Mateo 7:1 / Lucas 6:37 “No juzguéis, para que no seáis juzgados”

En Honor a Su verdad
Mateo 7:1-2 (RVA)
|1| “No juzguéis, para que no seáis juzgados.
|2| Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá.

Es común que sea citado estos versículos para enseñar a otras personas que no deben “juzgar” las conductas de otros. Esto se usa especialmente cuando alguien señala un error en la conducta o creencia de otro cristiano. Por lo general, el objetivo al citar este texto es evitar que la otra persona siga señalando las faltas de otros.

Otro versículo citado es Lucas 6:37, donde leemos:

Lucas 6:37-38 (RVA)
|37| “No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados.
|38| Dad, y se os dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se os dará en vuestro regazo. Porque con la medida con que medís, se os volverá a medir.”

Ahora bien, la pregunta es ¿realmente Dios no quiere que juzguemos a otros? ¿Debemos mantener silencio cuando otros creyentes están actuando erróneamente? Más aún, ¿debemos evitar hablar de aquellos que están enseñando erróneamente y descarriando de la fe correcta a otras personas? Analizaremos las Escrituras para comprender qué es lo que las Escrituras nos dicen acerca de “juzgar” a otras personas.

Una de las “reglas” que debemos aplicar cuando estudiamos las Escrituras Santas es que no debemos hacer doctrina de un texto aislado. Cada versículo y cada enseñanza requieren que entendamos el contexto en el que está situado y también las enseñanzas relacionadas con el tema que estamos viendo. Las Escrituras deben tomarse como un conjunto y todo ese conjunto debe armonizar para que tengamos una doctrina correcta, de lo contrario obtendremos distintas doctrinas según en qué versículo nos basemos. Por ejemplo, en Juan 7 leemos:

Juan 7:19-24 (RVA)
|19| ¿No os dio Moisés la Ley? Y ninguno de vosotros la cumple. ¿Por qué buscáis matarme?
|20| La multitud respondió: —Demonio tienes. ¿Quién busca matarte?
|21| Jesús respondió y les dijo: —Una sola obra hice, y todos os asombráis.
|22| Por esto Moisés os dio la circuncisión (no porque sea de Moisés, sino de los padres), y en sábado circuncidáis al hombre.
|23| Si el hombre recibe la circuncisión en sábado a fin de que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado sané a un hombre por completo?
|24| No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

Al final Jesús dice “no juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. ¿Se contradijo Jesús? ¿En un momento les dijo que no juzguen y luego les dice que juzguen con juicio justo? ¿A cuál declaración debemos hacer caso?

Bien, lo que haremos primero es definir el verbo “juzgar”, ¿qué significa? ¿Cómo se aplica en la Biblia?

La palabra que tenemos traducida como “juzgar” en las biblias en español es la palabra griega raíz krinö, que significa primariamente “dividir o separar”. Desde esta raíz se derivan los siguientes significados: “separar, distinguir, seleccionar, preferir, juzgar, considerar, observar, determinar, decidir, proponer, comparecer ante la corte, condenar, sentenciar, separar para dar un castigo, opinar, hallar falta, evaluar, resolver, administrar justicia”.

Todas estas son formas en las que se puede traducir la palabra griega krinö, según nos definen los diccionarios y léxicos del griego bíblico. Debido a esta amplia gama de definiciones, debe ser el contexto el que determina cuál es el sentido adecuado de esta palabra griega. La base de la palabra krinö es “dividir o separar”, el contexto no dirá qué es lo que se debe separar y para qué. Veamos un ejemplo:

Lucas 7:40-43 (RVA)
|40| Entonces, respondiendo Jesús le dijo: —Simón, tengo algo que decirte. El dijo: —Di, Maestro.
|41| —Cierto acreedor tenía dos deudores: Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta.
|42| Como ellos no tenían con qué pagar, perdonó a ambos. Entonces, ¿cuál de éstos le amará más?
|43| Respondiendo Simón dijo: —Supongo que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: —Has juzgado
correctamente.

En el versículo 43 la palabra que se traduce “juzgado” es de la raíz griega krinö. Como se puede ver, en este caso refiere a evaluar una situación. Jesús hizo una pregunta a Pedro en base a una situación hipotética. Si Jesús hubiese seguido el consejo de “no juzgar” que había dado en el versículo anterior, entonces aquí debería haber guardado silencio en lugar de contestar. Por supuesto, en ambos casos la palabra “juzgar”, aunque es la misma palabra en griego, se refiere a distinto tipo de “juicio”, por eso es que Pedro no hizo mal al “juzgar” entre las situaciones y dar su opinión.

1 Corintios 10:14-15 (RVA)
|14| Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.
|15| Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo.

Nuevamente, la palabra “juzgad” está en un contexto de evaluar una situación y tomar decisiones conforme a lo que se ha considerado.

Si pensamos en nuestro modo de vivir, nos daremos cuenta que todo el tiempo estamos haciendo juicios. Todo el tiempo evaluamos situaciones, separamos pensamientos, personas y cosas. Cuando compramos verduras debemos “juzgar” cuál está fresca y cuál no; cuando compramos todo tipo de cosas “juzgamos” su precio, practicidad, durabilidad, provecho, etc.; el selector de personal de una empresa debe “juzgar” quién es el más apto para el puesto; al elegir una pareja “juzgamos” si es la persona adecuada para nosotros; al elegir un amigo “juzgamos” que esa persona es digna de nuestra confianza. ¡Todo el tiempo hacemos juicios! Constantemente estamos haciendo evaluaciones, dando opiniones, tomando decisiones. ¡Es imposible vivir sin juzgar!

Entonces ¿a qué se refirió Cristo cuando dijo “no juzguéis, para que no seáis juzgados”, en Mateo 7:1? Como dije antes, el contexto es muy importante:

Mateo 7:1-5 (RVA)
|1| “No juzguéis, para que no seáis juzgados.
|2| Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá.
|3| “¿Por qué miras la brizna de paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu propio ojo?
|4| ¿Cómo dirás a tu hermano: ‘Deja que yo saque la brizna de tu ojo’, y he aquí la viga está en el tuyo?
|5| ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.

Notemos la palabra “hipócrita” en el versículo 5. Vemos que aquí Jesús no estaba hablando sobre juzgar en términos generales, sino que está hablando acerca del hipócrita. El “hipócrita” es una persona que finge ser algo que no es, en este caso es gente que aparentaba conocer bien la doctrina correcta y aparentaba tener un andar conforme a la voluntad de Dios, pero en realidad estaban en error y en un mal andar. Jesús se refiere a gente que tenía una “viga” en el ojo y quería sacar la “paja” del ojo ajeno. El “ojo” representa a su entendimiento espiritual, ellos tenían un error doctrinal grande en sus vidas, e intentaban corregir a otras personas cuyo error doctrinal no era tan grave. A estas personas Jesús les dijo “no juzguéis para que no seáis juzgados”.

Estas personas estaban en error, por lo tanto, todo juicio que hacían era erróneo. Pero no sólo estaban en un error de ignorancia, sino que eran hipócritas, eran farsantes, era gente que sabía lo que debían hacer pero no lo hacían, aunque fingían santidad. Por esta causa, cada vez que emitían juicio sobre los demás estaban acarreando más condenación sobre sí mismos, porque lo que hacían estaba mal.

El apóstol Pablo habla de estas mismas cosas a los romanos:

Romanos 2:1-5 (RVA)
|1| Por lo tanto, no tienes excusa, oh hombre, no importa quién seas tú que juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, pues tú que juzgas haces lo mismo.
|2| Pero sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que practican tales cosas.
|3| Oh hombre que juzgas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, ¿supones que escaparás del juicio de Dios?
|4| ¿O menosprecias las riquezas de su bondad, paciencia y magnanimidad, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento?
|5| Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, acumulas sobre ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

Pablo está hablando aquí de hombres que juzgan a otros pero hacen aquello que ellos mismo dicen que no se debe hacer. Al estar practicando eso mismo que condenan en los otros, estas personas se condenan a sí mismas. Estas son de esa clase de personas que se la pasan señalando el error en los demás, y lo hacen no con el fin de corregir y edificar, sino para que la otra persona se sienta mal y sea rechazada por el resto y así ellos mismos quedar como superiores. Son gente que alimenta su ego señalando el error en los demás, pero que en el fondo, en la intimidad, hacen las mismas cosas y son quizá peores que aquellos a quienes señalan. Pablo aquí dice que aunque quizá piensan que no les va a pasar nada, al final no van a escapar al juicio de Dios.

Veamos ahora el relato de Lucas en todo su contexto:

Lucas 6:32-38 (RVA)
|32| Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores aman a los que los aman.
|33| Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo.
|34| Y si dais prestado a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Pues también los pecadores dan prestado a los pecadores para recibir otro tanto.
|35| “Más bien, amad a vuestros enemigos y haced bien y dad prestado sin esperar ningún provecho. Entonces vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y los perversos.
|36| Sed misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
|37| “No juzguéis, y no seréis juzgados. No condenéis, y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados.
|38| Dad, y se os dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se os dará en vuestro regazo. Porque con la medida con que medís, se os volverá a medir.”

En este caso vemos que la instrucción a “no juzgar” está en el contexto de amar a los enemigos, los que se oponen. Jesús está aquí hablando sobre cómo debe conducirse un creyente para con los que se le oponen en el camino. En lugar de “juzgar” al enemigo en nuestros corazones y “separarlo” de nuestras vidas por completo, lo que Jesús dice es que debemos tratar de integrarlos, hacer lo necesario para que conozcan a Cristo y sean salvos. No debemos ser indiferentes para con ellos, sino tratar de actuar amorosamente para que cambien y se arrepientan.

En este caso, el “juicio” sobre ellos se refiere a que si nosotros condenamos en nuestro corazón a alguien por un mal que hizo y por eso le tratamos mal y le cerramos todas las puertas para el arrepentimiento, esa “medida” con la que estamos midiendo y tratando a esa persona quizá se vuelva en contra nuestra si algún día caemos en la misma clase de pecado. Por ejemplo, supongamos que yo me la paso criticando a la gente que se droga, la trato mal, la alejo de mí, la condeno en mi corazón y no les doy oportunidad para conocer a Cristo y arrepentirse ¿qué ocurriría si luego yo cayera en lo mismo en el futuro? ¿Cuál sería la forma justa en que debería yo ser tratado? Con esto no estoy diciendo que nos juntemos en círculos de drogadictos y participemos de sus pecados, sino que voy al hecho de que si alguno entra en contacto conmigo, no sería correcto que lo trate mal y con odio. Aunque cueste, hay que darle otra oportunidad a los que se oponen y tratarlos con amor para que lleguen al camino de salvación, ese es el sentido de “no juzgar” en todo este texto. No se refiere a que no señalemos el error en otros, sino a que no lo hagamos de tal forma de cortar tajantemente con esa persona, a menos que tengamos una instrucción directa de Dios de hacerlo.

Existen circunstancias en las que Dios nos va a mostrar que realmente no debemos relacionarnos con ciertas personas. Dios sabe cuándo una persona es pecadora y cuando está llena de malicia y no desea cambiar. Hay personas que viven con pecado pero en el fondo tienen un buen corazón y deseo de cambiar, y necesitan de nuestro cariño, comprensión y apoyo, pero hay otras personas que están llenas de malicia y el contacto con estas sólo produce desgaste y corrupción en el creyente, o a veces en toda una congregación, a éstas sí hay que apartarlas y Dios tiene que darnos sabiduría para esto. Pablo dijo:

1 Corintios 5:1-4 (RVA)
|1| Ciertamente, se oye que hay entre vosotros inmoralidad sexual, y una inmoralidad tal como ni aun entre los gentiles se tolera; tanto, que hay quien tiene la esposa de su padre.
|2| ¡Y vosotros estáis inflados de soberbia! ¿No habría sido preferible llorar, para que el que ha cometido semejante acción fuera expulsado de entre vosotros?
|3| Aunque por cierto estoy ausente en el cuerpo, estoy presente en el espíritu. Ya he juzgado, tal como si estuviera presente, a aquel que ha hecho semejante cosa.

Aquí lo que vemos es que había en esta congregación inmoralidad sexual. “Los gentiles” se refiere a las naciones paganas. La inmoralidad sexual estaba a la orden del día en la cultura greco-romana de aquella época, había mucha infidelidad, inmoralidad, fiestas descontroladas y toda clase de pecado sexual era muy común entre la gente de aquella época. Pero en esta iglesia Pablo dice que había tal clase de inmoralidad sexual que ni los paganos toleraban ¡alguien tenía a la esposa de su padre! Pablo dice que aunque él no estaba presente físicamente, en su “espíritu” (que en este caso refiere a su ánimo y pensamientos) estaba allí presente y se sentía capaz de “juzgar” la situación. Pablo dice que hubiera sido mejor “llorar” y expulsar al que hizo tal cosa.

De aquí podemos deducir que esa persona era querida por los creyentes y quizá les daba pena echarlo de la congregación, pero Pablo dice que esa clase de pecado no debía ser tolerado, aunque cueste lágrimas a todos, había que expulsar de la congregación a esa persona (al menos hasta que se arrepienta).

Unos versículos más adelante Pablo dice:

1 Corintios 5:9-13 (RVA)
|9| Os he escrito por carta que no os asociéis con fornicarios.
|10| No me refiero en forma absoluta a los que de este mundo son fornicarios, avaros, estafadores o idólatras, pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
|11| Pero ahora os escribo que no os asociéis con ninguno que, llamándose hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador. Con tal persona ni aun comáis.
|12| Pues, ¿por qué tengo yo que juzgar a los que están afuera? ¿No juzgáis a los que están adentro?
|13| Pues a los que están afuera Dios los juzgará. Pero quitad al malvado de entre vosotros.

Claramente para echar a alguien de la congregación es necesario “juzgar” su conducta primero. ¿Cómo se puede expulsar a alguien sin hacer una evaluación de su conducta primero? Y si no hay juicio, si no hay discernimiento, si no se toman decisiones correctas en una congregación, el Adversario gana ventaja y puede crear desorden y confusión. Un creyente amigo, Pablo Seghezzo, dice que: “no juzgar le conviene a los lobos”. Creo que no podría estar más acertado, cuando en una congregación no se señala el error de los que desvían la doctrina y no se toman medidas para impedir que los “lobos vestidos de oveja” desvíen a la congregación, la ganancia no es para Dios, sino para el Adversario, los lobos pueden mantener su disfraz sin ser detectados y así llevan a toda la iglesia a la perdición.

A esta altura alguno se estará preguntando ¿pero cómo se entiende entonces Romanos 14? ¿No contradice este capítulo a todo lo que venimos viendo? Vamos a analizar el texto y ver qué encontramos:

Romanos 14:1-13 (RVA)
|1| Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
|2| Porque uno cree que puede comer de todo, y el débil come sólo verduras.
|3| El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
|4| Tú, ¿quién eres que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie o cae; pero será afirmado, porque poderoso es el Señor para afirmarle.
|5| Mientras que uno hace diferencia entre día y día, otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté convencido en su propia mente.
|6| El que hace caso del día, para el Señor lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.
|7| Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.
|8| Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, sea que vivamos o que muramos, somos del Señor.
|9| Porque Cristo para esto murió y vivió, para ser el Señor así de los muertos como de los que viven.
|10| Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Pues todos compareceremos ante el tribunal de Dios,
|11| porque está escrito: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.
|12| De manera que cada uno de nosotros rendirá cuenta a Dios de sí mismo.
|13| Así que, no nos juzguemos más los unos a los otros; más bien, determinad no poner tropiezo, impedimento u obstáculo al hermano.

En el versículo 13 Pablo concluye “no nos juzguemos más los unos a los otros”. Nuevamente, es el contexto el que determinará de qué se está hablando al decir que no debemos juzgarnos unos a otros. Este contexto en particular está hablando sobre las comidas y los días festivos.

Algunos comían de todo y otros, débiles en la fe por falta de entendimiento, no comían carne porque decían que eso era perjudicial, Pablo dice que el que no comía carne no debería despreciar al que si come y el que come carne no debería “juzgar” (y, consecuentemente, separar o menospreciar) al que no come. Asimismo, había quienes celebraban ciertos días festivos para Dios y quienes preferían no celebrar los días festivos (tal como también sucede hoy en día). Pablo señala que lo importante no es la comida ni los días festivos en sí, sino el corazón con que se hacen las cosas y si lo que se hace se está haciendo para Dios, no debería haber discusiones entre los creyentes sobre estos temas al punto de generar divisiones.

Es correcto que hablemos sobre las comidas y días festivos y tratemos de entender la verdad de Dios sobre todas estas cosas, pero no es correcto que estos temas causen división en la congregación o que causen tropiezo en otros creyentes. No está bien que yo vaya y le diga a alguien que tiene un árbol de navidad en su casa que va a ser condenado por Dios por tener ese árbol. Si la persona tiene un corazón para Dios y toma al árbol como un mero elemento decorativo no hay ningún problema, lo importante es que el árbol no se convierta en objeto de idolatría o superstición.

En la carta a los colosenses Pablo se refiere a esto mismo:

Colosenses 2:14-17 (RVA)
|14| El anuló el acta que había contra nosotros, que por sus decretos nos era contraria, y la ha quitado de en medio al clavarla en su cruz.
|15| También despojó a los principados y autoridades, y los exhibió como espectáculo público, habiendo triunfado sobre ellos en la cruz.
|16| Por tanto, nadie os juzgue en asuntos de comida o de bebida, o respecto a días de fiesta, lunas nuevas o sábados.
|17| Todo ello es sólo una sombra de lo porvenir, pero la realidad pertenece a Cristo.

Las festividades que Dios ordenó a Moisés que debía festejar eran “sombras” de lo porvenir. Cristo anuló el “acta” que había contra nosotros (que decía algo así como “este es pecador y merece morir”) y triunfó sobre los principados y autoridades espirituales (el Diablo y sus huestes). Por esta causa fuimos liberados de la obligación de seguir ritos festivos y comidas especiales, y por eso Pablo dice que en estas cosas “nadie os juzgue”. En otras palabras, en lo que refiere a comidas y días festivos no debemos hacer juicio unos sobre otros.

Pero en cuanto a las conductas impropias y las falsas doctrinas, la Biblia deja bien en claro que es necesario juzgar. No sólo “podemos” juzgar, sino que es un deber de un creyente maduro emitir juicio en la congregación para poder mantener una sana doctrina y práctica dentro de la misma.

1 Corintios 6:1-8 (RVA)
|1| ¿Cómo se atreve alguno de vosotros, teniendo un asunto contra otro, a ir a juicio delante de los injustos y no, más bien, delante de los santos?
|2| ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar pleitos tan pequeños?
|3| ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¡Cuánto más las cosas de esta vida!
|4| Por tanto, en caso de haber pleitos con respecto a las cosas de esta vida, a los que para la iglesia son de poca estima, ¿a éstos ponéis para juzgar?
|5| Para avergonzaros lo digo. Pues, ¿qué? ¿No hay entre vosotros ni un solo sabio que pueda juzgar entre sus hermanos?
|6| Pero hermano va a juicio contra hermano, ¡y esto ante los incrédulos!
|7| Sin lugar a duda, ya es un fracaso total para vosotros el que tengáis pleitos entre vosotros. ¿Por qué no sufrir más bien la injusticia? ¿Por qué no ser más bien defraudados?
|8| Sin embargo, vosotros hacéis injusticia y defraudáis, ¡y esto a los hermanos!

Noten que Pablo reprende la conducta de los corintios porque ellos estaban acudiendo a gente no cristiana para juzgar entre los pleitos que ellos tenían. En lugar de poner a consideración sus asuntos ante creyentes maduros con conocimiento de las Escrituras y con una relación espiritual con Dios, iban a pedir consejo y determinación a personas del mundo, que no se manejaban con los estándares de Dios. Pablo dice que ya era un fracaso total que tuvieran pleitos entre ellos, ¡pero peor aún era que los resolvieran con el juicio de incrédulos! Estaban haciendo injusticia y defraudando a los hermanos de la congregación.

Claramente, esta iglesia estaba fallando en juzgar. En lugar de tomar la responsabilidad de resolver los conflictos en base a las Escrituras, con el amor y sabiduría de Dios, preferían dejar el juicio a los incrédulos, esta es la falla que Pablo señala aquí. Sin duda, una congregación que no puede emitir un juicio justo y sabio sobre los conflictos entre creyentes está fallando.

A Timoteo Pablo le dijo lo siguiente:

2 Timoteo 2:16-19, 22-26 (RVA)
|16| Pero evita las profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad.
|17| Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena. Entre ellos se cuentan Himeneo y Fileto,
|18| quienes se extraviaron con respecto a la verdad, sosteniendo que la resurrección ya ha ocurrido, y trastornaron la fe de algunos.
|19| A pesar de todo, el sólido fundamento de Dios queda firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos y “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor.”
...
|22| Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor.
|23| Pero evita las discusiones necias e ignorantes, sabiendo que engendran contiendas.
|24| Pues el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar y sufrido;
|25| corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen, por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para comprender la verdad,
|26| y se escapen de la trampa del diablo, quien los tiene cautivos a su voluntad.

¿Cómo se puede corregir a los que se oponen si primero no se les “juzga” y se señala su error doctrinal? Como podemos ver, el juicio, el discernimiento, la evaluación de situaciones, la toma de decisiones, siempre está presente en una congregación sana. ¿Debe un líder cristiano juzgar a su congregación? ¡Por supuesto que debe hacerlo! ¿Cómo debe hacerlo? Aquí Pablo lo dice: “corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen”. No es correcto estar todo el tiempo criticando y hablando mal de los demás, pero tampoco es correcto callarse y no hacer nada cuando alguien presenta una doctrina errónea. El punto de equilibrio es la corrección con mansedumbre. Aunque si se presenta una conducta en extremo nociva (como el caso de inmoralidad) o hay personas que insisten en fomentar doctrina errónea (como Himeneo y Fileto), suele ser necesario tener que tomar la decisión de expulsar de la congregación a esa persona, al menos durante el tiempo que persistan en actuar de modo que causen tropiezo y división.

Nuestro máximo ejemplo de conducta es el Señor Jesucristo y él dijo:

Juan 5:30 (RVA)
Yo no puedo hacer nada de mí mismo. Como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco la voluntad mía, sino la voluntad del que me envió.

Nuestro foco no debe estar puesto en hacer nuestra propia voluntad, sino la voluntad de Dios. En la medida que vamos dejando de lado el juicio que proviene de nuestra voluntad carnal y damos lugar al juicio que es conforme a la voluntad de Dios, nuestras acciones se tornarán más justas y rectas. Jesús actuó con justicia porque hacía lo que “oía” de Dios. Por esta causa, si queremos actuar de modo justo y recto en nuestras vidas, debemos actuar primeramente con base a las Escrituras, y también desarrollar una relación espiritual con Dios por medio de la cual podamos “oír” de Él cuando necesitemos juzgar una situación y que así nuestro juicio sea justo.

NOTA: La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA




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