“Dime con quién andas y te diré quién eres”

En Honor a Su verdad
¿Nuestra compañía determina realmente cómo somos?
Esta es una de esas frases muy repetida y citada de la sabiduría popular. En este breve artículo, quiero que veamos, si esta declaración es o no válida a la luz de las Escrituras.


Jeremías 15:17 (RV-1960)
No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.

Salmos 1:1 (RV-1960)
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;

Leyendo estos dos versículos, parecería que lo correcto a hacer es no andar con malas compañías. Jeremías dijo no “sentarse” en compañías de burladores. David llama “bienaventurado” al que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se sentó en silla de escarnecedores.

Sin embargo, el texto en sí no nos está diciendo que una persona pueda ser evaluada tan sólo por la compañía que tiene. En estos versículos la palabra “sentarse” tiene un sentido figurado que implica “quedarse” en un lugar determinado. Cuando Jeremías dice no haberse “sentado” en compañía de burladores, lo que quiere decir, por medio de esta figura, es que él no se quedó allí con los burladores participando de sus burlas e injurias. Del mismo modo, cuando David llama “bienaventurados” a los que no se sentaron en silla de escarnecedores, está hablando de gente que no participó de ese tipo de actividades.

Veamos con detalle estas bienaventuranzas de David, que son tres:

1) El que no ANDUVO en CONSEJO de MALOS.
2) El que no ESTUVO en CAMINO de PECADORES.
3) El que no se SENTÓ en SILLA de ESCARNECEDORES.

Esta es una forma muy poética y elaborada de escribir. Para cada punto usa un verbo (anduvo, estuvo, sentó); un sustantivo sobre el cual se realiza la acción (consejo, camino, silla) y los sujetos que están involucrados en esa acción (malos, pecadores, escarnecedores). Es un hermoso salmo que pone de énfasis cómo bendice Dios a la persona que no participa de estas cosas.

Andar en consejo de malos significa que uno recibió un consejo de una persona con malas intenciones, que no hace la voluntad de Dios, y poner en práctica ese consejo. Piensen en la cantidad de “consejos” que recibimos de gente que no respeta a Dios y cuántas veces hemos caído en ello por pensar que eran buenos consejos. Por lo general estos consejos parecen ser “sabios”, por lo general son consejos con los cuales obtenemos un beneficio rápido y con poco esfuerzo, pero para los cuales debemos ir contra la voluntad de Dios para ponerlos en práctica.

Estar en camino de pecadores nos comunica algo distinto. Aquí no se habla de “andar” en ese camino, sino de “estar”, esta palabra “estar” transmite el sentido de quedares en ese lugar. Sucede que en nuestras vidas a veces nos desviamos del camino y cometemos pecado, esto es algo común en todo ser humano, pero se vuelve algo realmente malo cuando nos “quedamos” en ese camino, cuando no intentamos hacer el cambio, cuando no nos arrepentimos y nos quedamos en la senda del pecado.

En tercer lugar, “sentarse” en silla de escarnecedores, nos presenta la figura que ya mencioné. Implica participar de las actividades de estas personas. El escarnecedor es el que se burla de los demás, son esas personas que se divierten o entretienen haciendo mal a los demás. Sucede con frecuencia que dentro de un grupo de escarnecedores, hay quienes activamente idean y llevan a cabo las burlas o maldades hacia otras personas, pero también hay otros que simplemente están allí para divertirse con lo que hacen los otros. Estos son los que se “sientan” con los escarnecedores. Lo que nos está diciendo acá la Escritura es que no sólo no debemos burlarnos y hacer maldades a los demás, sino que es malo aún juntarnos con quien lo hace, divertirnos del mal que se le hace a otro no es algo que agrade a Dios y no seremos “bienaventurados” si participamos de estas cosas.

Ahora bien, volviendo al tema de este artículo ¿se podría evaluar a una persona en base a la gente con la que se junta? Por lo que hemos leído parecería que sí, pero (¡siempre hay un pero!), no podemos basar nuestras ideas sólo en un par de versículos, deberíamos recopilar más información de la Biblia para poder hacer una afirmación más segura.

Y así llegamos a estos versículos:

Mateo 9:10-13 (RV-1960)
(10) Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
(11) Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
(12) Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
(13) Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.

Estos versículos nos muestran a Jesús recibiendo a gente “pecadora” a comer con él. Hay que entender que en estos contextos la palabra “pecadores” se refiere no a una persona que comete un pecado de vez en cuando, sino que así llamaban a aquellos que se consideraba que tenían una vida de pecado, que no eran religiosos y no ajustaban sus vidas a los mandamientos de Dios. Los fariseos (líderes religiosos de aquella época) no estaban para nada de acuerdo en que Jesús comiera con esta gente pecadora, pero Jesús dijo que él había venido a llamar a los pecadores al arrepentimiento.

Si una juzgara a Jesús en base a “con quien andaba”, puede que al ver esta escena considerar que Jesús era un pecador. Vamos a ver que esta filosofía humana de “dime con quién andas y te diré quién eres” fue también usada por los fariseos de los tiempos de Jesús:

Mateo 11:18-19 (RV-1960)
(18) Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene.
(19) Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.

Lucas 15:1-2 (RV-1960)
(1) Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
(2) y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.

¿Lo ven? Estos fariseos murmuraban, ellos estaban juzgando a Jesús en base a su compañía, pero no lo estaban juzgando con justicia, porque si bien Jesús estaba rodeado de gente pecadora, él no estaba PARTICIPANDO de los pecados de los demás, sino que les estaba predicando el evangelio e instándoles al arrepentimiento. Así que no es la compañía la que determina “quien eres”.

Fíjense el ejemplo de Pablo:

1 Corintios 9:19-23 (RV-1960)
(19) Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número.
(20) Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley;
(21) a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley.
(22) Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos.
(23) Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él.

Aquí tenemos un caso similar al de Jesús. Pablo intentó “hacerse” de distintas “personalidades” para poder ganar al mayor número de personas posible para Cristo. Si aplicáramos la filosofía del “dime con quién andas…”, entonces, cuando Pablo andaba con los judíos, él “era” un judío, y si andaba con los sin ley, él “era” un sin ley, y si andaba con los débiles, él “era” un débil. ¡Pero no es así! Pablo era un hombre de Dios, fuerte en Dios y que seguía la ley de Dios, pero fue adaptando su conducta para poder dar a conocer el evangelio de un modo efectivo. Pablo adaptó su conducta, pero jamás dice “me hice pecador para ganar a los pecadores” ¡No! Porque ahí sí habría quebrantado la voluntad de Dios. Sin embargo, siempre y cuando no participemos del pecado de los demás, es posible en circunstancias estar rodeados de pecadores o de gente que no representa lo que nosotros somos, pero lo hacemos con la intención de ganarlos para Cristo.

Por supuesto, hay que entender todo esto dentro de los límites sanos de la Palabra y dentro de un marco de prudencia e inteligencia. Hoy en día no es raro oír que algún predicador dice ir a clubes y antros nocturnos, en donde se juntan “pecadores” de todo tipo y donde hay fiestas sexuales y descontrol y dicen ir ahí con el fin de “predicar” el evangelio. Esto, por supuesto, está totalmente fuera de los límites sanos establecidos en las Escrituras. La excusa es que “Jesús predicó a pecadores y prostitutas”. Sin embargo, nosotros no leemos que Jesús haya ido a los antros de su época a buscar a los pecadores, sino que éstos venían al lugar donde Jesús estaba predicando y Jesús luego los recibía para comer con ellos, lo cual es muy diferente. No hay que ser ingenuos, el que está en un club nocturno participando de una fiesta descontrolada no fue allí a que le prediquen a Cristo y meterse en un lugar así para “predicar” es como si un cordero se metiera en la cueva de los lobos para convencerlos de hacerse vegetarianos, lo más probable es que nada bueno salga de todo eso.

En definitiva, lo que hay que tener en cuenta es que la compañía circunstancial no determina quién o cómo es una persona, a veces buenas personas dejan que otras no tan buenas se acerquen a ellos con el fin de ayudarlos, y otras veces también las buenas personas son arrastradas por los malos en sus pecados, no siempre tener una mala compañía implica ser una persona mala en esencia.

Y entonces la pregunta es ¿hay algún factor con el que podamos determinar “quién es” una persona? ¡Sí! Jesús lo dijo muy claro:

Mateo 7:16-21 (RV-1960)
(16) Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
(17) Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
(18) No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
(19) Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.
(20) Así que, por sus frutos los conoceréis.
(21) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

No es “con quién anda” una persona lo que nos va a indicar qué clase de persona es, sino que son sus FRUTOS lo que nos va a evidenciar el corazón de esa persona. Si queremos saber “quién es” alguien, si queremos saber qué hay en su corazón, debemos prestar atención a sus FRUTOS. Fíjense que Jesús dijo que no todos los que le digan “Señor, Señor” iban a entrar en el reino de los cielos. Esto debería ponernos en alerta, nos está diciendo que hay muchos que con los labios dicen “Señor” a Jesús, pero que en su corazón no le aceptaron sinceramente como tal. Así que no podemos evaluar a una persona ni siquiera por sus palabras, no podemos confiar siquiera en aquellos que se la pasan diciendo que Jesús es su Señor. Entonces ¿cuáles son los frutos que debemos buscar para poder saber cómo es una persona?

Gálatas 5:22-23 (RV-1960)
(22) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
(23) mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Este es el fruto de un andar espiritual, es el resultado de andar conforme a la voluntad de Dios, conforme a la guía del Señor. Si una persona camina fielmente en la voluntad de Dios, con el tiempo irá creciendo en estas características, no en una sola, sino en todas en conjunto (por eso dice “FRUTO” y no “FRUTOS”. Estos frutos se evidencian en todo tiempo, pero especialmente en momentos difíciles.

¿Cómo reacciona la persona cuando se presenta alguien que le estorba y molesta? ¿Se irrita fácilmente? ¿Es de levantar la voz con facilidad, de comportarse agresivamente? ¿Se pone nerviosa rápidamente cuando las cosas no salen como las esperaba o es realmente paciente ante las situaciones de angustia? ¿Habla mal de otros a sus espaldas? ¿Se comporta de modo vengativo? ¿Hace daño a otros sin causa alguna? ¿Actúa egoístamente y hace cosas para el propio beneficio sin pensar en los demás? ¿Ejerce dominio propio sobre su vida? ¿Se mantiene firme en Dios en medio de circunstancias adversas?

Todas éstas y otras preguntas son las que nos pueden ayudar a conocer cómo es realmente una persona, qué tan espiritual, creyente y confiable es la otra persona. La compañía puede variar circunstancialmente y no siempre es un indicativo adecuado de qué clase de persona se es, pero el fruto espiritual no se puede falsificar, ningún árbol de manzanas puede dar naranjas. Quizá alguien podría intentar pintar las manzanas de naranja para engañar a un desprevenido, pero con una observación más de cerca, o con un poco de tiempo, el fraude sale a luz. De todos modos, siempre hay que tomarse tiempo para evaluar a otra persona, no podemos conocer el corazón de alguien en la primera vez que lo vemos, a menos que Dios nos dé una revelación específica, como lo hizo algunas veces con Jesús, que conocía las intenciones y corazón de los fariseos que venían a hablarle para tentarlo y hacerle caer.

En definitiva, no deberíamos juzgar a una persona en base a con quién anda, aunque también hay que tener en cuenta que no es conveniente rodearnos de malas personas que puedan corromper nuestro andar:

1 Corintios 15:33-34 (RVA)
(33) No os dejéis engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.”
(34) Volved a la sobriedad, como es justo, y no pequéis más, porque algunos tienen ignorancia de Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.

Aquél que anda mucho tiempo con gente mala, cuyos pensamientos y conversaciones están de continuo contra la voluntad de Dios, al final termina corrompiéndose y siendo afectado por esas personas. Una cosa es estar con gente “pecadora” o del mundo por necesidad (como cuando se tiene una familia que no es creyente, o compañeros de trabajo hostiles), otra cosa dejar que se acerquen a nosotros gente “pecadora” o del mundo con el fin de hablarles la Palabra y una muy diferente es nosotros pasar tiempo con gente maligna a la que, lejos de poder cambiarlas para bien, nos terminan corrompiendo o afectando negativamente al punto que terminamos por participar de sus pecados, sus burlas y sus perversidades.

La diferencia a veces puede ser muy sutil, así que hay que ser prudentes, inteligentes, mantenernos asidos de Cristo, la Cabeza del Cuerpo y orar constantemente a Dios por sabiduría en cada paso que damos y cada decisión que tomamos, y si mantenemos la santidad en nuestro proceder, seremos, como dijo David, “bienaventurados”.

NOTA: La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA




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