Espíritu de cobardía

En Honor a Su verdad

 2 Timoteo 1:7 (RV-1960)
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Algo interesante en este versículo es que la palabra traducida como “dominio propio” no es la misma palabra griega que se traduce “dominio propio” en otros versículos. Aquí las palabras “dominio propio” corresponden a la palabra griega söphronismos, una palabra griega que se usa sólo aquí en toda la Biblia.

Esta palabra griega tiene como raíz a la palabra söphron, que es la unión de la palabra sözo: “sanar, salvar, liberar, poner a salvo y a resguardo del mal” y phrën: “pensamientos, sentimientos, aquello que se produce en la mente”.

En la unión de estas dos palabras tenemos que söphronismos nos da la idea de una “mente sana, capacidad de pensar o de dirigir los pensamientos de un modo sano, seguro, recto”. No se trata sólo de “dominio propio”, es una capacidad para pensar de forma sana y correcta, tal como piensa Cristo mismo:

1 Corintios 2:16 (RV-1960)
Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo.

Este versículo nos dice que tenemos la “mente” de Cristo. Aquí “mente” es en griego nous, que se refiere al lugar de donde se producen los pensamientos. Según este versículo, aquellos que tienen el don de espíritu santo de Dios (los cristianos renacidos), tienen la mente de Cristo, o sea, tienen la capacidad potencial de pensar como Cristo, esto es porque somos miembros de un Cuerpo espiritual cuya cabeza en Cristo (Ro. 12:5; 1 Co. 12:12). Estando conectados espiritualmente con Cristo, tenemos la capacidad de recibir de sus pensamientos y así pensar de una manera sana y correcta.

2 Timoteo 1:7 (RV-1960)
Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

Otra cosa a notar aquí es la palabra “cobardía”. Es la palabra griega deilia, que sólo se usa aquí en la Biblia. Significa “cobardía, timidez, falta de fuerza o valor mental o moral”. Pablo le dice a Timoteo que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, del espíritu de Dios no pueden salir pensamientos que nos impulsen a actos de cobardía, si existen estos pensamientos en nosotros, parten de nuestra naturaleza humana y no de Dios.

Aquí esta “cobardía” está puesta en directo contraste con el poder, el amor y la capacidad de pensar de un modo sano y correcto. En otras palabras, cuando nos asalta la cobardía, nuestros actos carecen del poder de Dios (porque Dios actúa cuando tenemos fe en Él), carecen de amor (son actos egoístas) y no parten de una manera sana de pensar, por lo que producen resultados contrarios a la voluntad de Dios.

Ahora veamos el contexto en que Pablo le dijo esto a Timoteo:

2 Timoteo 1:6-8 (RVA)
(6) Por esta razón, te vuelvo a recordar que avives el don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.
(7) Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
(8) Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo. Más bien, sé partícipe conmigo de los sufrimientos por el evangelio, según el poder de Dios.

En el versículo 6, hay que notar que la palabra “don” es en griego charisma. Esta palabra puede referirse a diferentes tipos de dones, pero rara vez se refiere al don de espíritu santo, que por lo general es referido con la palabra griega dorëa. Leyendo versículos como Ro. 12:6; 1 Co. 12:4; 12:31; 1 Pe. 4:10 podemos ver que la palabra carisma suele referirse a dones o capacidades para servir en distintas funciones dentro de la Iglesia. Teniendo en cuenta esto y todo el contexto de la epístola a Timoteo, entiendo que el “don” a que hace referencia aquí Pablo es una función de servicio de Timoteo, un don para la enseñanza y predicación del Evangelio.

Pablo en esta carta a Timoteo advierte que los tiempos van a ponerse difíciles. Históricamente este fue un tiempo de dispersión de cristianos, de mucha persecución y guerras. Pablo habló estas cosas, probablemente poco antes de la destrucción del templo en Jerusalén, el cual fue un tiempo muy difícil en el cual vivir, sobre todo para los cristianos. En 2 Ti. 4:6-8 leemos que Pablo ya sabía que iba a morir pronto, por lo tanto, esta carta quizá son las últimas instrucciones de Pablo a Timoteo para que Timoteo siga adelante con la predicación del Evangelio luego de la muerte de Pablo. Por esta causa, era muy importante que Pablo alentara a Timoteo a no dejarse vencer por la adversidad que se vendría y, en este contexto, le dice que avive el fuego del don que había en él, porque Dios no le había dado espíritu de cobardía. En otras palabras, Pablo le está diciendo que debía utilizar su capacidad para enseñar y predicar más que nunca y no dejarse vencer por la adversidad que vendría.

Dentro de Timoteo estaba la lucha entre su naturaleza de pecado (su humanidad) y su naturaleza espiritual (el don dado por Dios). Si él actuaba conforme a sus pensamientos carnales, se dejaría vencer por el temor y dejaría de predicar el Evangelio para vivir quizá con mayor comodidad y tranquilidad, a salvo de las persecuciones. Pero si se paraba firme por Dios, él iba a actuar con poder, con amor y con pensamientos que son conforme a la voluntad de Dios y así predicaría el Evangelio sin avergonzarse, con todo valor sería copartícipe de los sufrimientos de Pablo en pro del Evangelio. No era una decisión fácil, de hecho, es una decisión que muy pocos están dispuestos a tomar.

Hoy en día, nuestro diario desafío es el mismo que tuvo Timoteo: o nos dejamos ganar por la cobardía de nuestra naturaleza humana y servimos a nuestros propios vientres, nuestras propias ambiciones, actuando egoístamente para vivir con comodidad y tranquilidad, o nos paramos firmes por Dios y le servimos utilizando los dones que Él nos dio, edificando a otros con el poder y el amor de Dios, tomando decisiones sanas que son conforme a la voluntad de Dios.

Cada día es un día de decisión y podemos decidir avivar el fuego del don o dones que Dios nos ha dado para servir, o podemos echarle el agua de la cobardía a nuestros dones y vivir como creyentes tibios, que le cantan a Dios los fines de semana en una congregación y esperan que con eso solo cambiar al mundo y recibir una gran recompensa en la era venidera.

La decisión no es fácil, y de seguro habrán dificultades en el camino y habrán persecuciones por parte de aquellos que no quieren vivir conforme a la voluntad de Dios, pero Dios estará apoyándonos con Su poder y amor y sabrá recompensar nuestros esfuerzos.

1 Pedro 3:14-18 (RV-1960)
(14) Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis,
(15) sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;
(16) teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean avergonzados los que calumnian vuestra buena conducta en Cristo.
(17) Porque mejor es que padezcáis haciendo el bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo el mal.
(18) Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;

Hebreos 12:1-3 (RV-1960)
(1) Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
(2) puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
(3) Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

La única forma de poder tener el valor y fortaleza de tomar las decisiones correctas para servir a Dios, es que tengamos los ojos puestos en Jesús y aprendamos de Su ejemplo. Él dio su vida por el gozo puesto delante de él, el gozo de darle al Padre una familia de cristianos que son salvos sólo por creer en Jesús como Señor. Ese mismo gozo debiera ser también nuestro gozo. Nosotros no tenemos que dar nuestras vidas para que otros sean salvos por fe, pero tenemos la responsabilidad de predicar la buena noticia de que Jesús dio su vida para que todo el que en él cree sea salvo y que así las personas conozcan la verdad de Dios para salvación.

¡Que el gozo de ver a las personas ser salvas y conocer la verdad de Dios para tener una íntima relación de amor con Él sea nuestra constante motivación en nuestra vida!

¡A Dios sea la gloria por siempre! Amén.






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