padre es glorificado en que llevemos mucho fruto. A veces nos preguntamos ¿Cómo puedo glorificar a Dios? ¿Cómo puedo saber si estoy aprobado ante Dios y si mi vida es complaciente para Él? Algunos dirán que Dios se complace en la alabanza, en el trabajo duro, en mucha oración, o en que tengamos éxito en nuestras vidas. Pero ¿qué dice aquí la Escritura? Nos dice que Dios es glorificado cuando llevamos mucho fruto. Entonces, si queremos realmente glorificar a Dios con nuestras vidas, debemos andar de tal modo que produzcamos fruto espiritual: amor, gozo, paz, etc...

Juan 15:9-16 (RV-1960)
(9) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor.
(10) Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.

Aquí Jesús enseña cómo se permanece en Él. Él primero dijo que había que permanecer en Él para producir fruto, ahora explica en qué consiste esta “permanencia” en Él: guardar los mandamientos de Dios. Guardar los mandamientos no se refiere a tener una Biblia bien guardada en un cajón, sino a guardar los mandamientos de Dios en el corazón, lo cual implica vivir conforme a éstos. Dios es amor, por lo tanto, todos Sus mandamientos son mandamientos de amor, consecuentemente, si andamos conforme a Sus mandamientos, estaremos andando en amor, así como anduvo Jesús.

Juan 15:11 (RV-1960)
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Aquí las palabras “y vuestro gozo sea cumplido” se refiere a tener un gozo completo, ¡gozo total!. Jesús nos dice que Él tenía este tipo de gozo en Él y esto que hablaba lo hacía para que también sus discípulos tuvieran esa clase de gozo. ¿Cuánto gozo tenía Jesús? Bien, las Escrituras nos dicen que el gozo que Él tuvo le permitió soportar el sufrimiento del madero (He. 12:2). El gozo de Jesús no sólo fue una alegría momentánea, como la que experimentamos al tener éxito en un negocio, al enamorarnos o al ir de vacaciones a una playa paradisíaca, el gozo de Jesús que le permitió soportar la cruz fue el gozo de saber que por medio de sus acciones estaba glorificando a Dios y permitiéndole cumplir con Sus promesas y Su plan de redención para la humanidad. El gozo de Jesús era el gozo de saber que estaba haciendo su contribución para la venida del reino de Dios prometido. Este gozo es un gozo que no depende de las circunstancias actuales, sino de estar firmemente convencidos en que Dios cumplirá Sus promesas de restauración de Su creación. Si estamos seguros de que Dios cumplirá Su promesa y seremos parte de un reino perpetuo en el paraíso, entonces el gozo que experimentaremos no será afectado por las circunstancias adversas por las que pasamos.

Juan 15:12 (RV-1960)
Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.

Aquí Jesús da “su” mandamiento, que es que nos amemos unos a otros como Él ha amado. Hasta el momento en que Jesús comenzó su ministerio en la Tierra, nadie había jamás andado perfectamente conforme a la voluntad de Dios. Nadie tuvo la clase de relación espiritual con Dios que tuvo Jesús. Los grandes hombres de Dios previos a Jesús fueron fieles a Dios y manifestaron Su amor, sin embargo, no fueron perfectos, todos tuvieron pecados y falencias en su carácter, por lo tanto, ninguno amó como Dios ama. Pero Jesús fue un hombre que fue “perfecto” en su andar, él jamás cometió pecado, lo cual significa que todo lo que hizo lo hizo conforme a la voluntad de Dios. Jesús fue el perfecto reflejo del amor de Dios y a través de Él el mundo conoció “cara a cara” la forma más completa de amor.

Hasta entonces, Dios había dado mandamientos que intentaban retratar Su amor al mundo, pero que no podían reflejar correctamente cada aspecto del amor de Dios. Pero a través de Jesús, Dios pudo mostrar cómo es que el hombre debe amar y así es que aquí Jesús da un “nuevo” mandamiento, que consiste en amarnos unos a otros como Él lo hizo. En realidad, este mandamiento no es diferente en naturaleza al resto de los mandamientos que Dios había dado previamente, sin embargo, este mandamiento de Jesús pone al amor de Dios en una nueva perspectiva para el ser humano, porque la vida y obra de Jesús sirve de guía para ver el amor de Dios no sólo en las acciones en sí, sino en el corazón e intención que hay detrás de esas acciones.

1 Juan 3:16-18
(16) En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.
(17) Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?
(18) Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

En nuestro mundo moderno solemos ver al “amor” como algo que procede de los sentimiento de una persona. Es así que oímos muchas personas decir que “aman” a tal o cual, pero sus acciones muestran otra cosa. El verdadero amor, que parte de conocer a Dios y Su plan de redención y el valor de cada persona para Dios se puede “ver” a través de las acciones de las personas. Amar “de palabra” o “de lengua” es fácil, pero no es verdadero amor, por eso Juan contrasta el amor “de palabra” y “de lengua” con el amor “de hecho” y “en verdad”. Jesús fue la muestra más perfecta de la forma de amar que complace a Dios y es así que su vida fue un constante servicio a Dios y las personas y finalmente hizo la máxima entrega que una persona puede hacer que fue su vida en rescate por todos los pecadores. Hay pocos registros bíblicos de Jesús diciendo que “amaba” a alguien, sin embargo, sus acciones son la más clara muestra de cuánto amó al mundo, en vez de pasarse la vida diciéndole a todos cuánto los amaba, Jesús se la pasó mostrando su amor a través de sus hechos.  

Algo similar leemos en la carta de Santigo:

Santiago 3:12-18 (RVA)
(12) Hermanos míos, ¿puede la higuera producir olivas, o la vid higos? Tampoco de una fuente de agua salada brota agua dulce.
(13) ¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? ¡Que demuestre por su buena conducta sus obras en la mansedumbre de la sabiduría!
(14) Pero si en vuestros corazones tenéis amargos celos y contiendas, no os jactéis ni mintáis contra la verdad.
(15) Esta no es la sabiduría que desciende de lo alto, sino que es terrenal, animal y diabólica.
(16) Porque donde hay celos y contiendas, allí hay desorden y toda práctica perversa.
(17) En cambio, la sabiduría que procede de lo alto es primeramente pura; luego es pacífica, tolerante, complaciente, llena de misericordia y de buenos frutos, imparcial y no hipócrita.
(18) Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

La sabiduría que procede de Dios es aquella que produce paz en los que la practican y produce fruto espiritual. Donde hay celos, contiendas, desorden y prácticas perversas no está presente la sabiduría de Dios, sino la sabiduría terrenal, animal y diabólica. Si alguien es verdaderamente sabio, su sabiduría debe estar evidenciada en su conducta, tal como lo indica Santiago en el versículo 13.

Volvamos a 1 Juan:

1 Juan 3:19-24
(19) Y en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de él;
(20) pues si nuestro corazón nos reprende, mayor que nuestro corazón es Dios, y él sabe todas las cosas.
(21) Amados, si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos en Dios;
(22) y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él.
(23) Y este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado.
(24) Y el que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él. Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

En estos versículos volvemos a ver la relación entre un andar recto y las oraciones respondidas. El versículo 22 nos dice que si guardamos Sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables a Él cualquier cosa que pidiéramos la recibiremos de Él. Luego, el versículo 23 pasa a decirnos cuál es el mandamiento que Dios quiere que guardemos: creer en el nombre de Jesucristo y amarnos unos a otros como él lo mandó. Como hemos visto, Jesús mandó a amarnos unos a otros como él nos amó. Si nuestra relación con Dios llega a ser tal en que logramos este perfecto amor como el que Cristo tuvo, todas nuestras oraciones estarían respondidas, porque todo lo que pediríamos sería para hacer la voluntad de Dios y bendecir y servir a otras personas.

Nuestro servicio a Dios


En Romanos 6 leemos:

Romanos 6:19-23 (Mi traducción)
(19) (como humano les estoy-hablando a-causa-de la debilidad de la carne de ustedes); porque así-como presentaron sus ·miembros como esclavos de la impureza y la ilegalidad para andar en la ilegalidad, así-también ahora, presenten sus ·miembros como esclavos de la Justicia para andar en santidad.
(20) Porque cuando eran esclavos del Pecado, eran libres de obedecer a la Justicia.
(21) Pero en aquel-tiempo, ¿qué fruto tenían por aquellas cosas de las cuales ahora se-avergüenzan? (porque el fin de aquellas cosas es muerte).
(22) Mas ahora, habiendo-sido-librados de la autoridad del Pecado y habiendo-sido-hechos-esclavos para ·DIOS, el fruto que ustedes tienen es para andar en santidad y en el fin tendrán vida de-la-era futura.
(23) Porque la paga del Pecado es muerte, pero el regalo de ·DIOS es vida de-la-era futura en Cristo Jesús, nuestro ·Señor.

Aquí Pablo, luego de enseñar (en los cinco capítulos previos) acerca de la obra de Dios en Cristo para salvación de todo el que cree, explica qué debe hacer el creyente cristiano luego de haber recibido la justificación de Dios. Cuando éramos incrédulos nuestros miembros estaban puestos al servicio de la impureza e ilegalidad, pero ahora tenemos un nuevo Señor, Jesucristo, y es nuestro deber presentar nuestros miembros en servicio a Él, viviendo en Su justicia y en santidad.

Si lo deseamos, podríamos seguir viviendo en pecado luego de haber aceptado a Cristo como Señor y aún así no dejaríamos de ser hijos de Dios, sin embargo, Pablo advierte en forma de pregunta retórica: “¿qué fruto tenían por aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan?”. Pablo dice que el fin de las acciones pecaminosas es muerte. Aquí podemos entender la “muerte” como la falta de fruto espiritual. En efecto, Dios, al darnos una nueva vida espiritual, nos ha hecho parte de la “vid” verdadera para producir el fruto espiritual. Como vimos, la forma de mantenernos vivos y producir fruto como parte de esta vid es permanecer en Cristo, alimentándonos con el conocimiento y entendimiento de la voluntad de Dios y de un andar en amor. Pero si andamos en pecado iremos “muriendo” en el sentido de que dejaremos de producir fruto.

Por esta causa, aunque podríamos andar en pecado luego de recibir la salvación y justificación de Dios, esto no nos aprovecharía de nada, todo lo contrario, nos perderíamos el fruto. El versículo 23 nos dice que el regalo de Dios es vida de la era futura. Muchas de las traducciones tienen aquí las palabras “vida eterna”. Sin embargo la palabra traducida “eterna” es en griego aionios, cuya traducción correcta es “vida de-la-era” o “vida perteneciente-a-la-era” y se refiere a la clase de vida que tendremos cuando Dios establezca Su reino en la era futura. Lo que Romanos nos enseña es que la vida que Dios dará en la era futura ya la tenemos (en parte) disponible hoy y podemos vivirla en la medida en que obedecemos a Dios.[6] Teniendo esta bendita posibilidad de vivir con una vida llena del poder de Dios y llena de amor, gozo, paz, paciencia, etc. ¿cómo no dar nuestro máximo esfuerzo para limpiarnos de todo pecado?

En Hebreos 12 leemos:

Hebreos 12:11-15 (RV-1960)
(11) Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
(12) Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
(13) y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.
(14) Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
(15) Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;

El versículo 15 ya lo hemos analizado previamente. Ahora vemos que su contexto nos habla de la disciplina que un cristiano debe ejercer en su vida. Ninguna disciplina es motivo de gozo inmediato, pero cuando se pone en práctica da resultados extraordinarios a largo plazo. Esto lo sabe cualquiera que se haya disciplinado, ya sea para ser atleta, músico, abogado, médico, cantante, dibujante, ingeniero, etc. Cualquiera que quiere llegar a ser un “experto” en algo debe disciplinarse, lo cual a veces incluye respetar ciertos horarios, renunciar a ciertos hábitos y hacer cosas que no son del todo agradables.

Por ejemplo, si alguien quiere bajar de peso debe renunciar a ciertas comidas de gran valor calórico y disciplinarse para comer siempre en horarios determinados y quizá tenga que acostumbrarse a comer otro tipo de comidas de las que estaba acostumbrado y hacer ejercicios físicos. Estas cosas al principio no le causarán gozo sino más bien molestia, cansancio, dolor, hambre, entre otras cosas. Pero al final tendrá un peso corporal que le permitirá moverse de un modo que antes no podía, se sentirá más liviano y enérgico para trabajar y hacer otras actividades y gozará de un mejor estado de salud en general.

El beneficio de la disciplina no está al principio, sino al final, por eso es que se hace tan difícil para algunas personas lograr disciplinarse, aún para lograr aquello que desean alcanzar. En estos versículos se le habla a creyentes que estaban decayendo en su ánimo de seguir andando en la voluntad de Dios, porque estaban siendo perseguidos por otras personas, incluso a riesgo de muerte. Por eso aquí se les recuerda que la disciplina siempre tiene un buen resultado al final, especialmente aquella que se enfoca en hacer la voluntad de Dios. Es así que aquí se les alienta a “levantar las manos caídas y las rodillas paralizadas” y “hacer sendas derechas”. ¡No hay que dejar que el mundo nos contamine y nos haga torcer nuestro camino!

Efesios 5:1-2 (RVA)
(1) Por tanto, sed imitadores de Dios como hijos amados,
(2) y andad en amor, como Cristo también nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio en olor fragante a Dios.

Aquí tenemos la instrucción sobre cómo debe ser nuestra conducta. Lo primero que Pablo dice es que debemos ser imitadores ¡de Dios! Lógicamente diremos “¿no es mucho pedir?” Sin embargo ese es el objetivo que Dios quiere que alcancemos. Si Dios dice que se puede hacer es porque se puede hacer, pero aún si diariamente fallamos a este objetivo, lo importante es nunca dejar de intentarlo. El objetivo es muy alto, pero Dios nos dio la capacidad para lograrlo. De todos modos, si pecamos, no debemos desilusionarnos y sentirnos frustrados, sino seguir intentándolo, sometiéndonos a la disciplina de nuestro Padre celestial. Nadie se recibe de médico neurocirujano en la segunda clase que toma, lleva años de estudio, preparación y práctica. Andar como Cristo anduvo tampoco es algo que se logre de un día para el otro, pero es algo a lo que todos los creyentes cristianos deberíamos aspirar.

El versículo 2 nos muestra que el punto central del andar es el amor que, a su vez, es demostrado a través de la entrega. Jesús demostró Su amor por la humanidad entregándose como ofrenda y sacrificio a Dios. Del mismo modo, nosotros debemos “ofrendarnos” a Dios, sirviéndole de todo corazón y amando a las personas del modo en que Dios las ama, haciendo todo lo posible para llevarle salvación al incrédulo y para edificar al creyente.

Luego leemos:

Efesios 5:3-4 (RVA)
(3) Pero la inmoralidad sexual y toda impureza o avaricia no se nombren más entre vosotros, como corresponde a santos;
(4) ni tampoco la conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, cosas que no son apropiadas; sino más bien, acciones de gracias.

Aquí tenemos algunos “no” del andar cristiano. No sólo se nos instruye sobre qué hacer, sino que también se nos dice que NO hacer, para tener mayor claridad. Pablo (por revelación de Dios) nos dice que inmoralidad sexual, impureza y avaricia NI AÚN SE NOMBRE entre vosotros. No sólo no hay que hacer estas cosas, Dios quiere que ni siquiera se nombren entre nosotros. Piensen en cuántas palabras solemos usar en nuestras conversaciones que tienen contenido de inmoralidad sexual e impureza, especialmente en aquellas palabras que se usan para insultar. En el mundo casi toda conversación tiene algo de inmoralidad sexual, impureza o avaricia, pero Dios quiere que nosotros evitemos ese tipo de palabras.

He oído decir que algunos utilizan este tipo de palabras para caer bien a quienes usan ese vocabulario y así “ganarlos” para Cristo. Yo no veo que Cristo haya hecho esto cuando estuvo predicando en la Tierra. Él no necesitó usar un vocabulario grosero para que rameras y pecadores se acercaran a Él. Hablar groserías para “ganar” a los groseros es como salir a robar para “ganar” a los ladrones, ¡no! Esa no es la forma en que Dios quiere que hagamos las cosas.

El versículo 4 también nos dicen que tampoco debiera nombrarse entre los santos (los creyentes cristianos): conducta indecente, ni tonterías ni bromas groseras, porque no son apropiadas.

Literalmente del griego podríamos traducir “e indecencia y diálogo-necio o bufonería”. “Indecencia” se refiere a toda conducta inapropiada. “Diálogo-necio” es en griego mörologia, que se refiere a todo diálogo o conversación que no tiene contenido o no edifica. La palabra “bufonería” en es griego eutrapelia, que se refiere a la conversación que intenta hacer reír a otros con el fin de desviar el centro de lo que se está discutiendo. No es que hacer chistes sea incorrecto, lo que está mal es la clase de conducta que tienen algunas personas que convierten toda conversación en una broma, al punto de que no se puede sostener una charla seria y provechosa.

Haciendo una retrospectiva seguramente todos encontraremos que con más frecuencia de lo que deseamos nos estamos metiendo en este tipo de charlas. ¿Cuán frecuentemente mantenemos conversaciones huecas, que no llevan hacia ningún lado? ¿Cuántas veces hemos convertido en motivo de broma un asunto serio, sin dejar que la conversación se desarrolle para dar edificación? ¿Con qué frecuencia hablamos sobre conductas inapropiadas (ya sean nuestras o de otros) exponiéndolas como algo correcto o digno de ser alabados? Bien, Dios quiere que quitemos todas estas cosas de nuestras vidas, porque la boca habla de lo que hay en nuestro corazón, si nuestras conversaciones son inapropiadas es porque también hay algo incorrecto en nuestro corazón y debemos trabajar para corregirlo.

Efesios 5:5-9 (RVA)
(5) Porque esto lo sabéis muy bien: que ningún inmoral ni impuro ni avaro, el cual es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.
(6) Nadie os engañe con vanas palabras, porque a causa de estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
(7) Por eso, no seáis partícipes con ellos;
(8) porque si bien en otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. ¡Andad como hijos de luz!
(9) Pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad.

El versículo 5 suele usarse para enseñar que si un cristiano se vuelve inmoral, impuro o avaro no heredará el reino de Dios. Sin embargo esto no es así. Pablo enseñó claramente que la salvación del creyente es permanente, porque somos hijos de Dios para siempre. Pablo aquí se está refiriendo a aquellas personas que no creen en Cristo como Señor y la inmoralidad, impureza y avaricia son parte de su conducta habitual. A éstos llama “hijos de desobediencia” en el versículo 6. En el versículo 7 se nos instruye a no ser partícipes con ellos. Una cosa es acercarnos al incrédulo para mostrarles el amor de Dios y llevarle el mensaje de salvación y otra cosas muy diferente es participar en sus pecados y en sus conversaciones, Dios quiere que nos mantengamos al margen en este tipo de conducta.

Dios es luz y nosotros somos hijos de luz, si andamos en luz estaremos llenos de fruto, pero si participamos de las obras de los que andan en oscuridad estaremos andando en tinieblas y no el luz y no llevaremos el fruto que Dios tiene preparado para nosotros.

Efesios 5:10-14 (RVA)
(10) Aprobad lo que es agradable al Señor
(11) y no tengáis ninguna participación en las infructuosas obras de las tinieblas; sino más bien, denunciadlas.
(12) Porque da vergüenza aun mencionar lo que ellos hacen en secreto.
(13) Pero cuando son denunciadas, todas las cosas son puestas en evidencia por la luz; pues lo que hace que todo sea visible es la luz.
(14) Por eso dice: “¡Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo!”

Aquí se nos lleva un paso más adelante: no sólo no debemos participar de los actos pecaminosos de los que andan en tinieblas, sino que debemos “denunciarlos”. En otras palabras, debemos señalar lo que está mal. Por supuesto, no nos vamos a meter en la guarida de un grupo de narcotraficantes a decirles “esto que hacen está mal”, lo que este versículo nos quiere transmitir es que no debemos “suavizar” el pecado, como cuando alguien dice: “es una buena persona, ¡qué importa si de vez en cuando se emborracha!” Lo que es incorrecto hay que señalarlo como incorrecto, porque de otro modo la persona que anda en pecado quizá piense que su conducta es correcta y aprobada por Dios.

Efesios 5:15-17 (RVA)
(15) Mirad, pues, con cuidado, cómo os comportáis; no como imprudentes sino como prudentes,
(16) redimiendo el tiempo, porque los días son malos.
(17) Por tanto, no seáis insensatos, sino comprended cuál es la voluntad del Señor.

Es nuestra responsabilidad aprovechar al máximo cada minuto que tenemos de vida en este mundo. Ahora es el tiempo de salvación para la humanidad. Cuando los tiempos se cumplan cada uno será juzgado y ya no habrá tiempo de arrepentimiento, por lo tanto, debemos aprovechar cada momento para vivir en la gracia de Dios y llevar gracia y salvación a otras personas a través de un andar en amor que surge de ser imitadores de Dios y de Cristo. Y para que esto sea posible, es necesario que comprendamos cuál es la voluntad del Señor y esto no lo lograremos si pasamos nuestro día participando de conversaciones necias, o mirando por televisión las conversaciones necias de otros.

Por último, quiero que leamos un versículo en Filipenses que refleja mi deseo por aquellos que están ahora leyendo y por todos los cristianos en general y que creo que debería ser nuestra constante oración de unos por otros.

Filipenses 1:9-11 (RV-1960)
(9) Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,
(10) para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo,
(11) llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.



[1] La palabra pneuma se usa en la Biblia refiriéndose a Dios (“el Espíritu Santo”), a Jesús (“el Espíritu”), al don de Dios dado al hombre (“espíritu santo”; “espíritu de Dios”), a lo que da vida al hombre (“espíritu de hombre”), a sentimientos y emociones humanas, a ángeles, a demonios. Para más detalles lea mi estudio “El don de espíritu santo”.
[2] Para más detalles sobre la acción de Dios en el creyente por medio de Jesucristo lea mis estudios “El don de espíritu santo” y “Filipenses 2:13: La acción de Dios en el creyente”.
[3] Para más detalles sobre la obra de Dios en Cristo para salvación y justificación lea mi comentario sobre el libro deRomanos.
[4] Para más detalles sobre qué es fe y como se desarrolla lea mi libro “FE: Convicción en acción”.
[5] Más detalles en mi estudio “No dejemos deorar”.




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