Los sentimientos y 12 legiones de ángeles

En Honor a Su verdad
¿Han notado qué fácil que es cometer un error o un pecado cuando nos sentimos mal? Con frecuencia el enojo, el dolor, el temor, la tristeza, la angustia, el cansancio, y otros sentimientos facilitan la labor al pecado que quiere entrar en nuestras vidas. Cuando nos sentimos bien y de buen ánimo, se nos hace más fácil ayudar a otros, soportar las debilidades de los demás, ser pacientes con una persona molesta, etc. Pero cuando no estamos en el mejor momento, esas mismas situaciones nos conducen más rápidamente al pecado. Enojarse no está mal, pero muchas veces el enojo lleva al pecado, por eso la Escritura nos dice “airaos pero no pequéis” (Efesios 4:26). Esto nos da una pauta de que, aunque los sentimientos en sí no son pecado, suelen facilitar el acceso al pecado y a las malas acciones o decisiones.

Alguien dijo una vez que “los sentimientos son buenos sirvientes, pero pésimos señores”. Si los sentimientos van de acuerdo a la voluntad de Dios ¡bienvenidos sean! Pero con frecuencia hallamos que lo que sentimos no va de la mano con aquello que sabemos que debemos hacer. Esto no es sólo con los sentimientos malos (tristeza, dolor, angustia, enojo, etc.) sino también con los buenos. Por ejemplo, un exceso de alegría puede llevarnos a descuidarnos en actividades importantes. Pero con frecuencia, son en los momentos “malos” en los que las personas tomamos nuestras peores decisiones o cometemos los peores pecados. ¡Qué fácil es resistir la tentación cuando nos “sentimos” muy bendecidos! Pero cuando llega un mal momento, un mal trago inesperado, una situación difícil o trágica, el pecado parece estar a la puerta, esperándonos para recibirnos con los brazos abiertos. ¡Qué difícil es hacer lo correcto cuando estamos cansados, agobiados, enojados, tristes, desesperanzados…!

Y pensando en esto, vino a mi mente un pasaje de la Escritura que quiero compartir:

Mateo 26:53-54 (RV-1960)
(53) ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?
(54) ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?

En el contexto, Jesús acababa de ser traicionado por Judas, vino mucha gente con espadas y palos a apresar a Jesús. Pedro sacó su espada e hirió al siervo del sumo sacerdote quitándole la oreja, Jesús dijo a Pedro que no peleara, porque esto era necesario que se haga para cumplir las Escrituras, pero, aquí viene lo que creo que es una declaración impactante a la que pocas veces le hemos dado atención, Jesús dijo que si él lo pidiera Dios le daría 12 legiones de ángeles para sacarlo de esa situación.

Sin duda Jesús no mintió, si él dijo que Dios tenía 12 legiones de ángeles para darle a su pedido, es porque los tenía. Es impresionante aún el número, una legión de soldados en la época de Jesús consistía de entre 4000 a 6000 soldados, quizá más. Suponiendo que una legión de ángeles tuviera un número similar, Jesús tendría a su disposición alrededor de 50.000 ángeles. Y aún si el número de una legión de ángeles fuera otro, de todos modos creo que 1 legión ya sería un gran número ¡pero Dios estaba dispuesto a mandarle 12 legiones!

Y pensando en esto me imaginaba esta situación: haz de cuenta que hay una enfermedad en el mundo y alguien descubrió que en tu sangre está la cura, pero hay un problema ¡las personas querrán sacarte la sangre a los golpes y morirás en el proceso! Tú morirás y los demás se salvarán. Supongamos que, además, la mayoría de las personas a salvar son enemigos, gente que te maldijo, te maltrató, te insultó, o gente que ni siquiera has conocido como para tenerle algún cariño. Tú tienes la decisión de entregarte o no. Ahora bien, supongamos que en el momento tomas la decisión de entregarte para salvar a los demás, pero te dan un pulsador con un botón rojo (¡siempre es un botón rojo!), en cualquier momento que aprietes ese botón, el proceso se cancelará, tú te salvarás y los demás morirán. Al principio es posible que tengas el deseo de entregarte, pero a medida que te están golpeando y maltratando, comienza el sentimiento de ira, te invade en cansancio, la tristeza, el dolor ¿cuánto resistirías sin apretar el botón rojo?

Eso es algo similar a lo que tuvo Jesús en el momento de ser torturado y sacrificado en la cruz, tenía un salvoconducto de Dios, él podía pedir 12 legiones de ángeles y al instante ser librado de toda la agonía, aunque la humanidad quedaría sin Salvador. Jesús tuvo el “botón rojo” en su mano todo el tiempo, hasta el último momento. Los soldados le golpeaban, el pueblo le injuriaba, sin duda eso causaría ira, quizá podría invadirle la tristeza por los discípulos que le abandonaron, por no haberse podido “realizar” en su vida, no haber podido tener esposa e hijos, morir estando en la “flor de la vida”. Llegaría un punto de gran cansancio físico y anímico también, luego de tres días de golpes, insultos y torturas. Estaría agotado, cansado, dolorido, triste, enojado, hambriento, sediento, abatido ¡pero no presionó el botón rojo! Sus sentimientos no le dominaron, nada de lo que estaba sintiendo lo desvió de hacer la voluntad de Dios y por eso hoy en Señor de Señores y nos ha dado salvación a todos.

Y así también nos dejó el ejemplo a seguir también en esto: que los sentimientos pueden (y deben) ser controlados. ¿Cómo lo hizo Jesús? Creo que hay un versículo que puede darnos una pista:

Hebreos 12:1-3 (RV-1960)
(1) Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
(2) puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
(3) Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

Jesús pudo gobernar sus sentimientos en la cruz porque tuvo un “gozo delante”. ¡El experimentó un sentimiento del futuro! En el presente él no tenía gozo, tenía dolor y angustia ¡estaba siendo torturado! Pero él creyó en la promesa de Dios, la creyó a tal punto que eso produjo en él un gozo capaz de llevarlo a soportar todo sin usar su salvoconducto de las 12 legiones de ángeles. Por eso es llamado el “autor y consumador de la fe”. No es que él fuera el “autor” en el sentido de crear la fe, sino que él fue el máximo ejemplo de fe, el primero en creer de principio a fin. Su perfecta fe le produjo gozo, no sobre los hechos presentes, sino sobre los hechos futuros, y ese gozo le permitió dominar sus sentimientos y hacer la voluntad de Dios en las peores circunstancias.

Es así que, si queremos aprender a dominar los sentimientos, es necesario que conozcamos las promesas de Dios, que creamos firmemente en su cumplimiento, que sepamos todo lo que Dios nos ha concedido y lo que hará por nosotros en la era futura y si lo creemos firmemente, viviremos el gozo de los eventos que aún no han sucedido, y esto nos permitirá poder gobernar esos malos sentimientos que con tanta facilidad nos conducen al pecado y el error.


NOTA:La información sobre las versiones de la Biblia citadas en este estudio y otros puede obtenerla en la página de REFERENCIAS DE LAS VERSIONES DE LA BIBLIA




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