¿Son los terremotos y otras catástrofes generados por Dios?

En Honor a Su verdad

En el libro “Don’t Blame God”, del ministerio “Spirit & Truth Fellowship” (disponible en www.stfonline.org) John Schoenheit, John Lynn y Mark Graeser hacen un excelente trabajo de exposición bíblica con respecto al problema del pecado, el sufrimiento y el mal que hay en el mundo.Yo, en este breve artículo, no puedo cubrir en detalle todo lo que ellos cubren en el libro, pero intentaré exponer resumidamente cuál es mi entendimiento con respecto a este asunto, utilizando a la Biblia como centro de referencia para responder a estos asuntos.



La Biblia declara que Dios es amor (1 Juan 4:8), por lo cual, Su naturaleza es amor. Sin embargo, cuando las catástrofes azotan a la humanidad, muchos erróneamente atribuyen estas catástrofes a Dios y luego se resienten contra Dios. Lógicamente, no pueden entender cómo puede ser Dios amor y “matar” masivamente a las personas. Algunos cristianos suelen declarar que las catástrofes geológicas como terremotos, maremotos, tsunamis, huracanes, erupciones volcánicas, etc., son parte del “juicio” de Dios sobre los “impíos.” Este es un intento de auto-consolarse y consolar a otros, pero la realidad los supera cuando se dan cuenta de que muchos de los afectados en estas catástrofes son gente de buen corazón y conducta y, en muchos casos, familias cristianas mueren o quedan totalmente abatidas por las pérdidas.



Juan 10:10 nos dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia.” Jesús vino para dar vida abundante a la humanidad, él mismo declaró hacer siempre la voluntad de Dios, Su Padre (Juan 5:30), por lo tanto, ni Jesús ni Dios vienen para “hurtar, matar y destruir” a la humanidad, quien hace esto es el Adversario, el Diablo, quien es homicida y mentiroso (Juan 8:44) y sus agentes espirituales (la “huestes espirituales de maldad” en Efesios 6:12). El Adversario de Dios es ese “ladrón” que viene a hurtar, matar y destruir, y toda obra de destrucción en su obra, ya sea directa o indirectamente.



Es cierto que Dios es un Dios justo, y en el pasado ha emitido su juicio sobre la impiedad a través de la muerte de los hombres perversos, como en el gran diluvio y el juicio sobre Sodoma y Gomorra, además, Dios ha declarado  que juzgará una vez más la impiedad de la humanidad, a través del fuego (2 Pedro 3:7). Sin embargo, aún en la destrucción de Sodoma y Gomorra Dios declaró a Abraham que si al menos habían diez justos en la ciudad, no las destruiría (Génesis 18:20-33). Pero, al no hallarse esa cantidad de “justos” allí, Dios emitió su juicio, pero salvó a la única familia justa: la de Lot. Esto nos demuestra que Dios tiene cuidado de cada uno de los Suyos, y jamás emitiría un juicio de destrucción en un lugar en donde se encuentre gente creyente y gente inocente.



La Biblia declara que la muerte entró por medio de Adán, cuando desobedeció (1 Corintios 15:21, 22). En el relato de creación de Génesis, todo lo que Dios hizo era “bueno” en gran manera. Dios no creó espinas en las rosas, no creó a los animales para que ataquen al hombre y coman otros animales (todos los animales eran vegetarianos en el momento de la creación, ver Génesis 1:29 y 30), Dios no creó enfermedades, Dios no creó a la Tierra para que “ataque” al hombre, el hombre estaba hecho para gobernar sobre la Tierra (Génesis 1:28).



Cuando el hombre desobedeció a Dios, de algún modo dio el permiso legal al Diablo de introducir toda clase de mal en el mundo. Dios le dijo a Adán: “…maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:17-19). Dios aquí dice claramente que por causa de Adán la tierra se volvió maldita, esto significa que ya no iba a ser en gran manera buena, sino que iba a tener toda clase de males. El Diablo obtuvo el “permiso” para introducir toda clase de males en la Tierra, tanto en el terreno geológico como en las células de animales, plantas y el hombre, toda la creación fue alterada. Este “permiso” se lo dio Adán y no Dios, ya que Dios había puesto la Tierra en manos de Adán.



A través de la obra de Cristo Dios podrá, en el futuro, redimir al hombre, dándole un nuevo cuerpo inmortal e incorruptible y de redimir a la creación, para que vuelva a ser en gran manera buena, como lo relatan los últimos capítulos del Apocalipsis.



Entonces, es el Adversario, el Diablo, quien es la fuente de destrucción. Sin embargo, no siempre actúa directamente en los desastres geológicos. Su “obra maestra” de destrucción fue hecha en la caída de Adán, y la Tierra, al estar “maldita,” muchas veces genera por sí sola estas catástrofes, y muchas veces es “ayudada” por el pecado y la inconducta de los seres humanos (como aquellos cambios climáticos generados por la excesiva contaminación, tala de árboles, extinción de especies, etc.).



Dios es un Dios de amor, pero Su amor demanda justicia. En Su justicia y sabiduría Él ha determinado reglas aún para Él mismo. Dios dio al hombre libre albedrío, y ha decidido limitar Su acción en el mundo a lo que el hombre le permite hacer, por eso, si bien es Su voluntad que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4), no todos los hombres llegan a ser salvos y conocer en profundidad Su verdad. Dios jamás fuerza Su voluntad, Él espera nuestro permiso para que actúe en nuestras vidas. Ante una inminente catástrofe Dios intentará advertir a sus hijos e hijas, para que se pongan a salvo y no sufran pérdida, pero si éstos están muy “ocupados” en sus propios asuntos y no prestan atención a Dios y no desarrollan una relación estrecha con Dios, probablemente no escuchen la advertencia de Dios y cuando venga la catástrofe no logren sobrevivir a ella. Lo que quiero que quede en claro es esto: la salvación proviene de Dios, pero no la catástrofe.



Muchos enseñan que Satanás debe “pedir permiso” a Dios para hacer el mal, esto se debe a una errónea interpretación del libro de Job. Pensemos lógicamente: Si Satanás debe pedirle permiso a Dios para hacer el mal, entonces no está actuando contra la voluntad de Dios sino a Su favor, entonces, no es un Adversario, sino el empleado que hace el “trabajo sucio,” y, consecuentemente, no debiera ser destruido sino recompensado. Además, si la muerte fuera causada por Dios, tampoco sería contraria a la voluntad de Dios, pero la Biblia dice que Satanás y la muerte serán destruidos (Ap. 20:10-15; 1 Cor. 15:26). Por lo tanto, la muerte no puede ser voluntad de Dios, y el Diablo no es amigo de Dios, esto sólo debiera bastar para entender que no es lógico que Satanás deba pedir permiso a Dios para hacer el mal.



Lo cierto es que en el Antiguo Testamento los creyentes tenían una vaga idea de lo que era el mundo espiritual, Dios había revelado muy poco al respecto, ya que ellos no tenían la capacidad de “renacer” de espíritu de Dios para andar con la autoridad de Cristo en el mundo. Los creyentes anteriores a la era de Cristo sabían que habían espíritus que hacían el mal, pero creían que Dios era quien los enviaba, la realidad de la guerra espiritual no fue abiertamente revelada por Dios y por eso hay algunos pasajes del Antiguo Testamento que parecen contradecir al Nuevo.



Los creyentes anteriores a Cristo no sabían mucho sobre la guerra espiritual (leer Efesios 6), sus batallas eran contra “sangre y carne.” Ellos combatían a personas malignas dándoles muerte, sin saber sobre los seres espirituales malignos que podían estar dentro de éstas. Dios jamás los envió a echar fuera un demonio, no hay pasajes, en el Antiguo Testamento, en el que algún creyente o profeta eche fuera un demonio. Fue Jesús quien comenzó a revelar la realidad de la batalla espiritual que había de fondo, él fue el primero en echar fuera demonios y espíritus inmundos, exponiendo la obra del Diablo y sus agentes (Mateo 8:16; Marcos 1:34; 16:9). En Lucas 11:14-18 Jesús explica que un reino dividido contra sí mismo no puede prevalecer, Dios no estaba combatiendo a Sus propios súbditos, Él estaba combatiendo al reino espiritual de maldad, por medio de Su Hijo Jesús. Además Juan 1:17 dice que la “gracia y la verdad” llegaron por medio de Jesucristo, esto es, Jesucristo fue quien reveló claramente la gracia de Dios y la realidad del amor de Dios y la maldad del Adversario.



Apocalipsis 12:10, hablando acerca del Diablo, dice que él acusa a los hijos de Dios día y noche (esto significa “constantemente”), de hecho, el nombre “Diablo” significa “Calumniador,” o “Acusador.” En el libro de Job, se presenta un relato en el que ciertos “hijos de Dios” se presentan ante Dios y entre ellos Satanás. La palabra “Satanás” significa “Adversario,” para un lector hebreo, este “Satanás” era tan sólo un hijo de Dios desobediente y no el “príncipe de la potestad del aire” (Efesios 2:2) o el “príncipe de este mundo” (Juan 12:31). En el relato de Job se nos muestra, en forma alegórica, cómo es que Satanás logró interferir en la vida de un creyente. El Diablo está constantemente buscando “faltas” en los hijos de Dios, para poder “acusarlos” delante de Dios y así lograr interferir en sus vidas, Dios no da el “permiso” porque esa sea su voluntad, sino que, en Su justicia, Él debe hacer cumplir Su Palabra de que “cada hombre cosecha lo que siembra” (Gálatas 6:7). No es el deseo de Dios que el hombre sufra, pero, así como el pecado de Adán dio al Diablo el derecho de introducir toda clase de mal en el mundo, nuestros pecados también le entregan la posibilidad de influir negativamente en nuestras vidas, aunque muchas veces, por medio de nuestras oraciones y las de otros creyentes, Dios extiende Su misericordia y no llegamos a recibir las consecuencias de nuestras acciones, pero esto no siempre sucede así.



El Diablo siempre tratará de cobrarse vidas inocentes en la guerra contra Dios, e intentará culpar a Dios por los desastres, para sembrar confusión y robar la esperanza de justicia en el hombre, y su deseo de acercarse a Dios.



Supongamos que un mecánico tiene un hijo al que ama inmensamente y éste, al querer cruzar una avenida, es atropellado por un conductor ebrio que pasó un semáforo en rojo a toda velocidad y muere. Todos los seres queridos estarían muy tristes y, el padre sería quien más dolido se encuentre. ¿Cómo se sentiría si la gente comenzara a señalarlo diciendo: “él lo mató.”



Él miraría extrañado a las personas, y les diría: “¡pero… si todos saben que fue un conductor ebrio el que lo atropelló!” Entonces alguien diría: “¡sí, pero tú eres el mecánico que reparó el auto!” Y el mecánico entonces contestaría: “¡pero yo no le arreglé el auto para que lo use irresponsablemente!” Supongamos que, entonces, la gente responde: “¡No! ¡Tú eres responsable de su muerte!”



Por supuesto, todo esto causaría al mecánico enojo, tristeza y dolor, por la ignorancia de las personas y por sus falsas acusaciones. ¿Cómo creen que se sienta Dios cuando las personas lo acusan de males que Él no comete? Él ama inconmensurablemente a Sus hijos y jamás organizaría alguna catástrofe con el fin de dañar a alguien que ha puesto su confianza en Él. Son el Diablo, sus demonios, y las personas incrédulas y llenas de maldad las responsables del mal que hay en el mundo. Dios creó los factores climáticos, pero no los hizo para que dañaran a las personas.



Algunos religiosos dirán: “Pero la Biblia dice que Dios ‘castiga’ al que ama” y que Dios genera las catástrofes para “aleccionar” al resto de la humanidad.



Me pregunto: Si alguno de ustedes tuviese cuatro hijos que no le hacen mucho caso ¿mataría a dos de ellos para que los otros dos se porten mejor? Esto sería visto como una total crueldad hasta por los padres más estrictos, sin embargo, muchos colocan a Dios en esta categoría. La Palabra declara no sólo que Dios nos ama, sino que Dios ES AMOR (1 Juan 4:18), Romanos 13:10 nos dice que “…el amor no hace mal al prójimo…” y 1 Corintios 13:4 nos dice que: “El amor es sufrido,  es benigno;  el amor no tiene envidia,  el amor no es jactancioso,  no se envanece; no hace nada indebido,  no busca lo suyo,  no se irrita,  no guarda rencor; no se goza de la injusticia,  mas se goza de la verdad.” Si Dios matara a un grupo de personas y bendijera a otro grupo de similar condición no sería benigno, ni justo. Es necesario comprender que Dios no es el causante de las catástrofes. Dios es un Padre amoroso que desea lo mejor para Sus hijos y para toda la humanidad.



Otros citan Romanos 9:14-16: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 
Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.”

 

Muchas veces se malinterpretan estos versículos, como si Dios fuera un Dios caprichoso que hace lo que se le antoja sin razón aparente. Sin embargo, tener compasión con una persona y ser cruel con otra que tiene un idéntico carácter no sería justo, y la Palabra muestra incontables veces que Dios es un Dios justo. El contexto en Romanos nos habla de la misericordia que alcanzaron los gentiles a causa de la desobediencia de los israelitas (comparar con Romanos 11:31-32).



Hoy en día, muchos cristianos creen que Dios hace siempre lo que quiere y que todo lo que sucede en el mundo es a causa de Su voluntad. Esto proviene de la doctrina propagada principalmente por Agustín de Hipona (San Agustín) y posteriormente por Calvino. Esto puede ser muy perjudicial, porque resta valor a la oración y pone al cristiano en una actitud “contemplativa” en vez de trabajar activa y diligentemente al servicio de Dios, contra las huestes espirituales de maldad.



Como consecuencia de la doctrina calvinista, muchos cristianos hoy en día creen que Dios hace siempre Su voluntad tanto en la Tierra como en el cielo y que todo lo que sucede es obra Suya. Si esto fuera así, como ya dije, el Diablo sería un amigo de Dios que lleva a cabo el “trabajo sucio”, pero la Biblia claramente lo llama “enemigo”, o “adversario.” Si Dios hiciera siempre lo que quisiera, Jesús no hubiese instruido a orar “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…”. Si Dios siempre hiciera Su voluntad, esta oración y muchas declaraciones de las Escrituras, serían totalmente absurdas. Como dije al principio, Dios espera nuestra oración, creencia y obediencia para actuar poderosamente en nuestras vidas y la de los que nos rodean.



La Biblia dice que Dios es un Padre amoroso (1 Juan 4:8; Juan 15:9; Efe. 2:4; Rom. 5:5; Rom 8:35-39; Gén. 18:24-32). Jesucristo, en su vida como hombre en la Tierra, fue la máxima expresión del amor de Dios: predicó, sanó, hizo misericordia de muchos, perdonó pecados (Juan 8:10-11), etc., jamás golpeó a un pecador, ni mató a nadie, ni mucho menos a quienes eran sus discípulos, y él declaró siempre hacer la voluntad de Dios (Juan 5:30; Juan 8:29; Hechos 10:38). Juan 3:17 dice que Dios no envió a Su hijo para condenar al mundo sino para que el mundo sea salvo por él. ¿Sería lógico, ante toda esta evidencia bíblica del amor de Dios, que ahora Dios envíe huracanes, tormentas, y otras cosas que maten y dañen a Sus propios HIJOS? Porque no sólo incrédulos se ven afectados por todo esto. Más aún, mucha gente se aleja de Dios por no hallar explicación a estos hechos, ¿creen que Dios haría algo para que las personas dejen de creerle, cuando Su voluntad es que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad? (2 Timoteo 2:4).



La Biblia muestra que Dios, en estos días, no está castigando a los impíos por su maldad, sino que es paciente para darles la oportunidad de que se arrepientan. Romanos 2:4-5 dice: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad,  paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,”



El versículo 5 dice claramente que por su dureza y corazón no arrepentido, el impío atesora ira para el DÍA DE LA IRA y de la revelación del justo juicio de Dios. ¿Cuándo es ese día?



Apocalipsis 6:17: “porque el gran día de su ira ha llegado;  ¿y quién podrá sostenerse en pie?



Este día todavía no ha llegado, ya que claramente 1 Tesalonicenses nos dice que nosotros seremos librados de esa ira: “…y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1Ts 1:10) y “Porque no nos ha puesto Dios para ira,  sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1Ts 5:9).



Por lo tanto, si Dios ahora no emite juicio sobre los impíos, sino que es paciente hasta el día de Su ira, las únicas opciones para explicar cómo se genera una catástrofe que destruye vidas de personas inocentes son: (1) por combinaciones de los factores climáticos que se efectúan a causa de las leyes naturales que rigen al planeta, que han sido alteradas por la maldad que el Diablo introdujo en el mundo; o (2) por directa acción espiritual maligna, ya sea Satanás o sus demonios.



Hay mucho más que se puede decir sobre el asunto, pero espero esto sea de utilidad para “enfocar” los pensamientos hacia el corazón de amor de Dios y no echarle la culpa a nuestro amoroso Padre celestial de todos los males que ocurren en el mundo.


  

¿Te bendijo este estudio?
¡Compártelo en las redes sociales! 

http://facebook.com/sharer.php?u=http://twitter.com/home?status=https://plus.google.com/share?url=

 

  

http://enhonorasuverdad.blogspot.com.ar/2013/12/mapa-del-blog_6354.html

5 comentarios :

  1. Buenos días Pablo, recién he descubierto tu blog y me parece muy loable tu esfuerzo en establecer y explicar la biblia usando la razón y la lógica. Para tu presente escrito querría preguntar por qué si Adán y Eva son los que dieron "permiso" al diablo para poder actuar en el hombre y en el mundo, esta culpa debemos padecerla todos sus descendientes. ¿No debería concernir única y exclusivamente a ellos? Yo no he dado permiso al demonio para que se inmiscuya en mis asuntos. Y por otro lado también pienso que si el Adán y Eva hubieran sabido la que se les avecinaba muy probablemente no hubieran dado este permiso.
    Muchas gracias por tu atención

    ResponderEliminar
  2. Buenos días Pablo, ¿por qué el error de Adán y Eva debe tener repercusión en todos sus descendientes? Muchas veces pienso que su falta debería tener repercusión única y exclusivamente en ellos mismo. Este "permiso" a satanás para que pueda influir en el hombre y en el mundo es un permiso que yo no he dado. ¿Por qué hemos de pagar los demás la caída de nuestros primeros padres?
    Muchas gracias por tu atención

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Julio, tus comentarios habían quedado traspapelados y recién ahora los veo. Es evidente que el cambio que el Adversario hizo en el mundo cambió directamente el ADN de Adán y Eva, así que todo lo que salió de ellos salió corrupto. Precisamente, como fue por un solo acto de desobediencia que todos recibimos las consecuencias del pecado, también por un acto de obediencia (el de Cristo) todos podemos recibir salvación. Hay un aspecto legal en todo esto para que el plan de Dios pueda ser cumplido. Quizá no podamos conocer en detalle todo aspecto de la justicia de Dios, porque la sabiduría de Dios sobrepasa nuestro entendimiento humano limitado, pero algo podemos aprender a través de las Escrituras, creo que te puede servir mucho para entender la justicia de Dios leer nuestra redacción de convicciones doctrinales, en www.conviccionesdoctrinales.blogspot.com.ar

      Eliminar