El tabernáculo y el templo: su diseño y significado

En Honor a Su verdad


Muchos pasajes de las Escrituras se entenderán con mayor claridad entendiendo qué era y cómo estaba construido el tabernáculo Israelita y cuál es el simbolismo que hay detrás de éste.

En principio, cabe notar que la palabra que frecuentemente se traduce como “tabernáculo” en el Antiguo Testamento, es la palabra hebrea ‘ohel, que es la misma palabra que se traduce muchas veces como “tienda,” con referencia al lugar en donde habitaba una persona o familia. Por lo tanto, al leer la palabra “tabernáculo” debe comprenderse como “casa” o “tienda.” En forma figurada, el tabernáculo sería la “casa” de Dios, en realidad, era una representación de la verdadera “casa” de Dios: el Universo, constituido por los cielos y la Tierra. Por eso, a este lugar también se lo llama “santuario”.

Comenzaremos leyendo el relato sobre las instrucciones que Dios dio a Moisés con respecto a la edificación del Tabernáculo.

Éxodo 25:1, 2, 8, 9
(1) Jehová habló a Moisés, diciendo:
(2) Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón,  tomaréis mi ofrenda.

(8) Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.
(9) Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.

Noten que aquí Dios dice a Moisés que debía hacer “conforme a todo lo que yo te muestre,” esto significa que Dios mismo le daría un “plano” de cómo debía ser el santuario y Moisés debía seguir el diseño hasta el más mínimo detalle

Éxodo 25: 10-17
(10) Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.
(11) Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.
(12) Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella,  y dos anillos al otro lado.
(13) Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro.
(14) Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.
(15) Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella.
(16) Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.
(17) Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos  y medio, y su anchura de codo y medio.

El propiciatorio sería como una especie de “tapa” que iba sobre el arca. En el arca estaría guardado el “testimonio” que Dios le iba a dar (las tablas de la ley).

Éxodo 25:18-22
(18) Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio.
(19) Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos.
(20) Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.
(21) Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.
(22) Y de allí me declararé a ti,  y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.

Aquí vemos que Dios hablaría a Moisés desde sobre el propiciatorio, en medio de los querubines. Este sería el lugar de la presencia de Dios. En Números 7:89 leemos que Moisés “…oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines…” En realidad, Dios jamás estuvo allí personalmente, porque Juan 1:18 nos dice que a Dios nadie le vio jamás, lo que hacía Dios era enviar ángel mensajero, que hablaba en primera persona, en representación de Él. Esto puede verse en pasajes como Génesis 16:7-13, en donde un ángel habla como si fuera Dios mismo.

De hecho, ni siquiera Moisés habló directamente con Dios, sino que recibió las leyes y mandamientos de Dios de parte de un ángel que habló en representación de Dios (Éxodo 3:2-6; Hch. 7:35, 38, 53; Gá. 3:19). Son frecuentes los pasajes bíblicos en donde un ángel habla en forma representativa de Dios como si fuese Dios mismo. En este pasaje, quien está hablando con Moisés es un ángel de Dios y, si bien la Biblia no dice específicamente que sea un ángel el que se aparecería sobre el propiciatorio, es lógico pensar que así sea, ya que, como dice Juan 1:18 “a Dios nadie le vio jamás”. Así como esta no era una “casa” literal de Dios, tampoco sería Dios mismo el que se presentaría allí. Este lugar representaba la casa real de Dios: el Universo y el lugar santísimo representaba el lugar en donde está realmente Dios: el cielo, poco a poco iremos viendo este simbolismo.

Algo a tener en cuenta es que el lugar santísimo, donde estaba colocado el propiciatorio, estaba en la parte oeste del tabernáculo  siendo este punto cardinal el representativo de la presencia de Dios.

Anteriormente habíamos visto que en el jardín del Edén Dios había puesto querubines, para que el hombre no accediera nuevamente al centro del jardín, que era representativo de la presencia de Dios y la comunión directa con Dios que tenía el hombre. Aquí vemos que Dios se haría “presente” en medio de los querubines, nos muestra un distanciamiento entre Dios y el hombre.

Éxodo 25:23, 24, 30-32, 37,40
(23) Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio.
(24) Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.

(30) Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente.
(31) Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas,  sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo.
(32) Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado.
(37) Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante.
(40) Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.

Lo que vamos viendo es que Dios dio detalles específicos sobre cada cosa que estaría dentro del tabernáculo y sobre cómo se construirían y con qué materiales.

Dios repite esto más adelante:

Éxodo 26:30
Y alzarás el tabernáculo conforme al modelo que te fue mostrado en el monte.

Seguimos leyendo:

Éxodo 26:31-36
(31) También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines;
(32) y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata.
(33) Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo.
(34) Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.
(35) Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del norte.
(36) Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador.

El tabernáculo tenía tres divisiones: la parte exterior, luego el lugar santo, y luego el lugar santísimo. Estas partes estaban separadas por cortinas de azul, púrpura, rojo (carmesí) y blanco (lino). Cada cosa tenía un simbolismo que luego analizaremos.

Éxodo 27:1-5
(1) Harás también un altar de madera de acacia de cinco codos  de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.
(2) Y le harás cuernos en sus cuatro esquinas;  los cuernos serán parte del mismo;  y lo cubrirás de bronce.
(3) Harás también sus calderos para recoger la ceniza, y sus paletas, sus tazones, sus garfios y sus braseros;  harás todos sus utensilios de bronce.
(4) Y le harás un enrejado de bronce de obra de rejilla, y sobre la rejilla harás cuatro anillos de bronce a sus cuatro esquinas.
(5) Y la pondrás dentro del cerco del altar abajo; y llegará la rejilla hasta la mitad del altar.

Luego de terminar de dar los detalles de construcción del tabernáculo Dios dice que sería Aarón y su descendencia la que serviría en el tabernáculo y, en el capítulo 28, describe cómo debían ser confeccionadas las vestimentas para el servicio sacerdotal. En el 29 Dios da detalles sobre los sacrificios que debían hacerse para la consagración de los sacerdotes y termina diciendo:

Éxodo 29:42-46
(42) Esto será el holocausto continuo por vuestras generaciones, a la puerta del tabernáculo de reunión, delante de Jehová, en el cual me reuniré con vosotros, para hablaros allí.
(43) Allí me reuniré con los hijos de Israel; y el lugar será santificado con mi gloria.
(44) Y santificaré el tabernáculo de reunión y el altar; santificaré asimismo a Aarón y a sus hijos, para que sean mis sacerdotes.
(45) Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.
(46) Y conocerán que yo soy Jehová su Dios, que los saqué de la tierra de Egipto, para habitar en medio de ellos. Yo Jehová su Dios.

Entonces vemos que el tabernáculo, y más tarde el templo, sería el lugar de encuentro entre Israel y Dios. Sería la “casa” donde figurativamente habitaría Dios (Marcos 2:23-27), de hecho, esa sería la “casa de oración” (Mateo 21:12-13), o sea, la casa en donde el hombre podría comunicarse con Dios. Aunque, por supuesto, todo esto era solo representativo, Dios no viviría allí literalmente, en Isaías leemos lo siguiente:

Isaías 66:1-2
(1) Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?
(2) Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

En Hechos se cita este pasaje, explicando la misma realidad:

Hechos 7:44-50
(44) Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.
(45) El cual, recibido a su vez por nuestros padres, lo introdujeron con Josué al tomar posesión de la tierra de los gentiles, a los cuales Dios arrojó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David.
(46) Este halló gracia delante de Dios, y pidió proveer tabernáculo para el Dios de Jacob.
(47) Mas Salomón le edificó casa;
(48) si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:
(49) El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?
(50) ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

La construcción del tabernáculo era una “casa” para Dios en un sentido figurado. El tabernáculo era un lugar que simbolizaba a la verdadera morada de Dios: el cielo y la Tierra, toda Su creación, como vemos en estos versículos. En tiempos de Salomón Dios ordenó a Salomón construir el templo, que era un poco más grande que el tabernáculo, pero de similares proporciones y estaba construido con materiales sólidos, no con cueros, como el tabernáculo, el relato pueden leerlo en 1 Reyes 6:1-27. Lo que se ve en estos versículos es que el Templo, a diferencia del tabernáculo, tenía distintos niveles de altura (versículos 6-8). El doctor Ernest Martin, en su artículo “The Temple Was a Tower” (El Templo era una torre), y otros artículos acerca del templo, explica que hay hallazgos históricos y arqueológicos que hacen creer que el Templo fue construido en forma de torre.

En el templo de Salomón, el lugar santísimo no sólo estaba hacia el lado oeste, como el en tabernáculo, sino hacia arriba, lo cual da una más gráfica representación de la presencia de Dios. De hecho, tanto el tabernáculo como el Templo fueron construidos sobre montes, el “lugar alto” siempre fue representativo de la presencia de Dios. Incluso los pueblos paganos, históricamente han construido sus templos en lugares altos, para “acercarse” a sus dioses.

Esquemáticamente, el templo era así:


(Adaptación del esquema del templo presentado por Ernest Martin en el estudio “The Temple simbolism in Genesis” (El simbolismo del Templo en Génesis).


El templo, entonces, sería el lugar de encuentro con Dios. Los sacerdotes serían los intermediarios entre Dios y los hombres y ninguna persona del pueblo podía entrar en el lugar santo, sólo los sacerdotes tenían permitido acceder allí, pero el sacerdote común tampoco podía entrar en el lugar santísimo, sólo el sumo sacerdote podía entrar allí.

No es mi intención, en este estudio, entrar en demasiados detalles sobre el diseño y construcción del templo y el simbolismo exacto de cada parte de éste, pero analizaremos el simbolismo fundamental que nos señala la Biblia, para poder comprender mejor cuál era el propósito del Templo y cuál es el sentido espiritual que tiene detrás.

El libro de Hebreos trata específicamente con todo el simbolismo del tabernáculo y el sacerdocio, explicando estos aspectos simbólicos, y exponiendo cuál es la realidad que hay detrás de estas figuras, de allí leeremos algunas partes claves.

Hebreos 9:2-14
(2) Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro,  la mesa y los panes de la proposición.
(3) Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo,
(4) el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;
(5) y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.
(6) Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto;
(7) pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;
(8) dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo,  entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.
(9) Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto,
(10) ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.
(11) Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
(12) y no por sangre de machos cabríos ni de becerros,  sino por su propia sangre,  entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo,  habiendo obtenido eterna redención.
(13)  Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos,  santifican para la purificación de la carne,
(14) ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios,  limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Hebreos 9:22-24
(22) Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
(23) Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
(24) Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;

Lo que vemos en estos versículos es que el tabernáculo era una representación de cosas celestiales, y que los rituales y sacrificios de purificación que se hacían eran simbólicos. El hombre estaba alejado de Dios y necesitaba un mediador que ofreciera un sacrificio perfecto por los pecados, de modo de poder volver a la presencia de Dios. Sin este sacrificio el hombre quedaba condenado a estar alejado de Dios y a morir perpetuamente, Cristo fue quien ofreció su vida para que todo hombre pueda acercarse a Dios, más adelante examinaremos estas cosas en detalle, por ahora sólo veremos lo relacionado con el tabernáculo.

Como hemos visto, el tabernáculo (la “casa”) de Dios estaba dividido en tres partes: la parte exterior, el lugar santo y el lugar santísimo, que era el lugar de encuentro con Dios y estaba al oeste del tabernáculo. Cada parte tiene un simbolismo específico que apunta hacia algo real. Lo asombroso es que este mismo simbolismo está presente en el jardín del Edén, en Génesis. El doctor Ernest Martin graficó un esquema del jardín del Edén del siguiente modo:
  
Entonces, podemos ver el paralelismo entre el huerto de Edén y el tabernáculo y templo de Dios. En el lugar santísimo del tabernáculo estaban situados el arca del pacto, que en su interior tenía las tablas de los mandamientos, la vara de Aarón que reverdeció y una muestra del maná. En el centro del Edén teníamos el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Claramente podemos establecer un paralelismo entre el árbol del conocimiento del bien y del mal y las tablas de la ley de Dios, porque, como ya habíamos visto, el hombre podía decidir si vivir o morir a través de obedecer o no la ley de Dios. La desobediencia a las leyes de Dios es lo que trajo (y trae) al hombre el “conocimiento” del mal. Por otro lado, tanto la vara de Aarón que reverdeció como el maná pueden ser representativos de la vida de Dios para el hombre. La vara reverdecida era un recuerdo constante de que Dios podía dar vida a lo ya muerto. El maná era un recuerdo de que el verdadero pan que da vida al hombre proviene de Dios.

Entonces, cuando el hombre fue “echado” del jardín, lo que perdió es la posibilidad de tener una relación directa con Dios, perdió la posibilidad de estar ante la presencia de Dios y pasó a depender de un “mediador” para llegar a Dios. Todos estos lugares físicos y su distribución son simbólicos de la condición humana, ya que la Biblia misma nos dice que nosotros somos, como creyentes cristianos, “templo” de Dios:

1 Corintios 6:18-20
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Cuando Adán y Eva fueron creados, tenían acceso directo a la presencia de Dios, ellos podían estar ante Dios sin mediadores. Al desobedecer a Dios perdieron esta capacidad, y quedaron alejados de Dios. A partir de ahí, Dios ha estado trabajando en el mundo para poder, de un modo justo y legal, restaurar esa estrecha relación con Su creación: el ser humano. A partir de la caída de Adán, todos los esfuerzos de Dios estuvieron dedicados a proveer al hombre aquello necesario para que el hombre recupere la capacidad de estar ante la presencia de Dios. Más aún, el plan de Dios tiene como objeto que los creyentes vivan para siempre en Su presencia, en una Tierra que nuevamente será “buena” en gran manera, pero con un ser humano que ya habrá conocido lo que es el mal y no querrá jamás volver a experimentarlo a través de la desobediencia.

Pero uno de los puntos fundamentales en nuestra comparación del tabernáculo con el jardín del Edén está en el altar de sacrificio. Cuando vimos Génesis 3:21, en el capítulo anterior de este estudio, vimos que Dios hizo el primer derramamiento de sangre, sacrificando un animal para hacerle una vestimenta de pieles a Adán y a Eva, lo cual simbolizaba que para “cubrir” el pecado del hombre iba a ser necesario el derramamiento de sangre inocente, sin este derramamiento de sangre no sería posible, para el hombre, recuperar la posibilidad de tener una estrecha relación con Dios y estar viviendo perpetuamente en Su presencia en la era futura que Él tiene preparada. 










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