Una nueva creación

En Honor a Su verdad

Introducción


A lo largo de la carta de Pablo a los gálatas podemos ver que Pablo escribe para señalar y corregir problemas doctrinales y prácticos que se habían presentado en esta iglesia. En los primeros capítulos aprendemos que cierto grupo de “cristianos” estaban enseñando que era necesario seguir con antiguas prácticas religiosas judías con el fin de poder agradar a Dios. Entre otras cosas, estas personas estaban enseñando que debían circuncidarse para ser “perfeccionados” en su andar. Estas personas estaban usando las Escrituras, fuera de su contexto histórico adecuado, para promover la práctica de cosas que son contrarias a la voluntad de Dios. Ellos predicaban otro “evangelio”, aunque Pablo les dice que en verdad no existe otro evangelio y que nadie debería predicar otra clase de evangelio sino el de la gracia de Dios por medio de Cristo (Gá. 1:6-9).

En capítulos posteriores Pablo va dejando en claro que estas prácticas no son requisito para el andar cristiano, todo lo contrario, anulan la posibilidad de recibir la gracia de Dios por medio de Cristo (Gá. 2:21). Pablo luego les recuerda que ellos recibieron el don de espíritu santo y recibieron la salvación y justificación por medio de la fe, por lo tanto, su perfeccionamiento en la relación con Dios no puede estar basada en actos religiosos externos, sino en un andar de obediencia a Dios, lo cual se logra mediante una relación espiritual con Dios por medio del don de espíritu santo y por medio de Cristo Jesús, nuestro Señor (Gá. 3:1-13). La ley, dice Pablo, fue dada como ayo (preceptor, guía, instructor) para llevarnos a Cristo, pero no puede ser tomada como objeto de salvación, porque nadie puede cumplirla perfectamente como para merecer la salvación de Dios.[1]

Ya concluyendo con su exposición doctrinal, Pablo explica que la circuncisión no vale nada, ni tampoco la incircuncisión, sino que lo que tiene valor para Dios es una nueva criatura o nueva creación.

Gálatas 6:12-16 (VM)[2]
(12) Todos aquellos que quieren hacer una buena apariencia en la carne, los tales os compelen a ser circuncidados; solamente para no ser ellos perseguidos a causa de la cruz de Cristo.
(13) Porque ni aun los que son circuncidados guardan ellos mismos la ley; pero quieren haceros circuncidar a vosotros, a fin de gloriarse en vuestra carne.
(14) Mas nunca permita Dios que yo me gloríe sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; por medio de la cual el mundo me ha sido crucificado a mí, y yo al mundo.
(15) Porque la circuncisión no es nada, ni tampoco la incircuncisión, sino que lo que vale es la nueva criatura
(16) Y en cuanto a todos los que vivieren según esta regla, paz sea sobre ellos y misericordia, y sobre el Israel de Dios.

La pregunta que surge es ¿a qué se refiere Pablo con “nueva creación”? Esto es lo que intentaremos dilucidar a lo largo de este estudio.

La palabra “creación”


La palabra griega que se traduce “criatura” en el versículo 15 es ktisis, que significa “creación” y se puede referir tanto al acto de crear como a las cosas creadas, por eso es que algunas versiones traducen “criatura”, aunque la traducción más exacta es “creación”. Lo que aquí se nos está diciendo es que Dios ha hecho una nueva creación por medio de Cristo y por esta causa los antiguos rituales señalados por Dios a los judíos ya no tienen validez.


La palabra griega ktisis se usa con distintos sentidos conforme al contexto en que se encuentra, pero siempre nos da la idea de algo que fue creado. En Mateo 10:6 la palabra ktisis se usa con referencia a la creación inicial de Dios, relatada en Génesis 1 y 2. En Marcos 16:15 se habla de predicar el evangelio (buena noticia) a “toda criatura” (o “toda creación”), este es un uso figurado (la figura es sinécdoque) refiriéndose a los seres humanos en general (por supuesto, ellos no debía predicar a animales, plantas y objetos inanimados). En Romanos 8:39 se usa refiriéndose a todo tipo de cosa creada, enseñándonos que nada nos podrá separar del amor de Dios.

Pero Pedro también usa la palabra ktisis en referencia a los grados de autoridad definidos por el ser humano, en 1 Pedro 2:13 leemos:

1 Pedro 2:13-14 (VM)
(13) Sujetaos a toda institución [ktisis] humana, por causa del Señor; ya sea al rey, como supremo,
(14) o a los gobernadores, como enviados por éste para castigo de los malhechores, y para alabanza de los que hacen bien.

Aquí la palabra griega ktisis fue traducida como “institución” y se refiere a las posiciones de autoridad que existen entre los seres humanos.

En conclusión, vemos que la palabra ktisis puede referirse a los objetos creados, a las criaturas creadas, y también a los rangos de autoridad que han sido designados, más adelante veremos cuál es el sentido exacto de esta palabra cuando Pablo enseña que Dios ha hecho una “nueva creación”.

La palabra “nueva”



Es importante comprender que en el griego de la Biblia tenemos dos palabras que primordialmente pueden traducirse como “nuevo”, una de ellas en neos y la otra es kainos. La diferencia entre estas dos palabras griegas es que neos denota algo que es “nuevo en tiempo”, en otras palabras, algo recién hecho, recién fabricado, algo sin uso, usado con respecto a personas describe a alguien que es más joven o de menor edad. Por otro lado, la palabra kainos nos indica algo que es “nuevo en calidad o carácter”, es algo que ha adquirido una nueva calidad o nuevas características.

Para ejemplificar el sentido de estas dos palabras griegas, supongamos que compro un automóvil 0km cuyo modelo viene siendo vendido desde el año 2000, este automóvil sería “nuevo en tiempo” (neos), pero no es nuevo en calidad (kainos), porque el mismo modelo ha estado a la venta durante 12 años. Por otro lado, si yo refaccionara un viejo automóvil, dándole un nuevo diseño, pintándolo y añadiendo nueva tecnología o nuevos accesorios, este auto podría considerarse nuevo en calidad (kainos), pero no sería nuevo en tiempo (neos), porque yo ya tenía ese auto desde hace tiempo. Ahora bien, cuando una marca importante nos presenta una nueva línea de automóviles que sale a la venta, éstos pueden considerarse que son nuevos en tiempo (neos), porque están recién salidos de fábrica, pero también pueden considerarse nuevos en calidad (kainos), porque tiene cualidades y características que lo hacen distinto de otros modelos.

Cuando la Biblia habla de “nueva creación”, la palabra griega utilizada es kainos y no neos. Esto significa que la nueva creación a la que Dios se refiere no es nueva en tiempo, sino que es nueva en calidad, en características o en cualidades. Dios tomó cosas ya existentes de Su creación y las hizo “nuevas”, en el sentido de que les dio una nueva calidad y nuevas características.

Veamos algunos usos de la palabra kainos en las Escrituras:

Mateo 9:17 (VM)
Ni echan vino nuevo [neos] en odres viejos, de otra manera se revientan los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; sino que echan el vino nuevo [neos] en odres nuevos [kainos], y lo uno y lo otro a una se conservan.

Noten que en este versículo se usan las dos palabras griegas que pueden ser traducidas como “nuevo”. En la versión en español no se puede ver la diferencia, por esta causa he señalado entre corchetes cuál es la palabra griega utilizada en cada caso. Como puede verse, se usa la palabra neos para referirse al vino nuevo, pero se usa kainos para referirse a los odres nuevos. Este uso no es al azar, lo que aquí se está mostrando es que el vino que está recién hecho debe colocarse en odres que tengan una nueva calidad, que esté preparado para recibir esta clase de vino.

Este versículo es una respuesta en forma de parábola a ciertos fariseos que preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no seguían las mismas practicas que los ellos (versículo 14). Esta parábola responde a un cuestionamiento en cuanto a la doctrina y práctica. El odre y el vino hacen referencia a la doctrina y el andar. Cristo trajo doctrina nueva (kainos) acerca de cuál era la voluntad de Dios, esta nueva doctrina no podría sostenerse dentro de la “vieja” estructura religiosa de los judíos, sino que necesitaba de una nueva estructura, con prácticas “nuevas”. Jesús estaba trayendo nueva información acerca de la voluntad de Dios, esta nueva información era nueva en calidad, no contradecía lo que Dios había mandado a Moisés, sino que lo completaba (Mt. 5:17). Como explica Pablo a lo largo de sus cartas a los romanos y a los gálatas, la ley de Dios sólo proporcionaba de una guía sobre las prácticas que agradaban a Dios, pero no les proveía de un entendimiento profundo del corazón de Dios y de Su propósito y plan para la humanidad, ni tampoco les proveía de salvación (porque nadie la podía cumplir perfectamente), la ley dada a Moisés era tan sólo una guía básica hacia la voluntad de Dios. Jesús vino a mostrar, a través de Su doctrina y de Su ejemplo, cuán grande es el amor de Dios y cuál es Su deseo para la humanidad (Jn. 14:6-12). Al entender más profundamente la voluntad de Dios, el andar cambia, porque éste ya no se basa en una serie de reglamentos rígidos y estrictos, sino en una relación estrecha con el Padre. Por esta causa es que Jesús no exigía a sus discípulos que siguieran muchos de los actos religiosos que los fariseos practicaban regularmente.

La parábola de Jesús acerca del vino y el odre nos enseña que la doctrina nueva (kainos), requiere de obras nuevas (neos). Si estas obras nuevas se colocan dentro del antiguo marco doctrinal se produce conflicto. Esto le sucedió a los creyentes de la iglesia de Galacia, quienes, siendo desviados por falsos maestros, terminaron por colocar las viejas prácticas dentro de la nueva doctrina y así se estaban perdiendo de vivir en plenitud la gracia de Dios (Gá. 3:1-5; 4:9-11; 5:1-4).

Marcos 1:22-27 (RVA)[3]
(22) Y se asombraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
(23) Y en ese momento un hombre con espíritu inmundo estaba en la sinagoga de ellos, y exclamó
(24) diciendo: —¿Qué tienes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres: ¡el Santo de Dios!
(25) Jesús le reprendió diciendo: —¡Cállate y sal de él!
(26) Y el espíritu inmundo lo sacudió con violencia, clamó a gran voz y salió de él.
(27) Todos se maravillaron, de modo que discutían entre sí diciendo: —¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Aun a los espíritus inmundos él manda, y le obedecen.

En el versículo 27 tenemos el uso de la palabra griega kainos refiriéndose a la “nueva doctrina” que Jesús estaba promoviendo. Esta doctrina de Jesús era nueva en calidad, porque hasta ese entonces, ninguna doctrina (ni siquiera la doctrina basada en las Escrituras) proveía de la capacidad y autoridad para echar fuera demonios. No hay relatos bíblicos anteriores al tiempo de Jesús en que algún profeta, sacerdote o creyente haya echado fuera demonios, de hecho, la actividad espiritual demoníaca no está muy documentada en el Antiguo Testamento. Cuando Jesús vino, comenzó a mostrar al mundo que existían huestes espirituales de maldad atacando y afectando a los seres humanos y demostró que Dios podía dar la capacidad y autoridad para luchar y vencer a estas huestes espirituales. Su doctrina no era nueva en tiempo (neos), porque estaba basada en las Escrituras de Dios, y promovía al mismo Dios de los judíos, pero era nueva en calidad (kainos), porque él estaba mostrando nuevas cualidades de Dios y estaba manifestando nuevas características de la relación con Dios.

El nuevo pacto


En tiempos antiguos, Dios hizo un “pacto” con el pueblo de Israel: aquellos que guardaban los mandamientos de Dios vivirían bajo Su protección y tendrían vida perpetua en el reino futuro de Dios (Dt. 4:13, 23; Lv. 18:5; 26:9-15; Ez. 20:11; Ro. 10:5-6). Sin embargo, Dios sabía la propia naturaleza pecaminosa no permitiría al ser humano guardar perfectamente Sus estatutos, por tanto, Dios prometió que haría un nuevo pacto por medio del cual Sus leyes iban a ser escritas en el corazón mismo de las personas:

Jeremías 31:31-34 (VM)
(31) He aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un pacto nuevo:
(32) no según el pacto que hice con sus padres en el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; pacto que ellos quebrantaron, y yo los deseché, dice Jehová:
(33) sino que éste será el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Pondré mi ley en sus entrañas, y en su corazón la escribiré; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo:
(34) y no enseñarán más cada cual a su compañero y cada cual a su hermano, diciendo: ¡Conoce a Jehová! porque todos ellos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor de ellos, dice Jehová; porque yo perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de sus pecados.

Jesús, por medio de Su sacrificio, hizo posible el comienzo de este nuevo pacto.

Lucas 22:19-20 (VM)
(19) Y tomando un pan, después de haber dado gracias, lo partió, y se lo dió a ellos, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado. Haced esto en memoria de mí.
(20) Tomó asimismo la copa también, después que hubieron cenado, diciendo: Esta copa es el Nuevo Pacto en mi sangre, la cual es derramada por vosotros.

Aquí, cuando se habla del “nuevo pacto”, la palabra griega traducida “nuevo” es kainos, esto nos indica que este pacto es “nuevo en calidad”, las cualidades y características de este nuevo pacto son distintas del pacto anterior. Como vimos en la promesa hecha por medio de Jeremías, una de las más notables diferencias entre el antiguo pacto y el nuevo es que Dios haría algo en el interior de los creyentes de modo que éstos pudieran conocerlo. Anteriormente, los creyentes sólo podían conocer a Dios superficialmente por medio de Sus leyes escritas en piedra, pero llegado el nuevo pacto, los creyentes podrían conocer a Dios más acabadamente, desde el interior de su corazón y sus entrañas.

Otra gran característica que distingue al nuevo pacto es que, por medio de este, Dios promete que nunca más se acordará de nuestros pecados. Cuando los israelitas habían establecido el pacto con Dios, ellos debían mantenerse fieles y obedientes a las leyes de Dios, cada pecado cometido los dejaba fuera de la salvación de Dios y por ello debían constantemente ofrecer sacrificios de animales como muerte sustituta a causa de los pecados. Pero el nuevo pacto nos pone en una posición de relación con Dios que es inalterable, nuestros pecados no nos pueden hacer “desheredar” la salvación de Dios, porque Dios prometió nunca más acordarse de nuestros pecados. Cada pecado trae sus consecuencias, pero estando bajo el nuevo pacto, jamás podemos llegar al punto de perder la vida perpetua que Dios nos ha dado.

2 Corintios 3:4-6 (RVA)
(4) Esta confianza tenemos delante de Dios, por medio de Cristo:
(5) no que seamos suficientes en nosotros mismos, como para pensar que algo proviene de nosotros, sino que nuestra suficiencia proviene de Dios.
(6) El mismo nos capacitó como ministros del nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu vivifica.

Aquí Pablo explica que él había sido hecho ministro de un nuevo pacto, el cual era establecido mediante el Espíritu. “El Espíritu” se refiere aquí al Señor Jesucristo en su función de mediador entre Dios y los creyentes renacidos.[4] “La letra” se refiere a la ley escrita que fue dada a Moisés. Al decir que “la letra mata” Pablo no está queriendo decir que literalmente la ley de Dios mate a las personas, sino que da a entender que no se puede obtener vida perpetua mediante el cumplimiento de la ley, porque nadie puede cumplir perfectamente la ley. Pero mediante la acción de Cristo Dios ha perdonado todos nuestros pecados y tenemos vida perpetua sin la necesidad de cumplir perfectamente Su ley escrita.

La epístola escrita a los hebreos contiene una explicación del simbolismo de los antiguos rituales que Dios ordenó a los israelitas y su significado espiritual, con su actual aplicación. Es esta epístola tenemos más información acerca del nuevo pacto establecido por Dios:

Hebreos 8:1-13 (RVA)
(1) En resumen, lo que venimos diciendo es esto: Tenemos tal sumo sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
(2) ministro del lugar santísimo y del verdadero tabernáculo que levantó el Señor y no el hombre.
(3) Porque todo sumo sacerdote es puesto para ofrecer ofrendas y sacrificios; de ahí que era necesario que él también tuviera algo que ofrecer.
(4) Si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, porque ya hay sacerdotes que presentan ofrendas según la ley.
(5) Ellos sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le había advertido a Moisés cuando estaba por acabar el tabernáculo, diciendo: Mira, harás todas las cosas conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
(6) Pero ahora Jesús ha alcanzado un ministerio sacerdotal tanto más excelente por cuanto él es mediador de un pacto superior, que ha sido establecido sobre promesas superiores.
(7) Porque si el primer pacto hubiera sido sin defecto, no se habría procurado lugar para un segundo.
(8) Porque reprendiéndoles dice: “He aquí vienen días,” dice el Señor, “en que concluiré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto;
(9) no como el pacto que hice con sus padres en el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto. Porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo dejé de preocuparme por ellos,” dice el Señor.
(10) “Porque éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días,” dice el Señor. “Pondré mis leyes en la mente de ellos y en sus corazones las inscribiré. Y yo seré para ellos Dios, y para mí ellos serán pueblo.
(11) Nadie enseñará a su prójimo, ni nadie a su hermano, diciendo: ‘Conoce al Señor’; porque todos me conocerán, desde el menor de ellos hasta el mayor.
(12) Porque seré misericordioso en cuanto a sus injusticias y jamás me acordaré de sus pecados.”
(13) Al decir “nuevo,” ha declarado caduco al primero; y lo que se ha hecho viejo y anticuado está a punto de desaparecer.

De estos versículos aprendemos que el tabernáculo y templo que Dios envió a construir en tiempos antiguos no era más que una representación terrenal del verdadero habitáculo de Dios que es el cielo mismo. Los sacerdotes terrenales ofrecían sacrificios por el pecado en el templo, pero Jesús, siendo a la vez un sumo sacerdote y la ofrenda misma por el pecado, se ofreció a sí mismo, no en un templo terrenal, sino en el verdadero templo: el cielo mismo. Sólo él cumplía los requisitos para tal sacrificio y mediante él Dios estableció Su nuevo pacto con la humanidad.

Como se nos explica en el versículo 7, el pacto que Dios estableció con Israel no era perfecto. Aquello fue lo mejor que Dios tuvo disponible para la humanidad en ese momento, para poder ofrecer una vía perfecta de salvación, Dios requería de un ser humano perfecto que se ofreciera voluntariamente para quitar el pecado del mundo. Esto fue lo que Jesús hizo como “cordero de Dios” (Jn. 1:29). Al hacerlo, el nuevo pacto entró en vigencia y el antiguo pacto fue declarado caduco, aunque algunos aún se empeñan por vivir conforme a éste.

Hebreos 9:1, 9-15, 22-28 (RVA)
(1) Ahora bien, el primer pacto tenía reglamentos acerca del culto y del santuario terrenal.

(9) Esto es una figura para el tiempo presente, según la cual se ofrecían ofrendas y sacrificios que no podían hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que rendía culto.
(10) Estas son ordenanzas de la carne, que consisten sólo de comidas y bebidas y diversos lavamientos, impuestas hasta el tiempo de la renovación.
(11) Pero estando ya presente Cristo, el sumo sacerdote de los bienes que han venido, por medio del más amplio y perfecto tabernáculo no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
(12) entró una vez para siempre en el lugar santísimo, logrando así eterna redención, ya no mediante sangre de machos cabríos ni de becerros, sino mediante su propia sangre.
(13) Porque si la sangre de machos cabríos y de toros, y la ceniza de la vaquilla rociada sobre los impuros, santifican para la purificación del cuerpo,
(14) ¡cuánto más la sangre de Cristo, quien mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará nuestras conciencias de las obras muertas para servir al Dios vivo!
(15) Por esta razón, también es mediador del nuevo pacto, para que los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna, ya que intervino muerte para redimirlos de las transgresiones bajo el primer pacto.

(22) pues según la ley casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.
(23) Era, pues, necesario purificar las figuras de las cosas celestiales con estos ritos; pero las mismas cosas celestiales, con sacrificios mejores que éstos.
(24) Porque Cristo no entró en un lugar santísimo hecho de manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios a nuestro favor.
(25) Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra cada año el sumo sacerdote en el lugar santísimo con sangre ajena.
(26) De otra manera, le habría sido necesario padecer muchas veces desde la fundación del mundo. Pero ahora, él se ha presentado una vez para siempre en la consumación de los siglos, para quitar el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.
(27) Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio,
(28) así también Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar los pecados de muchos. La segunda vez, ya sin relación con el pecado, aparecerá para salvación a los que le esperan.

Como vemos en todo este pasaje, Cristo es mediador de un nuevo pacto. En el antiguo pacto, era necesario constantemente ofrecer sacrificios para cubrir los pecados en un templo hecho con manos. Pero en el nuevo pacto tenemos a Cristo, Quien se ofreció como perfecto sacrificio en el templo verdadero, que es el cielo mismo, y así cubrió todos nuestros pecados de una vez para siempre, no sólo los pecados que ya hemos cometido, sino también todos aquellos que cometeremos. Mediante Su sacrificio hoy podemos vivir con la confianza de que nada nos podrá separar del amor de Dios (Ro. 8:39).

Hebreos 10:1-10 (RVA)
(1) Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros y no la forma misma de estas realidades, nunca puede, por medio de los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente de año en año, hacer perfectos a los que se acercan.
(2) De otra manera, ¿no habrían dejado de ser ofrecidos? Porque los que ofrecen este culto, una vez purificados, ya no tendrían más conciencia de pecado.
(3) Sin embargo, cada año se hace memoria del pecado con estos sacrificios,
(4) porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
(5) Por lo tanto, entrando en el mundo, él dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste, pero me preparaste un cuerpo.
(6) Holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron;
(7) entonces dije: “¡Heme aquí para hacer, oh Dios, tu voluntad!” como en el rollo del libro está escrito de mí.
(8) Habiendo dicho arriba: Sacrificios, ofrendas y holocaustos por el pecado no quisiste ni te agradaron (cosas que se ofrecen según la ley),
(9) luego dijo: ¡Heme aquí para hacer tu voluntad! El quita lo primero para establecer lo segundo.
(10) Es en esa voluntad que somos santificados, mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

Nuevamente leemos acerca de lo maravilloso e inmutable de este nuevo pacto con Dios. La ley tenía una “sombra” de las realidades espirituales. La ley no daba a conocer a Dios en profundidad, nadie podía comprender lo maravilloso del amor y poder de Dios por medio de la ley, sólo se podía tener un conocimiento superficial sobre Dios. Pero por medio de Cristo lo primero es quitado para dar lugar a lo segundo, Su sacrificio nos santifica, esto quiere decir que ante Dios somos tan santos como Jesús mismo, porque la santificación no depende de nuestras obras, sino del perfecto sacrificio de Jesús.

Hebreos 4:14-16 (RVA)
(14) Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que ha traspasado los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra confesión.
(15) Porque no tenemos un sumo sacerdote que no puede compadecerse de nuestras debilidades, pues él fue tentado en todo igual que nosotros, pero sin pecado.
(16) Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia para que alcancemos misericordia y hallemos gracia para el oportuno socorro.

Por el hecho de que hemos recibido justificación y santificación por medio del sacrificio de Jesús, hoy en día tenemos la posibilidad de acercarnos con confianza al trono de la gracia para alcanzar misericordia y oportuno socorro. No es necesario que tengamos un andar “intachable” para ser recibidos por Dios, el hecho de que creamos en Cristo como Señor nos posibilita tener una estrecha relación con Dios, con Cristo como constante mediador.

Una nueva creación


Luego de haber visto cómo es que Dios estableció un nuevo pacto por medio del sacrificio de Cristo, podremos comprender mejor el concepto de “nueva creación” que es objeto de este estudio.

Gálatas 6:15 (VM)
Porque la circuncisión no es nada, ni tampoco la incircuncisión, sino que lo que vale es la nueva criatura

2 Corintios 5:17-18 (VM)
Por tanto si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: las cosas viejas pasaron ya, he aquí que todo se ha hecho nuevo.

En ambos versículos la palabra “criatura” es en griego ktisis: “creación”; y en ambos la palabra “nueva” es kainos: “nueva en calidad”. También la palabra “nuevo”, al final del versículo 18 es en griego kainos.

“Estar en Cristo” significa haber recibido a Cristo como Señor, tal como enseña Romanos 10:9 y 10. Al hacer a Cristo nuestro Señor pasamos a ser una nueva creación, todo se ha hecho nuevo. La pregunta sigue siendo: ¿a qué se refieren las Escrituras al decir que somos una “nueva creación”? y ¿qué cosas han sido hechas nuevas?.
Un texto en Efesios nos dará claridad sobre este asunto:

Efesios 2:11-16 (VM)
(11) Por tanto, acordaos que en un tiempo vosotros, gentiles en la carne, llamados incircuncisión por aquello que se llama circuncisión (en la carne, y hecha de mano);
(12) acordaos, digo, que en aquel tiempo estabais sin Cristo, estando extrañados de la ciudadanía de Israel, y siendo extranjeros con respecto a los pactos de la promesa; no teniendo esperanza, y sin Dios en el mundo.
(13) Ahora empero, en Cristo Jesús, vosotros que en un tiempo estabais lejos de Dios, habéis sido acercados a él en virtud de la sangre de Cristo.
(14) Porque él es nuestra paz, el cual de dos pueblos ha hecho uno solo, derribando la pared intermedia que los separaba,
(15) es decir, la enemistad de ellos; habiendo abolido en su carne crucificada, la ley de mandamientos en forma de decretos; para crear en sí mismo de los dos un hombre nuevo, haciendo así la paz;
(16) y para reconciliar a ambos (unidos en un solo cuerpo) con Dios, por medio de la cruz, matando en ella la enemistad.

Antiguamente, los judíos tenían el pacto de Dios, Sus promesas y Sus mandamientos, mientras que el resto de los pueblos (llamados aquí “gentiles”) no tenían acceso a la salvación de Dios, a menos que ellos mismos se hicieran judíos. Los israelitas eran considerados “ciudadanos” del reino de Dios, mientras que los gentiles estaban sin Dios y sin esperanza de salvación. Pero aquí vemos que luego de su ascensión Cristo “creó” en sí mismo un hombre nuevo, uniendo a los dos pueblos (judíos y gentiles) y aboliendo enemistades. En otras palabras, Cristo creó un nuevo orden espiritual por medio del cual todos tienen acceso a la gracia de Dios para salvación.

Efesios 2:17-22 (RVA)
(17) Y vino y anunció las buenas nuevas: paz para vosotros que estabais lejos y paz para los que estaban cerca,
(18) ya que por medio de él, ambos tenemos acceso al Padre en un solo Espíritu.
(19) Por lo tanto, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.
(20) Habéis sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles y de los profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular.
(21) En él todo el edificio, bien ensamblado, va creciendo hasta ser un templo santo en el Señor.
(22) En él también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Dos figuras se utilizan en este capítulo de Efesios: (1) la figura del Cuerpo, en la cual cada uno de nosotros (los creyentes) somos parte de un solo Cuerpo en Cristo de la cual Cristo es la Cabeza; (2) la figura del Edificio, en la cual cada uno de nosotros (los creyentes) somos piedras de un mismo edificio o morada en la cual Cristo es la piedra angular.

A esto mismo se refiere Pablo en su carta a los colosenses:

Colosenses 1:9-18 (VM)
(9) Por esta causa nosotros también, desde el día que lo oímos, no cesamos de rogar a Dios, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría e inteligencia espiritual;
(10) para que andéis como es digno del Señor, a fin de que le agradéis en todo, produciendo fruto en todo género de obra buena, y creciendo en el conocimiento de Dios:
(11) fortalecidos con toda fortaleza, conforme a su glorioso poder, para toda paciencia y longanimidad, con regocijo;
(12) dando gracias al Padre, que nos hace idóneos para la participación de la herencia de los santos en la luz;
(13) el cual nos ha libertado de la potestad de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor;
(14) en quíen tenemos la redención, por medio de su sangre, la remisión de nuestros pecados:
(15) el cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación
(16) porque por él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, visibles e invisibles, ora sean tronos, o dominios, o principados, o poderes; todas las cosas por medio de él y para él fueron creadas;
(17) y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas subsisten en él.
(18) Y él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia; de la cual él es el principio, el primogénito de entre los muertos; para que en todas las cosas él tenga la preeminencia.

Por no comprender que Dios ha hecho una nueva creación en Cristo luego de que Él hizo Su sacrificio, estos versículos son frecuentemente malinterpretados y utilizados para enseñar que Jesús fue el primer ser creado. Pero si leemos el contexto, nada nos indica que se esté hablando acerca de la creación de Dios en Génesis, sino que se está hablando de todo aquello que Cristo logró por el derramamiento de Su sangre. Cristo es el primogénito en esta nueva creación de Dios, él fue el primer ser humano que ha sido resucitado en un glorioso cuerpo espiritual.

En el versículo 15 se dice que Jesús es el “primogénito” de toda la creación, y en el versículo 18 se dice que él es “primogénito” de entre los muertos. Esto conecta a la palabra “creación” con la resurrección de entre los muertos. De aquí entendemos que al decir que Jesús es “primogénito de toda la creación” se está refiriendo a la nueva creación que Dios ha hecho en Cristo. Parte de esa nueva creación de Dios consiste en haber dado a Jesús un cuerpo resucitado que es incorruptible e inmortal. Nadie antes recibió un cuerpo de esa clase y nadie lo ha recibido hasta ahora, Él fue el primero en recibir esta clase de vida y es la “muestra” de lo que nosotros recibiremos en el futuro (Fil. 3:20, 21).

Pero Él no sólo es el primogénito de esta nueva creación de Dios, sino que todo lo que Dios ha hecho nuevo lo hizo por medio de él y para él. En otras palabras, a Dios le fue posible hacer todo esto porque Jesús se sacrificó, pero también, como recompensa, Dios puso en manos de Jesús toda su nueva creación. Como hemos visto, nosotros somos una “nueva creación” en Cristo, porque ahora somos parte de un Cuerpo cuya Cabeza es Jesucristo. Esto mismo es lo que el versículo 18 vuelve a señalar: Él fue puesto como Cabeza del Cuerpo y el deseo de Dios es que en todo tenga preeminencia.

Esta nueva creación incluye cosas visibles e invisibles, tronos, dominios, principados y poderes. No es que Dios haya traído a la existencia nuevos seres espirituales, sino que aquellos que existen fueron reordenados en cuanto a su autoridad. Recordemos que esta nueva creación no es neos (nueva en tiempo), sino kainos (nueva en calidad y cualidades), en otras palabras, por medio de la obra de Cristo, Dios dio nuevas cualidades a Su creación. Lo que Dios “creó” fue un nuevo sistema de autoridades que rige sobre los seres ya existentes.

En 1 Pedro 2:13 habíamos visto que la palabra “creación” puede referirse al orden de autoridades existentes, el mismo sentido tenemos aquí. Cristo fue puesto como el segundo al mando en el Universo (1 Co. 15:27; Ef. 1:20-23; Col. 2:10), por lo tanto, Jesús ahora tiene autoridad por sobre toda la creación de Dios y está encargado de mediar entre todo asunto entre Dios y los seres humanos (1 Ti. 2:5; He. 8:9; 9:15; 12:24). Todo esto necesitó de una nueva orden en cuanto a las funciones y posiciones de autoridad de todos los seres espirituales. Esto, a su vez, genera nuevas capacidades entre los seres humanos, ya que cuando creemos en Cristo como Señor pasamos a ser miembros de Su Cuerpo (Ro. 12:4-5; 1 Co. 12:12-27; Ef. 4:16) y tenemos a disposición una conexión con Cristo en la que disponemos de todo Su poder cuando andamos en fe.[5]

Sigamos leyendo Colosenses 1:

Colosenses 1:19-22 (VM)
(19) Porque plugo al Padre que la plenitud de todo residiese en él;
(20) y que por medio de él reconciliase consigo mismo todas las cosas, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz; por medio de él, digo, ora sean cosas sobre la tierra, ora cosas en el cielo.
(21) Y a vosotros, que estabais en un tiempo enajenados y enemistados en vuestra mente, por causa de vuestras obras malas, ahora empero os ha reconciliado,
(22) en el cuerpo de su carne, por medio de la muerte, para presentaros santos e inmaculados e irreprensibles delante de su presencia:

Por el sacrificio de Cristo es que fuimos reconciliados con Dios y por su sangre derramada tenemos paz para con Dios. Esta paz con Dios nos pone en un nuevo orden de cosas, establecido bajo un nuevo pacto, ya no necesitamos cumplir perfectamente la ley escrita para ser merecedores de la salvación de Dios, sino que por medio de Cristo recibimos la gracia de Dios por medio de la cual somos salvos. Además ahora Dios actúa en nuestro interior para hacernos conocer Su voluntad y podemos conocerlo con mucha más profundidad en la medida en que vamos andando en fe.

Un nuevo mandamiento


Como hemos visto, Jesús enseñó que una nueva doctrina no puede sostenerse dentro de un marco práctico antiguo, por lo tanto, una nueva doctrina nos llevará hacia nuevas prácticas. El nuevo pacto nos pone en otra forma de relación con Dios, por lo que promueve también nuevos mandamientos. Esto anticipó Jesús y fue luego ratificado por Juan:

Juan 13:33-35 (RVA)
(33) Hijitos, todavía sigo un poco con vosotros. Me buscaréis, pero como dije a los judíos: “A donde yo voy vosotros no podéis ir,” así os digo a vosotros ahora.
(34) Un mandamiento nuevo [kainos] os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he amado, amaos también vosotros los unos a los otros.
(35) En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros.

Antes de ser sacrificado, Jesús dio a sus discípulos “un mandamiento nuevo”: amarse unos a otros como Él los amó. Al hablar de un mandamiento “nuevo”, Jesús usó la palabra griega kainos, porque este mandamiento no era “nuevo” en tiempo, sino nuevo en calidad. El mandamiento se centra en el amor, esto no es nuevo, porque Jesús ya había enseñado que el amor resumía a todos los mandamientos (Mr. 12:28), lo cual ya había sido declarado desde los tiempos de Moisés (Dt. 6:4-5). En esencia, el mandamiento de Jesús no era nuevo, porque se centraba en el amor, pero era nuevo en sus cualidades y características, porque Jesús mostró una clase de amor jamás vista, Jesús dio testimonio del amor de Dios de un modo mucho más profundo y completo. Al pedir a sus discípulos que se amen como Él los había amado estaba poniendo al andar cristiano en una categoría muy superior a lo que hasta entonces se conocía, no se trata tan sólo de obedecer una serie de reglamentos escritos, sino de andar con un amor que refleja el amor de Dios.

1 Juan 2:1-7 (RVA)
(1) Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos delante del Padre, a Jesucristo el justo.
(2) El es la expiación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.
(3) En esto sabemos que nosotros le hemos conocido: en que guardamos sus mandamientos.
(4) El que dice: “Yo le conozco” y no guarda sus mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él.
(5) Pero en el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios ha sido perfeccionado. Por esto sabemos que estamos en él.
(6) El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo.
(7) Amados, no os escribo un mandamiento nuevo [kainos] sino el mandamiento antiguo que teníais desde el principio. El mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído.

Aquí Juan habla acerca del andar cristiano, como vimos, Jesús mandó a sus discípulos a amar como Él los amó. Aquí Juan nos dice que el andar cristiano, el andar en amor, consiste en andar como anduvo Jesucristo. Cada vez que nuestro andar se desvía del andar de amor que ejemplificó Jesucristo, estamos cometiendo pecado. Juan aquí no está dando un mandamiento “nuevo en calidad”, sino el mismo tipo de mandamiento que había dado Jesús, lo que hace aquí Juan es explicar un poco mejor en qué consiste el andar cristiano conforme al amor de Dios.

1 Juan 2:8 (RVA)
Otra vez os escribo un mandamiento nuevo [kainos], que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando y la luz verdadera ya está alumbrando.

Aquí Juan parece contradecirse, porque en el versículo 7 dijo que no escribía un mandamiento nuevo (kainos) y ahora dice que les escribe un mandamiento nuevo (kainos). Pero no hay contradicción, Juan comienza diciendo “otra vez os escribo…”, estas palabras indican un cambio entre el versículo 7 y el 8. Lo que Juan escribió hasta el versículo 7 no era “nuevo” (kainos), sino que era lo que ellos ya habían oído de parte de Jesús, sin embargo, por la obra de Dios en Cristo, luego del día de Pentecostés los cristianos tenemos una conexión con Dios y con Cristo que no era posible tener en la época en que Jesús habló a Sus discípulos. Esta nueva relación espiritual que tenemos en Cristo nos permite ser alumbrados con la “luz verdadera” y conocer en más profundidad el amor de Dios. Por lo tanto, el mismo mandamiento que Jesús dio a Sus discípulos cobra un nuevo sentido para nosotros, que tenemos el espíritu santo de Dios, por medio del cual Dios actúa en nuestro interior para darnos a conocer Su voluntad.[6]

1 Juan 3:23-24 (RVA)
(23) Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos unos a otros, como él nos ha mandado.
(24) Y el que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Y por esto sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

Los discípulos de Jesús no tenían el don de espíritu santo en ellos en el momento en que Jesús les dio Su mandamiento de amarse como Él los había amado. Ellos recibieron espíritu santo tiempo después, en el día de Pentecostés. Hoy en día todo aquél que ha hecho a Jesús su Señor ha recibido el don de espíritu santo y por medio de éste es que sabemos que Dios permanece en nosotros. Por medio de este don Dios actúa en nosotros, escribiendo Su ley en nuestros corazones y haciéndonos entender Su amor de un modo mucho más completo. Los mandamientos de Dios siempre apuntaron hacia el andar en amor, pero ahora esos mandamientos se hacen “nuevos” porque cobrar un más profundo sentido al comprender más profundamente cómo es el amor de Dios y cuál es Su propósito y plan para la humanidad.

1 Juan 4:7-12 (RVA)
(7) Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
(8) El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
(9) En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él.
(10) En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en expiación por nuestros pecados.
(11) Amados, ya que Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
(12) Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.

A Dios nadie lo ha visto. En la época en que esto fue escrito la palabra “ver” estaba siempre asociada con “conocer”, por lo tanto, al decir Juan aquí que a Dios nadie le ha “visto”, no se refiere al acto de ver físicamente sino a “conocer”. Por ejemplo, en Juan 5 leemos:

Juan 5:37-39 (RVA)
(37) Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Pero nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su apariencia,
(38) ni tenéis su palabra permaneciendo en vosotros; porque vosotros no creéis a quien él envió.
(39) Escudriñad las Escrituras, porque os parece que en ellas tenéis vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí.

Noten que aquí Jesús dice que Dios dio testimonio de Él. Él luego dice que ellos nunca habían oído la voz de Dios ni visto Su apariencia, ellos no tenían Su Palabra permaneciendo en ellos ni creían a Jesús, que había sido enviado por Dios. Aquí se ve claro que el acto de “ver y oír” a Dios está asociado con conocerlo, estas personas no conocían nada acerca de Dios y por eso Jesús los alienta a escudriñar (indagar, estudiar) las Escrituras, porque ellas daban testimonio de Jesús.

Si bien es cierto que nadie ha “visto” físicamente a Dios, en este contexto no tiene mucho sentido hablar de una apariencia física de Dios. Lo que Juan expresa aquí es el hecho de que nadie conoce en profundidad a Dios, nadie sabe bien cómo es Dios. Dios se ha mostrado en formas “veladas” a lo largo de la historia, pero jamás se ha mostrado completamente en toda Su gloria. Jesús dio a conocer el amor de Dios a través de Su andar y fue quien mejor representó a Dios en la Tierra (Jn. 15:9; 8:28; 10:37-38), por eso dijo que quien lo ha visto ha visto al Padre (Jn. 14:9). Esto significa que quien conoció a Jesús y entendió Su mensaje, también conoció a Dios y el mensaje de Dios, porque Jesús siempre hizo la voluntad de Dios.

Entonces, cuando Juan dice (en 1 Juan 4:12) que “nadie ha visto a Dios jamás”, se está refiriendo específicamente a que nadie conoció en profundidad a Dios, nadie lo ha visto en toda Su gloria y nadie comprende cabalmente Su propósito, Su plan y Sus designios, nadie conoce a Dios en toda Su grandeza.

1 Juan 4:12-13 (RVA)
(12) Nadie ha visto a Dios jamás. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
(13) En esto sabemos que permanecemos en él y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu.

Nuevamente se nos dice que el don de espíritu santo que Dios nos ha dado es la confirmación de que Dios permanece en nosotros. Su don de espíritu santo es irrevocable, por lo tanto, Dios siempre permanecerá en nosotros, aún si nos desviamos de Su voluntad. Nada nos puede separar del amor de Dios (Ro. 8:29). Si andamos en pecado puede que no recibamos todos los beneficios de Su amor, pero jamás podremos pecar lo suficiente como para separarnos del amor de Dios ¡Esta es la grandeza de Su amor!

1 Juan 4:14-17
(14) Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo como Salvador del mundo.
(15) El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios.
(16) Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor. Y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.
(17) En esto se ha perfeccionado el amor entre nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio: en que como él es, así somos nosotros en este mundo.

Espiritualmente nosotros somos con Él es: perfectos. En nuestra parte humana somos pecadores y esto es irremediable, pero en la parte espiritual que Dios ha creado en nosotros somos perfectos, por lo tanto, en el día del juicio no tendremos condena ¡viviremos para siempre en el reino futuro![7]

1 Juan 4:18-19
(18) En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor. Porque el temor conlleva castigo, y el que teme no ha sido perfeccionado en el amor.
(19) Nosotros amamos, porque él nos amó primero.

La frase “en el amor no hay temor” puede entenderse de dos formas distintas. La primera forma es la comúnmente enseñada: que quien ama de verdad no tendrá temor al actuar a favor de aquél a quien ama. Esto es lo que comúnmente se enseña, y se dice que, por ejemplo, si yo amo de veras a una persona, podré enfrentar todo riesgo sin temor con tal de que esa persona esté bien. Pero sabemos que esto no es cierto, el que una persona ame a otra no la hace automáticamente valiente y carente de temor, de hecho, las mayores muestras de amor son aquellas en las que una persona enfrenta sus temores para salvar o cuidar a la persona amada. Amar a una persona nos ayuda a enfrentar los temores, pero no nos QUITA los temores.

La segunda forma de interpretar esta frase (la cual creo es la correcta) es que en el amor DE DIOS no hay temor. En otras palabras, comprender el amor que Dios tiene por nosotros nos va quitando los temores que tenemos a hacer Su voluntad. En la medida en que comprendemos que Su voluntad para nuestras vidas en mucho mejor que nuestra propia voluntad, vamos quitándonos los temores a actuar conforme a Su voluntad. Esta interpretación es apoyada por el contexto: por un lado se nos dice que el temor conlleva castigo, no es que Dios castigue a los temeroso, sino que cuando tememos hacer la voluntad de Dios, actuamos pecaminosamente y obtenemos las consecuencias de esos actos.

Además, el versículo 19 nos resalta de que nuestra capacidad para amar surge del hecho de que Dios nos amó primero. Si Dios no nos amara, nosotros no podríamos amar con la clase de amor que Dios tiene. Por eso, en la medida en que vamos comprendiendo y experimentando más y más el amor de Dios, vamos adquiriendo mayor capacidad de amar como Él ama y nuestros temores a hacer Su voluntad se van disipando.

1 Juan 5:1-5 (RVA)
(1) Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo es nacido de Dios, y todo aquel que ama al que engendró ama también al que es nacido de él.
(2) En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos.
(3) Pues éste es el amor de Dios: que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son gravosos.
(4) Porque todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.
(5) ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

En estos versículos Juan dice que el amor hacia Dios requiere que amemos a Sus hijos y que guardemos Sus mandamientos, y Sus mandamientos no son gravosos, todo lo contrario, nos llevan hacia la victoria, cuando los obedecemos por fe. En el andar en fe está la victoria, por eso es que en la medida que vamos comprendiendo y experimentando el amor de Dios, nuestros temores de hacer Su voluntad se van yendo y vamos obteniendo victoria en las distintas áreas de nuestras vidas. Pero cuando no hacemos Su voluntad, dejándonos vencer por el temor, obtenemos derrota en vez de victoria y nos perdemos de aquellas bendiciones que Dios tiene preparadas para nosotros.

Al hacer una “nueva creación” en Cristo, Dios nos dio todas las armas para luchar contra huestes espirituales de maldad (Efesios 6:10-12), nos dio todo lo necesario para que obtengamos victoria en nuestras vidas, de nosotros aprovechar la gracia de Dios y todo lo que ha hecho por nosotros, eligiendo obedecerle y andar en amor, o hacer a un lado todo, andando en pecado, o buscando establecer una justicia por obras y no por fe que no aprovecha la gracia y don de Dios (Gá. 2:15-16; 3:1-5; Gá. 3:9-12; Ro. 3:19-28, 9:30-32).

Una nueva manifestación de poder


Más allá de todo aquello que hemos visto, la nueva creación de Dios en Cristo también ha hecho disponible al creyente una nueva manifestación de poder: el hablar en lenguas.

Marcos 16:14-18 (RVA)
(14) Luego, apareció a los once cuando estaban sentados a la mesa, y les reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.
(15) Y les dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
(16) El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado.
(17) Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas [kainos] lenguas,

Aquí Jesús anticipó a sus discípulos las manifestaciones de poder que sucederían luego de que Cristo ascendiera y llegara el día del recibimiento del espíritu santo. Entre otras cosas, Jesús mencionó que iban a hablar nuevas lenguas. Estas nuevas lenguas eran nuevas kainos, eran nuevas en cualidades y características. Estas nuevas lenguas no son de las mismas cualidades y características que las ya conocidas, aún cuando pueden sonar iguales.

Hechos 2:1-11 (RVA)
(1) Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar.
(2) Y de repente vino un estruendo del cielo, como si soplara un viento violento, y llenó toda la casa donde estaban sentados.
(3) Entonces aparecieron, repartidas entre ellos, lenguas como de fuego, y se asentaron sobre cada uno de ellos.
(4) Todos fueron llenos del Espíritu Santo [debería decir: “llenos de espíritu santo”, sin artículo y mayúsculas] y comenzaron a hablar en distintas lenguas, como el Espíritu [“el Espíritu” aquíe se refiere a “Jesús”] les daba que hablasen.
(5) En Jerusalén habitaban judíos, hombres piadosos de todas las naciones debajo del cielo.
(6) Cuando se produjo este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confundidos, porque cada uno les oía hablar en su propio idioma.
(7) Estaban atónitos y asombrados, y decían: —Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?
(8) ¿Cómo, pues, oímos nosotros cada uno en nuestro idioma en que nacimos?
(9) Partos, medos, elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia,
(10) de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia más allá de Cirene; forasteros romanos, tanto judíos como prosélitos;
(11) cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestros propios idiomas los grandes hechos de Dios.

En el día de Pentecostés, los discípulos que estaban reunidos recibieron por primera vez el don de espíritu santo. En ese mismo momento comenzaron a hablar en otras lenguas. Estas lenguas que ellos hablaban no eran entendidas por ellos mismos, pero sí fueron comprendidas por gente presente que no tenía el mismo idioma. Las lenguas que comenzaron a hablar los discípulos no eran nuevas en tiempo (neos), porque ya existían, ya estaban en uso, pero eran nuevas en calidad (kainos), porque no procedían de su propio entendimiento y habilidad, sino que eran “según el Espíritu [Jesús] les daba que hablasen”. Estas lenguas comenzaron en el momento en que ellos recibieron el don de espíritu santo. A través del don de espíritu santo Jesús (llamado aquí “el Espíritu”), comenzó a darles las palabras que debían hablar. La “nueva creación” de Dios en el creyente hizo posible una nueva manifestación de poder: hablar en lenguas.

En este pasaje se nos dice que aquellos que comprendían lo dicho en lenguas estaban oyendo “los grandes hechos de Dios”. Esto es lo que los discípulos comunicaban a través del hablar en lenguas. Algunos cristianos han malinterpretado este pasaje y enseñan que el hablar en lenguas está diseñado para la predicación del evangelio, sin embargo, la doctrina bíblica acerca del hablar en lenguas nos mostrará que ésta no es su principal función, este fue sólo el efecto alcanzado por esta ocasión especial en el que el don de espíritu santo era recibido por primera vez y se habló por primera vez en lenguas “inspiradas” por el Señor.

1 Corintios 12:7-11 (Mi traducción)[8]
(7) Pero a cada-uno le-está-siendo-dada la manifestación del Espíritu para lo que está-contribuyendo-a-la-unidad del Cuerpo.
(8) Porque a uno mediante el Espíritu está-siendo-dado mensaje de sabiduría; a otro, por-otro-lado, mensaje de conocimiento conforme el mismo Espíritu;
(9) a uno diferente es dada fe en el mismo Espíritu; y a otro, regalos de sanidades en el único Espíritu;
(10) y a otro resultados de la operación de poderes; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a uno diferente, clases de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas;
(11) pero a todas estas cosas las-está-energizando el ÚNICO; y el mismo Espíritu es Quien está-distribuyendo individualmente a cada-uno según sea-Su-voluntad.

En el versículo 7 se nos dice que a cada uno (cada creyente cristiano) le es dada la manifestación del Espíritu (de Jesucristo) para lo que contribuye a la unidad del Cuerpo. Cada capacidad mencionada es una forma de manifestar el poder de Cristo en la Tierra. Las “clases de lenguas” están incluidas en este grupo de manifestaciones u operaciones de poder. Lo que es de notar es que estas capacidades son energizadas por el Único, que es Dios, y son distribuidas entre los creyentes por el Señor Jesucristo (quien es mediador entre Dios y los hombres).

Por lo tanto, lo que es “nuevo” en estas clases de lenguas es que no son originadas en el entendimiento de una persona, sino en un acto de poder de Dios, Quien opera en nosotros por medio del Señor Jesucristo. De Dios sale la energía o poder para hablar con esta clase de lenguas y las palabras nos son dadas por el mismo Jesucristo.

De aquí podemos deducir varias cosas. En primer lugar, que sólo es posible hablar en lenguas teniendo el don de espíritu santo. El lenguaje hablado es dado por Cristo, por medio del don de espíritu santo. El don de espíritu santo nos conecta con Cristo para que Él pueda operar el poder de Dios a través nuestro.

También podemos entender por qué los creyentes de tiempos anteriores no podían hablar en lenguas. Si las palabras las da Cristo, no es posible que esta manifestación sucediera antes de que Él fuera ascendido y conectado espiritualmente con el creyente. Pero ahora, por la conexión que tenemos con Cristo, ¡Él puede hablar a través nuestro!

1 Corintios 14:1-2 (Mi traducción)[9]
(1) Busquen-con-esmero el amor, y también estén-anhelantes de las manifestaciones espirituales, pero profeticen mucho-más.
(2) Porque el que está-hablando una lengua NO está-hablando a hombres sino a DIOS, porque nadie entiende lo que dice, sino-que mediante el espíritu está-hablando secretos-espirituales;

Desde este versículo podemos comprender que quien habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, por lo tanto, el hablar en lenguas no está diseñado para hablar A LOS HOMBRES. Al decir que “nadie entiende lo que dice”, no se refiere a que ningún presente pueda entender lo que se está hablando en lenguas, sino a que nadie que habla en lenguas entiende lo que él mismo está diciendo, porque mediante el espíritu está hablando secretos espirituales.

El contexto de este versículo nos habla de la correcta utilización del poder del espíritu santo en una reunión. A pesar de que la energía para operar el poder espiritual procede de Dios, este poder a veces puede ser utilizado erróneamente y no producir todo el provecho que Dios desea. Por eso, Pablo alienta a que en la reunión se procure profetizar más que hablar en lenguas, pero esto no significa que el hablar en lenguas tenga poco provecho o que no sea necesario.

1 Corintios 14:4-5
(4) El que habla una lengua a sí-mismo se edifica, pero el que profetiza a la congregación edifica.
(5) Sin-embargo, deseo que todos ustedes manifiesten el hablar lenguas, pero también profeticen mucho-más, porque mayor beneficio da el que está-profetizando que el que está-hablando lenguas, a-menos-que se cumpla esta excepción: que interprete para que la congregación reciba edificación.

Aquí vemos que el que habla en lenguas se edifica a sí mismo, en otras palabras, es una manifestación para la edificación y desarrollo personal. Es de notar que Pablo no está menospreciando al hablar en lenguas y exaltando la profecía, sino que, como ya he mencionada, en este contexto Pablo está hablando del uso del poder de Dios en una reunión de creyentes. En una reunión de creyentes es mucho mejor operar aquellas manifestaciones que edifican a todos los presentes, como la profecía o las lenguas con interpretación. De todos modos, Pablo expresa su deseo (el cual también es el deseo de Dios) de que TODOS manifiesten el hablar en lenguas.

1 Corintios 14:6
(14) [porque] cuando yo oro en una lengua mi ·espíritu está-orándo, pero mi ·mente está infructuosa.
(15) Entonces, ¿qué es lo que haré en la reunión? Oraré mediante el espíritu, pero oraré también mediante la mente, cantaré-con-acompañamiento mediante el espíritu, pero cantaré-con-acompañamiento también mediante la mente.

Antes vimos que quien habla en lenguas no habla a los hombres sino a Dios, aquí se nos dice que el hablar en lenguas es una oración (hablar a Dios). Es una oración en la cual se usa el espíritu santo para orar a Dios. Como vimos, las palabras que se hablan son dadas por Jesús, por lo tanto, al orar en lenguas estamos orando conforme lo que Jesucristo nos da para orar y ¡¿quién podría orar mejor que Jesucristo mismo?! Por lo tanto, cada vez que oramos en lenguas estamos permitiendo que Jesús ore a través nuestro con una clase de oración que nos va edificando, en esta oración, pueden estar incluidos pedidos, agradecimientos, alabanzas, etc. Por esta causa, es muy recomendable que todo cristiano procure estudiar sobre el hablar en lenguas y orar a Dios por sabiduría para poder comprender la doctrina sobre el hablar en lenguas y ganar la confianza y creencia necesarias para comenzar a operar esta grandiosa manifestación de poder espiritual.

Si bien en algunos casos Dios ha dado un “impulso” a las personas para hablar en lenguas (como en el día de Pentecostés), lo que he visto es que normalmente esta manifestación debe ser iniciada por el cristiano en una respuesta de fe al deseo de Dios de que hablemos en lenguas. La Biblia nos dice que Dios jamás da piedra por pan (Mateo 7:9), así que, si estamos buscando a Dios y creyendo en Cristo, no debemos temer de recibir una falsa manifestación de parte de Dios.

Debo advertir que he visto (y oído) cristianos que creen estar hablando en lenguas y sólo hacen zumbidos, balbuceos o repiten una sílaba una y otra vez. Esto no es hablar en lenguas, ya que el hablar en lenguas conforma un lenguaje desarrollado y no es un simple “bla bla”. A veces este lenguaje comienza con unas pocas palabras, y suena raro al oído, porque es un lenguaje que no conocemos y que jamás hemos hablado, pero al hablar podemos reconocerlo como un lenguaje y no como balbuceo.

Si están deseando hablar en lenguas, oren a Dios por ayuda e inspiración y ¡hablen! Al comprender cuán bendito es este nuevo lenguaje el deseo de utilizarlo será tan grande que lo difícil será mantenerse callados. El más grande freno para hablar en lenguas suele ser el miedo, especialmente el miedo a estar haciendo algo contrario a Dios. Pero como he dicho, Dios no da piedra a quien le pide pan, y no se va a enojar si nos equivocamos queriendo hacer Su voluntad. No olviden que el amor echa fuera al temor, por lo tanto, busquen comprender más y más el amor de Dios para ir venciendo el temor al error y animarse a comenzar a hablar en lenguas. La confianza en el amor del Padre nos debe alentar a buscar el hablar en lenguas, sabiendo que Dios podrá bendecirnos y edificarnos de un modo especial a través de esta manifestación y de que podremos también agradecerlo y alabarlo de un modo superior y más completo.

Conclusión


Como hemos visto, Dios, por medio del sacrifico de Cristo, ha hecho una nueva creación en el mundo espiritual y una nueva creación en nosotros. En el mundo espiritual él ha establecido un nuevo orden de autoridades que obedecen a la voluntad del Señor Jesucristo. Entre nosotros, él ha establecido un nuevo pacto por medio del cual somos hijos de Dios y ciudadanos de Su reino, no por las obras que hagamos, sino por Su gracia y amor derramados en nosotros cuando creímos en Cristo como Señor. Como “nueva creación”, somos miembros de un Cuerpo en el cual Cristo es la Cabeza, estamos unidos a Él para siempre y somos hijos de Dios perpetuamente.

El nuevo pacto con Dios nos pone en una posición muy superior a los antiguos creyentes, porque ahora Dios puede escribir Su ley, Su voluntad y Sus mandamientos en nuestros corazones, en nuestro interior, y desde dentro nuestro puede obrar en nosotros, haciéndonos conocer Su amor. Siendo una nueva creación en Cristo, también tenemos la responsabilidad de seguir Su nuevo mandamiento, que es conducirnos con la misma clase de amor con la que Cristo se conduce, que es el amor que Dios mismo ha operado desde siempre sobre toda la humanidad.

Además de esto, Dios nos ha provisto de todo un equipo espiritual con la cual podemos batallar contra las huestes espirituales de maldad y podemos manifestar Su amor y Su poder en el mundo, para anunciar Su salvación a la humanidad. ¡Quiera Dios que, de todo corazón, todos podamos repetir lo dicho por el apóstol Pablo!:


2 Corintios 5:14-17 (RVC)[10]
(14) El amor de Cristo nos lleva a actuar así, al pensar que si uno murió por todos, entonces todos murieron;
(15) y él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
(16) Así que, de aquí en adelante, nosotros ya no conocemos a nadie desde el punto de vista humano; y aun si a Cristo lo conocimos desde el punto de vista humano, ya no lo conocemos así.
(17) De modo que si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo: ¡ahora ya todo es nuevo!




[1] Para más detalles sobre la doctrina de la salvación y justificación por medio de la fe en Jesucristo recomiendo leer mi comentario doctrinal sobre la carta de Pablo a los Romanos, y también el capítulo "Justificación y salvación por fe", de mi estudio "FE: Convicción en acción".
[2] Las citas de las Escrituras marcadas como “VM” fueron tomadas de la “Versión Moderna”, traducida por Henry Barringtong Pratt, en 1893 y revisada en 1929. Editada por las Sociedades Bíblicas de América latina.
[3] Las citas de las Escrituras marcadas como “RVA” fueron tomadas de la versión “Reina Valera Actualizada”, revisión de 1989, publicada por la Casa Bautista de Publicaciones.
[4] Para más detalles recomiendo leer mi estudio “El don de espíritu santo” en el capítulo “Jesús: El Espíritu”.
[5] Para un estudio amplio acerca de qué es la fe y cómo se desarrolla y pone de manifiesto en la vida cristiana, recomiendo leer mi libro “Fe: Convicción en acción”.
[6] Para un estudio más amplio sobre la acción de Dios en el creyente y qué es y cómo actúa el don de espíritu santo en el cristiano, recomiendo leer mis estudios “Filipenses 2:13: La acción de Dios en el creyente” y “El don de espíritusanto”.
[7] Para entender más acerca de la salvación que Dios ha provisto por gracia y su permanencia incondicional recomiendo leer mi comentario doctrinal sobre lacarta de Pablo a los Romanos.
[8] Esta traducción surge de un análisis versículo por versículo, el cual pueden leer en mi estudio “El don de espíritu santo”, en el capítulo 6: “Estudio y traducción de 1 Corintios 12:1-11”.
[9] Esta traducción es producto de un análisis versículo a versículo expuesto en mi estudio “El don de espíritu santo”, en el capítulo titulado “Algunas pautaspara tener en cuenta en una reunión”.
[10] Las citas de las Escrituras marcadas como “RVC” fueron tomadas de la versión “Reina Valera Contemporánea”, revisión de 2011, por las Sociedades Bíblicas Unidas.



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