Cuando las derrotas se convierten en victoria

En Honor a Su verdad

Mi experiencia con el ajedrez

Cuando tenía entre 10 y 12 años de edad mi abuelo me estaba enseñando a jugar al ajedrez. La mayoría sabrá que el ajedrez es un juego de estrategia, en donde cada jugador intenta acorralar al rey del adversario para ganar la partida con el “jaque mate”. El ajedrez fue creado pensando en la estrategia militar, en su origen era un juego que intentaba de algún modo recrear el arte de la guerra. En este juego, existen miles de estrategias posibles a poner en práctica, las hay tanto defensivas como ofensivas, pero el objetivo siempre es el mismo: vencer al rey.

Con mi abuelo jugábamos una hora diaria, él era un hombre muy inteligente y había jugado muchísimos partidos en su vida, tenía unos cuantos trofeos de ajedrez y muchos libros con estrategias y jugadas explicadas por los expertos en el juego. Cuando jugábamos, mi abuelo cada vez intentaba mostrarme alguna estrategia nueva, cómo implementarla y cómo jugar contra alguien que la use. Pero a pesar de todo el aprendizaje ¡jamás le pude ganar ni una sola partida!

En ocasiones sentí gran frustración, porque la emoción de haber aprendido una nueva estrategia para el juego pronto era aplacada por la destreza de mi abuelo. Él me había enseñado esas estrategias, pero también sabía muchas otras con las cuales contrarrestarlas. Más allá de esto, su inteligencia y su experiencia con el juego tenían un gran peso ¡él estaba completamente preparado para cada movimiento que yo hacía!

Mi abuelo murió cuando yo tenía 12 años y jamás pude ganarle, él tampoco dejó que yo le ganara, a pesar de que me estaba enseñando, siempre jugó en serio. Y aunque nunca pude ganarle a él, las continuas partidas me sirvieron para aprender y luego poder ganarle a otros. Y de aquí surge la lección: las continuas derrotas nos dan la experiencia para obtener la victoria. Todas las derrotas que yo tuve contra mi abuelo, me llevaron a estar preparado para jugar contra otros de mi edad y ganarles. Hoy en día hace tiempo que no juego al ajedrez, pero la lección permanece: no hay que sentirse frustrados si constantemente estamos siendo derrotados en algún área de nuestra vida, porque esas derrotas nos dan el aprendizaje y experiencia necesarios para luego salir victoriosos en donde otros han fallado.

El ambiente controlado:

Lo importante en el tiempo que yo jugaba al ajedrez con mi abuelo es que mis derrotas eran en un ambiente controlado, o sea, no había nada en juego más que el deseo de ganar y luego la frustración de perder. Además, mi abuelo siempre me explicaba cuál era su estrategia y por qué es que yo perdía el partido. De este modo, aunque había frustración no había daño, era una derrota en amor y así es como se va produciendo el aprendizaje.

Las Escrituras nos muestran que Dios es un Dios de amor que intenta disciplinarnos para que crezcamos en nuestro entendimiento de Su voluntad y en nuestra relación con Él:

Hebreos 12:6-8 (RVA)
|6| Porque el Señor disciplina al que ama y castiga a todo el que recibe como hijo.
|7| Permaneced bajo la disciplina; Dios os está tratando como a hijos. Porque, ¿qué hijo es aquel a quien su padre no disciplina?
|8| Pero si estáis sin la disciplina de la cual todos han sido participantes, entonces sois ilegítimos, y no hijos.

Dios nos ama y porque nos ama nos disciplina. Sin embargo, su disciplina siempre es dentro de un ambiente controlado. En tanto que nos mantengamos con el corazón dirigido a crecer en nuestro andar cristiano y en nuestra fe y obediencia a Dios, Dios nos va instruyendo.

Santiago 1:5 (RVA)
Y si a alguno de vosotros le falta sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos con liberalidad y sin reprochar; y le será dada.

En el contexto de Santiago, esta sabiduría se refiere a la sabiduría para resolver alguna situación adversa. Dios siempre está dispuesto a enseñarnos qué hicimos mal y cómo corregir nuestro camino.

2 Timoteo 3:16-17 (RVA)
(16) Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la corrección, para la instrucción en justicia,
(17) a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente capacitado para toda buena obra.

Estos versículos nos dicen que la Escritura de Dios fue inspirada por Dios, pero no son sólo una colección de escritos históricos y poéticos, no son una mera descripción de Dios y de algunos creyentes, sino que es un libro cuyo objetivo es que un creyente sea instruido hasta el punto de estar completamente equipado y apto para toda buena obra. La forma en que Dios nos educa es por medio de la enseñanza, la reprensión (mostrando lo que está mal) y la corrección (mostrando cómo rectificar un error) y por medio de la instrucción en justicia, que significa darnos una disciplina que nos lleva a comprender la justicia de Dios y actuar conforme a ésta.

La forma en que aprendí a jugar ajedrez tiene mucho en común con esta forma en que Dios instruye. Mi abuelo me enseñaba una estrategia, luego jugábamos, yo intentaba aplicar esa estrategia recién aprendida y mi abuelo me señalaba los errores que yo cometía durante el juego. Luego mi abuelo me mostraba cómo debía haber procedido para hacer una mejor partida. Además, mi abuelo había establecido una disciplina en el aprendizaje, ya que jugábamos una hora cada día de la semana.

Dios nos creó, sabe cómo funcionamos, creó todas las leyes del Universo, por lo tanto, Sus métodos siempre son los mejores, los más adecuados y los más efectivos. Los métodos humanos para el aprendizaje que funcionan, son los que se asemejan a los métodos ya establecidos por Dios. Mi aprendizaje fue efectivo porque fue hecho en semejanza a los métodos de Dios.

El tiempo de victoria

Hoy en día muchas personas hablan de victoria y pocas hablan de disciplina, todos quieren tener éxito, pero pocos desean cruzar por la puerta estrecha, la mayoría desea tener habilidades y talentos extraordinarios, pero abandonan los esfuerzos luego de unos pocos fracasos y frustraciones. Pero si queremos realmente alcanzar un objetivo, desarrollar nuestros talentos y servir a Dios de un modo efectivo, tenemos que aceptar y comprender que los fracasos y frustraciones son parte del proceso.

Hace poco leí que el famoso lubricante “WD-40” se llama así porque los desarrolladores probaron 40 fórmulas antes de dar con la que buscaban. Muchos de los grandes inventores tuvieron cientos de fracasos antes de llegar a hacer algo realmente útil para la humanidad. Los grandes dibujantes han tirado a la basura miles de hojas de papel antes de poder dar una expresión realista a un ojo, o lograr la combinación de colores que buscaban. Los programadores de PC escriben miles de líneas erróneas antes de poder entregar un programa plenamente funcional y esos programas suelen tener errores que luego se van corrigiendo en la medida que los usuarios van utilizándolos y reportando los errores. Para toda actividad en la vida tendremos fracasos y frustraciones y es preciso que lo sepamos de antemano, si es que queremos alcanzar el objetivo deseado.

Mientras yo seguía perdiendo partidos de ajedrez contra mi abuelo, al mismo tiempo gané un campeonato de ajedrez que se hacía entre los alumnos del colegio al que asistía. Los fracasos de un lado me dieron victoria en otro lugar por eso es que no deberíamos poner tanta atención en el objetivo a alcanzar en sí, sino en el proceso y el aprendizaje. Si los fracasos no nos sirven para aprender nada, entonces son verdaderos fracasos, pero si a través del fracaso logramos aprender algo nuevo, entonces no son fracasos, sino un escalón más en nuestro ascenso hacia el objetivo buscado.

Y ya sea que fracasemos o tengamos éxito en alcanzar un objetivo deseado, siempre tenemos que tener en mente que la más grande victoria la hemos recibido por haber creído en Jesús como Señor:

1 Juan 5:4-5 (RVA)
(4) Porque todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.
(5) ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?


NOTA: La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA



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