¿Quieres tener éxito? ¡Planea el fracaso!

En Honor a Su verdad
hombre exitoso Todas las personas desean tener éxito, todos deseamos ser felices y poder destacarnos en algo que nos gusta hacer, sin embargo, muchos quedan atrapados en simples deseos que nunca se cumplen. Por momentos hacen un pequeño esfuerzo hacia sus anhelos, pero muy pronto abandonan sus esfuerzos y se dejan llevar por lo que “la vida les trae”.

Hay muchos factores que influyen para que no alcancemos lo que deseamos, entre ellos está nuestra falta de planeamiento del fracaso. Normalmente, cuando hacemos planes para alcanzar lo que deseamos, planeamos una rutina o una serie de pasos o métodos que nos llevarán al objetivo que buscamos, pero no solemos preveer que hemos de fracasar. Pero ¿saben algo? ¡Somos humanos! Como seres humanos tenemos debilidades y falencias, por momentos tenemos gran ánimo para hacer algo y por momentos nos cansamos y desilusionamos. Además, interactuamos con otros seres humanos en las mismas condiciones y lo que le sucede a otros también nos afecta de un modo u otro, por esta causa, no sólo es necesario que planeemos cómo alcanzar nuestro objetivo, sino también aquellos problemas y fallas que sucederán en el camino.

Dios ha dado a cada creyente una “medida de fe”, algo para creer que nos sitúa en una posición y función específica dentro del Cuerpo de Cristo, cada uno de nosotros tiene dones o talentos que deben ser aprovechados para el servicio a Dios (Ro. 12:3-8). Dios ha tenido la gracia de darnos talentos y dones de modo que nosotros seamos un “don” para Su Iglesia, sin embargo, no vamos a automáticamente convertirnos en expertos en un área tan sólo por creer en Dios, tenemos la responsabilidad de desarrollar los talentos dados por Dios para poder usarlos de un modo que edifique a todo el Cuerpo.

El desarrollo de cada talento puede requerir de distintos procesos o métodos, dependiendo de su característica particular, sin embargo, hay algo que es común al desarrollo de todo talento o habilidad y eso es la disciplina.


Hebreos 12:11-13 (RV-1960)
|11| Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
|12| Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
|13| y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.

Si bien este texto nos habla particularmente de la disciplina en el andar cristiano, su lección es aplicable a toda área de la vida, ninguna disciplina es causa de gozo al principio, pero luego da grandes frutos y beneficios. Ser “disciplinado” significa ser constante en un proceso, requiere de ganar el hábito para hacer algo hasta alcanzar el objetivo. Lograr adquirir un nuevo hábito siempre es algo que cuesta bastante al principio y uno de los grandes obstáculos es que cuando queremos comenzar una nueva disciplina, lo hacemos llenos de entusiasmo, pero cuando el entusiasmo se va, la disciplina se pierde y el hábito no llega a ser formado.

Uno de los problemas a los que nos enfrentamos al querer desarrollar un nuevo hábito es la idea de hacer algo “cuando lo siento” o “cuando tengo ganas”. Si realmente queremos alcanzar un objetivo, no podemos dejar la práctica sólo para cuando tengamos ganas, sino que debemos hacer lo que sea necesario ya sea que tengamos ganas de hacerlo o no. Los campeones mundiales en atletismo, maratones, gimnasia, levantamiento de pesas, o de cualquier deporte no entrenan sólo cuando tienen ganas, tienen una rutina muy estricta, sobre todo en épocas de competencia. No podemos pretender llegar a alcanzar un gran objetivo si no damos los pequeños pasos constantes que son necesarios.

Si uno quiere bajar 20 kilos de peso corporal, no puede hacer la dieta sólo cuando tenga ganas, debe seguirla rigurosamente; si se desea un cuerpo esbelto, es necesario que el ejercicio se haga conforme a la rutina estipulada, no sólo cuando hay ánimo para hacerlo; si se quiere obtener un título universitario, es necesario estudiar sistemáticamente cada materia; el que quiera ahorrar una buena suma de dinero tendrá que lograr controlar sus gastos todos los días, no le va a servir controlar un día el gasto y el otro día gastar todo el dinero que tiene; el que quiera ser un virtuoso en la ejecución de un instrumento musical, deberá practicar regularmente las lecciones, aun cuando no “sienta” que es momento de hacerlo. El éxito en alcanzar un objetivo muchas veces está determinado en lo que hacemos cuando no tenemos ganas de hacer.

Ahora bien, el otro obstáculo que se nos presenta y que debemos tener en cuenta es que tarde o temprano fracasaremos en seguir la rutina. En algún momento el que quiere adelgazar va a tentarse y comer algo fuera de la dieta; el algún momento el que está estudiando va a faltar a alguna clase o dar mal un examen; tarde o temprano el que está siguiendo una rutina de gimnasia va a saltearse uno o dos días de rutina, o el que practica un instrumento dejará su práctica durante unos días.

Siempre suceden cosas (internas o externas) que nos llevan al fracaso en seguir la rutina y crear el hábito. Esto en muchas ocasiones crea desánimos, tendemos a “catastrofizar” la situación y pensar que porque hemos fallado en una o dos ocasiones no seremos capaces de disciplinarnos lo suficiente para alcanzar el objetivo. Pero no hay por qué preocuparse, somos seres humanos y fallamos constantemente, no hay problema en fallar, el problema está en dejar que el fallo nos paralice. Todos hemos aprendido a caminar (al menos todos los que tenemos piernas sanas) y en el proceso nos hemos caído quizá cientos de veces, aunque no lo recordamos. La razón por la que todo niño aprende a caminar es porque no se queda en el suelo luego de caerse, sino que intenta una y otra y otra vez hasta lograrlo. En la búsqueda de un objetivo para nuestras vidas, debemos ser como los niños que aprender a caminar, si nos caemos nos levantamos y seguimos intentando.

Saber que vamos a fallar y planear levantarnos luego del fracaso nos ayudará a evitar desanimarnos en exceso cuando venga la caída. Esto no sólo se aplica a nuestra búsqueda de objetivos en nuestras vidas, sino también a nuestro andar con Dios. En nuestra búsqueda de la santidad cristiana y una estrecha relación con nuestro Padre celestial tendremos continuas caídas, hay una naturaleza de pecado dentro nuestro que nos impulsa al pecado (Gá. 5:17) y con frecuencia esta naturaleza de pecado le “gana” a nuestras intenciones de hacer la voluntad de Dios y caemos. Pero el gran problema no está en la caída en sí, sino en que esa caída nos hace sentir indignos del amor de Dios y nos hace pensar que nunca alcanzaremos el estándar que Dios desea.

Para los que creen que pueden alcanzar el estándar que Dios desea, les tengo una noticia ¡no se puede! El libro de Romanos nos dice que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”, para ser dignos de estar en la presencia de Dios deberíamos ser capaces de vivir una vida perfecta y sin fallas, como Dios sabe que esto no es posible para nosotros, seres humanos caídos, proveyó de un Salvador por medio de quien nuestros pecados han sido perdonados y lavados y hemos sido redimidos (Ro. 3:19-24).

Dios nos trata como justos por medio de la fe en Jesús (Ro. 5), nuestro acceso a Dios no depende de nuestras obras para Él, sino de Su obra en nosotros (Ef. 3:12; He. 4:15-16). Sin embargo, para poder actuar poderosamente en nuestras vidas y derramar toda Su gracia y bondad en el presente, Dios requiere de nosotros que andemos en santidad, conforme a Su voluntad (Ro. 6; 2 Co. 7; Ef. 4:22-32). En nuestro camino hacia la santidad habrá siempre momentos de caída, momentos en que sucumbiremos ante la tentación o que fallemos por ignorancia, como sea, siempre hay instancias de fracaso y caída en el andar y es necesario que nos anticipemos a esto, si anticipamos el fracaso y cómo vamos a responder ante éste, podremos levantarnos más rápido para seguir con nuestro camino con Dios.


1 Juan 2:1-2 (RV-1960)
|1| Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.
|2| Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

1 Juan 1:8-9 (RV-1960) |8| Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
|9| Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

En el momento de caída, lo peor que una persona puede hacer es decir que no tiene pecado, sólo se estaría engañando a sí mismo. Ante la caída simplemente tenemos que reconocer el error, confesar a Dios nuestro pecado y confiar en que Él es fiel y justo para perdonarnos, porque tenemos un mediador, que es Jesucristo, que ha dado su vida en propiciación por nuestros pecados, por Su sacrificio hemos sido lavados de pecado.

Planear la caída no significa que planeemos cometer fallas a propósito en nuestras vidas, sino que anticipamos que en algún momento fallaremos y anticipamos cómo vamos a reaccionar ante la caída. Dios nos ha dado todo para que podamos tener una íntima relación con Él y vivamos vidas plenas y gozosas. Él sabe que somos humanos y fallamos y si bien le entristece nuestro pecado, más le entristece ver que el pecado nos vence porque no podemos perdonarnos y levantarnos cuando hemos caído.

Muchos enfrentan la vida con una actitud de “todo o nada”, comienzan a ir por el “todo”, pero ante el primer fracaso abandonan y quedan con nada. Si queremos tener éxito en alcanzar nuestros objetivos y servir a Dios efectivamente, debemos saber que nuestra naturaleza humana sólo nos permite tomar las cosas “en parte”, pero esa parte que podemos alcanzar es más que suficiente para bendecirnos más allá de lo que imaginamos.


Hebreos 10:35-39 (RVA)
|35| No desechéis, pues, vuestra confianza, la cual tiene una gran recompensa.
|36| Porque os es necesaria la perseverancia para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis lo prometido;
|37|porque: Aún un poco, en un poco más el que ha de venir vendrá y no tardará.
|38| Pero mi justo vivirá por fe; y si se vuelve atrás, no agradará a mi alma.
|39| Pero nosotros no somos de los que se vuelven atrás para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma.


NOTA: La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA




¿Te bendijo este estudio?
¡Compártelo en las redes sociales!

http://facebook.com/sharer.php?u= http://twitter.com/home?status= https://plus.google.com/share?url=




No hay comentarios. :

Publicar un comentario