Fe y positivismo ¿cuál es la diferencia?

En Honor a Su verdad
Mas el justo desde fe viviráEn esta ocasión me gustaría reflexionar un poco sobre estos dos términos que aparecen como sinónimos en la mente de muchas personas y, especialmente, en su aplicación práctica. La pregunta es ¿realmente son sinónimos? Y si no lo son ¿qué diferencia hay entre fe y positivismo? ¿Cuál es la diferencia entre una persona que anda en la fe y otra que vive con pensamientos positivos?

Pero antes de comenzar con el análisis de estos dos términos, déjenme remarcar lo importante que es conocer la diferencia:

Romanos 1:16-17 (RV-1960)
(16) Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.
(17) Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.

Una traducción de estos dos versículos más apropiada, conforme al texto griego, sería así:

Romanos 1:16-17 (Mi traducción)
(16) Porque NO estoy-avergonzado de la buena-noticia, porque es poder de DIOS para salvación de todo el que está-creyendo, del judío primero y también del griego;
(17) porque en ésta está-siendo-revelada una justicia de DIOS desde fe hacia fe, como ha-sido-escrito: "Mas el justo desde fe vivirá".

El apóstol Pablo nos dice aquí (por revelación de Dios) que en el evangelio (o buena noticia) de Dios, se revela una justicia de Dios que se produce “desde fe hacia fe”, esto significa que es un ciclo de crecimiento en la fe y luego recuerda las palabras del libro de Habacuc “Mas el justo desde fe vivirá”.

Ahora bien, si nuestra vida espiritual y nuestro crecimiento espiritual depende de nuestra FE ¿Cuán importante será conocer la definición correcta de “fe”? ¿Cómo podríamos siquiera afrontar una vida con Dios de un modo correcto si no sabemos siquiera qué es la fe? Por esta causa dediqué todo un libro al análisis de la fe, el libro se titula “FE: Convicción en acción”.

Pero en esta ocasión, no es mi intensión hacer un análisis extenso acerca de la fe, sino comparar la noción de “fe” con lo que se llama comúnmente “positivismo” o “pensamiento positivo”, o también “confesión positiva”.

Hoy en día muchas personas creen, erróneamente, que “tener fe” es lo mismo que “pensar positivo” y se promulga en muchos lugares, incluso en instituciones cristianas, una doctrina que impulsa a todo el tiempo pensar en positivo y “confesar” o “declarar” cosas positivas. Algunos llegan al punto de enseñar que no debemos pensar, confesar ni declarar nada negativo en nuestras vidas, porque si lo hacemos, sucederá. Más aún, hay quienes han enseñado y aún enseñan que el miedo es “fe a la inversa” y que la duda y el temor producen resultados adversos (y esto lo suelen sustentar con una mala interpretación del texto en Job 3:25).

¿Es la fe lo mismo que pensar en positivo?


Lo primero que hay que saber es que la palabra traducida como “fe” en nuestras biblias al español es en griego pistis, esta palabra griega significa primariamente “confianza, seguridad, creencia”. En la Biblia implica confiar en Dios y así actuar conforme a Su Voluntad. “Tener fe”, bíblicamente hablando, es creer en las promesas de Dios y actuar conforme a éstas, por ejemplo, si Dios dice en la Biblia que la santidad me será de provecho, yo le creo y busco santificar mi vida. Si Dios me dice que cuando esté afligido debo orarle y Él me dará paz (Filipenses 4:6-7), entonces, cuando esté afligido, voy a orarle.

Tener fe consiste en recibir una información de parte de Dios y actuar en base a eso, si no tengo información, no puedo tener fe. Por ejemplo, Santiago nos dice que, si alguno está enfermo, que llame a los ancianos de la iglesia (los creyentes espiritualmente maduros) y oren por él (Santiago 5:14), esta es la información que la Biblia me da para creer. Si yo estoy enfermo y llamo a los ancianos para que oren, puedo decir que estoy teniendo FE en esa información que recibí.

Ahora bien, supongamos que yo estoy enfermo y viene uno de estos modernos “predicadores” del positivismo y me dice cosas como: “tienes que tener fe y Dios te sanará”, “confiesa la sanidad y serás sano”, “no confieses la enfermedad o te irá peor”, “declara sanidad”, “piensa que ya eres sano y sanarás”, “no digas que estás enfermo”, “no declares que te sientes mal”, “di que estás bien y sonríe”, o cualquier otra de tantas frases que suelen usarse para inducirnos a pensar positivo. ¿Son bíblicas este tipo de palabras? Pues les tengo una noticia ¡la Biblia no dice nada sobre “pensar positivo” para que sucedan las cosas! ¡No! Tener fe es creer en una información dada por Dios, si en algún momento Dios me dice “haz esto y sanarás”, entonces puedo tener la certeza de que si actúo conforme a la guía de Dios sanaré, pero si Dios no me ha dado ninguna instrucción particular, lo único que tengo para creer es lo que está escrito, y Dios jamás garantiza la sanidad de nadie y no garantiza resultados para quien sólo “piensa en positivo”. El poder de Dios se despliega por medio de la fe, pero tener fe y pensar positivo son dos cosas distintas, tener fe, como dije antes, es actuar conforme a una información que se ha recibido de parte de Dios.

¿Es el positivismo un medio de alcanzar el favor de Dios?


Hay ocasiones en que Dios dijo “NO” y ningún pensamiento ni acción positiva pudieron cambiar Su determinación. En Números 14 tenemos el relato de Dios mandando a los israelitas a reconocer la tierra de Canaán, luego de salir de Egipto, con el fin de luego ir a pelear y tomar esa tierra. Dios les había prometido esa tierra, pero la mayoría del pueblo tuvo miedo porque vieron una ciudad muy fortificada, y en lugar de creer en la promesa de Dios, hablaron contra Dios y contra Moisés y quisieron incluso matar a los dos hombres que se pararon firmes por Dios: Josué y Caleb. A causa de este acto de incredulidad Dios prometió que ninguno de los adultos entraría en la tierra prometida, sino que lo harían sus hijos, 40 años después. Moisés tuvo que hablar estas palabras de Dios al pueblo, y esta fue la reacción:

Números 14:39-45 (RVA)
(39) Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se afligió mucho.
(40) Después se levantaron muy de mañana para subir a la cumbre del monte, diciendo: —Henos aquí, vamos a subir al lugar del cual ha hablado Jehovah, porque hemos pecado.
(41) Pero Moisés dijo: —¿Por qué traspasáis el mandato de Jehovah? Esto no os saldrá bien.
(42) No subáis, porque Jehovah no está entre vosotros. No seáis derrotados delante de vuestros enemigos.
(43) Pues los amalequitas y los cananeos están allí ante vosotros, y caeréis a espada. Porque habéis dejado de seguir a Jehovah, por eso Jehovah no estará con vosotros.
(44) Sin embargo, se atrevieron a subir a la cumbre del monte, aunque ni el arca del pacto de Jehovah ni Moisés se movieron de en medio del campamento.
(45) Entonces descendieron los amalequitas y los cananeos que habitaban en aquella región montañosa, y los hirieron y los destrozaron hasta llegar a Horma.

Dios ya había dicho que NO iban a entrar en la tierra prometida, pero estos hombres intentaron “arrebatar” la bendición de Dios. ¿Tuvieron una mentalidad positiva? ¡Sin duda! ¡Iban totalmente confiados en que Dios les daría la victoria! ¡Hasta reconocieron que habían pecado! Pero ¿qué les dijo Moisés de parte de Dios? Que no vayan, porque iban a morir. En este caso ni el positivismo ni el arrepentimiento les sirvió para librarse de la muerte, porque ellos desobedecieron a Dios. Creo que con este ejemplo debería quedar claro que tener FE y pensar en positivo son dos cosas totalmente distintas. Pero veamos otro pasaje de la Escritura:

Jeremías 6:12-14 (RVA)
(12) Sus casas serán traspasadas a otros; asimismo, sus campos y sus mujeres, dice Jehovah. Porque extenderé mi mano contra los habitantes del país,
(13) pues desde el menor hasta el mayor de ellos, cada uno persigue las ganancias deshonestas. Desde el profeta hasta el sacerdote, todos obran con engaño
(14) y curan con superficialidad el quebranto de mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz.’ ¡Pero no hay paz!

Los sacerdotes pregonaban la paz “paz, paz” decían ellos, pero Dios dice “no hay paz”. ¿No ven esto similar a aquellos predicadores modernos que predican la “prosperidad”, “paz”, “positivismo”, “todo está bien”? Lo cierto es que no es el pensamiento positivo el que trae el favor de Dios, sino el obedecer Sus mandamientos, y desarrollar un andar conforme a Su voluntad.

No se trata de andar “declarando” cosas positivas, sino de vivir conforme al deseo de Dios.

Déjenme explicar algo: lo que quiero dar a entender no es que pensar en positivo esté mal. Por supuesto que una actitud optimista es buena para una persona, de hecho, cuando se analiza desde el lado científico, el optimismo, la alegría y la risa han probado traer múltiples beneficios físicos y psíquicos. Sin embargo, cualquier cosa que hagamos humanamente sólo puede traer resultados en el plano humano, pero para conectar con el poder de Dios, debemos hacer lo que Él pide. El positivismo es bueno, pero no nos conecta con el poder de Dios, lo que nos conecta con el poder de Dios es la fe, la oración y la obediencia a Él.

Y voy a mostrarles el caso contrario, un par de ejemplos en que alguien tuvo miedo y pensamientos negativos y aun así recibió la ayuda de Dios:

Lucas 1:8-20 (RVA)
(8) Aconteció que, cuando Zacarías ejercía el sacerdocio delante de Dios, en el turno de su clase,
(9) conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó por sorteo entrar en el templo del Señor para quemar el incienso.
(10) Toda la multitud del pueblo estaba fuera, orando a la hora del incienso.
(11) Entonces el ángel del Señor se le apareció, puesto de pie a la derecha del altar del incienso.
(12) Zacarías se turbó cuando le vio, y el temor se apoderó de él.
(13) Pero el ángel le dijo: —¡No temas, Zacarías! Porque tu oración ha sido atendida. Tu esposa Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan.
(14) Tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento,
(15) porque él será grande delante del Señor. Nunca beberá vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.
(16) Y hará que muchos de los hijos de Israel vuelvan al Señor su Dios.
(17) El mismo irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y los desobedientes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo apercibido.
(18) Y Zacarías dijo al ángel: —¿Cómo podré estar seguro de esto? Pues yo soy viejo, y mi esposa es de edad avanzada.
(19) Respondió el ángel y le dijo: —Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte estas buenas nuevas.
(20) He aquí, quedarás mudo e incapaz de hablar hasta el día en que se realice esto, por cuanto no has creído a mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo.

Aquí un ángel se acerca a Zacarías para anunciarle que SU ORACIÓN había sido respondida. No se nos relata cómo era específicamente la oración de Zacarías, pero seguramente no estaba pidiendo un coche nuevo. ¡Estaba pidiendo un hijo! Pero, pensemos un poco ¿estaba él pidiendo tener un hijo de la talla de Juan el bautista o sólo pediría tener un hijo? Podría asegurar que Zacarías sólo pensaba en poder tener un hijo, ¡lo demás vino de regalo! Dios sin duda le dio a Zacarías mucho más de lo que él pidió e incluso le mandó un ángel para anunciárselo. Ahora bien ¿cuál fue la primera respuesta de Zacarías? ¡La duda! Zacarías dudaba de poder tener un hijo porque él ya era viejo y también su esposa. Pero ¿no estaba pidiendo por un hijo? Evidentemente, Zacarías deseaba ese hijo, pedía por ese hijo, pero no tenía mucho “optimismo” con respecto a su petición. ¡Un ángel se lo estaba anunciando y él aun así dudaba! ¿Y qué hizo luego Dios? ¿Le dijo: “si vas a pensar en negativo no te voy a dar nada”? ¡No! La promesa ya estaba hecha, sólo que, como SEÑAL, dejó a Zacarías mudo hasta el nacimiento del niño. La mudez no fue un castigo, sino una señal, una evidencia que Dios le dio a Zacarías para que él creyera por completo en la promesa de Dios.

¿Pueden verlo? Zacarías no tenía un pensamiento positivo en cuanto a su situación, ya estaba viejo y con pocas esperanzas, pero él tenía un corazón para Dios y ORÓ. Y a su tiempo Dios le honró dándole uno de los más maravillosos hijos que podría tener cualquier padre. Juan fue clasificado por Jesús como “el más grande profeta”. ¡Y todo esto para un hombre que dudó de la palabra de un ángel!

Mateo 8:23-26 (RVA) (23) El entró en la barca, y sus discípulos le siguieron.
(24) Y de repente se levantó una tempestad tan grande en el mar que las olas cubrían la barca, pero él dormía.
(25) Y acercándose, le despertaron diciendo: —¡Señor, sálvanos, que perecemos!
(26) Y él les dijo: —¿Por qué estáis miedosos, hombres de poca fe? Entonces se levantó y reprendió a los vientos y al mar, y se hizo grande bonanza.

Vean lo que sucedió aquí: se levantó una gran tormenta y los discípulos tuvieron gran miedo, ellos dijeron a Jesús “sálvanos que perecemos”. ¿Cuál era su miedo? Morir. ¿Qué pasó después? ¿Murieron a causa de su miedo? ¿Les sucedió lo que temían? ¡No! Jesús los salvó calmando la tormenta. ¿Pensaban en positivo estos discípulos al momento de llamar a Jesús? No lo creo. Ellos no fueron a Jesús a decirle calmadamente: “Señor, hay una gran tormenta, pero no estamos preocupados porque sabemos que la vas a calmar”. Ellos fueron desesperados “¡Sálvanos que perecemos!” Y ¿qué les dijo Jesús? Yo me lo imagino diciendo: “Muchachos, no declaren cosas negativas porque vamos a terminar por hundirnos, piensen en positivo que la tormenta se va a calmar” ¡Pero no! Jesús calmó la tormenta él mismo y luego les dio la lección, diciéndoles “hombres de poca fe”.

¿Tenían miedo de morir y dudas los discípulos? ¡Claro que sí! ¿Murieron o fueron dañados? ¡No! ¿Y por qué no les pasó nada? Aquí está la clave: pidieron ayuda al Señor. Ellos sabían que si alguien podía hacer algo ese era Jesús. Ellos tenían miedo, pero, aun así, dijeron a Jesús “Sálvanos”. Si ellos hubiesen creído que Jesús era incapaz de salvarlos, no le habrían pedido que los “salve”. Aun en medio de la adversidad, la duda, el miedo y la confusión, ellos reconocieron que Jesús podía hacer algo ¡y el Señor los salvó!

¡Eso es la fe! La fe consiste en que, aunque nos veamos incapaces, débiles y estemos rodeados por el mal, la adversidad y la tormenta, llenos de dudas y de confusión, creamos y reconozcamos que el Señor puede salvarnos y puede ayudarnos.

Conclusión: declaremos la verdad, confiemos en Dios


Dios es el Dios de la verdad, la mentira no convive con Él. Así que, si tengo miedo, pero ando diciendo a Dios “no tengo miedo”, le estaré mintiendo. Si digo “todo va a estar bien”, pero en el fondo tengo un terror de muerte, no importa cuán positivo me presente, sólo me estaré engañando a mí mismo, porque Dios no puede ser engañado. Si estoy enfermo e intento actuar como si nada pasara, estaré actuando de forma mentirosa. Todas estas corrientes que hablan de declarar o hablar siempre lo positivo, no declarar cosas negativas, actuar como si ya hubiésemos recibido algo que aún no tenemos, no confesar la enfermedad, no hablar de las cosas malas que nos pasan, y todo ese tipo de enseñanza, lo que hacen muchas veces es impulsarnos a vivir una mentira, nos mentimos a nosotros mismos y a los demás, pero Dios conoce la realidad, a Él no vamos a engañarlo.

Así que la verdadera fe no consiste en negar que hay un problema, sino en reconocerlo, reconocer nuestros miedos y dudas, pero, aun así, confiar en que Dios, Su poder y Su amor son más grandes que nosotros y nuestros problemas.

Dicho todo esto, lo que también voy a decir es que cuando la verdadera fe es puesta en evidencia en nuestras vidas, nuestras actitudes, pensamientos y palabras ¡se vuelven positivas! Pero no porque estemos forzándonos a pensar en positivo, sino porque el positivismo y el optimismo fluye naturalmente de un corazón que está lleno de las promesas de Dios y que ha experimentado una vida en comunión con Dios. Todo se trata de poner el caballo delante del carro, cuando la fe va por delante, el positivismo surge naturalmente, pero no podemos crear fe a partir de un positivismo forzado.

Salmos 37:3-5 (RV-1960)
(3) Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
(4) Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
(5) Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.



NOTA: La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA



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1 comentario :

  1. Dios te bendiga Pablo y muchas gracias. Muy pero muy buen artículo.

    EDN

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